José Luís Nunes Martins
Cargamos al cuello nuestraspérdidas más íntimas, aparcamos los sueños que, mientras tanto, nos morimos. Nunca retornan frasos del pasado, son heridas que continuan doliendo y tenemos que cuidar.
Nos volvemos responsables de lo que amamos, solo que miuchas de las cosas y de las personas que amamos se piuerden, dejan de estar o mueren. Hay en nosotros, como niños que no paran de llorar, un conjunto de vacíos que reclama nuestra atención -por más que eso nada resuelva y hasta acabe, muchas veces, por agrabar el dolor.
Amamos ausencias y cosas imposibles. Nos entregamos y guardamos muchas realidades que o ya no respiran o nunca llegaron a hacerlo.
Más que cargar con nuestras pérdidas, somos moldeados por ellas, como si esculpiesen nuestra alma, transformando un bloque en bruto en una opera prima.
Lo que somos nace de lo que perdemos, más incluso que de aquello que poseímos.
Algunos desisten y no aman, porque les parece que todo, hasta su amor, es pasajero, sustituible y descartable.
Otros aman, a pesar de saber que es casi cierto que tendrán que sufrir por causa de eso.
La identidad es el resultado de lo que se escoje y de lo que se renuncia, de lo que se gana y de lo que se pierde, de lo que se entrega y de lo que se recibe.
La madurez tal vez consista en no negar las pérdidas, ni hacer de ellas un altar. Hay pérdidas que nos paralizan y hay otras que nos enseñan a amar mejor. El luto puede endurecer el corazón o ablandarlo.
No somos solo lo que queda después de las pérdidas; somos también la manera como cuidamos de lo que sobrevive. Algunos transforman las ausencias en amrgura, otros en compasión. Algunos se cierran para no sufrir, otros se vuelven más atentos al dolor ajeno.
Talvez crescer no interior seja isto: aprender a embalar as perdas sem deixar que elas nos impeçam de voltar a amar. Porque, se o que somos nasce do que perdemos, então o que seremos depende do que, apesar de tudo, ainda formos capazes de decidir amar.
Tal vez crecer interiormente sea esto: aprender a asumir las pérdidas sin permitir que ellas nos impidan volver a amrar. Porque, si lo que somos nace de lo que hemos perdido, entonces lo que seremos depende de que, a pesar de todo, aún somos capaces de amar.