domingo, 9 de octubre de 2016

Entorno

Daniel Medina Sierra

Estoy rodeado de personas incoherentes. Por un lado dicen que son humildes, pero son egocéntricos; dicen ser responsables, pero las consecuencias de sus actos las asumen otros; dicen esforzarse, pero no hacen más que soñar despiertos;dicen ayudar, pero son ellos lo que siempre piden; dicen ser críticos, pero no aceptan ser criticados; dicen tener sentimientos, pero son superficiales.

Seamos serios, somos esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestro silencio. A veces es mejor callar que opinar de lo que se escapa a nuestro conocimiento.

El problema con la frase "tienes que quererte a ti mismo para que te quieran los demás" es que muchos caen en el egocentrismo.

Debes aceptarte tal como eres, no te debe importar lo que piensen los demás, hacer autocritica; mejorar como persona no es ver las faltas, defe tos y errores de los demás, sino ver tus propias faltas, tus defectos y tus errores. Sólo así serás mejor persona y vivirás mejor contigo mismo.

sábado, 8 de octubre de 2016

La soledad crónica, una forma de amor

José Luis Nunes Martins

Nunca como hoy hubo tantas formas de comunicarse. Sin embargo, la soledad profunda alcanza cada vez a más gente.
La soledad puede aumentar la concentración, mejorar la empatía, estimular la creatividad, reparar fuerzas e incluso fomentar la consciencia del valor propio, pero solo si es un estado voluntario y pasajero. Cuando se experimenta de forma profunda, deja de haber ventajas... sólo sacrificios. Cuando hay un desencuentro entre la cantidad y la calidad de las relaciones que tienen y aquellas que se desean, es tiempo de soledad. El frío de la soledad es una señal de alerta para que se busque lo ue falta. El aislamiento, al comienzo, hace como que se intente  crear relaciones, a pesar de soledad, con el tiempo, todo ese esfuerzo puede acabar en una mayor reclusión, pues, en esos momentos, parece ser una alternativa mejor al dolor, al rechazo,  a la traición y. La vergüenza
Cuando la soledad se vuelve profunda, las personas suelen desistir. Pueden tener familia, amigos y seguidores en las redes sociales, pero, en verdad, no se sienten en sintonia con nadie.
Hay dos tipos de soledad. La que resulta de la ausencia de alguien en concreto que desempeña un papel específico en nuestra vida; y quella que proviene de la falta de una red más amplia de amigos y conocidos que reconozcan nuestro valor. Ambas causan daños profundos.
En la infancia, hay juegos para tratar de llenar el vacío por medio de la imaginación. En la vejez, las personas se refugian en el pasado. Los adultos hacen un poco de todo eso. Unas veces sueñan, otras hacen cálculos, y otras se entretienen en los días pasados. Y es como si se engañaran a sí mismos y se cierran aún más...
Si alguien está triste e irritado, tal vez sea su forma de pedir que alguien le ayude. No será fácil, n itampoco inmediato, pues se llega a ese estado después de muchas ilusiones y desilusiones. Más que esperanza es preciso llevar amor en forma de paciencia.
La soledad es un problema de los cuidadores. De aquellos que, dedicando la myor parte de su vida a cuidar de otros, viven relaciones en un único sentido... tantas veces sin ningún retorno concreto, lo cual implica un cansancio emocional tremendo. después, hay también pocos que los quieran escuchar, comprender el sufrimiento que revisten los innumerables. detalles que conlleva su trabajo...
Estar solos forma parte de nosotros. Nuestra vida es algo que sólo puede ser experimentado de forma personal. por más que intentemos comunicar lo que pasa a nuestro lado y dentro de nosotros... queda siempre mucho por decir.
A veces compartir un tiempo en silencio, la simple presencia, sin prisas, es mucho más fuerte que cualquier discurso. Cuando no hay una presencia así... hay una nada del tamaño del todo.


sábado, 1 de octubre de 2016

Afronta la desgracia, piensa


José Luis Nunes MarMartin

Por más grande que sea na desgracia, siempre debe ser motivo de reflexión. Eso es más importante que el dolor que se pueda sentir, o la empatía con quien lo siente.

