sábado, 20 de octubre de 2012

Una familia contra la crisis




Ayer fueron los acogidos los que me hicieron fácil la acogida, y no fue precisamente sencilla ni corta, además  eran nueve contra uno. No sé bien por donde empezar, por eso empiezo agradeciendo a los acogidos su extraordinaria colaboración; cuando llegué a la oficina había un grupo de cinco adultos y tres niños en entretenida charla con el Director, no creí que todos vinieran juntos para ser acogidos. Sin pérdida de tiempo me senté y pedí que eligieran a uno como cabeza de familia para empezar la acogida con el mayor orden posible, lo cual hicieron instantáneamente.

Comencé la entrevista recogiendo los datos personales del cabeza de familia,  de la vivienda, nivel de estudios; hasta que llegamos a los apartados complicados: situación laboral y estado de salud de cada uno. Son tres parejas en paro, la del cabeza de familia, los padres de la misma y un hermano, también casado; falta un adulto, precisamente el único que trabaja y que sostiene a todos, bueno, algo ayuda el padre, que sufrió un infarto cerebral y padece una hemiplejía, por lo que va en silla de ruedas, pero él está cobrando una ayuda por desempleo, que se le termina en breve. Con el sueldo de uno y la ayuda del otro pagan el elevado alquiler y aún les queda algo para los pagos mensuales, pero para alimentar a diez personas, siete adultos y tres niños, francamente lo tienen muy difícil.

Hasta aquí todo más o menos normal en los tiempos que corren, pero la sorpresa, la causa de que yo diga que tengo que comenzar agradeciendo la colaboración de los acogidos para aclararme de la situación y las relaciones entre ellos es la alegría que muestran desde el primer  momento, la armonía y buen entendimiento entre todos ellos. Son un modelo de familia y de solidaridad frente a la adversidad. El único que vivía aquí de manera estable era el hijo que trabaja, y es militar, por si esto nos puede sugerir algo. Él es el que ha llamado a sus padres y hermanos a medida que se han ido quedando en paro y la situación se prolonga. Los padres habían emigrado a Suiza, pero al mes tuvieron que venirse y al poco tiempo le viene el infarto.

Una nota curiosa es que todos tienen nombres compuestos, y a veces poco corrientes, por lo que tenía dificultad para escribir los nombres, pero lo hicimos con buen humor y así pude enterarme de otras cosas de Ecuador, y alguna importante como lo del corralito que padecieron hace algunos años al estilo de Argentina, que los arruinó y los obligó a salir de su país. Además venían con todos los papeles encima, por lo que pudimos completar la acogida hoy mismo.

No he tenido una entrevista más cómoda, con tan buen humor, y con una despedida tan optimista, nadie mejor que el padre desde su silla de ruedas para demostrar lo que digo; enormemente agradecido por la atención que le habíamos prestado, expresa además su confianza en que en un año dejará la silla de ruedas y podrá ponerse a trabajar, bien en el extranjero, o bien en España si por suerte estuviéramos remontado la crisis.

Sobran las palabras, no oí una sola queja, no oí una mala palabra, es que se sienten seguros, apoyándose unos en otros, y eso les da esperanza de que tarde o temprano irán solucionando sus problemas.

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