José Luís Nunes Martins
Paso mucho tiempo criticando a muchas personas, cuando, verdaderamente, ellas no son peores que yo.
Todos tenemos cualidades y defectos. Reparar en los defectos de los otros y compararlos con mis cualidades no es mentira, ni tampoco es justo. Estoy negando algo mucho más importante: Tal vez nos parezcamos unos a otros más de lo que creemos a primera vista.
Somos mucho más hábiles y perspicaces detectando en los otros los defectos que nosotros mismos tenemos y, de alguna forma, dominamos esa técnica. Alguien que miente es ideal para recoger las mentiras de los otros. Ahora bien, eso significa que, cuando me dedico a encontrar faltas en los otros, seré mucho mejor en esa tarea cuanto más parecido a ellos fuera yo -lo que es inquietante.
¿Cuántas veces encontramos en la negación de la realidad nuestra forma de ver el mundo? Negamos nuestros defectos, lo que nos impide actuar sobre ellos. De la misma forma, negamos las cualidades de aquellos con los que convivimos, lo que nos permite llegar a creer que somos mejores que ellos.
La humildad no es una virtud, es la base de todas las virtudes. La humildad es la verdad. Ninguno de nosotros es más que poco. Somos muy importantes, pero también somos insignificantes.
En los caminos de la existencia, nunca nadie se perdió por ser humilde.
Si fuéramos quien somos, si luchamos por ser mejores haciendo frente a las faltas que reconocemos en nosotros, si encontramos en nosotros y en los otros los dones de cada uno, entonces viviremos con autenticidad y verdad.
Quien niega la realidad vive, al final ¿En qué realidad?
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