sábado, 28 de febrero de 2026

No solo somos lo que queda después de las pérdidas

José Luís Nunes Martins



Cargamos al cuello nuestraspérdidas más íntimas, aparcamos los sueños que, mientras tanto, nos morimos. Nunca retornan frasos del pasado, son heridas que continuan doliendo y tenemos que cuidar.


Nos volvemos responsables de lo que amamos, solo que miuchas de las cosas y de las personas que amamos se piuerden, dejan de estar o mueren. Hay en nosotros, como niños que no paran de llorar, un conjunto de vacíos que reclama nuestra atención -por más que eso nada resuelva y hasta acabe, muchas veces, por agrabar el dolor.


Amamos ausencias y cosas imposibles. Nos entregamos y guardamos muchas realidades que o ya no respiran o nunca llegaron a hacerlo.


Más que cargar con nuestras pérdidas, somos moldeados por ellas, como si esculpiesen nuestra alma, transformando un bloque en bruto en una opera prima.


Lo que somos nace de lo que perdemos, más incluso que de aquello que poseímos. 


Algunos desisten y no aman, porque les parece que todo, hasta su amor, es pasajero, sustituible y descartable.


Otros aman, a pesar de saber que es casi cierto que tendrán que sufrir por causa de eso.


La identidad es el resultado de lo que se escoje y de lo que se renuncia, de lo que se gana y de lo que se pierde, de lo que se entrega y de lo que se recibe.


La madurez tal vez consista en no negar las pérdidas, ni hacer de ellas un altar. Hay pérdidas que nos paralizan y hay otras que nos enseñan a amar mejor. El luto puede endurecer el corazón o ablandarlo.


No somos solo lo que queda después de las pérdidas; somos también la manera como cuidamos de lo que sobrevive. Algunos transforman las ausencias en amrgura, otros en compasión. Algunos se cierran para no sufrir, otros se vuelven más atentos al dolor ajeno.


Talvez crescer no interior seja isto: aprender a embalar as perdas sem deixar que elas nos impeçam de voltar a amar. Porque, se o que somos nasce do que perdemos, então o que seremos depende do que, apesar de tudo, ainda formos capazes de decidir amar. 


Tal vez crecer interiormente sea esto: aprender a asumir las pérdidas sin permitir que ellas nos impidan volver a amrar. Porque, si lo que somos nace de lo que hemos perdido, entonces lo que seremos depende de  que, a pesar de todo, aún somos capaces de amar.


sábado, 21 de febrero de 2026

¿Dar a luz... o dar luz?

José Luís Nunes Martins


Una limosna es del tamaño del corazón de quien la da. Cada uno de nosotros necesita mucho más de lo que cree. Asumimos como nuestra la vida que tenemos cuando, en verdad, no somos del todo responsables de ella.


Alguien nos soñó y crió, alguien nos dió a luz para después entregarnos a la luz de la propia de la existencia.


Yo existo y eso es una propina que me ha sido dada. ¿Será la propina un deber de quien la da y un derecho de quien la pide? ¿Quién sería yo si no me hubiera sido dado el don de la vida?


Sin embargo, quien me dió a luz, lo hizo con humildad y en silencio. De tal manera que parece que todo fue muy simple, lógico y sin misterio.


Yo soy un milagro, con un sentido que sobrepasa la raazón (por lo menos la que alcanzo a comprender) 


Dios hizo la luz y la dio a cada uno de nosotros. Nos concedió el don de ser libres, pudiendo hacer de la vida aquello que, en cada momento, creemos que es lo mejor. Así, es aún más meritorio y bello el bien que hacemos, porque resuta de nosotros - así como, cuando no lo hacemos, la responsabilidad no es sino nuestra.


El amor es la luz que ilumina, una lumbre que calienta, una llama que orienta y un fuego que quema en nosotros lo que es malo. 


La propina más importante que somos llamados a dar es aquella que nos hará felices. Aún así, son muchos los que nunca dan a luz lo mejor de sí y, por eso, no llegan a dar luz a quien vive perdido en alguno de los muchos tipos de oscuridad.


sábado, 14 de febrero de 2026

En medio de mí, estás tú

José Luís Nunes Martins



Dentro de mi corazón estás tú. Confío en que, dentro de tu corazón, esté yo. En cada no de nosotros también está Dios, porque nos ama. Y, de ese modo, nosotros estamos en el corazón de Dios.


El pedazo de Dios que está en mí también va cuando me doy a alguien. Doy lo que soy, lo que tengo y lo que está más en el fondo de mí.


si soy amado por alguien, esa persona se da a mí, y yo me quedo con un pedazo de su corazón en el mío. Después, cuando amo a alguien, le entrego un pedazo de mi corazón, con todo lo que habita en él.


Mi padre me amó, se dio mucho a mí, tanto que yo también soy él, mucho. Cuando amo a alguien, es también mi padre quien ama, porque, a pesar de no estar ya presente en este mundo, vive, muy vivo, dentro de mí y va también cuando entrego mi corazón.


morir es llevar un poco de todos los que nos amaran, pero también es continuar viviendo en aquellos que guardan dentro de sí lo que les demos de nosotros.


Es importante amar y abrir nuestro corazón al amor de otro. El precio es alto: tenemos que sufrir, porque no siempre seremos bien recibidos y no todos aquellos a quienes abrimos el corazón nos quieren hacer bien.


La verdad es que tembién nosotros, muchas veces, por rzones y emociones confusas, no aceptamos el amor de todos, ni a todos queremos dar lo mejor de nosotros.


Só com amor se perdoa. Perdoar é uma das formas mais sublimes de amar. No mais profundo de mim estão os perdões. Os teus e os de quem, como tu, me amou a esse ponto!


Solo con amor se perdona. Perdonar es una de las formas más sublimes de amar. ¡En lo más profundo de mí están los perdones. Los tuyos y los de quien, como tú, me amó hasta ese punto!


sábado, 7 de febrero de 2026

Somos pobres de amor

José Luís Nunes Martins



¿Quién de entre nosotros s reconoce como carent, como mendigo de la atnción del amor de otro?


Es mucho más frecuente encontrar personas que creen bastarse a sí mismas, que dicen amar a los otros y amarse a sí mismas, sin asumir la nacesidad de ser amadas


La miseria de precisar del amor de otro es algo que forma parte de nuestra naturaleza y es como una fuerza que nos señala el camino de la felicidad. si no me siento amado, jamás seré feliz. Por mucho que ame.


Claro que nadie se ama a sí mismo. Eso es una contradicción, un egoísmo con un nombre agradable al oido. Quien se da a sí mismo no se da a nadie más, incluso porque nunca se dará por satisfecho: es como beber agua salada para matar la sed. Amar es el medio para la felicidad de otro, diferente de mí, construido, en comunión, algo que ninguno de nosotros alcanzará solo.


Puedo y debo cuidar de mí antes de entregarme a alguien, no por amor a mí, sino por amor al otro.


Para ser amado necesito ser humilde, para abrirme a ese bien que me llega de fuera. Los orgullosos no son felices, también porque no se dejan amar, tal vez porque se creen por encima de esa necesidad.


Lo que los egoístas y los orgiullosos no saben es que, sin amar y ser amado, nunca nadie fue feliz.


es esencial que cada uno de nosotros tienda las manos de su corazón y, con humidad, reconozca el amor de cuantos nos aman. Algunos muy cercanos a nosotros, otros que no podemos ver... pero podemos sentir.