lunes, 14 de septiembre de 2026

Una novela ejemplar

Perder y ganar (Literaria nº 6)

Henry Newman, John

Cita (APA): Henry Newman, J. (2017). Perder y ganar (Literaria nº 6) [Kindle iOS version]. Retrieved from Amazon.com




[Desde hace un tiempo vengo buscando buenos maestros en los conversos al catolicismo, me ayudan a reforzar mi débil fe y a estimular mi compromiso con Dios y con la Iglesia. El libro que ahora trato de presentar es una novela;  es la forma que el autor a escogido para responder a quienes le criticaban, no siempre con respeto,  por su conversión, y para hacerlo sin tener que enfrentarse directamente con los críticos más implacables o desconsiderados.

Es  apasionante seguir su relato, hecho con habilidad literaria, pudiendo seguir paso a paso los momentos clave de su vida hacia la conversión. Queda muy patente la lucha lucha interior, en soledad, en medio de una sociedad muy cerrada, y sobre todo enemiga de la Iglesia Católica hasta extremos que hoy nos chocan bastante.

Solo quiero expresar mi agradecimiento a John Henry Newman, por haber dado esta respuesta tan elegante, exhaustiva, y ejemplar para cualquiera que se interese por la verdadera fe. Y como ya ha alcanzado la santidad recientemente, me pongo bajo su protección para que me ayude a comprender y a conocer la voluntad De Dios en cada momento de mi vida .]



                                                                                                          Parte I





¿Cómo saber lo que hay en el corazón de un niño? El corazón es un secreto que cada uno tiene con el Creador; nadie más puede alcanzarlo o tocarlo.


 Le mandaron a Eton , donde tuvo la buena suerte de caer en las manos de un tutor excelente que, mientras le instruía en los viejos principios anglicanos le dotó de un sentido de lo religioso.


Charles Reding era agradable y cariñoso… Se había acercado a varias confesiones religiosas en la parroquia de su padre y tenía un conocimiento general, de sus distintas doctrinas. Él piensa que se debe tomar a la gente por lo que es y no por lo que no es.  ¿Por qué no dejar a un lado lo que no nos gusta de la gente y admirar lo que nos gusta? 


Acude con Bateman y Sheffield a ver una capilla antigua que están restaurando: Es una joya, en el más puro estilo del siglo XIV. Va a ser un verdadero ejemplo de capilla Católica. 

Bateman dice que desde tiempo inmemorial fue consagrada por nuestros antepasados, los católicos. 


Charles, a su llegada a Oxford sentía un entusiasmo tan ingenuo y cálido que rayaba en lo pueril. No sentía especial interés por la controversia que se venía desarrollando en la universidad y fuera de ella sobre la High y la Low Church. 

No podía evitar que sus líderes le parecieran demagogos, y sentía un desdén sin límites por los demagogos. 

Charles pensaba que en el fondo había un punto de verdad, una verdad nueva para él, era seguro que al final la llevaría hasta sus últimas consecuencias modificando sus actuales puntos de vista. Todas las doctrinas no podían ser igualmente seguras: una era cierta y la otra falsa.


En un desayuno con Sheffiel, White y Bateman… Charles ya no se resistió a intervenir para decir que en el Prayer Book la fe en la Trinidad aparecía no como un accidente sino como necesaria «sobre todas las cosas» para la salvación. Pero, ¿cómo vamos a encontrar la verdad si no es mediante la razón?. 

White dice que en la Iglesia de Inglaterra no tenemos vida, ni poesía. Solo la Iglesia Católica es bella. Entenderíais lo que digo si vierais una catedral, o una iglesia en alguna de nuestras grandes ciudades. Notas que realmente estás adorando; todos tus sentidos, ojos, oídos, el olor, todo te dice que se está llevando a cabo un acto de culto.



Por la diversidad de opiniones que se encontró en la universidad, al cabo de un año Charles había llegado a unas cuantas conclusiones. Primera: hay un montón de opiniones distintas sobre los asuntos más trascendentales de la vida. Segunda: no todas son igualmente verdaderas. Tercera: es un deber moral tener opiniones verdaderas. Cuarta: es extraordinariamente difícil hacerse con esas opiniones verdaderas.  Así, poco a poco, fue calando en las posturas religiosas de Charles la necesidad de aceptar un principio dogmático.


En el discurso del  día de la Conmemoración, el Muy Reverendo Doctor Brownside,  buen teólogo,  que parecía no tener nunca dudas en ningún asunto,  llegó a decir que la  Revelación no era el abismo de los misterios divinos… mantenía que en la Revelación Dios había dejado a un lado todo lo misterioso, y solo había incluido lo que nos fuera práctico; esto es, solo lo que nos afectara directamente.

Terminó elogiando a Lutero, «esa mente privilegiada que vio cómo, en religión, iglesias, ritos, o credos eran nada mientras que el espíritu interior, la fe, lo era todo».


Charles decidió hacer su primer examen en este trimestre y esto le obligó a quedarse en Oxford. Entonces conoció a Mr Vincent, uno de los tutores «junior», que fue muy amable con él. Leía y trabajaba mucho, era un tutor importante, inteligente, pero también bastante  vividor. Era estricto en cuestiones de disciplina y llevaba firmes a sus estudiantes. 

Su gran aportación era que la verdad estaba en la via media. Para lograr esa via media bastaba con huir de los extremos. Le faltaba claridad mental para llevar una verdad hasta el final y audacia para defenderla en esos términos.

