José Luís Nunes Martins
Nuestros días y noches, cuando nos disponemos a hablar con Dios, son más las veces en que pedimos que aquellas en que agradecemos. Pedimos ayuda en muchas situaciones, aun en aquellas en que podíamos y debíamos ayudar a Dios, tratando nosotros del asunto. Algunas veces, esperamos que, si el divino comprende que confiamos en él, entonces merecemos que nos libre del trabajo de ayudar.
También están errados aquellos que, si Dios es el único autor de toda la historia, entonces no hay otra actitud correcta de fe sino quedarnos quietos, a la espera de que Dios trate de cumplir sus propósitos. Tal vez Dios nos nvite y pida, muchas veces, que seamos nosotros quienes le ayudemos en aquello que está a nuestro alcance. Dios está cerca de los que sufren, pero es my diferente, para ellos, que esté alguien más... como yo o como tú.
Para algunos, que eligen ser irresponsables, hasta sus errores son culpa de Dios, porque si nos creó, conoce nuestras faltas y no las enmienda, no podré -creen- culparnos después por ellas...¡para estos, hasta cuando no rezan solo están cumpliendo la voluntad divina!
Feliz quien reza y agradece tanto o más que pide.
Feliz quien sabe que dios nos creó a su imagen y semejanza y que, por eso, nos llamó a ser también creadores y protafonistas de nuestra existencia y de la de aquellos que se cruzan con nosotros.
Feliz quien asume sus errores y pide disculpas por ellos a Dios y a quien hizo mal.
Feliz aquel que no se deja apartar de Dios cuando sus expectativas son frustradas y sus dudas no esclarecidas.
Feliz quien acepta, a pesar de todo, las incomprensiones sobre la forma en que Él actua.
Feliz quien reza, incluso cuando nada, ni la propia oración, parece tener sentido.
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