sábado, 27 de junio de 2026

Donde hay amor, hay oración

José Luís Nunes Martins



La oración es la expresión máxima del amor. El amor exige presencia, silencio y tiempo, hasta el punto de que quien ama se olvida de sí. La oración es igual.


La oración es una manifestación de cariño y de fragilidad. El amor es la voluntad de entregar toda la riqueza y, al mismo tiempo, una pobreza que tiende la mano.


Amar eleva nuestra alma, rezar también.


Estamos llamados, si quisiéramos ser felices, a amar y pedir por los que nos aman y por los que no amamos.

 

Y, por tanto, en el silencio de nuestro cuarto y en el interior de nuestro corazón debemos hablar con Dios sobre los que amamos y de los que no amamos, procurando amar más a unos y a otros.


La oración tiene siempre algo tanto de bello como de clandestino. No es un trueque ni una respuesta concreta que se desea; es una confianza que se deposita en quien se ama y se quiere amar. Una palabra susurrada puede valer mucho más que un discurso a una multitud. 


El amor con que se reza es más importante que cualquier palabra que se use.


Los que creen que se bastan a sí mismos, que no precisan ni dependen de nadie, viven en una ilusión peligrosa que se puede desmoronar en cualquier momento. La vida tiende a dar lecciones muy duras a quien no aprende lo que es evidente.


La oración camba a quien la hace.Perfecciona los sentimientos y acerca el pensamiento a la verdad. El amor también.


Quien ama abre, extiende y entrega su corazón al cielo y al otro. Quien reza también.

sábado, 20 de junio de 2026

Cuanto más hondo, más alto


José Luís Nunes Martins



Los dolores nos engrandecen y ennoblecen. Pueden hacer de cualquiera de nosotros un héroe o un fugitivo. Un cambio brusco en la vida puede crear una revolución interior. Aquello que cambió en el exterior nos obliga a transformar el interior, y eso siempre duele -incluso cuando es para mejor.


El dolor nos revela incluso a nosotros mismos, porque donde nos duele el dolor es también donde reside aquello que nos salva -que solo despierta cuando llevamos al límite nuestras fuerzas -que creíamos ser todas cuando teníamos, pero que… al final teníamos más. Y bien fuertes.


El sufrimiento es, a pesar de todo, una fuente de significado, autenticidad y sabiduría. La vida es una enorme secuencia de decadencia y crecimiento, de descomposición y renacimiento, de podredumbre y regeneración, de pérdidas y ganancias. Solo el amor permanece y resiste a todo. Si el amor no subsiste o se pierde, será otra cosa que incluso se puede confundir con amor en la superficie, pero que, en verdad, no es. 


Quien ama se vuelve capaz de florecer en medio del sufrimiento. Las más bellas flores surgen en los contextos más adversos, como si el dolor se hiciese su raíz.


Cuidado hay muchos ojos que sonríen y que, aí, esconden grandes dolores. A veces, esa es una forma de incrementar el sufrimiento de la soledad al sufrimiento ya existente. Otras veces, en cambio, la sonrisa puede ser el principio del triunfo. De hecho, es difícil para la mayoría de nosotros creer en el dolor de quien lo comparte con una sonrisa.


Los grandes dolores llegan a imponer una especie de ley del silencio. Ni lágrimas ni sonrisas. Pero es muchas veces quien sufre el que más deprisa y mejor socorre el dolor de los otros.


Los dolores que en nuestra vida se suceden son como una escala hacia el cielo: nos edifican, nos elevan y nos divinizan.

sábado, 13 de junio de 2026

No somos mejor que ellos

José Luís Nunes Martins


Paso mucho tiempo criticando a muchas personas, cuando, verdaderamente, ellas no son peores que yo.


Todos tenemos cualidades y defectos. Reparar en los defectos de los otros  y compararlos con mis cualidades no es mentira, ni tampoco es justo. Estoy negando algo mucho más importante: Tal vez nos parezcamos unos a otros más de lo que creemos a primera vista.


Somos mucho más hábiles y perspicaces detectando en los otros los defectos que nosotros mismos tenemos y, de alguna forma, dominamos esa técnica. Alguien que miente es ideal para recoger las mentiras de los otros. Ahora bien, eso significa que, cuando me dedico a encontrar faltas en los otros, seré mucho mejor en esa tarea cuanto más parecido a ellos fuera yo -lo que es inquietante.


