lunes, 10 de agosto de 2020

¡Cambia, para que no dejar de ser quién eres!



 José Luís Nunes Martins


Evolucionar cada día garantiza que nuestra existencia tenga sentido, un significado y un valor. Somos únicos, también por la forma como hacemos de nuestra vida un camino.

El que se cree perfecto y que no necesita cambiar algo en él, pierde su identidad y desperdicia la vida.

Tiempos diferentes requieres respuestas nuevas. Ninguna solución es buena cuando sirve para vatios problemas. La inteligencia es la capacidad de encontrar la forma adecuada de afrontar cada desafío. Del más vulgar al más extraordinario.

Ser humano es ser capaz de ir fabricando llaves sin fin para todas las puertas que encontramos en nuestro camino.

Quien cree que la misma llave sirve para todas las puertas, acaba por dejar de estar atento a la belleza única de cada cosa, acaba por dejar de admirarse, de maravillarse. Parece que vive, pero no es una vida plena.

Necesitamos delo mundo y el mundo nos necesita, es preciso que estemos en diálogo constante, en una especie de respiración donde se suceden el dar y el recibir. Pero sin monotonía, porque la vida s siempre nueva, la que brota del fondo de nosotros y de todo lo que nos rodea.

Y es en estos encuentros, siempre únicos, donde vamos decidiendo ser lo que somos, escogiéndonos a través de nuestras decisiones. Lo que sentir, lo que pensar, lo que decir, lo que callar, lo que hacer, cómo hacer… todo nos hace.

Creer que todo está bien como está y que, por eso, ya no hay nada que hacer, es desistir de vivir. Porque, aunque todo estuviera bien, hay que cuidar de que se conserve así por más tiempo. Que dure. La vida es una eternidad viva.

La vida quiere vivir… y vive. Aún cuando no estemos atentos.

Nos toca escoger entre batir las alas y volar o… caer.



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sábado, 1 de agosto de 2020

El mal seduce con las apariencias



 José Luís Nunes Martins


La felicidad depende mucho de nuestras elecciones interiores. Escoger bien es escoger el bien, a pesar de que ello implique dejar fuera otras buenas hipótesis. Tan importante como escoger entre el bien y el mal es aprender a optar entre varios bienes.

El que hace su camino en verdad y lo recorre con paz es feliz. A pesar de todos los sufrimientos, dolores y tristezas que lo envuelven. Es feliz porque la felicidad no es una alegría aparente, sino algo que se siembra, florece y fructifica en lo más hondo del corazón. La felicidad mora ahí, donde los ojos de poco nos sirven. ¡La verdad susurra, por eso casi siempre una elección excelente es cerrar los ojos para escuchar mejor!

Hay quien prefiere vivir a fingir. ¡Con medo de ser frágil y pequeño, como si fuese el único que lo es! Todos somo más débiles de lo que parecemos. Nuestro coraje para ser mejores y más fuertes se alimenta de la humildad de aceptar nuestras cobardías y flaquezas.

En teoría, es sencillo: primero, distinguir la verdad de las apariencias y, después, escoger la verdad.

Las infelicidades más profundas son las de quien, habiendo escogido mal, no se arrepiente y/o no se perdona.  Como si no hubiese espacio ni tiempo para arrepentirse. Ahora bien, la existencia humana se vive en este tiempo pasajero, pero también lo es en la eternidad, de la cual este periodo pasajero forma parte. Así, la perspectiva de la verdad es muchísimo mayor que la de las apariencias. Nada de lo que importa se agota aquí y ahora.

Para muchos, que haya más vida es casi una mala noticia, en la medida en que los obliga a repensar sus elecciones y criterios. A asumir y corregir errores del pasado, que se arrastran y los persigue, porqué, al final, nunca dejaron de ser importantes. La verdad de la vida también nos obliga a reflexionar sobre lo que debemos querer y hacer hoy mismo, no en orden a lo inmediato, sino a largo plazo…

Hoy recogemos lo hemos sembrado hace mucho, por eso importa que seamos capaces de escoger los caminos que nos llevan más lejos y más alto. Una cosa es cierta: no son los más fáciles.

