sábado, 23 de mayo de 2026

Lágrimas de tristeza, prueba de amor


José Luís Nunes Martins



¿Cómo sería el día si no hubiera noche? ¿Quién disfrutaría del sol si nunca lloviese? ¿Quién valoraría la salud si no hubiese enfermedad?


La esencia y la grandeza del amor se revelan en la forma como lidiamos con la pérdida. Se sufre porque se ama. Amamos, de forma más  o menos consciente, sabiendo que, en un instante, todo cambia y el amor tiene que crecer y transformarse. El amor no muere n se pierde, pero aquellos que amamos pueden apartarse de nosotros y tendrán que morir.


¿Cuando? La incertidumbre es cierta. Pero también es cierto que quien ama y quiere seguir amando debe evitar desperdiciar el tiempo, como si fuese eterno en este mundo. Las riquezas que se pierden siempre pueden ser recuperadas, pero el tiempo no.


Que la tristeza del fin de una etapa sea menor que el arrepentimiento por lo que quedó por hacer y más la esperanza de un nuevo tiempo.


¿Qué sería la vida si no hubiese muerte? ¿Qué sería el amor si no tuviese que ser puesto a prueba?


¿Cuántos de nosotros valoramos aquello que tenemos hoy, sabiendo que todo puede perderse…aún hoy? Nuestra existencia es frágil. Estamos solo de paso en este mundo. Procuremos amar en la certeza de que el amor, así como nosotros, no pertenece a este mundo.


Quien acumula cosas y quiere tener siempre más se estaña perdiendo este mundo, del cual un día -tal vez hoy- tendrá que partir.


Amemos y lloremos las pérdidas, hasta el mismo momento de suceder. Amar implica ese sufrimiento. Que ese sufrimiento nos mantenga atentos a la misión de amar y de abrirnos al amor que precisamos.


Una lágrima es siempre una prueba de amor -y tal vez también una fuente de esperanza para quien no deja de amar.


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