¿Cuántas veces encontramos en la negación de la realidad nuestra forma de ver el mundo? Negamos nuestros defectos, lo que nos impide actuar sobre ellos. De la misma forma, negamos las cualidades de aquellos con los que convivimos, lo que nos permite llegar a creer que somos mejores que ellos.


La humildad no es una virtud, es la base de todas las virtudes. La humildad es la verdad. Ninguno de nosotros es más que poco. Somos muy importantes, pero también somos insignificantes.


En los caminos de la existencia, nunca nadie se perdió por ser humilde.


Si fuéramos quien somos, si luchamos por ser mejores haciendo frente a las faltas que reconocemos en nosotros, si encontramos en nosotros y en los otros los dones de cada uno, entonces viviremos con autenticidad y verdad.


Quien niega la realidad vive, al final ¿En qué realidad?


domingo, 7 de junio de 2026

¿Quién mira por ti?

José Luís Nunes Martins



Podemos saber por quién miramos, ¿pero, conseguiremos saber quién mira por nosotros?


Alguns de nosotros afirman que no tienen a nadie, que están solos. Tal vez pudiese incluso ser verdad en algunos casos, ¿Pero cómo pude alguien tener esa certeza?


Creo que cualquier persona que lea este texto consigue hacer una lista por lo menos con 25 nombres de personas importantes en su vida. No es una tarea sencilla, porque quien se lo propone asume siempre que debe apuntar el nombre de aquellos que ama o por los cuales alberga buenos sentimientos.


¿Pero cuántos de los que constan en mi lista me tienen en la de ellos?


Más aun, ¿Es que mi nombre no aparece en las listas de personas que yo desconozco o de quien ya ni me acuerdo que existan?


No somos importantes solo para quien lo queremos ser. Algunas veces, esos no nos aceptan como tal.


Por otro lado, nuestra vida pues ser un don para personas cuyo nombre nunca conoceremos o que creemos meramente actores de nuestra existencia.


Otros aún pueden mirar por nosotros y amarnos sin dejar grandes pistas que nos permitan encontrarlos. Si existieran -¡Y existen !- ¿por qué razón no quieren siquiera que se lo agradezcamos?


Es bueno ser bueno, más aún sin esperar ser reconocido por eso. 


¿Me acuerdo -y guardo en el corazón- a todos los que me hicieron y hacen bien, que me amaron y aún me aman?



¡Cuántas veces, a lo largo de la vida, caí en desgracia y fui encontrado por alguien en el suelo, levantado para un abrigo -y, cuando estuve consciente, no supe bien como fui a parar allí?


sábado, 30 de mayo de 2026

Los que ni lloran ni ríen

José Luís Nunes Martins



Hay personas que acaban convirtiéndose en una de las  peores especies de infelices. Es en tal forma peligroso que dios afirmo que los vomitaría.


Hay personas que acaban convirtiéndose en las más infelices que existen. La tibieza es tan peligrosa que Dios afirmo que vomitaría a los tibios.


Son los que no son ni calientes ni fríos: dudan en los compromisos, viven sin entusiasmo y sin pasión.


Cuidan las apariencias. Son dóciles y se adaptan muy bien a todo, tan bien que parece que no tienen columna vertebral. Claro, prometen con un tono de gran autoridad, pero cuando llega la hora de la verdad, no avanzan. Ni retroceden. No hacen nada y actúan, como si esa fuese la reacción más acertada.


Quien se mantiene neutro en tiempos difíciles, esperando solo que pasen, y evitando cualquier conflicto, es y será siempre infeliz, a menos que, en algún momento, asuma una convicción, y la defienda y luche por ella como algo por lo cual vale la pena vivir y morir.


Los tibios temen el fracaso hasta el punto de evitar cualquier situación en que puedan fallar. Hablan mucho, hacen poco o nada. Temen más la opinión de los otros que la perdición de la propia alma.


La vida que tienen se va perdiendo día a día, en una especie de sueño interior que torna a la persona  cada vez más apática y acomodada, sin entusiasmo o coherencia.


La persona continúa haciendo lo básico, pero sin firmeza, sacrificio, alegría o la más pequeña muestra de generosidad. No se llega aquí tras una quiebra brusca, se trata de un desgaste silencioso de la voluntad.




El amor es entero. Exige entusiasmo constante, una rutina vivida con alma, trabajo, fidelidad y lucha interior contra las tentaciones que lo enflaquecen, sin contar lo que se pierde ni lo que se gana.


Quien ama, llora y ríe. Mucho.

sábado, 23 de mayo de 2026

Lágrimas de tristeza, prueba de amor


José Luís Nunes Martins



¿Cómo sería el día si no hubiera noche? ¿Quién disfrutaría del sol si nunca lloviese? ¿Quién valoraría la salud si no hubiese enfermedad?


