sábado, 12 de mayo de 2018

Un crucifijo no es decoración




José Luís Nunes Martins



Hace poco tiempo, en Alemania, el primer ministro de Baviera resolvió colocar crucifijos en todos los edificios públicos de la región. Los obispos alemanes se mostraron contrarios a la medida, ya que se trataba de aprovechamiento político, una instrumentalización que, más importante aún, se volvió motivo de división, poniendo a unas personas contra otras.

El pasado diez de mayo, en Nueva York, abrió al público una exposición en el MET (Metropolitan Museum of Art) cuyo título es “Cuerpos celestiales: Moda e imaginación Católica”, que pretende conjugar la moda con la fe católica. La idea inicial contó con el apoyo del Vaticano, que cedió más de 40 piezas. En cambio, en la gala de inauguración, las indumentarias de los invitados hicieron percibir a todos que la fe católica, en aquel contexto específico, es solo un tema sobre el cual cada uno puede hacer lo que quisiera, en nombre de la creatividad de la moda.

La falta de respeto fue más que evidente. Centenares de invitados desfilaron con trajes donde la fe católica era a penas y solo el punto de partida para una imaginación sin límites ni escrúpulos. ¿Es que la falta respeto no es, por sí sola, prueba evidente de falta de imaginación?

Tal vez la Iglesia católica haya sido escogida por ser más tolerante en este tipo de abusos. Confieso estar en desacuerdo con el Vaticano, al menos por lo que he podido saber. Al final, la visibilidad pública, por mayor que sea, no conseguirá ser suficiente para justificar las ofensas hechas a la fe católica.

Tener buena intención no basta. Es necesario prever lo que va a suceder y decidir en función de eso. Sin ingenuidades.

¿Cuál sería la reacción de los invitados si hubiese sido elegida otra Iglesia o religión?¿Por qué razón la Iglesia Católica aceptó ser instrumentalizada?

Un crucifijo e más que un simple signo. Es símbolo de amor. No debe ser utilizado como medio para cualquier otro fin. Cualquiera que sea.

Cuando un católico lleva un crucifijo al cuello, debe utilizarlo como símbolo de su fe, jamás como un adorno estético. No sirve para hacer propaganda del mismo, sino para alabar el sacrificio de Aquel de dio su vida por nosotros.

Exhibir cualquier objeto religioso fuera de su contexto es potenciar el error de juzgarlo por sí mismo.

Cada uno es libre de elegir lo que viste. Pero es una hipocresía considerar que no debe respetar a otros, ni siquiera concederles el derecho a expresar su repugnancia por sus elecciones.


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domingo, 6 de mayo de 2018

Para Alfie Evans, con amor y con rabia





Una sociedad es fuerte en la medida en que protege a los más débiles: la prepotencia totalitaria es flaqueza y no fuerza, cobardía y no valor, egoísmo y no razón.

Te escribo con amor, Alfie Evans, y con rabia. Amor a ti, a tus padres, a todos los bebés que sufren y a todos los padres que los aman. Rabia contra todos los médicos que han transformado el juramento de Hipócrates en un juramento de hipócritas; contra todos los jueces que se arrogan la prepotencia de impedir que unos padres hagan lo que es mejor para su hijo enfermo; contra todos los políticos que distribuyen besos y abrazos en las campañas electorales, o cuanto hay cerca un fotógrafo o periodista, pero que son indiferentes a los dramas humanitarios.

Te escribo con amor, Alfie Evans, porque sé que vives, ya no en este mundo, sino en el otro, porque Jesús dice a los saduceos de aquel tiempo y a los materialistas de todos los tiempos que, para Dios, viven (cf. Mt 22, 23-33). Rabia por la cultura de la muerte, que asesina a los niños aún no nacidos, que mata a los viejos enfermos en fase terminal y hace de su eugenesia, análoga al régimen nazi, la bandera de una falsa dignidad, o paradigma de una razón sin razón ni corazón.

