domingo, 14 de agosto de 2016

HACIA UN NUEVO HUMANISMO

 José Antonio Hernández Guerrero

 51.- El tiempo de la cosecha.

   

Los hechos nos confirman que los años ya vividos y las experiencias acumuladas constituyen, más que tiempo gastado, un capital de recursos efectivos, de fértiles cosechas y de frutos maduros que, si los administramos con habilidad, están disponibles para que los aprovechemos y para que extraigamos todos sus jugos. Si seguimos aprovechando el tiempo, si cultivamos con esmero las semillas que encierran cada uno de los episodios vividos -tanto los gratos como los desagradables, tanto los exitosos como los frustrantes-, es probable que germinen y nos proporcionen conocimientos útiles y beneficiosos. 

En contra de todas las apariencias, si nos empeñamos, es posible que  los caminos ya recorridos nos descubran unos horizontes vitales más diáfanos, nos abran nuevas puertas y nos rompan ataduras convencionales. Maduramos humanamente cuando ensanchamos nuestra libertad para acercarnos a nuestra meta personal, para cumplir nuestra peculiar misión, para realizar nuestro proyecto inédito y para alcanzar ese bienestar razonable, necesario y, por lo tanto, posible. 

Sin caer en ingenuos optimismos, hemos de buscar las fórmulas eficaces para evitar que la desolación pesimista nos contagie y tiña toda nuestra existencia con colores lúgubres, y, además, hemos de encontrar un acicate en el que agarrarnos y una clave que nos ayude a interpretar los signos de esperanza que lucen en medio de ese oscuro paisaje. Si las sombras y los nubarrones pueden servir para resaltar las luces y para aprovechar mejor los días soleados, la profundización en el dolor y en la miseria del mundo nos puede ayudar para que descubramos los gérmenes vitales –esa fe, esa esperanza y ese amor- que laten en el fondo de la existencia humana.

sábado, 13 de agosto de 2016

El bien y el mal nunca son evidentes


JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS


El mundo es mayor y más rico de lo que parece. Tiene fundamentos que desconocemos y fines que nos sobrepasan. Hay un conjunto de realidades íntimas que escapan a los ojos, pero que es la razón de ser de todo lo que puede ser visto.

Incluso lo que es más precioso en este mundo está, muchas veces, bajo un manto de suciedad. Así como las mayores inmundicias surgen, casi siempre bajo la apariencia de cosas buenas. Las apariencias son trampas donde quedan apresados los que creen que las bellezas se ven con los ojos abiertos...

Hay una música, muy parecida a un silencio bueno, que nos ayuda a soportar los peores momentos de la vida. Nos llega del corazón y es una señal del misterio que reside en lo más íntimo de nosotros.

No se ama por conocer, es porque se ama lo que se conoce.

El amor es una intimidad entre dos personas. No se aman cosas.

La verdad resulta del encuentro entre el pensamiento y la realidad. Por eso, es siempre un descubrimiento que se encuentra. Podemos negar la verdad, mintiendo, pero ni la realidad ni el pensamiento se dejan jamás moldear por las mentiras.

Amar es el coraje tranquilo que quiere ser verdadero.

Para amar es preciso ser íntegro, pero solo amando llegamos a serlo.




(ilustração de Carlos Ribeiro)

http://rr.sapo.pt/artigo/61316/o_bem_e_o_mal_nunca_sao_evidentes

martes, 9 de agosto de 2016

Resiliencia: definición y significado



La resiliencia es una capacidad que nos permite afrontar las crisis o situaciones potencialmente traumáticas y salir fortalecidos de ellas. La resiliencia implica reestructurar nuestros recursos psicológicos en función de las nuevas circunstancias y de nuestras necesidades. De esta manera, las personas resilientes no solo son capaces de sobreponerse a las adversidades que les ha tocado vivir, sino que van un paso más allá y utilizan esas situaciones para crecer y desarrollar al máximo su potencial.

