miércoles, 10 de enero de 2018

Consejos para la Vida.



Fernando Pessoa

http://www.citador.pt/textos/conselhos-de-vida-fernando-pessoa

1 - Haga las menos confidencias posibles. Mejor no hacerlas, pero, si hiciere alguna, haga como si fueran falsas o vagas.

2 - Sueñe tan poco como le sea posible, excepto cuando el objetivo directo del sueño sea un poema o un producto literario. Estudie y trabaje.

3 -Manténgase y sea sobrio cuanto le sea posible, anticipando la sobriedad del cuerpo con la sobriedad del espíritu.

4 - Sea agradable sólo para agradar, y no para abrir su mente  o discurrir abiertamente con aquellos que están prisioneros de la vida interior del espíritu.

5 - Cultive la concentración, atempere la voluntad, conviértase en una fuerza al pensar de forma tan personal cuanto sea posible, en realidad usted es una fuerza.

6 - Considere que son pocos los amigos reales que tiene, porque pocas personas son aptas para ser amigos de alguien. Intente seducir por el contenido de su silencio.

7 - Aprenda a ser diligente en las pequeñas cosas, en las cosas corrientes de la vida mundana, de la vida en casa, de manera que ellas no lo aparten de usted.

8 - Organice su vida como una obra literaria, haciéndola tan única cuanto sea posible.






domingo, 7 de enero de 2018

INDIGNACIÓN. TRISTEZA. FATALIDAD. POR ENCIMA DE TODO, ESPERANZA




Hoy he vuelto a casa con una profunda tristeza, con una pesadez y una desgana difícil de vencer. Quizá es que me faltan las fuerzas para ponerme a gritar a los cuatro vientos las cuatro verdades que la sociedad pretende ignorar, o trata de disfrazar para no se vean los desgarrones y  los feos que le van saliendo, cada vez más evidentes y descarados.

No puedo evitar sentir tristeza e impotencia al ver a mi vieja amiga Ana, con la que tanto hemos charlado, viajado con la imaginación a los lugares más remotos y exóticos, postrada en una cama, a oscuras, en una habitación sin ventana, de una casa abandonada,  ocupada por personas como ella, sin techo propio, que la han acogido, ‘para que no muera en la calle’, ‘porque es un ser humano’, pero necesitan ayuda para proporcionarle las medicinas y la comida.

Lo más indignante es que vuelve a la calle tras haber estado hospitalizada largo tiempo. Se había llegado a un acuerdo oficial para trasladarla a un centro, ya que no estaría en condiciones de sobrevivir en la calle sin cuidados médicos adecuados. Nos indignamos al saber que el Hospital le había dado el alta, sin que aún se le hubiera asignado centro alguno. Pero al menos quedaba en el Albergue de Cádiz…

Hoy nos informan, desde otro centro de atención a personas sin hogar, que Ana está aquí, en el pueblo, y que está muy mal, que habría que llamar una ambulancia para llevarla de vuelta al Hospital. La habían echado del albergue porque no la podían atender allí, ahora otro centro llama a Cáritas para que el trabajador de este servicio vaya a ver a Ana y haga lo que tenga que hacer…

Hemos ido a verla y efectivamente, está en malas condiciones. Pero ella no quiere salir de esa casa,  pues ahí ha pasado  mucho tiempo conviviendo con esas personas cuando estaba bien, la considera su casa, y a los que la atienden, su familia… Pero, tiene un serio inconveniente, no puede valerse por sí misma, y ahora es una carga demasiado pesada para sus compañeros. Por eso quieren que vuelva al hospital.

¿Pero es que los servicios sociales municipales no tienen una atención a domicilio? ¿Es que no puede desplazarse algún funcionario a ver cómo está esta persona, y si requiere atención especial ofrecérsela? ¿Es que el hospital puede dar el alta sin más, a un enfermo que es una persona sin hogar, que no tiene donde cobijarse para `lamer’ sus heridas, o quién sabe si para consumir en soledad sus últimos días de sufrimiento?   