Hay quien se pasa la vida creyendo que la suerte o el azar dictan nuestro destino y que solo pueden alegrarse con los buenos momentos y entristeceré con los malos.
Después de una tragedia es tiempo de tratar de aprender algo. Puede ser solamente una buena dosis de aceptación por no tener mucho poder sobre la mayor parte de las cosas que nos rodean. O bien, la humildad de reconocer que no somos tan buenos como creíamos.

Después de algún tiempo, comenzamos a percibir que buena parte de las calamidades personales, que son series de desgracias, se deben más a nuestra falta de sensatez y prudencia que a infortunios ajenos a nuestra existencia.

Cuántas veces somos nosotros mismos los que nos extraviamos!

Todos estamos a merced de las circunstancias, pero la respuesta que damos a cada una es lo que define nuestra identidad. No somos víctimas de las circunstancias, seremos siempre la capacidad concreta de darles respuesta. Ahora bien, eso presupone mucho más que lágrimas y lamentos.

Hay quien cree también, en el fondo de su corazón y en las profundidades de su razón, que no somos mortales. Cada muerte es vivida con tal sorpresa que solo puede venir de un error enraizado en las profundidades de su razón. Todos tenemos el mismo destino. La muerte es para todos. Para mí, que escribo estas líneas, y para usted que las lee. Somos iguales en eso. E iguales a todos los demás.

Felices los que se perfeccionan a partir de sus infidelidades.

Pero mientras la muerte no llega, importa aprovechar  bien los días y las noches de nuestra fugaz existencia. Debemos vivir plenamente, aún sabiendo que una noche vendrá en que nuestro polvo que somos pasará y volverá a la tierra, de donde, una madrugada, un soplo la levantará…

Ninguna desgracia es el fin, ni aunque sea la muerte. Hay mucho más en el cielo y en la tierra de lo que conseguimos comprender. Pero es esencial que procuremos siempre saber más a fin de aprender a sentir y a vivir mejor.

Solo una razón iluminada, permite un corazón tranquilo!


domingo, 25 de septiembre de 2016


Las tragedias detrás de las sonrisas



José Luís Nunes Martins

Vivimos en un mundo extraño. A veces creemos que los otros son todos felices y los únicos desgraciados en el mundo somos nosotros!

El deseo de no desilusionar, ni incomodar a nadie, nos lleva a  no compartir nuestras angustias y desesperanzas. Esbozamos una sonrisa que parece obligatoria y sufrimos solos.

Nuestra cultura es una especie de dictadura de un optimismo ridículo. Nadie parece estar dispuesto a escuchar historias reales y tristes de boca de otras personas. Es mejor escucharlas en la televisión o verlas en Internet donde siempre se puede volver la cara, cambiar de canal o pasar página y poner la atención en algo mas animado.

Lo mismo cuando alguien nos pregunta como estamos, nunca debemos responder con honestidad, pues nos arriesgamos a que nos den la espalda de inmediato. Desde muy temprano aprendemos que estás preguntas se hacen , pero no para ser respondidas.

Hay quien tiene muchos amigos solo porque nunca los importunó.

Hoy también se concede mucho valor a aquello que llaman creatividad y desobediencia. Después, con hipocresía, a nadie se le perdona que vaya contra el pensamiento de la multitud o que se atreva siquiera a violar una sola de las leyes de la opinión general, que cambia más deprisa que cualquier otra moda… aunque sean prejuicios más arraigados que los peores vicios.

Un resumen simple de lo que se nos exige: parecer siempre bien, por muy mal que nos sintamos ; Sonrisa en la cara para agradar a todos y no incomodar a nadie; ser atrevido y desobediente, pero solo de acuerdo con las normas e innumerables modelos que existen de eso y de los límites de la moda del momento.

Frente a este contexto, es importante y urgente que tengamos el coraje de ser auténticos, de ser hombres y mujeres de carne y hueso, con alegrías y tristezas, llenos de gracias y desgracias. Dispuestos a ser la mitad de un abrazo para los que quieren ser como nosotros: verdaderos.

martes, 20 de septiembre de 2016

Bancos impios


El Señor perdono la deuda del administrador astuto porque le suplicó … pero el, que fue perdonado, exigió con violencia a su deudor lo poco que le debía. Así nos pasa ahora con los bancos, que después de haberlos rescatado con dinero de todos, no muestran la mínima piedad con los pobres a quienes sus ingresos no les alcanzan y, condenados como están a cobrar por el banco, se ven amenazados continuamente por alguna pequeña deuda con el banco, un descubierto de un céntimo, o porque tuvo que pedir un anticipo por un imprevisto.