Para las personas resilientes no existe una vida dura, sino momentos difíciles. Y no se trata de una simple disquisición terminológica, sino de una manera diferente y más optimista de ver el mundo ya que son conscientes de que después de la tormenta llega la calma. De hecho, estas personas a menudo sorprenden por su buen humor y nos hacen preguntarnos cómo es posible que, después de todo lo que han pasado, puedan afrontar la vida con una sonrisa en los labios.
La práctica de la resiliencia: ¿Cómo podemos ser más resilientes?

La resiliencia no es una cualidad innata, no está impresa en nuestros genes, aunque sí puede haber una tendencia genética que puede predisponer a tener un “buen carácter”. La resiliencia es algo que todos  podemos desarrollar a lo largo de la vida. Hay personas que son resilientes porque han tenido en sus padres o en alguien cercano un modelo de resiliencia a seguir, mientras que otras han encontrado el camino por sí solas. Esto nos indica que todos podemos ser resilientes, siempre y cuando cambiemos algunos de nuestros hábitos y creencias.

De hecho, las personas resilientes no nacen, se hacen, lo cual significa que han tenido que luchar contra situaciones adversas o que han probado varias veces el sabor del fracaso y no se han dado por vencidas. Al encontrarse al borde del abismo, han dado lo mejor de sí y han desarrollado las habilidades necesarias para enfrentar los diferentes retos de la vida.
¿Qué caracteriza a una persona resiliente?

Las personas que practican la resiliencia:

Son conscientes de sus potencialidades y limitaciones. El autoconocimiento es un arma muy poderosa para enfrentar las adversidades y los retos, y las personas resilientes saben usarla a su favor. Estas personas saben cuáles son sus principales fortalezas y habilidades, así como sus limitaciones y defectos. De esta manera pueden trazarse metas más objetivas que no solo tienen en cuenta sus necesidades y sueños, sino también los recursos de los que disponen para conseguirlas.

Son creativas. La persona con una alta capacidad de resiliencia no se limita a intentar pegar el jarrón roto, es consciente de que ya nunca a volverá a ser el mismo. El resiliente hará un mosaico con los trozos rotos, y transformará su experiencia dolorosa en algo bello o útil. De lo vil, saca lo precioso.

Confían en sus capacidades. Al ser conscientes de sus potencialidades y limitaciones, las personas resilientes confían en lo que son capaces de hacer. Si algo les caracteriza es que no pierden de vista sus objetivos y se sienten seguras de lo que pueden lograr. No obstante, también reconocen la importancia del trabajo en equipo y no se encierran en sí mismas, sino que saben cuándo es necesario pedir ayuda.

Asumen las dificultades como una oportunidad para aprender. A lo largo de la vida enfrentamos muchas situaciones dolorosas que nos desmotivan, pero las personas resilientes son capaces de ver más allá de esos momentos y no desfallecen. Estas personas asumen las crisis como una oportunidad para generar un cambio, para aprender y crecer. Saben que esos momentos no serán eternos y que su futuro dependerá de la manera en que reaccionen. Cuando se enfrentan a una adversidad se preguntan: ¿qué puedo aprender yo de esto?

Practican el mindfulness o conciencia plena. Aún sin ser conscientes de esta práctica milenaria, las personas resilientes tienen el hábito de estar plenamente presentes, de vivir en el aquí y ahora y tienen una gran capacidad de aceptación. Para estas personas el pasado forma parte del ayer y no es una fuente de culpabilidad y zozobra mientras que el futuro no les aturde con su cuota de incertidumbre y preocupaciones. Son capaces de aceptar las experiencias tal y como se presentan e intentan sacarles el mayor provecho. Disfrutan de los pequeños detalles y no han perdido su capacidad para asombrarse ante la vida.