La esencia y la grandeza del amor se revelan en la forma como lidiamos con la pérdida. Se sufre porque se ama. Amamos, de forma más  o menos consciente, sabiendo que, en un instante, todo cambia y el amor tiene que crecer y transformarse. El amor no muere n se pierde, pero aquellos que amamos pueden apartarse de nosotros y tendrán que morir.


¿Cuando? La incertidumbre es cierta. Pero también es cierto que quien ama y quiere seguir amando debe evitar desperdiciar el tiempo, como si fuese eterno en este mundo. Las riquezas que se pierden siempre pueden ser recuperadas, pero el tiempo no.


Que la tristeza del fin de una etapa sea menor que el arrepentimiento por lo que quedó por hacer y más la esperanza de un nuevo tiempo.


¿Qué sería la vida si no hubiese muerte? ¿Qué sería el amor si no tuviese que ser puesto a prueba?


¿Cuántos de nosotros valoramos aquello que tenemos hoy, sabiendo que todo puede perderse…aún hoy? Nuestra existencia es frágil. Estamos solo de paso en este mundo. Procuremos amar en la certeza de que el amor, así como nosotros, no pertenece a este mundo.


Quien acumula cosas y quiere tener siempre más se estaña perdiendo este mundo, del cual un día -tal vez hoy- tendrá que partir.


Amemos y lloremos las pérdidas, hasta el mismo momento de suceder. Amar implica ese sufrimiento. Que ese sufrimiento nos mantenga atentos a la misión de amar y de abrirnos al amor que precisamos.


Una lágrima es siempre una prueba de amor -y tal vez también una fuente de esperanza para quien no deja de amar.


sábado, 16 de mayo de 2026

Los cuatro silencios esenciales


José Luís Nunes Martins



El silencio es mucho más que la ausencia de sonido. Es esencial a la creación de un espacio interior de escucha, verdad y encuentro con nosotros mismos, con los otros y con Dios.


Vale la pena reflexionar sobre cuatro silencios fundamentales en la vida.


En primer lugar el silencio del exceso de palabras. Hablamos demasiado; hablamos antes de mirar, antes de pensar, antes de saber. Muchas veces, hacemos pequeñas las mayores y más bellas obras, solo porque nos creemos más de lo que somos. No siempre decimos la verdad,  muchas veces no hay ni siquiera necesidad de lo que decimos. Hay, tal vez, solo una necesidad de llenar el vacío y de evitar el incómodo mirar de los otros. Pero, para ir al encuentro de alguien es preciso escucharle. Y solo lo escuchamos si callamos.


En segundo lugar, el silencio de los pensamientos dispersos. El pensamiento salta sin cesar de preocupación en preocupación, entre recuerdos, recelos, deseos y distracciones. Vivimos poco, de tanto que nos pasa por la cabeza a cada momento. Quien es capaz de parar está más presente y entero, menos fragmentado y menos confuso. Cuando aquello que planea dentro de nosotros se asienta, surge una claridad que trae consigo paz y belleza.


En tercer lugar, el silencio de Dios. Pedimos y esperamos respuestas sin mucha paciencia. Creemos que si Dios es Dios y nos ama, tiene que respondernos de inmediato. Nos cuesta aceptar que Él, de forma mucho más simple, puede confiar en nosotros, permaneciendo presente en nuestra vida, cualquiera que Sen nuestras elecciones. Sentimos su ausencia porque no Lo escuchamos. Ahora bien, la presencia basta, porque todas las grandes obras se hacen en silencio. Amar es darse, sin necesidad de ningún ruido o exhibición. 


 Por fin, el silencio del egoísmo, del orgullo y de la necesidad de colocar el propio “yo” en el centro de todo. Hay personas que no son capaces de librarse de la necesidad constante de afirmación, valoración y reconocimiento. Desean ser vistas y elogiadas en cada momento. De tanto como se admiran y defienden -hasta incluso de quien busca su bien- nunca salen de sí mismas. Y, por eso, nunca llegan a conocer la belleza inmensa del mundo, ni la verdad y el amor que nos llegan a traves de los otros. El silencio del egoísmo no significa negar la identidad, pero sin necesidad de probar nuestro valor. Es un camino de humildad y libertad interior en cual la persona ya no vive para ocupar el centro de la vida de ls otros, sino para encontrar alegría en la verdad del donde ser quien es.


La presencia, cuando es amor, basta