Te escribo con amor, Alfie Evans, porque sé que luchaste por la vida, incluso cuando te fueron retirados los medios técnicos que te ayudaban a respirar. Lo hiciste por tu cuenta, mucho más allá de lo medicamente se podía esperar. ¿Por qué? ¡Porque tú querías vivir! Cualquier ser vivo, por instinto de supervivencia, lucha por su vida desde el primer momento de su existencia. Incluso aunque sea éticamente lícito retirar los medios extraordinarios que prolongan artificialmente el funcionamiento de órganos vitales, nunca es legítimo precipitar el fin de la vida por asfixia, o por falta de nutrición. Rabia por la ideología que, en nombre de no sé qué principios, te negó los auxilios que necesitabas para sobrevivir, dada tu grave enfermedad y corta esperanza de vida.

Te escribo con amor, Alfie Evans, porque el Papa Francisco se encariñó de tu vida hasta el último momento y sufrió, con corazón paterno, tu muerte, aunque siente que fuiste para Dios. Rabia por los gobernantes de tu país que, insensibles a las apelaciones del Santo Padre, no sólo no quisieron garantizar tu existencia, sino que tampoco permitieron que fueras transferido al hospital pediátrico católico de Roma, donde un equipo de especialistas se disponía a recibirte y ayudarte a vivir el tiempo que, sin recurrir al inhumano encarnizamiento terapéutico, aún tuvieses.

Te escribo con amor, alfie Evans, porque te debo lo que el mundo te negó cuando, desde el elevado cinismo eugenésico, te rechazó. Rabia por aquellos que te despreciaron, por tu país, por la Europa que somos, por la civilización que ya no siquiera honra el más agrado de los deberes cívicos: respetar una vida frágil e inocente. Una sociedad es fuerte en la medida en que protege a los más débiles: La prepotencia totalitaria es flaqueza y no fuerza, cobardía y no valor, egoísmo y no razón.

Te escribo con amor, Alfie Evans, porque la comunicación social, salvo honrosas excepciones, se refirió a ti con indiferencia o mal disimulado desdén por tu dolor, mientras se centraba en otro niño, el tercer hijo de los príncipes William y Kate, duques de Cambridge, cuyo nacimiento celebró con alegría. Rabia porque tú, porque no eres ‘real’, no mereciste vivir. Eras solo virtual, un número aciago en una estadística cualquiera, un ser a abatir, una criatura monstruosa que no merece existir, un gasto superfluo para el Sistema Nacional de Salud. ¿¡Qué tenía aquella Kate, madre del nuevo príncipe, que no tuviese tu madre, también Kate, que te dio a luz, Alfile, que eres imagen y semejanza de Dios!?

Te escribo con amor, Alfie Evans, porque sé que vives en el corazón y en la mente de tus padres, Kate James y Thomas Evans, en la oración de todos los cristianos, en las lágrimas de los que sufren por tener un hijo enfermo, en la añoranza de los padres por los hijos que partieron, en el dolor de los matrimonios a los que no se les concedió la gracia de la descendencia y en la alegría de los padres que acogieron, con generosidad, una vida nueva, que engendraron o adoptaron.  Rabia por los que no aman ni son capaces de rezar -¿Qué es la oración sino la sublimación del amor?- por los que, por egoísmo, rechazan e don de un hijo o, peor aún, destruyen su vida todavía en el seno materno; por los que abandonan a sus familiares, jóvenes o ancianos; por los que desprecian a los enfermos; por los señores de la muerte, que matan vidas con sus infames diagnósticos, o sus sentencias inicuas.

Te escribo con amor, Alfie Evans, porque hay muchas, demasiadas manos manchadas con tu sangre: las de los clínicos que, como los que tuviste a tu cabecera en el hospital Alder Hey, de Liverpool, desistieron de ti; los dos magistrados que , como Anthony Hayden, impusieron su lógica inhumana, contra tu bien y la voluntad de tus padres; las de las autoridades que impidieron tu extradición –porque, aunque inocente, fuiste tratado como un criminal para tu patria- para el país que generosamente te concedió su nacionalidad y se dispuso a recibirte y tratarte en un hospital pediátrico católico. Rabia porque todos estos Pilatos van a lavar hipócritamente sus manos ante la opinión pública, gozando, más de una vez, de una indecente impunidad.