Los males habitan en las apariencias, con promesas de pasión a corto plazo. La verdad es la casa del bien, de donde se puede sentir la brisa de un amor sin fin.


https://agencia.ecclesia.pt/…/o-mal-seduz-com-as-aparencias/

domingo, 26 de julio de 2020

¡No impongas lo que dices, no desaproveches lo que escuchas!


 José Luís Nunes Martins

 Estamos errados muchas más veces de las que creemos, imponemos nuestros engaños con tenacidad y desacreditamos la verdad que alguien nos dice.

Los otros no están siempre errados. Llegan, a veces, a vernos mejor que nosotros mismos. ¡Escúchalos hasta el final, antes de pensar siquiera en criticarlos puede ser una excelente forma de saber más sobre quienes somos y, de forma indirecta, sobre quien son ellos!

¡Hay personas que se revelan en pocas palabras, pero solo para quien está muy atento! ¡El que habla mucho, siempre dice más de lo que quería! Interrumpir a la primera oportunidad es una mala estrategia, porque si, por un lado, podemos estar precipitándonos, por otro, eso va a impedirnos ver más y mejor. ¡Cinco minutos con la boca cerrada y el pensamiento atento pueden darnos más que horas de interrogatorio y que años de estudio!

Una palabra más, por más que nos duela, debe abrirnos los ojos sobre quien la dice, a fin de encontrar su por qué. Muchas veces, son espinas antiguas que trae clavadas la carne. Una simple palabra puede durar poco y valer mucho.

Todos vemos todo a partir de lo que somos. Y cada uno de nosotros es diferente de los otros. Intentar comparar dos personas es un disparate y una pérdida de tiempo. Somos únicos y es en esa autenticidad donde reside nuestro valor. Pero siendo limitados, necesitamos de los otros para alargar la verdad sobre el mundo.

No te precipites, escucha primero y bien, antes de comenzar a pensar en lo que puedes decir a continuación. Porque, la mayoría de las veces, el silencio es la mejor respuesta.

No expliques demasiado ni busques explicaciones profundas. Cuanto más se explica más lejos de la verdad se queda.


https://agencia.ecclesia.pt/…/nao-imponhas-o-que-dizes-nao…/

sábado, 2 de mayo de 2020

Procura saber más sobre ti



 José Luís Nunes Martins


Nada revela melhor a alma de alguém do que uma adversidade que lhe faz frente.

Nada revela mejor el alma de alguien  que una adversidad  que hace frente.

La normalidad no es un buen tiempo para aliviar el interior de alguien. Hay tantos factores que pueden ser determinantes de cualquier elección, que resulta casi imposible. Ni nosotros mismos podemos comprender el por qué de la mayor parte de lo que hacemos, tantas y tan diversas como pueden ser sus causas.

Ante  una desgracia, cada uno de nosotros muestra quien es.

Tal vez sea bueno reflexionar sobre la forma con que nos enfrentamos con nuestras fragilidades. ¿Asumiéndolas o prefiriendo no pensar siquiera en ellas, escondiéndolas hata de nosotros mismos? ¿Empeñándonos en ellas?

Lo que importa incluso es que tengamos el coraje de perfeccionarnos, comenzando por las cosas más vulgares de cada día, a fin de que consigamos hacer frente de forma diferente a la adversidad, cuando llegue el momento.

La grandeza o la miseria de cada uno nos preside en cada decisión que tomamos. Una idea que exploramos o que apartamos. Una emoción que consentimos o que recusamos. La palabra que decimos o callamos. Todo lo que hacemos o dejamos de hacer dependiendo de lo que decidimos ser.

Cada vez que escogemos bien, nos hacemos mejores. Cada vez que escogemos mal, rechazamos nuestra integridad.

