sábado, 6 de febrero de 2016

La adversidad hace los héroes


José Luis Nunes Martins




                                        http://rr.sapo.pt/artigo/46180/a_adversidade_faz_os_herois
Todo lo que es grande comienza siendo pequeño.
La grandeza de un espíritu comienza cuando reconoce su pequeñez… la insignificancia de su existencia hace el todo donde vive.

Los caminos hacia las alturas son estrechos, escabrosos y conllevan sufrimiento. Al héroe le corresponde descubrir nuevos caminos, por donde otros tienen que pasar. Es en la osadía de ser diferente como se manifiestan los grandes hombres.

Es duro luchar para que la esperanza, sembrada en tierra seca, crezca… pero quien cree y hace todo lo que depende de él, llega casi siempre a alcanzar el fruto de su fe.

Al celebrar el fruto, no se debe olvidar al árbol que lo ha dado y a la simiente de la que ha germinado.


 *Ilustração de Carlos Ribeiro

Una flor sola parece viva, pero está muerta. Una flor viva, oculta en la yema, puede parecer muerta, pero está viva y de ella podrá brotar aún mucha vida. Lo importante no es el movimiento, ni la apariencia… A veces, lo que está oculto y quieto es más fecundo que aquello que se mueve mucho, parece tener mucha vitalidad, pero no es más que una hoja muerta arrastrada por el viento…

Para que pueda ser árbol, el fruto tiene que pudrirse y hacerse tierra. Servir de primer alimento a la simiente que lleva en sí. Tiene que hacerse pequeño para que pueda ser grande a través de aquello que, siendo ínfimo, llegará a ser del tamaño del mundo.

La felicidad egoísta no puede ser felicidad. Sólo quien se entrega al otro vive de forma plena.

El amor es el camino de los héroes.


Si quieres ser feliz, ama. Si el amor no te duele, entonces tal vez aún no estés en tu camino.


jueves, 4 de febrero de 2016

Tensión


¿¡Es el estado normal de esta sociedad, una sociedad provocadora y generadora de tensiones!? Porque, el estado natural de muchos es ese, estar en tensión. Esto se pone de manifiesto en todos los escaparates donde la sociedad se expone ante los demás, sea en las tertulias de las televisiones, en los programas basura, o  cada uno consigo  mismo en el manejo de los cacharros electrónicos, que están presentes, a todas horas del día y de la noche, en las actividades cotidianas, irrumpiendo en la intimidad o interponiéndose en las conversaciones en familia y entre amigos, en el parlamento de los diputados… incluso en las iglesias…

Tanta es la tensión acumulada, que a diario se  producen numerosos estallidos y destrozan, como un látigo infernal, a quien la padece, pero produciendo al mismo tiempo numerosos ‘daños colaterales’… Hasta que un día el eco dañino de esta tensión se expanda como las ondas de un lago, producidas por una gran tormenta, la tormenta total.

La tensión se fomenta desde las instituciones, aunque el pueblo aguanta. Existe un pueblo verdadero, que no se queja tanto como debiera; en su lugar lo hacen ‘profesionales’, ‘políticos oportunistas’, que explotan así la miseria que a otros atormenta y avergüenza, mientras a ellos le aprovecha. Incapaces e impotentes para adoptar los remedios para acabar con la miseria, todavía la incrementan con el odio y las luchas estériles entre ellos. Quizá por eso,  los que forman el pueblo verdadero callan y luchan, sobreviviendo a su miseria, a la incomprensión y a la indiferencia ajenas, así como al desconcierto administrativo  (Administración=Casa que enloquece, como en Asterix y Obelix: ‘vaya a la ventanilla número X, planta X, pida el formulario y entréguelo en la planta X, ventanilla número’… y todo para querer apuntarse a la legión, creo recordar).

Son buenas personas, que quisieran ser unos ciudadanos cumplidores y aportar sólo cosas buenas a la sociedad, pero no hay trabajo para ellos, no hay ayudas suficientes, sean sociales, públicas o particulares, que les permitan vivir con dignidad todos los días de su vida hasta alcanzar la merecida jubilación.
Es cierto que las ayudas no son bien aprovechadas a veces, que hay muchos ‘enganchados’ a algo para los que nunca nada es suficiente, porque su estado habitual es estar feliz siempre y sin compromiso alguno, y a costa de los demás. Creen firmemente que se les debe cuanto necesitan y también lo que no le hace ninguna falta.