Te escribo con amor, Alfie Evans, porque sé que ni  tu vida, ni tu muerte, han sido inútiles. Gracias a ti, vamos a continuar la lucha por la vida, vamos a seguir buscando soluciones médicas para los niños que nazcan con los mismos problemas que tú tuviste. Vamos a continuar luchando para que toda vida humana sea respetada, desde el momento de la concepción hasta su muerte natural. Gracias a ti, muchos más médicos van a honrar su nobilísima profesión salvando vidas. Innumerables jueces se van a empeñar aún más en hacer de su magistratura un servicio a la justicia y al bien común. Gracias a ti habrá más políticos que, conscientes de su responsabilidad y de la grandeza de su misión de servicio a la comunidad, defenderán a los débiles contra la prepotencia de los poderosos.

Te escribo con amor, Alfie Evans, porque, a tu corazón puro e inocente, que no conoce la ira ni el resentimiento, vamos a convertir nuestra rabia en oración por tus verdugos y en lucha por una sociedad más humana, porque es  más justa; más fuerte, porque es más solícita con los débiles; más cristiana, porque es más solidaria.

Obrigado, Alfie Evans!

https://observador.pt/opiniao/autor/pgnapa/


sábado, 5 de mayo de 2018

Nadie se salva solo




José Luís Nunes Martins



Nuestro tiempo está marcado por  un egoísmo fundamentalista. Casi nadie vive sin compararse con otros y sin competir más que los demás.

Nuestra felicidad depende de lo que seamos capaces de hacer por los demás. Tengo que salir de mí e ir al encuentro del otro, así como tengo que abrirme a quien venga a mi encuentro.

La red compleja de relaciones humanas en que cada uno de nosotros está envuelto es el contexto donde somos llamados a vivir y actuar. La dinámica de la relación plena no es individual, sino comunitaria, diría que incluso es: familiar.

Las faltas de mi prójimo son en parte de mi responsabilidad, así como las virtudes. Debo estar atento para ayudar, en uno y en otro caso.

Algunos de los que se quedan atrás en esta carrera de locos se vuelven invisibles a los ojos de la sociedad. Nadie quiere saber de su existencia, tampoco de su desgracia. Mientras que, quien quiera alcanzar la felicidad auténtica no puede ignorar a los más pequeños, ni vivir como si los problemas de ellos fuesen menos importantes que los suyos.

El camino de cada hombre es único. Soñado, construido y recorrido por él mismo. El destino, el rumbo y las opciones de cada día son decisiones personales. Hacia donde se va y por donde se va, cómo se enfrenta cada adversidad, todo esto son elecciones individuales e íntimas.

Los egoístas piensan solo en sí, en la supervivencia de su vida egoísta. Se hunden poco a poco y se creen que tal vez se debe al hecho de estar aún poco empeñados en su narcisismo, toda vez que no cuestionan nunca el rumbo que han dado a su existencia.

Otros, en su condición de héroes que buscan la felicidad, viven y luchan por el bienestar ajeno como si fuese el suyo, sin que se note ni querer reconocimiento.

Es increíble cómo conseguimos olvidar personas a las cuales debemos buena parte de los triunfos en nuestra vida personal, solo porque, en su generosidad, solo quisieron hacer lo que hicieron por nosotros, no que nos acordáramos de ello.

Así también, cada uno de nosotros es llamado a tener una vida perfecta y a ser feliz, siendo héroe en la vida de los otros.

Una vida perfecta está llena de imperfecciones. Las personas felices no hacen siempre todo acertadamente.

Solo una vida auténtica, orientada hacia los otros, puede ser plena… de verdad, sentido y amor.


martes, 1 de mayo de 2018

JESÚS DE NAZARET, EL MAESTRO (II)


Pablo Garrido Sánchez

JESÚS es mi  Maestro


En ningún momento el tratamiento que JESÚS ofrece a su labor misionera se diluye en colectividades anónimas. JESÚS no es un promotor de uniformidades sin rostro o con rostro único. La pretensión universal de la tarea salvadora es la de hacer llegar a cada persona en particular el Amor paternal de DIOS. El perfil personal de cada uno es esencial al cristianismo. JESÚS de Nazaret interpela a cada persona en particular. Cuando alguien oye las palabras del Evangelio y se las aplica al vecino, las está manipulando, porque JESÚS busca conversar particularmente, sin alterar el ámbito de lo privado y personal. Esto es algo que hoy es preciso actualizar, porque los niveles de privacidad van cediendo para caer estúpidamente en las garras de los manipuladores. Es preciso mantener ese espacio de privacidad, en el que pueda crecer una relación personal. No todo es público, aunque hay muchas cosas para compartir, pero tienen que surgir de una madura elaboración.