Ven la vida con objetividad, pero siempre a través de un prisma optimista. Las personas resilientes son muy objetivas, saben cuáles son sus potencialidades, los recursos que tienen a su alcance y sus metas, pero eso no implica que no sean optimistas. Al ser conscientes de que nada es completamente positivo ni negativo, se esfuerzan por centrarse en los aspectos positivos y disfrutan de los retos. Estas personas desarrollan un optimismo realista, también llamado optimalismo, y están convencidas de que por muy oscura que se presente su jornada, el día siguiente puede ser mejor.

Se rodean de personas que tienen una actitud positiva. Las personas que practican la resiliencia saben cultivar sus amistades, por lo que generalmente se rodean de personas que mantienen una actitud positiva ante la vida y evitan a aquellos que se comportan como vampiros emocionales. De esta forma, logran crear una sólida red de apoyo que les puede sostener en los momentos más difíciles.

No intentan controlar las situaciones. Una de las principales fuentes de tensiones y estrés es el deseo de querer controlar todos los aspectos de nuestra vida. Por eso, cuando algo se nos escapa de entre las manos, nos sentimos culpables e inseguros. Sin embargo, las personas resilientes saben que es imposible controlar todas las situaciones, han aprendido a lidiar con la incertidumbre y se sienten cómodos aunque no tengan el control.

Son flexibles ante los cambios. A pesar de que las personas resilientes tienen una autoimagen muy clara y saben perfectamente qué quieren lograr, también tienen la suficiente flexibilidad como para adaptar sus planes y cambiar sus metas cuando es necesario. Estas personas no se cierran al cambio y siempre están dispuestas a valorar diferentes alternativas, sin aferrarse obsesivamente a sus planes iniciales o a una única solución.

Son tenaces en sus propósitos. El hecho de que las personas resilientes sean flexibles no implica que renuncien a sus metas, al contrario, si algo las distingue es su perseverancia y su capacidad de lucha. La diferencia estriba en que no luchan contra molinos de viento, sino que aprovechan el sentido de la corriente y fluyen con ella. Estas personas tienen una motivación intrínseca que les ayuda a mantenerse firmes y luchar por lo que se proponen.

Enfrentan la adversidad con humor. Una de las características esenciales de las personas resilientes es su sentido del humor, son capaces de reírse de la adversidad y sacar una broma de sus desdichas. La risa es su mejor aliada porque les ayuda a mantenerse optimistas y, sobre todo, les permite enfocarse en los aspectos positivos de las situaciones.

Buscan la ayuda de los demás y el apoyo social. Cuando las personas resilientes pasan por un suceso potencialmente traumático su primer objetivo es superarlo, para ello, son conscientes de la importancia del apoyo social y no dudan en buscar ayuda profesional cuando lo necesitan.



Las rupturas familiares, nueva causa de pobreza


Por:  Víctor Ruiz

Fuente: www.e-cristians.net 

Una característica propia de este nuevo fenómeno emergente es la llamada feminización de la pobreza


En el actual contexto social, la transgresión de los valores tradicionales suele ser percibida como algo positivo, divertido, políticamente correcto y muchas veces necesario por la mayoría de políticos a la caza del voto, por los medios de comunicación y por una gran parte de la sociedad en general. Transgredir está de moda y ya hace años que esta actitud se ve reflejada en la estructura familiar, entre otros ámbitos. La tendencia a la precariedad en las relaciones de pareja conduce a que cada 4 minutos se rompa un matrimonio en España, según un informe realizado por el Instituto de Política Familiar. Por otra parte, es de todos conocido que las separaciones y divorcios son motivo de sufrimiento para ambas partes, pero sobre todo suelen causar problemas psicológicos a largo plazo a los hijos afectados. A todos estos datos, viene a sumarse ahora uno nuevo: Un estudio de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona revela que
una tercera parte de los separados y divorciados en la capital catalana acaban sufriendo una situación de pobreza y precariedad económica.