Mucha tensión hay en las familias que no se entienden, y producen la nefasta ‘violencia de género’, sea el que sea el culpable, masculino o femenino…;en las familias que no tienen lo necesario para atender a los hijos; en las aulas, donde se consiente la mala educación y sus derivados, empezando por el desprecio hacia el respeto y los buenos modales, entre los mismos alumnos, y entre estos y profesores; tensión en el trabajo, ante todo por el miedo a perderlo, pero también por las largas jornadas y mal remuneradas; tensión en la Iglesia, donde su cabeza, el Vicario de de Dios en la tierra, se siente amenazado.

No hay hoy autoridad, ni civil ni religiosa, capaz de controlar a sus representados. Al grito de ‘No nos representan’, se ha sublevado gran parte de la humanidad, se rebelan y no saben bien contra quien, muchos lo hacen contra sí mismos, incapaces de controlar sus vidas, son espíritus libres en el ejercicio del mal sin freno moral alguno…

Esta tensión es así aprovechada por aquellos servidores del odio, que  han crecido amparados en la libertad de la democracia para, llegado el momento oportuno, dar el zarpazo y enlazarla con  aquella tensión histórica y cainita, que en  tiempo no tan lejano estalló en una guerra civil, un episodio más entre dos guerras mundiales, pero considerada el ensayo para la segunda.

Poco a poco se va alimentando de nuevo el feroz enfrentamiento entre el bien y el mal. Los problemas personales se quedan pequeños, el odio se encrespa y acrecienta, al encontrar un cauce ideológico que arrastra todo el descontento y la ira acumulada.

La paz del mundo está seriamente amenazada. Sólo nos queda invocar a la Piedad y a la Misericordia, como muy oportunamente hace la Iglesia, invitando a todos a que lo hagan, sean cuales sean  sus creencias e ideologías.


domingo, 31 de enero de 2016

Tres funerales y una “Praga”



 ¿Es que la basílica de la Estrella se convirtió, por arte de magia del laicismo triunfante, en un espacio neutro y religioso, a disposición de los próceres de la República, sea cual fuere su filiación religiosa?

El título sugiere una comedia norteamericana, pero trasluce una realidad muy portuguesa. Algo funesta, por cierto, pero muy actual, a juzgar por ciertos acontecimientos recientes.

El primero en referir es el fallecimiento de Antonio Almeida Santos, el pasado 18 de Enero. El ilustre finado, como la prensa resaltó, no quiso tener exequias religiosas, en coherencia con su condición de masón afiliado al Gran Oriente Lusitano (Expresso, 22-1-2016, p. 16). Entre tanto, su cuerpo estuvo en la capilla ardiente en una capilla de la basílica de la Estrella, de donde partió para el cementerio, después de un breve paso por la Asamblea de la República y por la sede del Partido Socialista, donde fue homenajeado por sus compañeros del parlamento y por sus correligionarios socialistas, respectivamente. Pero, la cuestión es: ¿la basílica d la Estrella no es una iglesia católica? ¿¡Cómo puede no ser religioso un funeral precedido por un velatorio en uno de los templos más importantes de la capital que, por cierto, es incluso el primero del mundo dedicado al Sagrado Corazón de Jesús!? ¿¡Es que la iglesia s convirtió, por arte de magia del laicismo triunfante, en un espacio neutro y arreligioso, a disposición de los próceres de la República, cualquiera que sea su filiación religiosa1?