Es esencial que empleemos tiempo  para meditar en nuestra vida presente. Sin que huyamos al pasado o al mañana. Cada día es una vida entera.

¿Quién soy yo ahora? ¿Te tengo a mi alrededor?¿Quién está cerca de mí?

Una virtud excelente es la capacidad de restringiendo los planes y sueños al mínimo esencial, ahorrando mucho tiempo y asegurando la concentración en lo que está a nuestro alcance inmediato.

No podemos escoger lo que nos suceda, pero podemos y debemos tener conciencia de que la actitud con la que respondemos cada día es de nuestra entera responsabilidad.

No es bueno creer que el futuro inmediato nos reserva bellas sorpresas y pasar el tiempo desesperado por lo que no sucede. Habrá incluso quien piense que la vida son solo las alegrías, como si las tristezas no fueran naturales.

Aceptemos la inseguridad. Asumamos que no nos  es dado comprender el sentido de casi todas las cosas.

La muerte es cierta, la vida no.

El tiempo que digo que es mío me es dado sin que yo sepa por qué. Que yo sepa, por lo menos, agradécelo.

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sábado, 25 de abril de 2020

La soledad para estar con quien se ama



José Luís Nunes Martins


La soledad forma parte de cualquier vida humana. No importa con cuantos amigos y conocidos nos relacionamos. Seremos siempre nosotros, porque somos sensibles y tenemos conciencia.

Por más que creamos que hay alguien con quien podemos estar en total sintonía, eso es muy poco probable. Es cierto que, en el fondo de cada uno de nosotros, somos más iguales que diferentes, pero después, oscureciendo esa brizna de luz, hay un conjunto grande de capas que nos vuelven muy desafinados, resultado de diferentes caminos, recuerdos, pesadillas y sueños., creencias, dudas, certezas, fe y miedos.

Todos somos iguales, pero solo en lo más hondo de cada uno.

Cuando compartimos el mismo espacio durante mucho tiempo con alguien acabamos dialogando con nosotros mismos, encontrando con facilidad lo que nos distingue de los otros. Sin que nos creamos mejores o peores, solo auténticos.

Desde aquí podemos lanzarnos a los otros, estableciendo lazos más puros con los que nos rodean, porque no tenemos ilusiones, ni respecto de lo que somos, ni de lo que pueden ser los otros.

La bondad surge a partir de una cierta soledad. Se enraíza en una profundidad mayor de lo normal. Pero, es necesario que consigamos encontrar el equilibrio en nosotros antes de ofrecernos a ayudar a equilibrar a alguien.

Amar es darse. Pero solo si se da a quien se encuentra. Quien descubre la riqueza de ser quien es, por más humilde que pueda parecer a los ojos de los demás.

Hay quien, sin creer en Él, encuentra a Dios. Y quien, buscándolo con fe, no sienta sino una enorme oscuridad, un vacío sin sentido… La existencia de cada uno de nosotros es una larga peregrinación en busca de algo que nos sobrepasa, pero nos envuelve. Algo que nos indica caminos, pero nos deja libres. Algo que nos crea, pero como creadores de nosotros mismos.

¿Es mejor estar solo o asumir compromisos con falsas comunidades?

La soledad es tal vez un precio previo que se debe pagar a fin de mantenernos en una perspectiva verdadera sobre a quién podemos y debemos desear tener cerca.

Los tiempos de disponer de mucho tiempo nos invitan a descubrir las capas que en nosotros, cual vitrales,  tiñen el rayo de luz que a todos nos da la vida. Brillando y admirando el brillo de los otros.


https://agencia.ecclesia.pt/…/a-solidao-de-estar-com-quem-…/

sábado, 18 de abril de 2020

Las desgracias no son castigos, son caminos

José Luís Nunes Martins

Es importante que aceptemos que es imposible vivir lejos del sufrimiento. Los dolores forman parte de la estructura de nuestra existencia. Las historias concretas e individuales de cada uno de nosotros están compuestas de espacios y tiempos donde la alegría solo se hace presente a través de la esperanza. Son pedazos de lo que somos, tan preciosos como los otros más brillantes.

