José Luís Nunes Martins
En un istante todo se deja, queda todo más oscuro dentro de nosotros y nada de lo que creíamos firme queda en el mismo lugar. Una simple noticia señala el final inesperdo del pasado al tiempo que nos empuja hacia una caída en un precipicio al que hemos de pasar a llamar tiempo.
En los primeros días creemos que el embite va a ser fatal, después percibimos que tal vez se trate de una caída común. Incluso comprendemos que al final no hay suelo. Así mismo quien cree que lo tiene engañado, es solo una mentira que da inmensa seguridad.
Y así pasan a ser los días y las noches: una caída que no acaba, una inestabilidd que no permite descanso, un viajar a la velocidad de la luz por la existencia. Lo que es bueno pasa deprisa, lo malo también. Nada permanece, nada es, solo nosotros somos los mismos de ayqe mientras todo pasa y cambia en una lógica incomprensible.
Se sueña, en medio de las tempestades, con la llegada de la bonanza. Pero después de algunos años, se aprende que la bonanza también es señal de una tempestad próxima a llegar. Y que cuanto mayor fuera la bonanza...
¿Qué sentido tiene mi vida? ¿hacia donde voy? ¿Es que estoy complicando lo que, siendo sencillo, me cuesta aceptar?
Tengo mucho más de lo que a muchos les bastaría para ser felices y...entre tanto... la vida a mí, muchas veces, me cansa y me duele.
Pero, en algunas ocasiones, sin saber cómo ni por qué, siento la paz de quien vence y puede, por fin, celebrar todo el camino recorrido. Siento la serenidad de quien cree que ha valido la pena sufrir lo que sufrió y la confinza qde quien sabe que aquello que aun lo espera más adelante vale todas y cada una de las heridas que todavía tendrá que soportar para llegar allí.
En el instante siguiente, volvmos al borde del precipicio, a sentir el empujón que nos conduce adelante y que nos lanza otra vez a aquella caída que parece no tener fin...
Pero al finbal no caemos.
volamos
Para el cielo.



