Perder y ganar (Literaria nº 6)
Henry Newman, John
Cita (APA): Henry Newman, J. (2017). Perder y ganar (Literaria nº 6) [Kindle iOS version]. Retrieved from Amazon.com
Parte IIAño y medio había pasado desde aquel momento tan duro para Charles, y no había pasado en vano, Charles había apartado todas sus incertidumbres religiosas; esto es, conocía ahora mucha más gente de las distintas tendencias que antes, le eran más familiares los principios, los modos de ser de unos y otros, pero no se comprometía con nada.
Charles decidió hacer caso a Sheffield, tomar un tutor para el verano y buscarse un buen sitio para estudiar cerca de Oxford .
El tutor , Mr Carlton, no les llevaba más de tres años. Lo que más me gusta de Carlton es su serenidad. Siempre dice lo justo, no se pasa nunca, no te aburre, no abusa de ti; es concreto, no se anda por las nubes.
Mr Carlton ha estado muy brillante antes de cenar en su defensa de los partidos, la Iglesia tiene que sentirse agradecida de que haya partidos. Son el efecto inevitable del libre pensamiento; y cuanto más libre el pensamiento, más partidos. … Fíjense en los católicos romanos, lo que ellos llaman «escuelas»; pero en cuanto el Magisterio se pronuncia, desaparecen los partidos.
Charles quería saber cosas de Willis, así que intentó llevar la conversación hacia allí. ¿Que había oído White últimamente? Muy poco. Y tampoco podía decir si lo que anunció Mr Vincent de su vuelta atrás era cierto o no….Bueno, sí, sabía algo más. Había oído decir que Willis estaba completamente seguro de que Romanismo y Anglicanismo eran dos religiones distintas; que no se podían amalgamar;
En otra conversación Reding tuvo que exponer su idea del celibato, no es un sentimiento que yo me empeñe en mantener, no se si es un desatino querer introducirlo en la Iglesia Anglicana.
No me estoy refiriendo al caso concreto sino a algo que me parece bueno en sí mismo y que no puedo dejar de admirar. Yo no he dicho nada del celibato de los clérigos sino del celibato en general. A mí me parece que obligar al matrimonio es tan esclavizante como obligar al celibato; todo lo que estás diciendo lleva a que el que no se casa sea la oveja negra.
Yo creo que el cristianismo es la perfección de la naturaleza y por eso en las cosas en que es lo mismo que ella, es como la naturaleza, y es distinta de ella en aquellas cosas en que supera a la naturaleza. Entiendo por «sobrenatural» la perfección de la naturaleza.
Yo siempre pensé que el ayuno, la abstinencia, las dificultades, el celibato, podían tomarse como una compensación por el pecado.
Pero cuando alguien lleva dentro ideas y sentimientos semejantes cae bajo la influencia externa del Catolicismo, entonces el poder del Credo produce sobre él un efecto inmediato,
al enterarse de que esa doctrina no es extraña, sino que es justo la que, en el pasado, existió en toda Inglaterra, de norte a sur, desde el momento en que aquí llegó el Cristianismo; al enterarse de que, según pruebas históricas, Cristianismo y Catolicismo son la misma cosa; que la fe de su país no existe en ningún otro sitio más que en su isla y en sus colonias, y que, además, resulta bastante difícil saber en qué consiste exactamente esa fe, o si su país tiene siquiera alguna fe.
Reding había dejado a un lado durante casi dos años sus dudas sobre los Artículos.
Por aquí vino el incómodo recuerdo de su obligación para con la Iglesia y la Universidad y lo cerca que estaba ya su examen y la graduación; y tenía que estar preparado para todo ello.
… Estoy muy incómodo con los Artículos desde hace unos dos años. No los puedo entender y si me meto con su historia, las cosas se ponen peor. Ahora que se acercan los exámenes y la graduación, no me queda más remedio que retomarlo otra vez.
lo que pasa con los Artículos es que me vienen sin ninguna autoridad. Son las opiniones de unos señores del siglo XVI, que no tengo nada claro hasta qué punto han sido modificadas por las opiniones, absolutamente desautorizadas, de otros señores del XIX. Así que no tengo más remedio que ejercer mi propio juicio.
