sábado, 2 de mayo de 2026

La levedad y la belleza de una vida más sencilla

José Luís Nunes Martins



 

¿Vivir con menos cosas y menos elecciones nos puede hacer más felices? Tal vez la disciplina sea una excelente forma de aumentar nuestra libertad.


Si nuestra atención se centra en no caer en la dispersión  entre las muchísimas llamadas del mundo a nuestro alrededor, entonces es posible que profundicemos en nuestra vida de  modo que aumente nuestra paz.


Todos los días somos llevados a querer, a crear necesidades que no existían y, con eso, a sentir una insatisfacción creciente.


Vivimos a alta velocidad, casi siempre soñando con la tranquilidad de un ritmo lento, conscientes de que una desaceleración nos permitiría disminuir la ansiedad y aumentar el sabor de los días. 


Tal vez bastasen algunas reglas, horarios y rutinas que nos sirviesen de soporte y nos apartasen de la prisión de las constantes tentaciones que nos seducen a entrar en una lógica de mil y una elecciones sin importancia. Al final, después de inquietarnos mucho, no traen nada interesante a nuestra vida.


La cantidad no es, en sí, un bien; por el contrario, la simplicidad es, en muchas dimensiones de nuestra vida, la forma más elevada. Si aprendiésemos a vivir bien con lo que somos y tenemos, sin perder un minuto pensando en lo que nos dicen que nos falta, viviríamos mejor.


Muchos de los problemas de nuestros días no vienen de la falta, sino del exceso.



Sería bueno que fuéramos capaces de simplificar nuestro día a día, protegiéndonos de los atentados a nuestra estabilidad que viene siempre bajo apariencia de promesas de felicidad.


Sería bueno que ablandásemos el ritmo de nuestras horas y que, en cada una, encontraremos belleza y bien, sin que buscásemos pasar por ellas como si fuesen iguales.


Sería excelente no dejarnos distraer y encontrarnos, en nuestro silencio, la paz divina que existe precisamente dentro de nosotros.