Últimamente se ha convertido en una costumbre, cuando alguna persona con problemas de difícil solución acude a otros servicios, mandarlos a Cáritas. Pero, Cáritas no tiene una barita mágica, ni infraestructura, ni facultad para disponer de los servicios públicos para personas sin hogar, ni economía para sufragar determinados gastos.

Creo que mandan a esas personas a Cáritas porque la palabra en sí es ‘mágica’; piensa todo el mundo que allí todo se resuelve, o por lo menos se le presta atención. Ciertamente la fuente de la Caridad es Inagotable, pues tiene su origen en el mismo Dios. Y de verdad que a veces, al menos hace algún tiempo, recuerdo los primeros años de la crisis, se ‘hacían milagros’. Ahora todo es diferente: la crisis no se acaba, se hace crónica, y la gente se cansa de dar, y sigue aumentando el número de personas necesitadas, nacionales y extranjeros;  también aparecen nuevas necesidades conforme la sociedad se hace más y más compleja, más consumista; los sueldos disminuyen y las jornadas de trabajo se reducen; no se cuida debidamente de la  protección social a las familias…  También han cobrado carácter oficial y universal de ‘beneficencia’ los Bancos de Alimentos, que se abastecen de productos elaborados especialmente para el banco por diferentes marcas comerciales, de campañas periódicas de recogida de alimentos en los centros comerciales de toda España. Cáritas es una entidad más colaboradora del banco de alimentos.

Pero también sigue siendo algo más que una entidad de reparto de víveres, y todo el mundo sabe que Cáritas recibe menos ayudas, que carece de recursos económicos  para mantener los servicios que tiene en marcha, para la promoción de las personas marginadas; por eso hace una llamada urgente para que más personas colaboren con sus donativos, ya que  como dice su eslogan actual: “Tu compromiso mejora el mundo”.

sábado, 6 de enero de 2018

¿Cómo llegamos a tomar una decisión?




Opinión de JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS


Decidir es preferir entrar por una puerta, lo que implica desechar todas las otras. Y hay quien no consigue aceptar que la vida está hecha de sacrificios que exigen dejar atrás cosas buenas, a la vista de otras, mejores.

Pensamos para decidir bien, pero el momento de la decisión no es racional. Decidir es pasar de la deliberación a la acción, dejando el pensamiento a un lado. La decisión implica siempre una escisión, una ruptura, un corte.

El momento crítico de la decisión es una especie de salto interior que establece una distancia enorme entre el antes y el después. Un instante llega para que cambiemos de rumbo y comencemos un nuevo capítulo en la historia de la vida.

Decidir es preferir entrar por una puerta, lo que implica desechar todas las otras. Y hay quien no consigue aceptar que la vida está hecha de sacrificios que exigen dejar atrás cosas buenas, a la vista de otras, mejores.

Las dudas y la incertidumbre no desparecen con la decisión. Muchas veces, si le damos espacio interior, incluso aumentan. Mientras tanto, como es tiempo de aplicar lo que se decidió, debemos guardar para después los análisis y vacilaciones. Si pasamos el tiempo a la espera de resultados, no hacemos nada. Hay tiempo para pensar y tiempo para actuar. Decidir no es solo cambiar de un tiempo de meditación a otro.

No debemos caer en la tentación de quedar a la espera de que las circunstancias y el tiempo decidan por nosotros.

¿Cuántas decisiones importantes son tomadas con base en detalles o estados de espíritu pasajeros? Al contrario de las que a costa de la cobardía hace frente al miedo se demoran al punto de renunciar a lo esencial de nuestra libertad.

A cada uno de nosotros corresponde determinar sus objetivos y descubrir su misión.

Decidir no es solo escoger donde colocar el pie en el próximo paso, es también decidir cuándo será dado. Pero, es darlo en el sentido y en el tiempo acertado.

Las vacilaciones no son prudentes, son fútiles y fatigosas. La existencia es determinada por nuestras decisiones, no por nuestras circunstancias. ¿De qué vale saber la solución pasado el tiempo? ¡Quien espera por la perfección para actuar nunca hará nada! Querer saber todo para después decidir es lo mismo que vivir en un mundo donde no hacemos falta.

