miércoles, 13 de febrero de 2013

Un Mago en la oficina



Hoy la mañana ha sido diferente, encantadora; digo encantadora en el más puro sentido de la palabra, pues hemos tenido la visita de un auténtico “Mago”. Así se ha presentado él mismo, como conclusión de una serie de aficiones que conforman su vida: la guitarra, contemplar el paisaje, disfrutar de la vida sencilla, de la música y la lectura, después de haberle preguntado yo cómo se llamaba y de donde venía. Por supuesto va acompañado de su guitarra, su mejor compañera, dice.

Con la mayor naturalidad y franqueza comenzamos a charlar, y era como volar por un mundo de fantasía: magos, ángeles, seres extraordinarios y puros; y a mucha distancia el malo, el diablo. Un refugio perfecto. Al decirle yo que creía que el diablo me estaba persiguiendo, que incluso había soñado con él hacia unos pocos días, me dijo que no le tuviera miedo, que no podía hacerme nada. Y siguió comentando sus aficiones literarias, y más concretamente de libros de magia; además me dijo que escribe cuentos, y para demostrarlo me invitó a escuchar uno. Yo estaba esperando que sacara una libreta o unos papeles, pero él estaba concentrado en  su “supermóvil-eboock-planisferio-brújula”, y me sentí un poco "paleto". Comenzó a leer en voz alta y clara unas descripciones  minuciosas y plásticas de cada personaje (él también pinta; es cuenta cuentos, mimador); utiliza un  vocabulario culto  y preciso, y la narración te llevaba dócilmente, sin prisas por conocer el desenlace, disfrutando de la lectura y del paisaje.

Tú no pareces de esta época, le digo; ya ha mostrado su gusto por la pronunciación completa de las palabras y sin acentos, y  él me responde muy convencido y satisfecho de que le haga esta observación que por supuesto, porque esta época es fea y muy mala para vivir.

Tiene un gran objetivo: peregrinar hasta el vaticano. Con el planisferio de que dispone en  su super-movil se orienta a la vez en la tierra y en el cielo desde cualquier parte, porque piensa conocer Francia, escalar los Alpes, y llegar a Roma como meta de su peregrinación. Aquí tiene que conseguir que alguien le reciba para demostrar que existe, que es alguien, y ya está.

Ahora es cuando volvemos al punto de partida, por qué está en la calle y desde cuando. El origen es muy triste y muy corriente en estos tiempos, es la “típica” familia desestructurada. No diré nada concreto, sin embargo diré que alguien nos estaba escuchando muy atenta, una señora que ya estaba allí desde hacía un rato, silenciosa. Cuando el chico pasó  para la entrevista con la trabajadora, esta mujer se dirige a mí, con cara y gesto emocionado, y me dice: ¡qué pena, cómo una madre puede denunciar a su hijo y echarlo a la calle, no puede ser! Le faltaba poco para llorar. La verdad es que el aspecto del joven inspira cierta ternura, con su cara de niño, su sonrisa un tanto desganada, y burlona, como si intentara burlarse de la realidad que no le agrada, su atuendo un tanto anacrónico, pero modelo payaso, con sus remiendos y todo.

La verdad es que escuchando a este joven daban ganas de llorar, o mejor, en vez llorar  gritar: ¡basta, hasta donde vamos a llegar! “Todo reino dividido entre sí, se destruye a sí mismo”…así se va desmoronando esta sociedad del bienestar familia a familia, individuo a individuo, después de tantos siglos de guerras y de esfuerzos como ha costado levantarla. ¿Cómo vamos a defendernos del mal así, enfrentados, asustados de nosotros mismos y por los más cercanos?

Una de las primeras frases del día que sonaron en esta oficina  fue precisamente que “una de las cosas peores que sufrimos hoy es la falta de respeto”, entre las personas y hacia todo lo que se lo merece. A ver cómo arreglamos esto ahora, a ver cómo nos ponemos de acuerdo para poner remedio entre todos, si no nos respetamos… A mi me gusta una vieja expresión, que aprendí de niño y no entendía entonces, pero que hoy cuesta muy poco entender: “cada uno en su casa y Dios en la de todos”.

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