Estas consideraciones son pertinentes, porque cada cristiano debe tener un sentimiento hacia JESÚS de Nazaret como su Maestro; no sólo como el Maestro, sino como Aquel que misteriosamente conoce lo íntimo y personal para darle valor o restaurarlo; para ofrecer nuevas enseñanzas o proseguir en los ritmos de crecimiento personal. Es posible que tenga que empezar a considerar que JESÚS de Nazaret es “mi Maestro”; y las palabras de la Escritura, especialmente de los evangelios, tienen que comenzar a vibrar en mi corazón con su voz: “Mis ovejas escucharán mi voz” (Cf. Jn 10, 16). Claro está, el Maestro tiene que enseñarnos multitud de aspectos vitales para nuestro desarrollo personal, y como tal Maestro sabe transmitir desde su   corazón lo que necesita el nuestro: “¿No ardía nuestro corazón cuando nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?” (Cf. Lc 24, 32).

En el  camino


Cada uno describe su propia trayectoria y encuentra oportunidades y personas que marcan fechas e incluso épocas. En mi caso, andaba por la tercera década de mi vida, hacia los veinticinco años, cuando me crucé con un sacerdote sudamericano, que en el trato con él, me transmitió, como a otras personas, la dimensión hasta entonces inédita de JESÚS  como Maestro. En este caso actuó la ejemplaridad y la receptividad por mi parte que aspiraba a encontrar claves, y en cierta medida soluciones. La verdad es que después de muchos años sigo buscando claves y soluciones con menos pretensiones, pues la experiencia dice que el camino es largo, si cabe, y se ha de hacer con pocas cosas en la mochila. Pero aún pervive, y cada día con más razón la búsqueda de JESÚS el Maestro. Después de aquellos años, alrededor de los sesenta o setenta, en los que se iba al Tibet a buscar un gurú para seguir un sendero espiritual, los conocimientos ocultos de la iniciación esotérica se han vulgarizado y en cualquier esquina se ofrecen clases de yoga, meditación o reiki. La sabiduría que ofrece JESÚS de Nazaret, el Maestro, va destinado a los pobres que se fían de ÉL  y de su Palabra: “Los pobres son evangelizados” (Cf. Mt 11, 5).


“Rabí”, “rabboní” o “maestro”, son términos idénticos que encontramos más de cincuenta veces en los cuatro evangelios, con lo que nos está indicando la importancia de la dimensión magisterial ejercida por JESÚS. ÉL ofrece su palabra y su estilo de vida para que sirvan de referencia y modelo a todos los hombres. Mi amigo, el sacerdote sudamericano, sobresalía en un especial aprecio por la Palabra. Para él la Biblia revestía la fuente de todo conocimiento y de aplicación práctica. Estaba dotado de un carisma especial para transmitir esa misma estima por la Palabra y dejarla como pauta en el aprecio de los que lo conocimos. Hace pocos días charlaba con un hermano evangélico, con la noble profesión de albañil, que lee la Escritura con dos libros más para profundizar en el sentido exacto de los términos que está leyendo. En este amigo evangélico se da un modo de acercarse a JESÚS como Maestro. Para entender hay que buscar significados, y para encontrarlos es necesario pedir al Maestro, a través de los medios oportunos, que nos los revele. El acercamiento y conocimiento de la Palabra es una puerta privilegiada para entrar en el misterio mismo del Corazón de JESÚS: “Por mi palabra estáis ya limpios” (Jn 15, 3); sabiendo que “los limpios de corazón verán a DIOS” (Cf. Mt 5, 8).

La sed de la Palabra

Cuando llega a nosotros, porque la hemos buscado con necesidad y simplicidad, la Palabra se aloja en dos instancias: la memoria y el corazón. Si la Palabra no es recordada se pierde (Cf. Mt 13,18-19). Al mismo tiempo, la Palabra tiene que ser acogida en el corazón que es el centro vital de la persona a ejemplo de la Virgen MARÍA  (Cf. Lc 2, 19).