Viene a cuento referir, aunque sea de pasada, la controversia suscitada, hace ya más de una década, por el funeral del entonces presidente del tribunal Constitucional, que tampoco tuvo exequias cristianas, dada también su condición  masónica. Tratándose de una figura eminente de la jerarquía del Estado, a quien convenía prestar las debidas honras en un local digno, se optó por depositar sus restos morales en una de las capillas funerarias de la basílica de la Estrella, donde tuvo lugar una ceremonia fúnebre masónica. Ante tal desafuero, el entonces Patriarca de Lisboa salió al terreno, con una nota pastoral “La Pascua de la Eucaristía”, de enero de 2005, recordando lo que es por todos los fieles bien sabido: “¿la fe católica y la visión del mundo que ella inspira son compatibles con la masonería y su visión de Dios, con el fundamento de verdad y moralidad y sentido de la historia que conlleva? La respuesta es negativa. Un católico, consciente de su fe y que celebra la Eucaristía  no puede ser masón. Y si estuviere convencido, no puede celebrar la Eucaristía. Y la incompatibilidad reside en las visiones irreconciliables del sentido del hombre y de la historia”.

Nótese que, más que una cuestión confesional, se trata de una cuestión elemental de coherencia y de respeto por la libertad de las conciencias. No tiene sentido que individualidades como el referido presidente del tribunal Constitucional, o el doctor Almeida Santos, a la vista de sus convicciones y voluntad expresa, san velados en un templo cristiano, como tampoco sería que lo fuesen, por absurda hipótesis, en una mezquita o en una sinagoga. Ni siquiera el argumento de la dignidad del espacio sagrado mencionado parece pertinente porque, a ese efecto, se podía utilizar el no menos solemne panteón nacional de Santa Engracia que, no obstante la denominación, no es un templo cristiano, ni está abierto al culto católico ni al de  ninguna otra religión. En último análisis, los diputados fallecidos, así como los jueces de los tribunales superiores, podrían también recibir honras fúnebres en las instalaciones públicas, sin desprestigio de las instituciones que sirven, ni falta de respeto de espacios religiosos, abusivamente usados para finalidades de todo ajenas a su naturaleza profesional.


Hay también una razón de prudencia que aconseja proceder así. En una reciente participación  de la misa del trigésimo día a celebrar por el alma de un ser querido, en la basílica de la Estrella, el enlutado pariente “agradece a todos los que lo confortan y” –¡pásmese!- “ruega una sincera plegaria, imbuida del más profundo sentido cristiano (sic!), a los que no se supieran comportar a la altura de las circunstancias. Y aún fueron algunos” (Público, 14-1-2016, p. 33)! Pues sí: un no creyente, velado en una iglesia católica, no sólo corre serio peligro de revolverse en la caja, por  ser llevado muerto a donde, en vida, nunca puso los pies, como tampoco se libra de que  sea rogada “una sincera plegaria, imbuida del más profundo sentido cristiano”, por un piadoso “católico” pero resabiado.

sábado, 30 de enero de 2016

Desiertos dentro de palacios


José Luís Nunes Martins
30 de janeiro de 2016   https://www.facebook.com/jlmartins?fref=nf

                                             Ilustração de Carlos Ribeiro

Hay personas que brillan mucho, pero no iluminan nada… son solo estrellas (de)cadentes.

Hay quine cree que la apariencia es esencial. Tanta preocupación tiene por su exterior, que descuidan el interior. El tiempo va soplando y descubriéndolo todo, revelando lo que hay por detrás de los disfraces con que tanta gente finge ser lo que no es… muchos desiertos se esconden tras imponentes fachadas.

La apariencia es siempre vacía. Pero mientras algunos intentan parecer y aparecer olvidando su interior, otros optan por mantener la trasparencia, no permitiendo que se cree un muro que esconde el corazón… una apariencia trasparente protege el interior y nunca se superpone a él.

El que cree que su valor reside en lo que los otros ven, condena el castillo de su interior a la tristeza de la degradación, sin luz ni aire ni vida… sin un resto de amor. Son una enorme ruina egoísta que se destruye  sí misma de forma lenta.

Es importante abrir puertas y ventanas, invitar a los otros, el viento y el sol a que dancen en los salones y descansen en los cuartos de los palacios que tenemos dentro…

Es cierto que cada uno de nosotros debe cuidar su apariencia a fin de que, al darse al otro, le entregue algo tan valioso cuanto sea posible. Pero tratar de lo esencial es diferente de pasar todo el tiempo de espalda a lo accesorio. ¡Si es verdad que en el exterior puede haber algo de valor, también lo es que dentro de nosotros hay muchas cosas sin ningún interés!