Según el estudio de la Universidad Pompeu Fabra (UPF), las rupturas familiares son la causa de un nuevo modelo de pobreza que afecta, sobre todo, a la mujer. Los divorcios y las separaciones matrimoniales conllevan un riesgo añadido que favorece una emergente situación de precariedad económica, en la que también influyen otros factores de edad y género. Sebastián Sarasa, profesor de la citada universidad, ha presentado un informe sobre la pobreza y la exclusión en Barcelona que llega a esta conclusión, entre otras relacionadas con la mendicidad, cruzando y comparando diversos indicadores sociales y económicos entre los años 1996 y 2000.

El IPF ha dado la voz de alarma al constatar que, desde 1992 hasta hoy, el incremento de matrimonios rotos se ha disparado espectacularmente. Estamos hablando de un incremento del 72 por ciento, frente al estancamiento en todos estos años de la cifra de enlaces matrimoniales, que rondan las 200.000 parejas anuales. "La situación es tal que las rupturas matrimoniales están creciendo a ritmos más acelerados que la creación de nuevos matrimonios", señala Eduardo Hertfelder, presidente del IPF.

Los niños, los grandes perdedores

Las causas de este fenómeno sociológico, según señala la psicóloga Patricia Martínez, que ha participado en el estudio del Instituto de Política Familiar, hay que buscarlas "en la precariedad de las relaciones de pareja, generada sobre todo por el cambio cultural, la pérdida de valores religiosos y morales, la incorporación de la mujer al trabajo y la falta de colaboración de los varones en las tareas domésticas". Desde que entró en vigor la Ley del Divorcio en 1981, 4 millones de españoles se han visto afectados por los cerca de 1,5 millones de rupturas matrimoniales. Y el informe hace hincapié en que, de esta cifra, "más de un millón de afectados son niños, una situación que puede calificarse como dramática en términos de trastornos de la personalidad, fracaso escolar, etcétera", según afirma Hertfelder.

Los niños, al igual que ocurre en los casos de maltratos y en las guerras, son las víctimas sin voz ni voto en las decisiones de los adultos, en este caso en lo concerniente a la ruptura del núcleo familiar. Cabe añadir que, en el caso de las separaciones, la precariedad de las relaciones de la pareja a la que hacíamos referencia lleva en ocasiones a uno de los dos cónyuges a buscar refugio en una tercera persona, lo que se traduce en que uno de cada cinco niños proviene de una relación extramatrimonial. Los niños, además, se enfrentan a situaciones inestables, sin los referentes definidos de un padre y una madre que aporten la necesaria sensación de seguridad que garantiza un matrimonio estable.

Para corroborar hasta qué extremo pueden afectar las separaciones a los hijos, una investigación publicada en el JOURNAL OF FAMILY STUDIES ha demostrado que la mayoría de bebés y niños que se ven sometidos a los cambios propios de vivir con padres divorciados, alternando su vida diaria en los hogares de ambos, desarrollan problemas psicológicos a largo plazo. Según esta investigación, alternar la convivencia entre padres separados ocasiona "problemas de relación" en el 60 por ciento de los niños menores de 18 meses. A largo plazo, estos niños crecen con "niveles alarmantes de inseguridad emocional y una baja capacidad para regular emociones fuertes" durante su juventud y la posterior etapa de adultos.

Feminización de la pobreza

El estudio presentado por Sebastián Sarasa, relativo a la pobreza derivada de las separaciones y divorcios, pone también de manifiesto una característica propia de este nuevo fenómeno emergente: la llamada feminización de la pobreza. Cuando se produce una ruptura matrimonial, tanto el hombre como la mujer suelen padecer trastornos emocionales, psíquicos o económicos, pero es ella la que se suele llevar la peor parte. La feminización de la pobreza queda confirmada por indicadores que revelan que un 37 por ciento de las mujeres que sólo tienen estudios primarios están en una clara situación de carestía económica y representan un 62 por ciento de los perceptores de la renta mínima de inserción.