Existe una verdadera cruzada de desprestigio contra la memoria de las personas para sustituirla por la memoria artificial. Esta agresión al individuo no es inocente en modo alguno, y una de las vertientes más afectadas es la Fe. La razón y la Fe no se pueden disociar salvo que deshumanicemos a la persona. Una Fe sin el consiguiente análisis racional puede acabar con mucha facilidad en mera superstición. Lo mismo que una inteligencia sin Fe puede derivar en un puro gnosticismo o soberbia intelectual. Cuando la Palabra proviene del Evangelio trae las señas de identidad del propio JESÚS que da razón de las mismas; y la razón que las indaga descubre en ellas las huellas del SEÑOR. En el habitáculo interior, donde hay silencio (Cf. Mt 6, 6), surge el conocimiento, aparece la revelación de la Palabra que habla al corazón.

domingo, 29 de abril de 2018

JESÚS DE NAZARET, EL MAESTRO (I)



Pablo Garrido Sánchez

Una pregunta

¿Quién es JESÚS de Nazaret? Pasan los años y contamos décadas de práctica cristiana con tiempos comunitarios y particulares de oración; hemos asistido a charlas, retiros, ejercicios espirituales o reuniones multitudinarias en las que se predicaba a JESÚS de Nazaret. Es probable que en algún momento hayamos realizado algún compromiso testimonial, y con todo todavía procede mantener vivo el interrogante básico: ¿Quién es JESÚS de Nazaret? La proximidad a JESÚS  no evita  la pregunta: “¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?” (Cf. Mt 8,27). Sabemos que los discípulos más cercanos a JESÚS obtuvieron un conocimiento cierto, suficiente y misterioso. La condición humana y divina de JESÚS nos sitúa siempre ante el misterio.

El PADRE conoce al HIJO  (Cf Mt 11, 27)

El establecimiento de esta premisa, el PADRE es quien realmente conoce al HIJO, no es habitual tenerla en cuenta; y sin embargo JESÚS lo advierte en distintas ocasiones. Es el PADRE el que dispone la venida de su HIJO a este mundo (Cf. Jn 3, 16). JESÚS reconoce que”nadie puede ir a ÉL, si el PADRE que está en los cielos no le concede  esa gracia” (Cf.  Jn 6, 44). A Pedro le dice que el conocimiento expresado sobre ÉL le viene dado por el PADRE (Cf. Mt 16,17). El creciente, necesario e ilimitado conocimiento sobre JESÚS nos es dado por el PADRE mediante la efusión del ESPÍRITU SANTO (Cf. Jn 16,8). Cualquier aproximación hacia JESÚS mantiene un horizonte de eternidad, por lo que lejos de nosotros el desánimo por el conocimiento escaso y parcial que podamos reconocer hasta estos momentos. Es posible, que los más avanzados en la vida del espíritu puedan decir con el apóstol: “todo lo considero pérdida comparado con el conocimiento de CRISTO, mi SEÑOR” (Cf. Flp 3,8) La insaciabilidad por conocer a JESÚS de Nazaret es un buen indicador del progreso dentro de la vida cristiana, porque el que está necesitado de conocimiento es que de algo ya participa, pero tiene anchura y profundidad para acoger más de Aquel que se le vuelve necesario. En esta disposición de ánimo proseguimos en nuestra búsqueda.

Títulos

Hasta los treinta años, en el carné de identidad de JESÚS podría leerse: Nacido en Belén, domiciliado en Nazaret, hijo de José y de MARÍA, de treinta años de edad, y artesano de profesión.

A los treinta años, JESÚS, inicia su misión evangelizadora, que le ocupa unos tres años. Durante este tiempo, JESÚS se hace llamar “Hijo del hombre”, y los seguidores se dirigen a ÉL como Maestro.

Durante tres años, JESÚS predica el Evangelio del Reino, mostrando una autoridad moral y espiritual sorprendente. Acompaña su misión con señales, prodigios y milagros, creando  expectación en unos y rechazo visceral en otros. Las autoridades tanto civiles como religiosas no soportan por más tiempo la actividad misionera, pues a unos y otros les parecía que peligraban sus propias seguridades. El desenlace de los acontecimientos sabemos cómo fue: en la Cruz; pero el destino que el PADRE tenía para su HIJO era otro. JESÚS “con su sangre, había comprado para DIOS, hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación” (Cf.  Ap 5,9); por lo que fue constituido SEÑOR y  CRISTO (Cf. Hch 2, 36).  Estos dos títulos, SEÑOR y CRISTO, aparecen durante la vida pública en círculos restringidos, afirmándose en toda su extensión después de la Resurrección.