Es mejor ser un espacio limpio donde haya paz y pueda brillar la luz que ser un montón de baratijas sucias y sin ningún valor. Lo que importa es ser, no tener.

No somos lo que tenemos, somos lo que amamos.

viernes, 29 de enero de 2016

Devbhumi


JOSÉ MIGUEL PINTO DOS SANTOS 

22/09/2015 - 05:52

¿Qué es más importante en una revolución? ¿La alteración de la estructura de propiedad o el cambio de mentalidad?

La miseria existe bajo diferentes formas. Está la miseria material. La intelectual. Puede existir miseria en las relaciones sociales. Y, aunque muchos lo nieguen, hay también miseria moral. ¿Cuál es la más miserable?

Uttarakhand, un estado del norte de la India, en el Himalaya, es conocido también como Devbhumi, literalmente, el País de los Dioses. El paisaje montañoso y boscoso es magnífico, el urbano es deprimentemente pobre y sucio. El grueso de la población está constituido por las castas bajas, “los vencidos” en la designación usada, hasta hace bien poco, en la lengua local. Sin tierra ni capital, y por encima de todo analfabetos, vivieron durante siglos  bajo la dependencia de los brahmanes, la casta de los propietarios, adinerados e intelectuales. Sus reyes y caciques eran más que los representantes de los dioses, eran alter-egos de los propios dioses, en una décima parte de su naturaleza divina, la restante, humanos.

Curiosamente para una economía agraria, y aún más con una diferencia tan marcada entre las que tienen todo y los que n tienen nada, en el País de los Dioses no había asalariados: una costumbre peculiar no permite a un hombre recibir de otro salario a cambio de trabajo. Mientras era permitido que se trabajase para otro si fuese para saldar una deuda. Así, para subsistir, los vecinos tenían que contraer un préstamo, aunque fuera simbólico. Después trabajaban como campesinos y cocineros, picapedreros y carpinteros para sus acreedores, recibiendo, en dinero, más abrigo y alimentos para sí y para sus familias por el periodo que llevaba saldar la deuda: una vida.

Lo curioso de esta estructura social era que los pobres no precisaban de dinero para vivir: les bastaba tener una deuda para contratar trabajo y comida. Sólo necesitaban  dinero en una situación: para casar una hija. La costumbre inmemorial de la dote imponía que los vencidos, siempre sin dinero, tuviesen que pedir prestado a un brahmán la cuantía necesaria, que nunca era simbólica. 

En estos casos les era exigido embargo. A falta de mejor alternativa, era empeñada la misma novia: se esperaba que al día siguiente a su casamiento se presentase en la residencia del acreedor. Ahí le servía de concubina hasta que él se hartase; después era enviada a los campamentos de madereros como prostituta hasta que la obligación familiar fuese saldada. Entonces recuperaba su “libertad” y regresaba con su marido para comenzar la vida familiar, trabajando ambos para otro bajo un contrato crediticio.

¿Qué llama más la atención en esta sociedad? ¿Las relaciones laborales? ¿La sistematización de la inmoralidad sexual? ¿La condición femenina? ¿La institución familiar, con el binomio dote-prostitución para pagar la dote? ¿La injusticia social o la pobreza material? Curiosamente, sociólogos y antropólogos que han estudiado la sociedad del País de los Dioses constataban que no se notaba entre la población ningún sentimiento de injusticia y, a parte del esporádico panfleto maoísta fijado en un árbol, no se vislumbraba ningún movimiento de revuelta entre los vencidos contra las relaciones sociales instituidas. Relativistas culturales, sus conclusiones se resumen en un “si les gusta, ¿Quiénes somos nosotros para juzgar?”