Los compromisos son duraderos y tienen decisiones concretas como los pilares. Dejamos de ser el que decide  para pasar a ser la propia decisión.

El miedo ronda en torno a los que escogen ser señores de su destino. ¡Su fuerza está en aceptar que la vida es así: una aventura llena de altos y bajos donde la felicidad es la alegría de sentir que, a pesar de todo, nunca dejamos de seguir adelante! Lo que pasa será pasado, presentémonos nosotros al mañana.

Las consecuencias de nuestras resoluciones son siempre más que aquellas que nos es posible prever. Pero decidir es abrir las puertas para avanzar, no cerrarlas y escondernos.

Si no supieras para donde ir, pon atención al viento que sopla… y ve, no para donde él va sin ti… sino a donde tú quieres ir, con él.
Ilustración Carlos Ribeiro





jueves, 4 de enero de 2018

LA ADORACIÓN (segunda parte)





Pablo Garrido Sánchez





El establecimiento de algunos matices ayuda a la precisión. Al identificar la adoración como una postración ante DIOS resulta insuficiente para  algunos. Veamos, pues: DIOS es siempre bueno y amoroso, misericordioso y justo, por lo que no requiere la postración de nadie por amor propio, sino por el bien del que es capaz de reconocerlo como DIOS mismo. Cuando DIOS induce a la adoración lo hace revelando de forma gradual su Plan trazado desde antes de todos los siglos (Cf Ef. 1,9). DIOS nos quiere libres, en amor filial, perfección y santidad. La adoración, por nuestra parte, es una respuesta acorde con lo que DIOS es y lo que se requiere de nosotros. Por tanto, entremos en la esfera de lo divino, aunque nos movamos en una oscuridad que obliga andar a tientas, con cierta imprecisión y reclamando entre balbuceos y gemidos (Cf Rm 8,26-27) lo que da aliento a nuestro espíritu.



Ámbito divino




Si alguien considera que la adoración es una cosa para personas elevadas espiritualmente es preciso que empiece por abandonar dicha idea, pues somos las personas normales las que estamos necesitadas de reconocernos en la atmósfera invisible, pero real, que nos envuelve y nos proporciona la existencia: “En TI vivimos, nos movemos y existimos” (Cf Hch 17,28). Cada persona debe respirar el aire que le envuelve para vivir la vida psicobiológica y debe respirar  la atmósfera espiritual menos perceptible pero presente, que es el mismo DIOS todo poderoso y todo penetrante (Cf. Slm 138).



La otra mitad de la Creación




Nos toca asumir  una condición humana en la que vamos aprendiendo de forma paulatina, lenta y en pequeñas entregas. La Palabra de DIOS, la experiencia de la vida y esa  acción interior de DIOS mismo nos van enseñando. En lo tocante a la Palabra de DIOS, resulta un tesoro a descubrir, pero nunca en un cuarto de hora. Las lecturas rápidas de las liturgias a las que asistimos es muy posible que no sean suficientes, por lo que hay que buscar otras estrategias. Entre los tesoros encerrados dentro de la Palabra de DIOS están los Ángeles. ¿Qué nos pueden enseñar los Ángeles con respecto a la adoración? Ellos son maestros en el arte de la adoración. Me gusta decir que desconsiderar la existencia de los Ángeles es descartar , por lo menos, la mitad de la creación realizada por DIOS. “Al Principio creó DIOS los cielos y la tierra” (Cf. Gn 1,1) Dichos cielos si analizamos con detenimiento el texto bíblico no designan ni el cielo atmosférico, ni el cielo cósmico de los astros; se refiere, por otra parte, a las entidades espirituales creadas que conforman el cosmos espiritual reflejado en el primer día de la creación como un universo de luz distinta a la luz emanada del sol, la luna y las estrellas (Cf. Gn 1, 14-19). Los Ángeles, por tanto están llamados a ejercer un papel discreto en la vida de todos nosotros, colaborando de forma eficiente en nuestra salvación (Cf Hb 1, 13). El Ángel sabe quién es DIOS, está a su servicio por amor y lo adora. La arquitectura celestial es en primer lugar angélica (Cf Ap 5, 1). Y por la sangre redentora de CRISTO hay una reconciliación entre los cielos y la tierra, entre los Ángeles y los hombres (Cf Col 1,20). Nada dejarán de hacer los Ángeles por nosotros si tenemos en cuenta ante ellos la sangre sacrificial del REDENTOR; ellos sí alcanzan la compresión del valor del sacrificio de JESÚS en la Cruz.