El evangelio de san Juan recoge otros títulos referidos a JESÚS que profundizan en su identidad a la luz de la Resurrección. En verdad JESÚS es la Luz y la Vida del mundo (Cf. Jn 1, 4). De la misma manera, “ÉL es el Pan bajado del Cielo que da la vida al mundo” (Cf Jn 6, 33), “JESÚS es el Camino, la Verdad y la Vida”   (Jn 14, 6). JESÚS es la fuente de la Resurrección para el hombre en particular y para la humanidad en su conjunto (Cf. Jn 6, 44; 11, 25)

La ejemplaridad

Todavía encontramos personas que reconocen guardar un recuerdo ejemplar de sus mayores. Otras veces la interiorización de modelos de comportamiento provienen de otras personas más alejadas del estrecho círculo familiar, escolar o de amistad.  Principalmente son los mayores aquellos  que han quedado en la armadura de nuestra memoria como modelos de comportamiento. Quienes tienen la primacía en el campo de la ejemplaridad son los padres: el padre y la madre. Si esta base se altera, queda comprometido todo el edificio que alberga y sostiene los patrones de comportamiento. La ejemplaridad proveniente del entorno y admitida en el fuero interno, no dispensa de la reelaboración personal de los contenidos asumidos; más aún, es absolutamente necesario que la persona  revise y dé asentimiento más o menos definitivo a lo que de forma intuitiva percibe en alguien que se erige como modelo de comportamiento. Los ejemplos se pueden multiplicar, pero consideremos el comportamiento heroico de una persona que salva la vida de alguien que se está ahogando en medio de una tempestad, como ocurre con cierta frecuencia; será algo admirable que muchos no podremos imitar porque las facultades físicas no nos lo permiten, pero sigue siendo objeto de encomio y admiración. Pensemos en la vida de silencio y ascesis de un cartujo: es algo admirable, pero parcialmente integrable en la vida de la mayoría de las personas.

Los modelos de identificación son patrones descubiertos hace tiempo por la psicología evolutiva, y poco cotizados en estos momentos. En el ambiente de banalidad que nos envuelve, han caído también los modelos de identificación con la propagación de forma especial de la ideología de género, que promueve una mezcla caótica de elementos fundamentales, que al final desestructuran a la persona en su misma raíz.

Seguimiento


No es posible ver la misión de JESÚS de Nazaret ajena al seguimiento de los discípulos y rodeado de grupos más o menos amplios. El Mensaje de JESÚS cubre la fase más crucial dentro de la transmisión oral. Muy pocas cosas se escriben en los primeros tiempos, sólo pasadas dos o tres décadas se registran por escrito los dichos y hechos de JESÚS de manera ordenada. Mientras tanto rigieron en el mantenimiento del Mensaje las leyes de la transmisión oral, por lo que el esquema maestro-discípulo fue esencial. El Maestro procuró grabar con el fuego del ESPÍRITU SANTO, sus palabras, sentimientos y actitudes, en el corazón de sus discípulos. Pero antes había que encontrar a esos discípulos. En la organización misionera de JESÚS tiene prioridad la selección de sus seguidores o discípulos: “JESÚS llamó a los que quiso, para que estuvieran con ÉL, y ser enviados” (Mc 3, 13-15). Previamente, JESÚS, había llamado a los cuatro discípulos que después estarían integrados en el grupo de los doce, y los llamó para “hacerlos pescadores de hombres” (Cf.  Mc 1, 16-20).

El círculo de seguidores abarca más que a los Doce. Ésta es una institución con unas características particulares, que fundamenta a todo el conjunto de discípulos cuyo radio potencial de captación alcanza a todo hombre de cualquier época y lugar. La llamada de JESÚS al discipulado es tan universal como su propio Mensaje.

sábado, 28 de abril de 2018

Se creen dioses




José luís Nunes Martins



Nuestra sociedad parece movida por el consumismo. Se cree en la lógica del consumo: se comienza con la adquisición para después explotar hasta la extinción lo que tenemos. Esta extinción puede que no sea la del objeto; a veces somos nosotros los que quedamos saturados, demasiado rápidamente.