La feminización de la pobreza viene a establecer que hombres y mujeres experimentan una realidad de escasez económica de forma muy diferente. A la mujer le resulta mucho más complicado salir de esa situación debido a la cantidad de estereotipos y discriminaciones a las que está sometida. La desigualdad de oportunidades en el acceso al empleo, la exclusión de que es víctima por lo que muchas empresas consideran "las obligaciones domésticas" (entre las que se incluye el hacerse cargo de los hijos pequeños, que las lleva a acceder a puestos de trabajo peor considerados y retribuidos que los de los hombres) y la precariedad laboral, que incide más en las mujeres y las hace más presentes en la economía sumergida, son sólo algunos de los ejemplos que conducen a la feminización de la pobreza. A todo ello, cabe añadir la responsabilidad que tienen sobre los hijos, sobretodo en el caso de los más pequeños, dado que normalmente son las mujeres las que cargan con esa tarea afectiva, formativa y de manutención. Asumir el doble rol de trabajadora y madre de familia, sin la colaboración y presencia del padre, no es tarea fácil, especialmente si la situación económica es precaria.

En numerosas ocasiones nos hemos referido a las negativas consecuencias que acarrea para la sociedad, actualmente y de cara al futuro, una educación exenta de valores tradicionales y basada en buena medida en la transgresión y en una visión hedonista y materialista de la realidad que nos rodea. El sustento de esos valores se perfila como algo imprescindible en el caso de las rupturas familiares, que afectan principalmente, como hemos dicho, a los niños. La Santa Sede ha recordado siempre ante las Naciones Unidas, que la mejor manera de mejorar la dramática condición de la infancia es apoyar a la familia.


domingo, 7 de agosto de 2016

“Nunca tuvimos una generación tan triste”


Augusto Cury

Augusto Cury, el famoso siquiatra que ha publicado libros en más de 70 países y da conferencias para multitudes en Brasil y fuera de allí, lanzó recientemente una versión para niños y adolescentes de su best seller Ansiedad- Como afrontar el Mal del Siglo. El autor conversó con la gente sobre el desafío de criar a los hijos hoy y no ahorra críticas a la manera como la familia y la escuela está educando a los pequeños. ¡Comprueba!

Exceso de estímulos

“Estamos asistiendo al asesinato colectivo de la infancia de los niños y de la juventud de los adolescentes en todo el mundo. Alteramos el ritmo de construcción de los pensamientos por medio del exceso de estímulos, sean regalos en todo momento, sea acceso a los smartphones, redes sociales, juegos de videojuegos o exceso de TV. Ellos están perdiendo las habilidades socio emocionales más importantes: colocarse en el lugar del otro, pensar antes de actuar, exponer y no imponer las ideas, aprender el arte de agradecer. Es necesario enseñarlos a proteger la emoción para que queden libres de trastornos síquicos. Ellos necesitan controlar los pensamientos para prevenir la ansiedad. Tener conciencia crítica y desarrollar la concentración. Aprender a no actuar por la reacción, según el esquema ‘doy, llevo’, y a desarrollar el altruismo y generosidad”.

Generación triste

 “Nunca tuvimos una generación tan triste, tan depresiva. Necesitamos enseñar a nuestros niños a hacer pausas y contemplar lo bello. Esta generación necesita muchísimo sentir placer: enviciamos a nuestros hijos y alumnos a recibir muchos estímulos para sentir migajas de placer. El resultado: son intolerantes y superficiales. El índice de suicidios ha aumentado. La familia necesita convencerse de que el consumo no hace a nadie feliz. Suplico a los padres: los adolescentes necesitan ser estimulados a aventurarse, a tener contacto con la naturaleza, encantarse con la astronomía, con los estímulos lentos, estables y profundos de la naturaleza que no son rápidos como las redes sociales”.