Es curioso que sea nuestra fragilidad la que permita que nos acerquemos unos a otros. Al final, ninguno de nosotros tiene una vida exenta de amarguras. Por eso, es nuestro propio rostro el que vemos cuando vemos cuando miramos a alguien en busca de su corazón, sea quien fuere, rico o pobre, viejo o joven, es siempre nuestro rostro el que vemos.

En el fondo de nuestro ser, en lo más íntimo de nuestra intimidad, somos tan débiles como fuertes, somos un equilibrio que no se quiere perder, somos alguien que necesita de los otros para saber quién es y para poder ser quien es. Necesitamos de los otros para vernos, tal como somos, en lo mejor y en lo peor.

La desgracia de otro no me es extraña, sus dolores también llegan a mí. Y es ese sufrimiento que compartimos el camino que nos lleva unos a los otros. Esa misma fragilidad que se encuentra en todos nosotros  nos hace hermanos que, por diferentes caminos, buscan el mismo fin.

Es posible agradecer una desgracia, no por la maldad que trae consigo, sino por toda la bondad que despierta en nosotros y en aquellos que están a nuestro alrededor.

Somos responsables unos de los otros. Nadie debe estar fuera de nuestro horizonte. Por  grande que sea su miseria, nunca será un miserable, porque mientras puede sufrir aún puede mucho.

El sentido, la fuerza y la fortaleza de la vida dependen de la capacidad de derrotar nuestro natural egoísmo y amar, incluso fuera de toda lógica.






martes, 14 de abril de 2020

Gestas, Dimas y Jesús




José Luís Nunes Martins


Los crucificados de aquel día eran tres: Gestas, Dimas y Jesús

Gestas resolvió `provocar a Jesús desafiándolo a hacer un milagro que los salvase a todos de aquel castigo… Dimas reprendió a Gestas diciéndole que, al contrario que ellos, Jesús no había hecho nada malo, por lo que no merecía aquella condena.

Dimas se dirigió entonces a Jesús, pidiéndole que se acordase de él cuando estuviese en su reino.

Jesús le respondió diciendo: en verdad te digo que hoy mismo estarás conmigo en el paraíso.

Algunas preguntas que tal vez merezca la pena que nos esforcemos por darles una respuesta sincera:

¿Cuántas veces soy yo igual que Gestas?

¿Acepto yo las consecuencias de mis elecciones? ¿O prefiero culpar a los otros por eso?

¿Cuántas veces pido a Dios que haga milagros para ahorrarme los resultados lógicos de mis elecciones? ¿Cuántas veces condeno a Dios por haberme hecho libre?

¿Cuántas veces soy  yo como Dimas?

¿Soy capaz de amar incluso corregir a alguien que comete una injusticia, aunque sea solo por sus palabras?

¿Cuántas veces admito que soy responsable de mis decisiones, acciones y de todas las consecuencias?

¿Soy capaz de la humildad de pedir a alguien bueno que se acuerde de mí, como si mi presencia en sus pensamientos ya fuese, para mí, un consuelo y un alivio de mi angustia?

¿Seré yo en algún momento, aunque sea el último de mi vida aquí, capaz de reconocer mis errores, arrepentirme de forma verdadera de ellos, tendiendo la mano a quien desprecié, suplicando su perdón?

¿Cuántas veces soy yo igual que Jesús?

En medio del sufrimiento, soy capaz de olvidarme de mí y pensar en los otros y en sus dolores?

¿Recuerdo quién me pidió que no lo olvidara?¿Y después, cumplo?

Soy capaz de perdonar a los que me ofenden?

¿Qué doy a quien me pide poco?

¿Hasta qué punto soy capaz de darme y sufrir por aquellos que amo?