sábado, 11 de julio de 2026

La Adoración

[Hoy no puedo resistir la tentación de ofrecer este resumen personal de este magnífico libro libro de este extraordinario maestro, Romano Guardini. No cabe duda que él tiene una gran capacidad de penetración en las verdades tan esquivas para la mayoría de nosotros, que quisiéramos creer con más firmeza y constancia, pero ¡ay esa voluntad, y esa imaginación tan inquieta! Pues, sin más cometarios, os deseo que disfrutéis con su lectura, y disculpad mi torpeza y atrevimiento.]



Guardini, Romano. La adoración (Revolcaderos nº 6) (p. 10). (Function). Kindle Edition. 


Una mirada al Apocalipsis



…Después de esto, miré y vi una puerta abierta en el cielo; y aquella primera voz, como de trompeta, que oí hablando conmigo, decía: «Sube aquí y te mostraré lo que tiene que suceder después de esto».


Enseguida fui arrebatado en espíritu. Vi un trono puesto en el cielo, y sobre el trono uno sentado. El que estaba sentado en el trono era de aspecto semejante a una piedra de diamante y cornalina, y había un arco iris alrededor del trono…


…los veinticuatro ancianos se postran ante el que está sentado en el trono, adoran al que vive por los siglos de los siglos y arrojan sus coronas ante el trono diciendo: «Eres digno, Señor, Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder, porque tú has creado el universo; porque por tu voluntad lo que no existía fue creado».


Juan dice: después de esto, miré y vi. Interiormente, desde Dios, se le aparece una imagen. Es introducido en un estado en el que se le revela una verdad divina.


Es arrebatado en espíritu, en un estadio superior de consciencia, elevado a una mayor libertad de movimiento, y de ese modo atraviesa la puerta.

Allí ve un trono. Sobre él está sentada una figura, de la que no se aprecia detalle alguno. Permanece escondida en la inmensidad de su gloria.


…mirando más atentamente vemos que esos signos salen del trono, no de la figura que está sentada. Ella está completamente en silencio. Su silencio es más magnífico que todos los truenos y más potente que todos los relámpagos.


…los ancianos son las cimas últimas de la creación y representan a esta delante de Dios.


…todas sus figuras están repletas de ojos. Son todo ojo, todo fuerza de visión; totalmente abiertos a la gloria de Dios; dotados con la fuerza de soportar esa gloria y llenos de anhelo por contemplarla. Finalmente, tienen seis alas, que significan la fuerza para ascender a las alturas del espíritu, sondear su amplitud, penetrar en sus profundidades. Son querubines, los más altos en la jerarquía angélica.


Estos querubines están completamente llenos de la realidad divina que contemplan, y proclaman su admiración, su estremecimiento, su adoración con una eterna aclamación y una alabanza celestial: Santo, Santo, Santo es el Señor Dios, el todopoderoso; el que era y es y ha de venir.


Los veinticuatro ancianos les responden. La cumbre de la creación, los ángeles, dan la señal con su alabanza, y los príncipes de la creación les responden con una acción que expresa el más profundo temor reverencial: se levantan de sus asientos, se quitan las diademas de sus cabezas, las arrojan


Una respuesta al poder de Dios


El que está sentado en el trono es Dios, Dios Padre… Él mismo no actúa, tan solo está ahí; pero su ser tiene un poder que trasciende todo pensamiento… sostiene en la mano el libro con los siete sellos, el sentido de la existencia, y se lo entrega al Cordero para que este abra sus sellos.


el Todopoderoso, el que era, es y viene. Señor, por tanto, no solo sobre todo espacio, sino también sobre todo tiempo: el pasado, el futuro y el instante presente siempre nuevo.


Su poder tiene la forma de la paz perfecta. No relampaguea, no truena, sino que está sentado sobre el trono. Alrededor de su trono hay tormenta;

Poder perfecto, en perfecta serenidad. Dominio más allá de todo esfuerzo y toda duda; dominio silencioso y en reposo que lo puede todo.


Sin embargo, ¿es realidad ese poder? ¿Es Dios en el mundo realmente el Todopoderoso? En el cielo, entre los ángeles lo es, pues ellos le obedecen y le sirven. Pero ¿lo es en la tierra?…


Dios ha querido que el ser se construya desde las leyes mudas de las cosas en ascenso hasta la claridad del espíritu; que sobre el reino de la necesidad se eleve el de la libertad…

a veces podría parecer como si Dios fuera impotente y tuviera que tolerar al hombre, el cual se rebela contra Él, lo niega y dice que no existe. Pero precisamente eso es verdadero poder, pues este se mantiene fiel a la Verdad. Está seguro de sí mismo y es capaz de tener paciencia ya que sabe que nada se le puede escapar, a pesar de la apariencia de propio poder y la voluntad de rebeldía del hombre.