“Hasta de noche me instruye internamente” (Slm15, 7)



No obstante estamos en Navidad, y hemos de volver a la adoración, porque habíamos tomado a Jacob y su sueño de la escala de Ángeles, que ascendían y bajaban hacia la tierra como modelo arquetípico para la adoración (Cf. Gn 28) Y se podrá objetar que lo que se describe es un sueño. ¿Está Jacob adorando en el sueño? Jacob había recibido la bendición de su padre, Isaac, y el encargo de encontrar esposa entre su parentela de origen. La bendición paterna ya supone un acto cargado de contenido espiritual, es decir, una acción a través del padre investido de autoridad dada por Dios mismo. Pero Jacob, al que se le cambiará el nombre por Israel y será el padre de las doce tribus (Cf Gn 32,29), en sueños es iniciado por DIOS  para la gran misión que tiene por delante. Como dice el salmo quince “hasta de noche me instruyes internamente” (Cf. Slm 15,7). De noche, DIOS, realiza grandes obras: El hombre es completado en su creación después del sueño (Cf Gn 2,23); Abrahán contó miles de estrellas para hacerse una idea de su descendencia (Cf Gn 15,5). Y dando un gran salto asistimos al sueño revelador por el que san José conoce la encarnación del VERBO en el seno de MARÍA (Cf Mt 1,20).


La piedra sobre la que Jacob durmió y se le manifestó una revelación que tendría su cumplimiento con JESÚS de Nazaret, mil quinientos años después; esa piedra ungida y altar para un acto de culto de adoración, preludia al VERBO que de forma inamovible “ha puesto su tienda entre nosotros” (Cf. Jn 1,14). La revelación a Jacob profetizó el Camino que el VERBO de DIOS  abrió entre el cielo y la tierra, entre el PADRE y su creación, y en el que existen una multitud inmensa de intermediarios trabajando a favor de su SEÑOR. La adoración entra de forma directa en esta corriente de Gracia que asciende y desciende, porque el VIVIENTE ha vencido (Cf. Ap 1,17-18). El objetivo prioritario de Satanás es destruir la corriente de adoración, por eso es tan costoso, espiritualmente hablando, que prospere un grupo de oración, una adoración al SANTÍSIMO, y no digamos una adoración perpetua. La adoración nos sitúa en el frente de las grandes pugnas. Eche cuentas el lector de la cantidad de pensamientos superfluos sobrevenidos en un tiempo de adoración. El mantenimiento de una paz interior y de una corriente de afecto hacia el SEÑOR en el tiempo de adoración será un objetivo a combatir por parte de las fuerzas espirituales hostiles a DIOS mismo y al hombre. La diferencia estriba en que a DIOS el Maligno no lo alcanza, pero sí a nosotros. No seríamos realistas si nos limitásemos a señalar las consolaciones y facilidades del tiempo de adoración; es preciso, por otra parte, hacer notar también los tiempos del combate espiritual (Cf. Ef. 6,10-20)



Un tiempo pleno


 


El Camino entre el PADRE y nosotros se abre cada vez que se celebra una santa Misa y se rinde culto de adoración a JESÚS en su presencia eucarística. En este trozo de pan, JESÚS, es DIOS. Esta confesión de Fe supone rendir o postrar la razón  para que la Fe tome su lugar, la experiencia religiosa se produzca, el descenso de gracias traídas por los Ángeles lleguen hasta nosotros y, a su vez, las oraciones individuales queden aunadas y sean presentadas como un único clamor ante el trono de DIOS, en el que reside la perfecta TRINIDAD.

