sábado, 3 de octubre de 2026

Verme con los ojos de Dios

José Luís Nunes Martins


Vale la pena mirarse a sí mismo con los ojos de Dios. Con justicia y amor. Aceptándome. Acogiendo mis errores, mis arrepentimientos y mis fragilidades. Buscando con ternura las razones de aquellos fallos que yo mismo no consigo (o no quiero) asumir, afrontar y resolver.


Dios ve más allá de lo que nuestros ojos consiguen saber. Abre su corazón a mi corazón y busca mi abrazo tanto como yo  busco el suyo.


El perdón es una elección de amor. Quien perdona no deja de sentir dolor. No se debe perdonar de acuerdo a la medida de la falta, ni con las emociones, pero sí de acuerdo con el amor que se tiene y se quiere tener por quien se perdona.


Es duro perdonar, pero es aún peor no hacerlo. Hay quien abriga dentro de sí los daños de los que se debería liberar si perdonase a quien es responsable de ellos…y, muchas veces, es la misma persona la que no es capaz de perdonarse.


Es importante preguntarse a sí mismo lo que quiero de Dios. ¿Deseo los beneficios que Él me puede dar para no sufrir y tener aquello con lo que sueño (¡aunque no merezca ni una cosa ni la otra!)? ¿O quiero su presencia y la fuerza para continuar viviendo y amando con voluntad, sabiduría  perseverancia, a pesar de todo lo que me duele, de todo lo que me falta y de todos los sueños que no consigo alcanzar?


¡Y qué querrá Dios de mí? ¿Consigo escucharLo como Él me escucha a mí?


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