Y no digamos ya cuando se trata de cantidades mayores, alguien que emprendió un negocio y ha fracasado, este banco que concede el crédito se desgañita, por teléfono a todas horas del día, amenazando por medio de unos servicios jurídicos serviles con embargos o  con multas imposibles de llevar a cabo por la insolvencia más absoluta del pobre deudor.

Deudor que se ve impotente, y se desespera porque no puede cuidar de su familia, o porque no puede vivir por su cuenta y tiene que recurrir a  la caridad. Hoy la caridad se entiende mejor como Misericordia, que expresa mejor la enorme distancia, el abismo que se agranda cada día entre los que tienen para vivir y aún podrían dar de comer y trabajo a otros, y los que no poseen nada. La Misericordia es esa actitud divina que da sin medida, sin cansarse, sin mirar a quien, igual que sale el sol para todos, que paga a todos el mismo salario, aunque su jornada haya sido diferente. La misericordia da porque es infinitamente generosa, incluso da cuando no tiene nada que dar, de algún sitio saldrá la ayuda necesaria, en algún momento que no esta previsto, y si no llega, o parece que no llega, es que esta generando la fuera necesaria, o está llamando o está, con seguridad, denunciando el egoísmo de los que pudiendo no remedian el do!or, la humillación, el hambre, la tristeza, el desamparo.

Que sociedad estamos creando entre todos!? Los bancos, los gobernantes incapaces de defender el bien común, los ciudadanos egoístas y ciegos, que no ven más allá de sus narices, que haciendo mal uso de su libertad malgastan su vida perjudicándose ellos mismos y a cuantos le rodean.

Bancos impios


El Señor perdono la deuda del administrador astuto porque le suplicó … pero el, que fue perdonado, exigió con violencia a su deudor lo poco que le debía. Así nos pasa ahora con los bancos, que después de haberlos rescatado con dinero de todos, no muestran la mínima piedad con los pobres a quienes sus ingresos no les alcanzan y, condenados como están a cobrar por el banco, se ven amenazados continuamente por alguna pequeña deuda con el banco, un descubierto de un céntimo, o porque tuvo que pedir un anticipo por un imprevisto.

Y no digamos ya cuando se trata de cantidades mayores, alguien que emprendió un negocio y ha fracasado, este banco que concede el crédito se desgañita, por teléfono a todas horas del día, amenazando por medio de unos servicios jurídicos serviles con embargos o  con multas imposibles de llevar a cabo por la insolvencia más absoluta del pobre deudor.

Deudor que se ve impotente, y se desespera porque no puede cuidar de su familia, o porque no puede vivir por su cuenta y tiene que recurrir a  la caridad. Hoy la caridad se entiende mejor como Misericordia, que expresa mejor la enorme distancia, el abismo que se agranda cada día entre los que tienen para vivir y aún podrían dar de comer y trabajo a otros, y los que no poseen nada. La Misericordia es esa actitud divina que da sin medida, sin cansarse, sin mirar a quien, igual que sale el sol para todos, que paga a todos el mismo salario, aunque su jornada haya sido diferente. La misericordia da porque es infinitamente generosa, incluso da cuando no tiene nada que dar, de algún sitio saldrá la ayuda necesaria, en algún momento que no esta previsto, y si no llega, o parece que no llega, es que esta generando la fuera necesaria, o está llamando o está, con seguridad, denunciando el egoísmo de los que pudiendo no remedian el do!or, la humillación, el hambre, la tristeza, el desamparo.

Que sociedad estamos creando entre todos!? Los bancos, los gobernantes incapaces de defender el bien común, los ciudadanos egoístas y ciegos, que no ven más allá de sus narices, que haciendo mal uso de su libertad malgastan su vida perjudicándose ellos mismos y a cuantos le rodean.