sábado, 30 de mayo de 2026

Los que ni lloran ni ríen

José Luís Nunes Martins




Hay personas que acaban convirtiéndose en una de las  peores especies de infelices. Es en tal forma peligroso que dios afirmo que los vomitaría.


Hay personas que acaban convirtiéndose en las más infelices que existen. La tibieza es tan peligrosa que Dios afirmo que vomitaría a los tibios.


Son los que no son ni calientes ni fríos: dudan en los compromisos, viven sin entusiasmo y sin pasión.


Cuidan las apariencias. Son dóciles y se adaptan muy bien a todo, tan bien que parece que no tienen columna vertebral. Claro, prometen con un tono de gran autoridad, pero cuando llega la hora de la verdad, no avanzan. Ni retroceden. No hacen nada y actúan, como si esa fuese la reacción más acertada.


Quien se mantiene neutro en tiempos difíciles, esperando solo que pasen, y evitando cualquier conflicto, es y será siempre infeliz, a menos que, en algún momento, asuma una convicción, y la defienda y luche por ella como algo por lo cual vale la pena vivir y morir.


Los tibios temen el fracaso hasta el punto de evitar cualquier situación en que puedan fallar. Hablan mucho, hacen poco o nada. Temen más la opinión de los otros que la perdición de la propia alma.


La vida que tienen se va perdiendo día a día, en una especie de sueño interior que torna a la persona  cada vez más apática y acomodada, sin entusiasmo o coherencia.


La persona continúa haciendo lo básico, pero sin firmeza, sacrificio, alegría o la más pequeña muestra de generosidad. No se llega aquí tras una quiebra brusca, se trata de un desgaste silencioso de la voluntad.




El amor es entero. Exige entusiasmo constante, una rutina vivida con alma, trabajo, fidelidad y lucha interior contra las tentaciones que lo enflaquecen, sin contar lo que se pierde ni lo que se gana.


Quien ama, llora y ríe. Mucho.

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