El sueño de la escala de Jacob es uno de tantos pasajes bíblicos que nos ofrece un modelo espiritual válido para todo tiempo. Así podemos dar más crédito a la Escritura, cuando comprendemos que ésta se cumple más allá de cualquier cálculo humano. Un año nuevo es un tiempo lleno de posibilidades, por tanto un tiempo para la libertad y para la Gracia. Un tiempo pleno se presenta ante nosotros porque JESÚS de Nazaret lo ha plenificado (Cf. Mc 1,15)


sábado, 30 de diciembre de 2017

Quieren un cambio, pero no quieren rectificar




Opinión de JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS



Los malos momentos son tan importantes como los buenos. Tal vez incluso más.

Pasan las horas. El tiempo pasa y todo lo que le está sujeto. Hay buenas y malas semanas. Minutos mejores y peores. Años de gracia y años de desgracias. Y en un solo día se puede vivir la plenitud de la vida, perder todo o llegar hasta el cielo.

Los malos momentos son tan importantes como los buenos. Tal vez incluso más. Nos hacen trabajar y luchar, poniendo a prueba las fuerzas que tenemos para resistir y los talentos para superar las adversidades. Al final, estaremos aún más fuertes y dignos.

Hay instantes en la vida en que nos sentimos en total desequilibrio, como si cayéramos en el abismo, sin amparo alguno. Es la señal clara de que el tiempo de cambiar lo que se debe cambiar está cerca de finalizar. Esta urgencia implica que busquemos incluso aquello que antes habíamos evitado, haciendo aquello que nunca antes habíamos hecho. Con miedo, pero con una enorme voluntad de vivir en paz.

Es esencial que cada uno tenga confianza en sí y en las acciones de las que es capaz. Las intenciones valen muy poco.

Nadie vine a eximirnos de nuestra vida, pero hay quien se pasa la vida a la espera de los milagros. No es fe, es falta de capacidad de comprender el sentido de la existencia.

La flecha que se lanza solo va hacia adelante después de haber sido empujada hacia atrás en el arco. ¡Así, cuando la vida parece estar por amargarnos, lo  cierto es que, resistiendo, más pronto o más tarde, conseguiremos volar más alto que las nubes más bellas!

Parece que las cosas necesitan ir mal antes de ir bien… que tenemos que lidiar con las personas equivocadas antes de conocer las acertadas. Como si fuese un precio, un aprendizaje esencial o una mezcla de las dos cosas…

Los más valientes son aquellos a quienes la miseria intenta abrazar, sin éxito. Viven en la desgracia, mas no se dejan corromper.

Los que toman la vida en sus manos, aquellos que luchan para mantenerse en pie a pesar de todo, son señores del tiempo. Viven en este mundo, pero no le pertenecen, son parte del tiempo que existe antes y después del tiempo.

Desde la eternidad antes del tiempo la vida es un don que se debe merecer. Y así será.

¿Qué hiciste con el tiempo que ya pasó?
Ilustración Carlos Ribeiro


http://rr.sapo.pt/artigo/101804/querem-mudanca-mas-nao-querem-mudar-se

viernes, 29 de diciembre de 2017

¿¡ El día mundial de los pobres, es una hipocresía!?







Con el valor, ciertamente astronómico de la hipotética venta de la Piedad, millones de pobres, que viven ahora en la miseria, podrían recibir una ayuda considerable. 

No es preciso ser  muy perspicaz para adivinar el comentario que, ciertamente, muchos no católicos habrán hecho a propósito de la institución, por el Papa Francisco, del Día Mundial de los Pobres: más que crear una efeméride de este género, que poco o nada va a beneficiar a los más indigentes, mejor sería que el vaticano abriese la mano de sus fabulosos tesoros y, con el valor de la venta de esos bienes, ayudase efectivamente a los pobres. Caso contrario, el Día mundial de los Pobres, que tuvo su primera edición en pasado día 19 de noviembre, se arriesga a ser una gran hipocresía.