Charles advirtió que se había quedado a solas con el tutor, el cual empezó a hablarle en tono más familiar. He pensado que ciertos comentarios y ciertas preguntas suyas a las explicaciones de clase tendían a llevar las cosas demasiado lejos, como si aspiraran a formar un sistema.

…Me está sobreestimando—contestó Charles— Y le pidió que le recomendara un libro donde se expusiera la verdad que la Iglesia de Inglaterra enseñaba sobre una serie de puntos que le preocupaban. …No tome a nadie por maestro, le recomendó, aprenda de todos, piense bien de todos y habrá actuado con prudencia.


Durante la última semana  Charles había coincidido bastantes veces con Willis.  Fue a visitarlo y lo encontró rezando el breviario…Le confesó que era la segunda vez que iba a una iglesia católica;  en serio te lo digo, siento la presencia de Dios y se me llena el alma de devoción. Yo no puedo rezar en nuestra iglesia; huele mal, los bancos lo tapan casi todo; en cambio, al entrar allí, era todo tan apacible, tan en calma, con espacios abiertos, y allá al fondo, en la penumbra, el sagrario apenas visible, destacado por la lamparilla.

—La verdad, Willis, no sé qué decir…


Charles era un hijo cariñoso y las vacaciones fueron un tiempo estupendo en casa con los suyos. ¡Oh, estoy aquí tan bien, tan feliz ahora, que me da miedo...! Pero, cuando llegue el momento, seré fuerte». Otras veces sus pensamientos eran más sombríos y anticipaban el futuro incierto con más viveza.

Habló con su hermana Mary pero no podía decirle lo que le pasaba…Hay un texto que tengo clavado en la cabeza: «Gozad con temblor»; no puedo gozar a fondo, nada me da un placer completo. -Mary: Por qué no? si es don de Dios. —Ya lo sé, ya lo sé, pero a mí me pasa eso… 


Llegó el mes de octubre y con él los pensamientos de Charles volvieron a Oxford. Su padre le despidió con una emoción aún mayor que cuando la primera vez. Mr Reding no terminaba de despedirse, como si quisiera decirle a su hijo algo que no recordaba y que le costaba mucho decir…


Al poco tiempo de llegar a Oxford recibió una carta reenviada desde casa. Era de Willis, estaba fechada en Londres,  así que fue a visitarlo. Willis, nada más ver a Charles, saltó: me he hecho católico»…No hay quien convenza a esta gente de que yo no estoy en una situación de conflicto. ¡Qué absurdo! … ¡Yo católico romano! ¡Con lo tranquilo que estaba yo en mi casa! Pero, a medida que iba pensando, se sentía más y más insatisfecho consigo mismo.


De vuelta a Oxford Sheffield le dice que parece que algunos se han pasado a Roma, que los profesores se han reunido ya unas cuantas veces y hay tutores que van a ser expulsados y sus nombres puestos públicamente en el portón. Mientras, el Marshall con dos bulldogs hace guardia en la capilla católica. Entonces Charles le contesta con  la noticia sobre Willis.


No pudo ser peor para su paz interior  el curso que le asignaron este trimestre. Sus tutores le pusieron a estudiar los Artículos de Fe Anglicana. No tuvo el efecto esperado en Reding, vio que la fe que se contenía en los Artículos no era sino un centón, un conjunto de parches, unos ortodoxos, otros luteranos, otros calvinistas, otros zwinglianos y, además, todos apoyados en el vacío, es decir, sin ningún principio de fondo.

Una dificultad que se le presentaba era si, según los Artículos, la fe era algo que se nos daba o si teníamos nosotros que buscárnosla en las Escrituras. ¿Cómo tener fe si no hay en qué ejercerla? 


Preguntó a Freeborn, amigo de Bateman, qué entendía por fe. —La fe es un don divino; es lo que nos justifica a los ojos de Dios. Por supuesto, Freeborn admitía que las buenas obras eran necesarias; pero si lo eran ¿cómo se entendía lo de la sola fe?… Freeborn añadió que era una doctrina perfecta para los pobres porque metía todo el evangelio en un dedal, les ahorraba controversias, antigüedades, maestros; en una palabra, cualquier forma de autoridad. Hasta que, sin mucho tacto, empezó a hablarle del Papa como el Anticristo... El principio es muy simple: «Fides justificat ante et sine charitate»; lo que pasa es que se requiere una luz divina para penetrarlo por completo…


Al llegar a su cuarto se encontró una carta sobre la mesa. ¡Ay!, era la noticia de la súbita muerte de su adorado padre. Por la tarde ya estaba en casa. Pero ¡qué distinto era todo!

Charles se queda en casa lo que falta de trimestre y ya no vuelve a Oxford hasta finales de enero.

Era el primer encontronazo del pobre Charles con el dolor, y bien que acusó el golpe.

¡cómo se esfumaban las preocupaciones, las pequeñas ansiedades que le habían importunado últimamente! Comprendió entonces la diferencia entre lo real y lo irreal. Tenía responsabilidades bien concretas para con la memoria de su padre, y luego con su madre, sus hermanas y con su propia situación.

Volvería a Oxford, se dedicaría firmemente a estudiar dejando de lado todo género de distracciones e intentaría sacar las mejores notas en los exámenes.


Seguirá una II parte

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