José Luís Nunes Martins
El amor que un día fue verdadero no desaparece. Puede alojarse dentro del corazón hasta el punto de que ya nadie, ni él mismo, lo ve. Pero no muere, porque el amor no muere, nunca. Basta muy poco para que se manifieste y se revele vivo, a pesar de todo.
Es doloroso aceptar que ya no hay en este mundo lo que hay, tan vivo, en nosotros. El tiempo, que cambia casi todo, no cambia el amor. ¿Qué queda entonces? El recuerdo, que agrupa tres dimensiones distintas
- Una alegría pura y un dolor profundo porque somos señores de vivir algo raro:
- El deseo inmenso de volver junto a la fuente de donde brotó la razón de nuestra esperanza;
- La certeza amarga de que es imposible volver a vivir, pero que, a pesar de todo, aun todo es posible.
Algunos de nosotoros nos dejamos llevar por una de estas facetas, otros viven una a una sucesivamente, otros no saben siquiera identificar aquello que el amor les pide ahora, después de haberles dado todo.
El amor me hace ser quien soy. Si hay algo o alguien que amo que deja de estar cerca, entonces comienza el tiempo de la lucha para encontrar la verdad de que, por más que no lo parezca, nuestro amor existe; el dolor lo prueba con gran evidencia.
No estoy solo, porque amo. Es cuando estoy más lejos de este mundo cuando m´ñas siento a aquellos que amo. No es bueno... ni malo. Es así. Es amor.
Cada uno de nosotros es un amor en el tiempo.
El tiempo acabará; el amor, no.