La alegada duplicidad de la iglesia en relación a la cuestión social, recuerda la falsa leyenda de la dama cínica que, ricamente vestida y ostentando lujosas joyas, habría respondido así a un mendigo, a la salida de un baile de caridad: -¿¡cómo se atreve el señor a pedirme limosna, cuando estuve toda la noche danzando por su causa!?

La inmensa riqueza de la iglesia católica, principalmente la del Vaticano, es un tópico referido recurrentemente por los anticlericales. En verdad, no se puede dejar de reconocer que la Basílica de San Pedro, el palacio apostólico, la Capilla Sixtina, la Biblioteca de los museos vaticanos encierran obras de arte de incalculable valor. Es cierto que esos tesoros no son directamente rentables –es probable que los ingresos por su exposición al público no sirvan para siquiera para cubrir los gastos inherentes a su conservación –pero no se puede negar que, la venta de alguna de esas obras de arte, sería suficiente para matar el hambre de mucha gente. Piénsese, por ejemplo, en la Piedad de miguel Ángel: ¿no siendo esa famosa imagen  de Nuestra Señora de la Piedad esencial a la misión de la Iglesia, porque no se promueve su venta, en subasta mundial? Los 450 millones de dólares en los que fue rematado recientemente el cuadro “Salvator Mundi”, de Leonardo da Vinci, podrían fácilmente ser superados por la ‘Piedad’. Con el valor astronómico de ese extraordinario ingreso, millones de pobres, que viven ahora en la mayor miseria, podrían ver mejoradas sus condiciones de vida.

Es verdad. Así como es verdad también que esta misma crítica se podría hacer a otras entidades, comenzando por el Estado portugués. Es significativo que, aún en tiempos de la más severa austeridad nacional, nadie haya sugerido  que el Museo nacional de Arte Antigua vendiese alguna de sus obras más valiosas- como, por ejemplo, el tríptico de Nuno Gonçalves –a pesar de saber que tal enajenación iba a permitir al Estado obtener un ingreso nada despreciable. Más aún, fue precisamente en 2015 y 2016 que, paradójicamente, se lanzó una campaña nacional para la adquisición, por 750 mil euros, de ‘la Adoración de los Magos’ de Domingos Antonio Sequeira. Afortunadamente se consiguió, por suscripción pública, rescatar esa obra y devolverla al patrimonio nacional. Curiosamente, no consta que alguien haya considerado hipócrita aquella campaña…

Tampoco se ha escuchado hasta ahora, que se sepa, ninguna voz reclamando la venta de ese cuadro, o de otro tesoro nacional cualquiera, en provecho de las víctimas de los incendios. Nadie consideró hipócritas a la presidencia de la República, o del Parlamento u otro gobierno, por el hecho de no haber dispuesto de los bienes de los museos nacionales con ese fin. Los partidos políticos y las centrales sindicales, siempre tan preocupadas con los pobres, tampoco avanzaron ninguna propuesta en ese sentido, sin que nadie los hubiese acusado de fariseísmo. Por lo visto, la hipocresía es una virtud exclusiva de los católicos y su Iglesia respectiva…

Por increíble  que parezca, lo que muchos querrían que la iglesia hiciese con sus bienes, ya sucedió en otro país. Por eso, con el liberalismo, todos los conventos masculinos fueron extinguidos, así como los femeninos, aunque éstos solo después de la muerte de la última religiosa. Algunos de los conventos expropiados y su mobiliario fueron integrados en el patrimonio nacional, pero la mayor parte de sus bienes muebles  e inmuebles fueron vendidos en subasta pública y después vorazmente dilapidados. Edificios, imágenes de arte sacra y bibliotecas de enorme valor artístico y cultural, que las órdenes religiosas tenían, durante siglos, creado y conservado, para bien de la nación, se perdieron para siempre. Henrique Leitão e Luana Giurgevich publicaron, recientemente, en una obra de referencia (‘Clavis bibliothecarum’, 2016), los catálogos e inventarios de las instituciones religiosas en Portugal, hasta 1834. Más de cuatrocientas bibliotecas desaparecieron con esa catástrofe cultural, solo comparable al terremoto de 1755 y a la tragedia que fue, para enseñanza nacional y cultura científica portuguesa, la expulsión de los jesuitas, en 1759.