…Por otra parte, me ha impresionado que la Iglesia de Roma es de una consistencia inexorable en sus formulaciones. Puede que sea un sistema duro, férreo, pero es coherente.
Tampoco Oxford era para él lo mismo que antes. Había desaparecido la frescura de la excitada fascinación de los comienzos. Veía defectos donde antes solo descubría cosas buenas o excelentes;
El rasgo característico de Charles, el que le definía por encima de cualquier otro, era un sentimiento habitual de la Presencia de Dios … ahí estaba Él, actuando y guiándole, como la nube con el pueblo elegido…Se sentía criatura de Dios, sentía que debía responder ante Él; que no se pertenecía, que pertenecía a Dios.
Pero aún le esperaba a Charles una desgracia que no esperaba. En aquellos tiempos existía un sistema de espionaje llevado con todo celo por una serie de personas muy bien intencionadas que pensaban prestar un gran servicio a la Universidad descubriendo quiénes entre los miembros más jóvenes estaban «infectados por el virus del papismo».
Así, cuando Charles fue a tomar el té con Freeborn en realidad le estaban probando; no le llevaron a conocer una determinada doctrina religiosa, sino que, sin previo aviso, le pusieron frente a un tribunal; y como todo aquello le dejó frío, se convirtió enseguida en sujeto sospechoso.
Cuando Reding se presentó ante el Vice-Principal, Reverendo Joshua Jennings, a pedirle permiso para vivir fuera del college los dos trimestres que le quedaban antes de examinarse, se encontró con una negativa cortés pero firme.
No se le negaba el permiso porque se dudara de la conducta de Mr Reding, no. Mr Reding siempre había sido un joven de moralidad intachable. Pero había que proteger a los estudiantes más jóvenes del contagio
Y, tras un minucioso examen, el Vice-Principal le dijo: ¡Me avergüenzo de usted, Mr Reding!
¡Qué manera de pisotear las condiciones bajo las cuales se inscribió su nombre en los registros de esta venerable institución!
…—No entiendo por qué soy una compañía inconveniente para los demás. La mandíbula del viejo Principal pareció desprenderse de su cara y los ojos se le ahuecaron:—Porque... los corrompería, señor mío, usted los corrompería...
Lo mandaron a casa. Bueno, un destierro soportable. Allí pasó Charles el invierno y la primavera con su madre y sus tres hermanas,
Las dudas de Charles se habían concretado bastante desde su llegada al Devonshire. El mismo hecho de estar en casa y no en Oxford contribuía a ponérselas delante de continuo.
Ahora había decidido salir de la perplejidad y resolver sus vacilaciones en un sentido u otro.
Su posición se agravaba porque no tenía con quién abrirse ni nadie que pudiera ayudarle a soportar el peso que le aplastaba.
Se sentía encubridor de un secreto que tarde o temprano, bien lo comprendía, tendría que saberse. Todas esas cosas juntas eran la causa de ese hundimiento de ánimo que sus hermanas advertían.
Se examinó y no obtuvo la máxima calificación. Pero ahora ya estaba decidido a entrar en la iglesia católica. Sin embargo va a ser un periodo de pruebas muy dolorosas, tenía que decírselo en casa, a su madre, a sus amistades, renunciar a la iglesia de Inglaterra que tanto le había aportado,.
Las despedidas de sus amistades y conocidos son muy difíciles y le hacen sentir más solo cada vez. Hasta el último minuto, recibe invitaciones de distintas iglesias y grupos para ofrecerle formar una nueva iglesia…
Supera todas las tentaciones y emprende la recta final. Por fin llega a la casa de los Concepcionistas en Londres, donde por supuesto es aceptado e inicia felizmente su proceso de integración en la Iglesia católica.