martes, 18 de agosto de 2026

Apocalipsis

Castellani, Leonardo,   El Apokalypsis de San Juan


Cita (APA): Castellani, L. (2022). El Apocalipsis de San Juan [Kindle iOS version]. Retrieved from Amazon.com


[Me ha costado mucho intentar hacer un resumen del libro, y también decidirme a publicarlo. No es tarea fácil por la enorme documentación que aporta, por su forma de escribir tan vivaz, tan rica en citas y comentarios de múltiples autores, que sin duda enriquecen y ayudan a clarificar las ideas, y a valorar y juzgar las diferentes interpretaciones de un tema tan complicado e importante. Sea como fuere voy a publicarlo en dos partes, como un modo de agradecerle al autor que me ha ayudado a entender y a cuestionarme mi propia fe, y a interesarme  más por este libro imprescindible para un cristiano.]






Cuando más tradicional sea una exégesis de la Sagrada Escritura, mejor es. La presente interpretación no podría exactamente llamarse mía, por lo cual es llamada nuestra. Proviene del trabajo de innumerables intérpretes, comenzando por los Santos Padres antiguos. 


Son muchos los libros que se han escrito del Apocalipsis, «Enigma Sacro»–como lo llamaba San Jerónimo–, y diversas escuelas de interpretación: la Esjatológica, que se remonta a la edad apostólica; la Histórica, inaugurada por el Abad Joaquín de Floris sobre la autoridad de un texto de San Agustín; la Alegórica, nacida del racionalismo contemporáneo. 


Las varias Visiones del Apokalypsis vuelven atrás continuamente: todas ellas terminan en la Parusía, pero empiezan de nuevo cada vez, tomando toda la materia o parte de ella desde otro ángulo: a veces en la eternidad, a veces en el tiempo, a veces en un espacio intermedio, que podríamos llamar Evo.


El texto del Apokalypsis fue escrito todo seguido, sin divisiones: la división en veintidós capítulos de nuestras Biblias proviene del inglés Esteban Langton y es por tanto del siglo XIII. Hay una división más natural en siete partes de San Beda el Venerable. Mas para el intérprete, la división más cómoda es la de las diversas Visiones, que resultan unas veinte. 


PRIMERA PARTE: HISTORICO-Esjatológica


Revelación:  literalmente, desde-lo-oculto; del verbo griego kalypto: cubrir, velar, ocultar; y la preposición apó,  des-en-velar, desenvelación.


El encabezamiento del libro contiene: El título, Su autoridad divina, sus destinatarios, los cristianos, la brevedad del tiempo, el modo de la revelación (visión imaginaria), el nombre del Autor, su condición de apóstol y su condición de testigo ocular de los hechos de Cristo.


San Juan, Obispo de Éfeso, metropolitano del Asia Menor, se dirige a sus siete comunidades cristianas sufragáneas, una de las cuales hoy día es de dudosa localización: Thyatira. Las Siete Iglesias representan simbólicamente, y a la luz profética,  las siete épocas históricas de la Iglesia Universal. Éste es el fundamento de la escuela llamada Histórico-Esjatológica, junto con el carácter profético del libro, y su innegable unidad literaria; …como fue indicado por San Agustín en el siguiente texto: Todo el tiempo que el libro éste abraza, a saber, desde la Primera Venida de Cristo hasta el fin del siglo, en que será su Segunda Venida»)


El Apokalypsis hormiguea de citas y alusiones del Viejo Testamento, engarzadas con naturalidad en el texto, de acuerdo al procedimiento común de los recitadores de estilo oral. No las indicaremos en adelante porque se hallan en las Biblias comunes.


«Yo, Juan, hermano vuestro, es decir, partícipe en la paciencia de la tribulación sufrida por el Reino de Jesús…»…pone fin a la visión-marco, y da comienzo de los mensajes a las Siete Iglesias. 


Reafirmación del carácter profético del libro: las cosas que vendrán (antitypo), prelibadas, sin embargo, en las cosas que hay ahora (typo) . Hay que acostumbrarse a la imaginería oriental, a las hipérboles, y a los símbolos. Los símbolos de la Sagrada Escritura significan algo; pero no necesariamente cada uno de los rasgos de ellos, hay que buscar solamente el sentido de la imagen total y no el de sus pormenores, …San Basilio el Grande, en el año 330, …tomo todos estos términos en sentido literal; porque «no me avergüenzo del Evangelio».


Éfeso: significa ímpetu según Billot. Representa la primera edad de la Iglesia, la Iglesia Apostólica, hasta Nerón….Riquísima en estas tres cosas (obras, labor y paciencia) fue la Iglesia Apostólica, que se difundió en poco más de un siglo por todo el Imperio: «vuestra fe es conocida en el Universo Mundo», dijo San Pablo; «somos de ayer y ya lo llenamos todo», Tertuliano.


Habían comenzado los primeros martirios, por la expoliación y rapiña de los bienes de los cristianos palestinos, que testifica San Pablo;


La Iglesia Apostólica surgió directamente de Cristo. El texto griego dice «péptokes»: «de donde decaíste»….Cuando una Iglesia–o una época de la Iglesia–decae y se corrompe, lo que hace Dios simplemente es retirarle su luz, con lo cual termina de pudrirse, surgiendo en otro lugar el resplandor de la fe y el fervor. 