Se compra, se usa y se tira. Al final no tenemos manos para todo y hay siempre tantas cosas que aún no tenemos…

El cuerpo es visto como un accesorio del que se puede disponer en función de lo que se cree que es libertad. Puede usarse sin restricciones, al final es cosa nuestra… unos lo veneran como si fuese lo que no es, otros lo desprecian como si n o fuese muy valioso.

Llamados a completar la creación de nosotros mismos, somos responsables de lo que elegimos al pensar y soñar, sentir y consentir, decir y callar, lo que hacemos y cómo lo hacemos.

El don de la vida es esta enorme responsabilidad de valorarse.

Son muchos los que hoy se creen héroes dignos de prestarle culto. Egoístas y arrogantes, se vuelven ciegos ante la realidad tal como ella es. La humildad podía curarlos, pero no quieren, prefieren ser esclavos de sus impulsos irracionales.

Prudencia, buen sentido y comedimiento no son virtudes que aprecien. Se creen señores de sí mismos, del mundo y de los otros.

Lo peor de todo esto es que el mal nunca es claro y evidente. La maldad es fina y astuta hasta el punto de comenzar por evitar a quien pretende hacerse su esclavo.

Todos tenemos momentos de egoísmo y arrogancia, todos nos debemos empeñar en librarnos de ellos a fin de que no nos consuman.

Es un grave error querer ir más allá de la medida propia de cada cosa. Cada hombre debe empeñare en saber quién es, conocer sus límites y sus posibilidades. Aceptar su vida de forma auténtica, sin dejarse dominar por las tentaciones de la insolencia, de la falta de moderación y por los instintos.

Cada vez que alguien en concreto decide poner fin a la vida de otro, eso es pasar el límite. Es una violencia imbécil de un poderoso sobre alguien que está débil, creyéndose llamado a ser igual o superior a lo divino.

Quien hace el mal presenta siempre buenas razones para hacerlo.

La arrogancia estúpida es señal de tragedia inevitable.


domingo, 22 de abril de 2018

La Buena Nueva, los rumores y las “fake news”