Dolor compartido

 “Es fundamental que los niños aprendan a elaborar las experiencias. Por ejemplo, ante una pérdida o dificultad, es necesario que lleven a cabo una asimilación profunda de lo que pasó y aprender de aquello. ¿Cómo ayudar en el proceso? Los padres necesitan hablar de sus lágrimas, sus dificultades, sus fracasos. En vez de eso, padre y madre dejan a los hijos con la tablet, el Smartphone, y los llevan a escuelas de tiempo integral. Padres que solo dan productos a sus hijos, pero son incapaces de transmitir su historia, transforman seres humanos en consumidores. Es necesario sentarse a conversar: ‘hijo, yo también fracasé, también pasé por dolores, también fui rechazado. Hubo momentos en que lloré’. Cuando los padres cruzan su mundo con el de los hijos, se forman archivos saludables poderosos en su mente, que yo llamo ventanas luz: memorias capaces de llevar a los niños y adolescentes a trabajar dolores pérdidas y frustraciones”.

Intimidad

“Padres que no cruzan su mundo con el de sus hijos y solo actúan como manuales de reglas y están preparados para lidiar con máquinas. Es necesario crear una intimidad real como los pequeños, una empatía verdadera. La familia no puede solamente criticar comportamientos, señalar faltas. Debe transmitirse emoción en la relación. Los padres deben ser los mejores juguetes de sus hijos. La nutrición emocional es importante aunque no se tenga tiempo, el tiempo necesita ser cualitativo. Quince minutos a la semana pueden valer por un año. Los padres tienen que ser maestros de la vida de los hijos. Las escuelas también necesitan cambiar. Son muy cartesianas, enseñan raciocinio y pensamiento lógico, pero se olvidan de las habilidades socio-emocionales”.
Más juego, menos información
 “El niño tiene que ser infancia. Necesita jugar, y no tener una agenda pre establecida todo el tiempo, con aulas variadas. Es importante que creen juegos, desarrollando la creatividad. Hoy, un niño de siete años tiene más información que un emperador romano. Son informaciones en desacuerdo con el conocimiento. Los padres pueden y deben imponer límites al tiempo que los hijos pasan frente a las televisiones. Sugiero dos horas al día. Si usted no pone límite, ellos van a desarrollar una emoción viciada, necesitando cada vez más para sentir menos: van a dejar de reflexionar, se interioriza, jugar y contemplar lo bello”.

¡Enhorabuena!

 “En vez de señalar faltas, los padres deben promover los aciertos. Todos los días, hijos y alumnos tienen pequeños aciertos y actitudes inteligentes. Padres que solo critican y maestros que solo controlan provocan timidez, inseguridad, dificultad en aprender. Los educadores necesitan ser carismáticos, promover a sus educandos. Así, el hijo y el alumno van a tener placer de recibir el elogio. Eso no tiene vuelta de hoja. El ser humano tiende a comportamientos errados y no tiene aseguradas características saludables.

Consejo final para los padres

 “Veo padres que reclaman de todo y de todos, no saben oír no, no saben trabajar las pérdidas. Son adultos,  con edad emocional no desarrollada. Para actuar como verdaderos maestros, padre y madre necesitan estar equilibrados emocionalmente. Deben apagar el móvil en el fin de semana y ser padres. Muchos están enviciados con el Smartphone, no consiguen desconectarse. ¿Cómo van a enseñar a sus hijos a hacer pausas y contemplar la vida? Si los adultos tienen lo que yo llamo el síndrome del pensamiento acelerado, que es vivir sin conseguir aquietar la mente, cómo van a ayudar a sus hijos a disminuir la ansiedad?”

http://www.portalraizes.com/nunca-tivemos-uma-geracao-tao-triste/?fb_comment_id=983655105016825_995718273810508&comment_id=987768207938848&reply_comment_id=995718273810508

La eutanasia y el referendo




Peor que refrendar un derecho fundamental sería permitir que, por la eutanasia, se negase el derecho a la vida a los pobres, viejos y enfermos, por arbitraria decisión de una ocasional mayoría palamentaria.