La primera herejía, atribuida a Nicolao, uno de los siete primeros Diáconos, estaba muy extendida, pues la veremos luego repetida en Pérgamo y Thyatira. La primera herejía, por lo que sabemos de ella, se parece a la última herejía; quiero decir, a la de nuestros tiempos; y se puede decir que transcurre transversamente toda la historia de la Iglesia, y es como el fondo de todas las herejías históricas. Era una especie de gnosticismo dogmático y laxismo moral, un sincretismo. Era una falsificación de los dogmas cristianos, adaptándolos a los mitos paganos, y la adopción de las costumbres relajadas de los gentiles, como la lujuria, la idolatría ( De Nicolao cuenta  San Alberto el Magno que puso su mujer a disposición de todos; lo imitaron sus secuaces, y se hizo rito... cornudo).


Todos los «premios al vencedor» de las siete cartas, menos el cuarto, es decir el de Thyatira, se pueden referir a la vida de ultratumba y a la gloria del cielo;Así los interpreta el mártir Victorino, en el siglo IV, primer comentador del Apokalypsis. Sea como fuere, lo cierto es que todos los «premios» aluden literalmente al enigmático Capítulo XX; o sea, que el Capítulo XX los resume; lo cual prueba una vez más la unidad literaria y profética del libro.


Smyrna,  en griego significa mirra; substancia usada en la antigüedad para restañar o restaurar  las heridas y para preservar de la corrupción.


Las persecuciones fueron de carácter satánico: su crueldad superhumana, la iniquidad con que caían sobre los mejores ciudadanos y hombres más de bien del Imperio, su objetivo de hacer renegar de la fe... Las calumnias de los judíos contra los cristianos  eran realmente blasfemas: que Jesús fue el hijo adulterino de un soldado romano, que los cristianos comían en sus ágapes el cadáver de un niño asesinado para la ocasión (la Eucaristía), que adoraban a una cabeza de burro, etcétera.

San Policarpo, Obispo de Esmyrna, sufrió el martirio por haberse negado a proferir la fórmula idolátrica: «El César es el Señor [absoluto]». Los judíos impulsaron al pueblo a pedir su muerte, calumniándolo de «antipatriota»; 


La Segunda Muerte es el Infierno, la muerte definitiva; supuesto que por la primera, «nuestra hermana la muerte corporal», serán muchos alcanzados antes de tiempo, como ha anunciado el Profeta. Esta expresión de la «Muerte Segunda» repercute, como hemos notado, en el capítulo del Triunfo Final (XX, Visión del Reino Milenario), donde es contrapuesta a la Primera Resurrección.


Pérgamo (libros), la Iglesia de los Doctores y de las Herejías, hasta Carlomagno.


Pérgamo era el baluarte del paganismo, una de sus fortalezas (« el trono de Satán») habiendo sido la primera donde se levantó un templo al Divino Augusto y según parece en ella comenzaron los martirios: «el mártir Antipas, mi testigo, mi fiel, que fue muerto entre vosotros, allí donde Satán mora».

En el Anticristo habrá dos cosas, un sacrilegio y una herejía (Segunda Bestia). Se hará adorar como Dios, lo cual es un sacrilegio, y por cierto el máximo; y para ello se servirá  de un culto religioso derivado espuriamente del mismo Cristianismo: es decir, de una herejía cristiana, que pareciera ha nacido ya en el mundo...

La Iglesia se enfrentaba ahora a otra prueba, no menos peligrosa y más sutil, la pululación de las herejías. Está «teniéndose firme, con fuerza» (krateis), está sosteniendo el nombre de Cristo, en medio de la misma Sede de Satán, es decir, en el corazón del paganismo; y lo que es más de notar, arrebatándole a Satán sus arsenales, la cultura y las letras, que los apologistas y Doctores convertidos asimilan, sirviéndose de sus propios argumentos para demostrar su error y para defender al Dios verdadero… trabajo que culmina en la gran obra de San Agustín La Ciudad de Dios.  


San Juan cita  el decreto del Primer Concilio de Jerusalén–donde estuvo presente–que   manda a los cristianos  no comer de carnes sacrificadas a los ídolos,  y no ser complacientes en lo referente a los concubinatos; liberando en cambio a los neófitos de la–pretendida–obligaciónde circuncidarse.


El fondo de todas las herejías es la racionalización del Cristianismo, y el intento de podar y suprimir el misterio, lo cual muestra la influencia del paganismo: reducir los misterios de Dios a la medida del hombre.  El Arrianismo añadía el aprovechamiento de la religión para las ambiciones personales, penetró en el Ejército romano–después de haber contaminado a varios emperadores–y fue adoptado y protegido por numerosos «comandantes» que rompieron sus lazos con el centro político y comenzaron a proceder independientemente, originando la formación de los diferentes «reinos» de la Europa Moderna.


“Y le daré una piedrita blanca Y en la piedra un nombre escrito nuevo Que nadie lo sabe sino el que lo recibe»…  lo patente es que este premio designa  la vida de la gracia (« nombre nuevo»), el libro de la Vida (« que nadie más que el recibidor lo sabe») y la vida eterna; que está indicada, como hemos dicho, en todos estos prometidos premios finales menos uno.

No hay comentarios:

Publicar un comentario