Indira Gandhi (1917-1984), en cambio,  no era una relativista cultural: era una moralista que creía que esta estructura social era injusta e indigna de seres humanos. En 1975, como primera ministra, y durante el periodo de estado de emergencia, llevó a cabo un conjunto de reformas económicas que, se decía, serían de gran alcance: reforma agraria, dando título de propiedad de pequeñas parcelas de tierra a todas las familias, distribución de ganado entre los más pobres, y acceso a crédito bonificado  a los más desfavorecidos. Con el cambio de la estructura de propiedad y liberación de los pobres del dominio de los usureros locales, Gandhi esperaba eliminar la abyecta sumisión secular de las castas más bajas.

También en el País de los Dioses estas reformas se llevaron a cabo: los vencidos recibirían tierras y ganados y fueron informados de que los créditos obtenidos en algunos de los bancos en las principales ciudades serían bonificados. ¿Una revolución? Sin duda. ¿Pero qué  es lo más importante en una revolución? ¿El cambio de la estructura de propiedad o el cambio de mentalidad? La contrarrevolución no se hizo esperar. ¿Quién eran los reaccionarios? Los pocos, pero inexorablemente, los nuevos propietarios se enajenaron, voluntariamente y sin necesidad aparente, tierras y ganados y volvieron al antiguo sistema  de deudor-acreedor. A principios de los ochenta un equipo de antropólogos franceses que estudió el efecto de las reformas en el País de los Dioses concluía: La reversión a la situación anterior permitía al grueso de las castas bajas reavivar una reacción social con significado cultural en sus vidas: en la India en general, y en Devbhumi en particular, la vida material es más una expresión de un modo de estar relacional que una fuente de autonomía individual. Voilà.

¿Cuál es la miseria más miserable?

Professor de Finanças, AESE



miércoles, 27 de enero de 2016

Hay leyes que irritan…


Hay leyes que irritan y desesperan, incluso pueden llevar a querer eliminar a quien es la primera causa del atropello judicial que se padece.

La llamada violencia de género, está muy mal llamada de este modo, pues establece una desigualdad entre los géneros que anteriormente no existía, ni ante la ley ni ante Dios, estaban unidos en la categoría superior de ‘ser humano’, y, si me dejan, me atrevo a decir que primero son igualmente hijos de Dios los dos, el cual no nos juzga según el sexo ni el género.

Está concebida en cambio, como una estratagema  para provocar más violencia,  socavando los cimientos que la ‘vieja’ sociedad tiene en la familia tradicional;  rompiendo con el ‘anticuado’ concepto de hombre para adaptarlo a una realidad nueva, adornada con adjetivos como progresista, ecológica. Pero no logra crear nada, porque no es real sino convencional, mera ideología.

Los resultados de dichas leyes son nefastos, pues la ´’violencia de género’ se ha vuelto cotidiana, cada día las noticias abren con un nuevo caso de ‘violencia doméstica o de género’, con casos cada vez más truculentos. También provoca un choque de mentalidades irreconciliable, no se puede dialogar con quien trata de  imponer su criterio a los demás, incluso utiliza la escuela para transmitir su ideología, dando por válidos conceptos no probados y que un  niño no pueda llegar a comprender ni valorar.

Nadie pone remedio a tanto despropósito, es más, cada día el ciudadano responsable y moderado se siente más desprotegido por la administración, por la justicia;  la desconfianza hacia los representantes políticos aumenta cada día. Una política ‘valiente’, en campaña electoral,  se atrevió a criticar, e incluso prometió ajustar el término a la falta, sin distinción de sexo, pero ante las críticas de las izquierdas y los progres, que ya están en todos los partidos políticos, no fue capaz de mantener su promesa.
Y así seguimos, igual, o sea, sin esperanza de cambio. Los cambios que nos prometen y el progreso que se nos quiere vender, es falso, como es falsa cada vez más la sociedad que estamos creando, unos activamente e interesadamente, y otros permitiendo que lo hagan, por comodidad e ignorancia.

Estamos demasiado entretenidos con las nuevas tecnologías, las cuales simplifican su manejo para que puedan ser manipuladas por todos, incluidos los más torpes o perezosos; con solo apretar un botón cualquiera  puede obtener varias opciones o servicios; esto puede llevar a muchos a creer que la vida es demasiado fácil, que cuanto menos piense, más tiempo tiene para ‘disfrutar’ de todos esos  productos que aparecen en las múltiples pantallas, en cualquier momento del día y de la noche.