En el artículo de opinión, en PÚBLICO de 1 de Agosto, algunos promotores de la eutanasia se rebelaron contra Maria do Céu Patrão Neves, autora del libro O admirável horizonte da bioética, por ser contraria a la despenalización de la eutanasia y del suicidio médicamente asistido.

Son ya muchas las personalidades que se manifiestan contra esta tentativa de imponer, en la sociedad portuguesa, lo que algunos designan como ‘derecho a una muerte digna’ pero que, en realidad no es más que la prepotencia de los más fuertes sobre los débiles, como son, en este caso, los enfermos y los viejos y los enfermos terminales. También el decano de la Ordem dos Médicos, Dr. José Manuel Silva, en extenso y documentado artículo contra la eutanasia, sea por motivos clínicos, sea también por razones de orden moral.

En su valiosa ‘contributo para o debate’, José Manuel Silva llama la atención sobre un hecho significativo: la escasa receptividad que tuvo, hasta la fecha, el manifiesto eufemísticamente titulado ‘Direito a morrer com dignidade’. Después de haber constatado “el profundo desconocimiento” de la sociedad portuguesa sobre el tema, el decano de la Ordem dos Médicos afirma: “el reducido número de 8.300 firmas de petición de la eutanasia, muy lejos de poder ser considerado un éxito, no obstante su enorme politización es, con todo respeto, una señal clara de ausencia de movilización de la sociedad para esta materia fracturante. Como referencia, la petición contra la eutanasia del can Zico sobrepasó las 83.000 firmas, mientras que la petición pública recientemente lanzada por la orden dos Medicos ‘Por el derecho a la reducción del horario de trabajo[...]’ya sobrepasó las 14.600 firmas”.

Esta exigua adhesión –¡diez veces inferior a la que opuso al sacrificio, o eutanasia, del perro Zico!- no obstante toda la propaganda política y mediática, explica el nerviosismo del Movimiento Derecho a Morir con Dignidad en relación a una eventual consulta popular sobre un tema de tan poco consenso en la sociedad portuguesa. Al parecer, desearían ver resuelta esta cuestión por el parlamento, sin necesidad de un referéndum. Pero, como es obvio, esta causa de división sobrepasa las competencias de los diputados, no solo por ser del ámbito de la conciencia, sino también porque excede la legitimidad de sus mandatos, una vez que la cuestión no fue aclarada en la campaña electoral que precedió a su elección.

El miedo al referéndum parece evidenciar un fundado recelo de que la mayoría de los portugueses no esté, de hecho, a favor de que los defensores de la eutanasia la quieran imponer a todos. Pero también parece indicar una actitud que, en realidad, es antidemocrática. Recuerda incluso hasta el falso argumento –muy usado por el Estado Nuevo y por el MFA, cuando intentó evitar las primeras elecciones libres después del 25 de abril- de que la población no estaría preparada para votar una materia tan compleja... A su entender, sería más juicioso que el parlamento tomase esa decisión, lo que, en realidad, significaría que la mayoría de izquierda, al juzgar incompetente al electorado, llevando a un estado de minoría cívica, o de imbecilidad, a todo el pueblo portugués, en el mejor estilo del fascismo y del social fascismo, como se decía en el PREC-
Como no está bien evidenciar sentimientos tan anti democráticos, los defensores de la eutanasia prefieren decir  que “los derechos fundamentales no son refrendables” y añaden, en tono de provocación: “Alguien defiende que se consulte el derecho a la vida[...]?”

Por lo tanto, el derecho a la vida, siendo un derecho fundamental, no debería ser sometido a referéndum, pero... ¡la verdad la verdad es que ya lo fue, por dos veces, en Portugal! El hecho de tratarse de un derecho fundamental no impidió la realización de dos referendos, en 1998 y 2007, ni obviamente podrá, en el futuro, impedir un tercero, incluso porque los resultados de las dos consultas populares ya realizadas fueron contrarios. Nótese que el segundo referendo fue exigido por los partidarios del aborto que, de forma nada democrática, no aceptaron el resultado del primero, porque les fue desfavorable. Como pista, son los mismos que ahora dicen que los derechos humanos no son refrendables...

