José Luís Nunes Martins
La oración es la expresión máxima del amor. El amor exige presencia, silencio y tiempo, hasta el punto de que quien ama se olvida de sí. La oración es igual.
La oración es una manifestación de cariño y de fragilidad. El amor es la voluntad de entregar toda la riqueza y, al mismo tiempo, una pobreza que tiende la mano.
Amar eleva nuestra alma, rezar también.
Estamos llamados, si quisiéramos ser felices, a amar y pedir por los que nos aman y por los que no amamos.
Y, por tanto, en el silencio de nuestro cuarto y en el interior de nuestro corazón debemos hablar con Dios sobre los que amamos y de los que no amamos, procurando amar más a unos y a otros.
La oración tiene siempre algo tanto de bello como de clandestino. No es un trueque ni una respuesta concreta que se desea; es una confianza que se deposita en quien se ama y se quiere amar. Una palabra susurrada puede valer mucho más que un discurso a una multitud.
El amor con que se reza es más importante que cualquier palabra que se use.
Los que creen que se bastan a sí mismos, que no precisan ni dependen de nadie, viven en una ilusión peligrosa que se puede desmoronar en cualquier momento. La vida tiende a dar lecciones muy duras a quien no aprende lo que es evidente.
La oración camba a quien la hace.Perfecciona los sentimientos y acerca el pensamiento a la verdad. El amor también.
Quien ama abre, extiende y entrega su corazón al cielo y al otro. Quien reza también.