Para muchos ya no existen espacio ni tiempo vacíos para llenarlos por sí mismo, disfrutando se su intimidad, con absoluta originalidad, discretamente, lejos de los focos y las cámaras, de la mirada ajena acechante y dispuesta a opinar de todo lo que ve, de lo que entiende y de lo que no sabe.

Algunos se han empeñado en dar nuevo nombre a la creación y a las relaciones humanas, como nuevos ‘adanes’, pero sin el visto bueno del Altísimo, más aún, en rebeldía total, prometiendo el cielo en la tierra. Dios nos quita los placeres, nos dicen, y que solo ellos nos los pueden devolver, si somos capaces de renunciar a nosotros mismos y asumimos sus postulados y creencias.

Empezaron en las escuelas, para que nos acostumbráramos desde niños a llamar al recreo por ejemplo con un nombre tan estúpido y pedante como ‘segmento lúdico’. No digamos las notas, a partir de ahora no hay un ‘niño tonto’ (dicho con el mayor  cariño y aprecio por las criaturas humanas): ‘progresa adecuadamente’, ‘adaptación curricular’, por mencionar algunos cambios, que en demasiados casos no  consiguen los objetivos programados, pero sí sirven para menospreciar a los que por naturaleza son más inteligentes y destacan del resto.
El fanatismo ideológico llegó hasta el extremo de imponer un ‘falso concepto de igualdad’… ¡¡¡ en aplicación del principio marxista del ‘odio de clases’ a las aulas donde se forman los niños de todos!!!..., para que de mayores  no sean ambiciosos, ni se les ocurra ser ricos, y en nada diferentes unos de otros… ¡¡¡Menudo uniforme!!! Este no es el austero ‘uniforme mao’, o el mono obrero, que igualan el aspecto exterior de los ciudadanos, es una mentalidad uniforme, sin criterio propio, sin libertad para ser bueno o malo, para pensar de una manera u otra…

La verdad es que la realidad es tozuda y cuesta admitir ciertas denominaciones nuevas de las cosas así como de las relaciones humanas y sociales. Aquí es donde más eufemismos y neologismos se han implantado, y a muchos su dominio les ha abierto las puertas de empleos y puestos de relevancia social, haciendo de altavoces, que a veces, incluso sin pretenderlo, contribuyen de una manera sutil y convincente a la difusión universal del falso progresismo-relativista, alcanzando a todos los niveles sociales y a todo el mundo.   
 

Por eso estamos ya tan cansados, tan hartos, no entendemos nada de nada, ni de política, ni de sociedad, ni de educación, no digamos ya de religión. En cambio, sólo se puede amar lo que se conoce y se conoce bien. ¡¡¡Cómo vamos a amarnos y respetarnos en una sociedad que ha consentido la demolición de sus cimientos históricos, culturales y religiosos!!!

domingo, 24 de enero de 2016

Los pobrecitos y los otros



El ejemplo de optimismo y esperanza de una mujer de armas, en una silla de ruedas. Un gigante, a pesar de sus 97 cms. De altura. Una mujer entera que ya partió más de 90 veces sus frágiles huesos.

Están los pobrecitos y los otros. Unos y otros tienen lesiones en el cuerpo, a veces profundas, incurables, mortales. Pero unos, los pobrecitos, viven de la conmiseración de los familiares y de los amigos, de la compasión pública. Se entregan a la desgracia y hacen de ella su filosofía de ida. Los otros, no.
Eta historia no es sobre los pobrecitos, sino sobre los otros, o sea, aquellos para quienes las maletas no son pretexto para una existencia de pedigüeño, ni para una compasión ociosidad. Los otros entienden que, a pesar de sus limitaciones, hay que entablar combate todos los días. No viven de las limosnas que podrían mendigar, porque ganan la vida con su trabajo. Y es de creer que, un día, también ganarán el cielo.