Tienen razón los promotores del Movimiento Derecho a Morir con Dignidad, cuando dicen que “los derechos fundamentales no son refrendables”. Siendo así, el texto constitucional debería defender el derecho fundamental a la vida, sin limitaciones ni restricciones, o sea desde la concepción hasta la muerte natural, sin tampoco admitir la hipótesis de poder refrendar el aborto, la eutanasia o el derecho asistido. Pero, si se puede refrendar dos veces el derecho a la vida de los nascituros, también se puede (¡si es que no se debe!) hacer lo mismo en relación al derecho a la vida de los ancianos y enfermos terminales. Pretender aprobar tan polémica medida en la ‘secretaría’, o sea sin consultar al electorado, sería ciertamente un hábil golpe, una indecencia desde el punto de vista ético y democrático. ¡Para jerigonzas, ya basta la que tenemos!

De las dos, una: o se defiende que los derechos fundamentales no son refrendables y se exige que la Constitución consagre el derecho a la vida, desde su concepción hasta su extinción natural; o se entiende que los derechos fundamentales son refrendables y, en ese caso, habría que refrendar la eutanasia, como ya se hizo, por dos veces, con la “interrupción voluntaria del embarazo”. ¡Lo que ningún demócrata podrá jamás aceptar –sea él partidario de la ‘muerte asistida’ o defensor de la vida hasta la muerte natural- es la aprobación de la eutanasia sin consulta popular!

Los derechos fundamentales deben ser reconocidos por normas constitucionales no revocables, ni refrendables. ¡Pero, mucho peor que refrendar un derecho fundamental, sería permitir que, por la eutanasia, se negase el derecho a la vida a los más pobres, viejos y enfermos, por arbitraria decisión de una escasa y ocasional mayoría parlamentaria!

http://observador.pt/opiniao/a-eutanasia-e-o-referendo/


sábado, 6 de agosto de 2016

Los débiles no llegan al cielo


JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS


La fuerza de los fuertes les llega de algo superior a la voluntad, pero al cual podemos decir que no o que sí. Esta fuerza es un don que presupone un conjunto de sufrimientos comunes. Al final, el cielo solo se alcanza con mucha persistencia, firmeza y coraje.

Nunca es fácil afrontar peligros y adversidades, vencer duros trabajos, sufrir dolores, disgustos y tormentas. Batallas que se suceden y que violentan aún más porque no dan tregua para que haya descanso...  siempre con los ojos abiertos.

Pero ni el doble de la fuerza de todos los tiranos llegara, alguna vez, a vencer la fuerza del alma de un justo.

No se crea que el interior de alguien bueno es un paraíso. Antes bien, un teatro de guerras sin fin. Es porque la constancia en el corazón es tan importante como el coraje. Vacila, pero no cede. Se desanima, pero no desiste. Sufre, pero no muere... porque comparte con los otros los dolores de la vida... entregándose, con sentido, hasta la muerte.

Alguien fuerte es y será siempre fuerte, mientras lo quiere y puede ser, no importa que se sienta débil, ni que lo tengan abandonado o ni siquiera nadie le de importancia. Su don es mayor que cualquier otro. Este don es el amor.
Y si pocos son dignos del amor que les fue dado y habita en sí son, sin embargo, sí son suficientes para que haya esperanza y sentido en este mundo.

Cuando el mundo asiste –egoísta-  sin hacer nada ante la muerte de uno de estos... es el mundo quien pierde. La muerte de un valiente hace que se desmorone la parte del suelo que antes lo sostenía a él.

Amar es saber de sí solamente después de su entrega al otro. Es mantenerse, firme en la fe, aún después de haber perdido todas las fuerzas  que se gastan.


El amor es la fuerza de los fuertes.

                                          ((ilustração de Carlos Ribeiro)