El Evangelio es, etimológicamente, la buena nueva, pero no faltan personas que piensan que es un rumor sin fundamento o, peor aún, una “fake news” más.
El Evangelio es, etimológicamente, la buena nueva, pero más de dos mil años después de la resurrección de Jesús de Nazaret, todavía hay quien piensa que esta buena noticia es más una “fake news” o, por lo menos, un rumor sin fundamento.
En verdad, la primera referencia a la Pascua cristiana fue un falso rumor. Cuando un periodista de investigación, María Magdalena, fue a hacer un reportaje donde el cuerpo de Jesús había sido sepultado la antevíspera, verificó que el sepulcro estaba vacío. Regresó entonces precipitadamente a Jerusalén, donde dio la noticia como una bomba: “¡Se han llevado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto!” (Jo 20, 2).
Era cierta la ausencia del cadáver, pero no la suposición de que había sido robado, aunque pareciera ser esa la única explicación posible para su misteriosa desaparición. Por otro lado, la reportera y su equipo, ignorando donde estaba el cuerpo ausente –“no sabemos dónde lo han puesto”- suponen, equivocadamente, que alguien lo había llevado a un lugar desconocido. Aunque fuese lógica su deducción, se precipitan en la conclusión. Es este, además, un vicio muy común en cierto periodismo: concluir a partir de una apariencia ilusoria.
Pedro y Juan no creyeron la sorprendente noticia que les fue transmitida por María Magdalena y, por eso, decidieron ir con ella al sepulcro... Sólo cuando vieron que era el mismo sepulcro y que el cadáver, efectivamente, no estaba allí, la creyeron, pero no en la resurrección. Como Juan aclara, “aún no entendían la Escritura, según la cual Él debía resucitar de entre los muertos” (Jo 20, 9).
La Iglesia debe tomar una actitud crítica en relación a cualquier rumor de algo aparentemente sobrenatural. En principio, es de la más elemental prudencia no creer, aunque sea dicho con la mejor buena fe. Pero también sería imprudente negar esa posibilidad, “porque a Dios nada le es imposible” (lc 1,37). ¿Qué hacer entre tanto, cuando surge el rumor de una supuesta aparición, o de un supuesto milagro? Lo que Pedro y Juan hicieron: analizar los hechos. Sólo si fueran dignos de crédito, pueden ser después reconocidos, por la Iglesia, como señales extraordinarias de la providencia divina.
No obstante las tres veces que Jesús de Nazaret había profetizado su pasión, muerte y resurrección al tercer día, los apóstoles resistieron lo más que pudieron a esta buena nueva. De hecho, el día que aconteció la resurrección, no creyeron a María Magdalena, ni a las otras mujeres que, como ella, habían ido al sepulcro, ni a los discípulos que, de camino a Emaús, tuvieron un encuentro sorprendente con el resucitado. Sólo creyeron cuando lo vieron con sus ojos. Pero como, aún viéndolo, permanecían en la duda, Cristo no sólo los invitó a tocar sus manos y sus pies, sino también comió, en su presencia, un trozo de pescado asado (Lc 24, 42-43). O sea, la resurrección de Jesús pasa de mero rumor a verdadera fe cuando, después de vencida la duda persistente de los apóstoles, gana la consciencia de un hecho, o sea, de una evidencia incontrovertible.
Pero, ni todos los rumores de aquel tiempo se confirmaron. San Juan da cuenta de que entre los primeros cristianos corría el rumor de que, el discípulo que el Señor amaba, no moriría: “corría entonces entre los hermanos que aquel hermano no moriría. ¿Jesús, por el contrario, no dice a Pedro: ‘No morirá’, pero ‘si quiero que él quede hasta que venga, qué te importa?” (Jn 21, 23) ¡O sea, el mismo que da cuenta del rumor es también el que lo desmiente! Moral de la historia: el cristiano debe tener una fe inteligente y, por eso, no debe ser crédulo, ni ingenuo.
Más allá de los rumores, a lo que es preciso oponer un espíritu razonablemente crítico, también hay también las fake news’, que son noticias falsas puestas en circulación a propósito por quien tiene el poder. Tampoco faltaron hace dos mil años…
Es Mateo quien dice: “Algunos de los guardias fueron a la ciudad e informaron a los príncipes de los sacerdotes de todo lo que había sucedido. Habiéndose reunido ellos con los ancianos, después de reunirse en consejo, dieron una gran suma de dinero a los soldados diciéndoles: ‘Decid: sus discípulos vinieron de noche y, mientras estábamos dormidos, lo robaron (…)’. Ellos, recibido el dinero, hicieron como les habían indicado. Y esta noticia se divulgó entre los judíos y dura hasta el día de hoy” (Mt 28, 11-15) Comenta, a este respecto, San Agustín: “¡Astucia miserable! ¿¡Presentan testimonio dormidos!? Verdaderamente estás durmiendo tú mismo, al imaginar semejante explicación” (Enarrationes in Psalmos, 63, 15).
Es significativo que esta noticia falsa sea el resultado de “una gran suma de dinero” porque, también ahora, los grupos económicos que controlan los medios de comunicación social, ‘compran’ ‘fake news’ a periodistas menos escrupulosos, tal vez incluso con la velada amenaza del despido. Algo semejante ocurre en las redes sociales: Mark Zuckerberg reconoció, en su reciente audiencia por el congreso norteamericano, que facebook había cometido un error, al bloquear un anuncio de un curso de teología católica en la universidad franciscana de Steubenville. En esa ocasión, el senador republicano Ted Cruz lo confrontó también con el hecho de que  más de dos docenas de páginas católicas habían sido suprimidas por facebook. Puede ser que su supresión se debiera a un problema técnico y no a una actitud premeditada contra la Iglesia católica, incluso porque millones de cristianos usan, sin restricciones, esa sede social, principalmente para compartir su fe.
Las ‘fake nws’ no son solo noticias falsas, son también noticias asesinas, porque aquel que es mentiroso y padre de la mentira es también homicida (cf Jn 8, 44): cuando no puede matar por la guerra, por el aborto o por la eutanasia, mata por la mentira, como el marxismo y la ideología de género. Por el contrario, el Evangelio no es solo una noticia verdadera, es también y principalmente una buena nueva liberadora: solo la verdad nos hará verdaderamente libres (cf Jn8, 32).
https://observador.pt/opiniao/a-boa-nova-os-boatos-e-as-fake-news/