¿Qué sucedió con cuadro “Salvator Mundi”, recientemente comprado en subasta, por un desconocido multimillonario? Pura y simplemente desapreció, para el público en general, que ya no lo puede contemplar: desgraciadamente, puede más el poder económico de uno solo que el legítimo interés cultural de todos. Lo mismo sucedería con la ‘Pietà’, o los demás tesoros artísticos del Vaticano, si tuviesen el m ismo destino. Esos bienes son de hecho, de la humanidad; la Iglesia católica solo los conserva y garantiza que estén a disposición de todos, sobre todo de los más pobres. Cualquier sin techo puede ahora entrar en la Basílica de San Pedro y contemplar, gratuitamente y durante el tiempo que quiera, esta magnífica escultura de Miguel Ángel, que le estaría prohibida si fuese propiedad privada, como es ahora el “Salvator Mundi”. Si esa imagen mariana fuese también eventualmente subastada, serían todos los pobres los principales perjudicados, aunque el dinero de su venta revertiese a favor de algunos de ellos.   Porque la ‘Pietà’ es de la Iglesia es de todos nosotros, también de los no creyentes y, sobre todo, de los pobres.

Cristo, siendo rico, se hizo pobre, para que todos fuésemos ricos en su pobreza (cf. 2Cor 8, 9). Su Iglesia, siendo pobre y para los pobres, como recordó el papa Francisco, se hizo rica, para que todos los pobres puedan ser ricos con su riqueza.

http://observador.pt/opiniao/o-dia-mundial-dos-pobres-uma-hipocrisia/


martes, 26 de diciembre de 2017

Historia de una Navidad diferente





La Navidad, en su versión comercial, es una historia muy sentimental, llena de paz, de amor y angelitos rechonchos, tocando el arpa y cantando hosannas. Pero no fue así hace 2017 años…

Cuando oímos hablar de Navidad, se nos cuenta siempre la misma historia romántica. Se habla de Jesús bebé y del matrimonio maravilloso, María y José. Se mencionan la vaquilla y el burrito, con diminutivos que hacen aún más tierna la escena. Los misteriosos Magos, venidos de Oriente, dan una nota de fantasía, digna de una mega producción de Disney, en cuanto a la adoración de los pastores introduce una nota ecológica, políticamente muy correcta, pues funde en el mismo amor el culto a Dios niño y a la devoción por la naturaleza.

Esta es, por así decir, la versión comercial de la Navidad: una historia sentimental, llena de paz, de amor y de angelitos rechonchos, tocando el arpa y cantando hosannas. Pero esta no es toda la historia que aconteció hace aproximadamente 2017 años…

De hecho, cuando Herodes supo del nacimiento del Rey de los Judíos, título Mesiánico al que era inherente a la realeza de Israel, decidió eliminar al usurpador. Al no saber su paradero, mandó matar a todos los recién nacidos en Belén de Judá. Jesús no pereció porque antes huyó, con María y José, a Egipto, donde permanecieron algún tiempo. Pero hubo niños que fueron asesinados en esa ocasión y, como murieron por Cristo, la Iglesia los venera como mártires.

No se sabe con certeza el número de víctimas de la furia asesina del tirano, pero se puede creer que fueron bastantes: casi todos los que habían nacido en Belén, en aquellos dos últimos años. José y María solo salvaron a Jesús, porque no sabían, ni pudieron prever, la matanza de los santos inocentes. La horrible muerte de aquellos niños tiñó, con sangre infantil, el misterio de la Navidad.

También ahora, la Navidad tiene una vertiente dramática, muchas veces ocultada en estos días de fiesta. El Evangelio, citando palabras de Jesús en la inminencia de su Pasión y muerte en la cruz, habla de la alegría del nacimiento de un niño: “La mujer, cuando está para dar a luz, siente tristeza, porque llegó su hora; pero, cuando da a luz un hijo, ya no se acuerda de su aflicción, con la alegría de haber traído un hombre al mundo” (Jn 17,21). ¿¡Pero, qué sucede cuando esa criatura no está sana y sin defecto!?