Un día el tiempo terminará y entrará en la eternidad. Entonces la existencia de cada hombre tendrá el sentido que él mismo ha escogido en el tiempo y será tanto más real cuanto más se haya decidido por la voluntad de Dios.


En la tierra, en el tiempo, las cosas están cerradas: contra su propio sentido, porque este no puede expresarse en la inaccesibilidad del ser contingente; unas contra otras, porque cada una puede ser solo en la medida en que mantiene lejos de sí a las otras; contra el todo, porque están separadas unas de otras, duras y fragmentadas, opacas de tal modo que en último término todo parece desmembrarse.


La creación aún no está completa. Ella está en su primer estado, el terrenal-temporal, que está ordenado al primer estado del hombre, a la libertad del deber-elegir, a la historia y a su prueba.


Cuando el hombre haya entrado, a través de la muerte, el juicio y el sufrimiento purificador, en la segunda libertad, que significa el ser uno con la voluntad de Dios y la apertura a la verdad, entonces también las cosas, pasando por el fin del mundo y su hundimiento, habrán entrado en este segundo estado. Se convertirán en un cielo nuevo y una tierra nueva, en los que la esencia de las cosas estará abierta en el ser de las mismas, una cosa estará abierta para otra, y el todo en cada cosa.


Volvamos todavía un momento a la visión que aquí nos ocupa. La honra que le tributan los ángeles y los ancianos es de un tipo especial: es adoración. ¿Qué significa la adoración? 

No es sumisión o rendición ante un ser poderoso. Los ángeles y los ancianos, se postran ante Dios de otro modo: no solo porque Él es poderoso sino también porque Él es digno. Este pensamiento es decisivo en nuestra relación con Dios. No somos nada ante Él; no obstante, tenemos la dignidad de nuestra persona, no por nosotros mismos, sino desde Él; pero la tenemos realmente y ella nos obliga.


Adorar la sencillez de la salvación


¡Misterio dichoso y grande, la adoración! En ella el hombre cumple su último deber, pero también en ella está presente la garantía de su más honda salvación pues en ella tiene lugar la verdad.

La adoración es el fundamento, el soporte, la bóveda, la esencia de la verdad: que Dios es Dios y el hombre es hombre.


La adoración es la garantía de nuestra salvación, de nuestra salud espiritual más honda. El espíritu se pone enfermo cuando se aleja de la verdad. Ya no cuando miente, ni aun cuando miente con frecuencia. En ese caso se pone en peligro; pero en el arrepentimiento se vuelve a encontrar y en la renovación de la buena voluntad sana el daño realizado.


Sí que enferma el espíritu cuando apostata de la verdad. Cuando no la toma en absoluto en consideración; la desprecia, la usa para sus propios fines…el orden de su ser se ha tambaleado. Ya no ve lo que es fin y lo que es medio. Ya no tiene la seguridad de la dirección interior. Le falta la respuesta a las últimas preguntas por qué y para qué. Este desorden actúa en todo su ser.


…el hombre que adora a Dios nunca puede salirse completamente del orden. Puede hacer muchas cosas mal, pero en último término las orientaciones y prioridades de su ser están aseguradas.


 Cada vez que adoramos ocurre algo; en nosotros y a nuestro alrededor. Las cosas se enderezan. Vamos hacia la verdad. La mirada se agudiza. Somos liberados de algunas de las cosas que nos oprimen. Las cosas encubiertas que trae consigo la vida diaria, los aplazamientos y falsificaciones de nuestros criterios vuelven a colocarse, al menos en parte, en su lugar adecuado.


Llas cosas religiosas han de ser ejercitadas si han de prosperar. Dios exige la adoración y nuestra alma la necesita; por tanto, debemos realizarla como deber y como servicio.


Para la adoración, si es posible, nos pondremos de rodillas. El arrodillarse es la adoración del cuerpo…a continuación, permanecer en silencio; En el instante de la adoración estamos ahí solo para Dios, para nada más…entonces decirse a uno mismo: «Dios está aquí. Estoy delante de Él, tal como lo estaban las figuras de la visión delante del trono.

La persona se volverá confiada y firme para lo que la vida exige de ella. Se sentirá protegida en lo más interior de sí misma y el centro de su ser ganará suelo firme en la verdad de Dios.

La adoración de Dios en medio del velo del tiempo tiene una belleza especial…Se anticipa a la apertura del tiempo venidero. Sea donde sea que el hombre adora, allí penetra la nueva creación. 

Él es digno de recibir la honra, el honor y el poder, Esto es, quizás, lo más grande que puede sentir un ser humano: saber que él es un ser pasajero y aprisionado en la confusión de la vida terrena a quien el Dios humilde da lo que solo a Él corresponde.

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