Mafalda Ribeiro no es una pobrecita. Es de los otros. Es una mujer de armas, aunque sentada en una silla de ruedas. Una gigante, a pesar de sus my escasos 97cms. De altura. Una mujer entera, de un sola pieza, pero que, por causa de la osteogénesis que padece desde que nació, ya ha roto más de noventa veces sus frágiles huesos. Sufre dolores permanentes, pero irradia optimismo y esperanza. Decididamente, no es una cobarde, sino una luchadora que llegó, por mérito  propio, al podio de vencedores de la vida.

¿Cómo consiguió esta proeza? Gracias a su fe –“soy cristiana convencida y esa creencia hizo que, por ejemplo, nunca me consideré un accidente del cosmos”- pero también a su familia y a su educación: “fui muy amada y muy deseada, lo que me ayudó a aceptarme como soy. Transformé mis fragilidades en fuerzas”, dice en una entrevista a Visão, el último día del año de 205.

Su palabra preferida es “obrigada”: “yo me acuerdo de mañana, abro los ojos y la primera cosa que yo veo es esta silla (de ruedas) eléctrica. Y después pienso: agradecida por este nuevo día”. Ni siquiera la incómoda saberse dependiente de los familiares y amigos: “Mi actitud ante esto es de enorme gratitud. El hecho de tener tan buenas personas, genuinas, que me ayudan (…) es una bendición en mi vida”. Por eso también confiesa: “Nunca me dio vergüenza pedir ayuda, nunca vi eso como una humillación. No estoy a la espera de que los otros perciban que yo necesito ayuda y se ofrezcan”.

No obstante su condición física, Mafalda no tiene una actitud pasiva: entiende las limitaciones como un desafío que debe superar. En su vida no hay tiempo, ni ocio, para las lamentaciones: “Yo fui a la facultad, voy a la discoteca, a la piscina, a la playa, viajo, ando en moto, moto de agua, globo de aire caliente… nunca deje de hacer absolutamente nada. Estar dependiente de alguien no me aprisiona. Mis limitaciones no determinan mis límites”.

¿Y sus dolores constantes? Sorprendentemente, para Mafalda son sólo un detalle, “porque el dolor es algo que tu no controlas, pero el sufrimiento es opcional”… ¿Por qué? Porque Dios le dio, como reconoce, una “capacidad fantástica” de conseguir “olvidarse de todas las demás cosas”. Se explica mejor: “o sea, yo tengo siempre dolores y tengo que tomar antiinflamatorios todos los días”, pero “no me quedo en el dolor”. Continúo agradeciendo, hasta los dolores. No puedo cambiarlos, puedo decidir lo que voy a hacer con ellos. No pregunto por qué el dolor, pregunto para qué”.

Pero hay algo que Mafalda sufre con dificultad: la falsa compasión de los que, para aliviar su situación, querrían eliminarla. Duele que alguien, que encontró en el ascensor, dijese de ella: “más valía que Dios se la llevase”. Confiesa incluso, como desahogo, que “fue una de las cosas más difíciles” que escuché en toda mi vida. Detesta la crueldad, aún cuando se oculta bajo la apariencia de conmiseración. ¿¡No es el caso de numerosos ‘piadosos’ adeptos de la interrupción voluntaria del embarazo, por mal formación genética, o de los que, por ‘compasión’, defienden la eutanasia, para poner término a una existencia dolorosa!?

Mafalda Ribeiro es completamente contraria a la idea de que los discapacitados o son cobardes o son unos héroes”. No ignora los peligros de un exceso de confianza en uno mismo, ni quiere pasar por ser una ““Def maravilhosa”. Pero tiene fe en Dios, en los otros y en sí misma. Hay quien piensa que es una tragedia y horror cuando se habla de deficiencia, pero Mafalda desmitifica esa circunstancia: “antes de ser deficiente, o portadora de deficiencia, soy persona. Eso es sólo una condición –mía y de mucha gente en Portugal y en el mundo- pero no es lo que nos define”. Una fe confiada y alegre, que la lleva a aceptar la situación y, más aún, a darse a los otros, olvidándose de sí misma: “Cuando vives para los otro y percibes que tienes que servir un propósito que es mayor que tú, no hay palabras para describir esa alegría”.