El hedonismo moderno se ha apropiado del odio de Herodes y, todos los años, siega la vida de millares de niños deficientes. Hay países en los que esos bebés ya no nacen, porque su muerte es provocada anticipadamente, por vía del llamado aborto terapéutico. En las naciones en que se ha aprobada la eutanasia, también se practica la eliminación selectiva de los recién nacidos con mal formaciones. Tal vez aquellos que, en un momento de desesperación, deciden poner término a la vida inocente de un niño discapacitado, antes o después de su nacimiento, tengan algún atenuante, no obstante la gravedad de ese acto homicida. Pero los padres que, conscientes de las anomalías del hijo en gestación, lo acogen con amor son, por lo general, verdaderos héroes.

Habrá quien piense que hay egoísmo en esa actitud, porque incluso para el propio menor sería preferible abreviar su sufrida existencia. Claro que, si así fuese, todas las vidas concebidas serían, en nombre de esa suposición, también eliminables, porque nadie puede garantizar, de antemano, que una nueva vida, física y psíquicamente normal, va a estar siempre exenta de sufrimiento. En realidad, la única forma eficaz de evitar el dolor es por la eliminación de la persona porque, donde hay vida, hay siempre esa posibilidad.

Por otro lado, una persona incapacitada no es, necesariamente, desgraciada. No obstante sus penosas circunstancias, si es amada por sus padres y demás familiares, estos niños también pueden ser felices en esta vida. Pero, aunque su infelicidad fuera por el propio sufrimiento y conscientemente, nada ni nadie está legitimado para suprimir su existencia. Por eso, la muerte provocada de un ser humano inocente, aunque estuviera enfermo, es siempre un asesinato, que ofende gravemente a Dios y ataca uno de los principios más sagrados de la convivencia social.

Mi amigo Pablo y su mujer sufrieron una terrible sacudida cuando supieron, por la ecografía, que su última hija padecía el síndrome de Dawn. El nacimiento de Gracinha fue, con todo, un momento de felicidad, aunque enturbiado por la aprensión causada por la deficiencia. Más tarde, cuando comenzó a manifestarse su personalidad, puso de manifiesto una extrema afectividad e, incluso, su alegría.

Los padres se dieron cuenta entonces que aquella hija no era una maldición de Dios, ni un castigo, sino un don y una bendición: si Dios les había dado aquel ser particularmente deficiente, era porque depositaba en ellos una enorme confianza. Cuando unos padres se ausentan durante una temporada y, por eso, tienen que distribuir  la prole entre familias amigas, confían al más necesitado al matrimonio que más aprecian. Así hace Dios también, distinguiendo a los padres a quien concede esta gracia.

Por exigencias profesionales, Pablo tuvo que vivir un tiempo en el extranjero, a donde no pudo llevar a su familia. En su pequeño apartamento tenía, luego a la entrada, una sola fotografía: la de su hija más joven. Al fin del día, al llegar a casa, no le pesaba el cansancio ni la soledad porque, al mirar aquel retrato, se sentía acompañado por aquella que era, sin exageración, la alegría de la familia. Además, cuando venía a Portugal, para estar con la mujer y los hijos, Gracinha era siempre la que más fiesta le hacía.

Los santos inocentes no murieron en vano: su muerte por Cristo fue su triunfo y, por eso, la Iglesia los festeja como protomártires del cristianismo. También ellos son navidad porque, cuando el Hijo de Dios nació para el mundo, ellos nacieron para la eternidad. ¡Quiero creer que, en el cielo, hay una gloria especial para estos hijos predilectos de Dios, pero también para sus padres, hermanos y para cuantos los acogieron con la misma ternura y amor con que María y José recibieron a Jesús! ¡Santa Navidad!

http://observador.pt/opiniao/historia-de-um-natal-diferente/