sábado, 31 de diciembre de 2011

Barruntando la tragedia

Cuando crees que ya no es posible escuchar una tragedia que supere las que ya conoces, o cuando ya te crees lo suficientemente fuerte como para escuchar la mayor tragedia sin que te afecte emocionalmente, pues es entonces, cuando estás tan tranquilo en la cotidianidad, charlando y animando a los que ya conoces, es entonces cuando aparece por la puerta, a última hora, con aspecto normal, un desconocido con su tragedia. Llega a última hora, sin cita, a la desesperada. Comienza a hablar y en seguida barruntas la tragedia; empiezas a recular, a distraer a la persona con preguntas de las que tu intuyes la respuesta o te sientes preparado para responderle, a ver si así evitas que llegue el momento en el que explota la conversación, se desatan todas las furias que a penas logra contener un cuerpo hambriento, maltratado, desvelado, con la mente absorta en una sola idea, dando vueltas en círculo, como un laberinto, cada vez más perdida e incapaz de encontrar la salida por sí mismo.

La petición es un ultimátum: “o encuentro una casa, (y ustedes me ayudan a encontrarla), o me quedo sin mi hija. Ustedes me están diciendo lo mismo que ya me han dicho. Yo no sé qué tengo que hacer, quizá darle un tiro a alguien”. Expone una y otra vez su plan “millonario” para salir de la situación en que se encuentra y así poder librar a su hija del centro me menores donde se encuentra, a pocos días de ser entregada en adopción. Nosotros no entendemos de comercio, ni de vender productos informáticos, ni de patentes, ni manejamos presupuestos millonarios para avalar a nadie, entonces no le somos útiles, de ahí el desconcierto de este hombre.

Es un hombre de mediana edad, que esta cobrando la RAI, pero no le llega para hacerse cargo de su hija que está en un centro de menores esperando ser entregada en adopción, ¿Por qué le ocurre esto? Es una consecuencia más de la droga que ha destrozado una familia. Le preguntamos por la madre y nos dice que ella no quiere saber nada de su hija, y mejor así porque no esta en condiciones de hacerse cargo de la niña. Él ha pasado algún tiempo en la cárcel, pero ha salido absuelto de tres condenas porque se basaban en acusaciones falsas. Ha demandado a la administración de justicia y espera que lo indemnice generosamente, con lo que podría alquilar una buena casa para vivir con su hija.

De momento no tiene más que la renta y el plazo para dar en adopción a su hija termina en febrero. Este hombre necesita encontrar la casa inmediatamente para evitar la adopción. Jura una y otra vez que no quiere abandonar a su hija, se desespera porque nadie le ayuda, se encuentra completamente solo . Tiene otro recurso que no puede hacer efectivo, tiene un programa informático o una “aplicación” fantástica que puede dar mucho dinero. Espera, como vemos, conseguir un montón de dinero, pero necesita que alguien confíe en él y le ayude a financiar y comercializar el producto, necesita anticipar el dinero que piensa obtener para no tener que dar en adopción a su hija.

No quiere ayuda de la caridad, no quiere vivir como una persona sin hogar, acudir a los servicios que disfrutan humildemente tantas personas sin hogar a diario. Es muy autosuficiente, es un hombre preparado, disfrutó de buena casa y buenos trabajos, y no quiere la ayuda que se ofrece en los centros de acogida. Este hombre no ve, se atormenta, ¿se siente culpable?, exige una confianza que no es capaz de dar y no es consciente de ello, por eso se atormenta y rechaza la ayuda que se le puede ofrecer, no se cree “digno” de ella, quiere lo mejor para su hija y para él.¡Qué tormento! Por eso es tan difícil estar una hora larga escuchando los mismos argumentos sin avanzar un paso hacia una solución realista.

Al mismo tiempo la trabajadora atendía a otro joven desesperado, y pudo escuchar parte de nuestra conversación; al salir de la entrevista sin una solución para evitar pasar la noche en la calle, mira con cara de desesperación al hombre y dice: “lo mejor es lo que usted dijo hace un momento, darle un tiro a alguien”. El hombre se siente apoyado y dice que cada día va a ser peor, que esto es el principio y que vamos a ver cosas muy malas.

Hoy salimos con mal sabor de boca, ¿cómo hay que hacer para que los problemas no afecten, para que las palabras que han sido dichas con toda su fuerza no causen mella en el cerebro y en el recuerdo? ¿Cómo se le dice a esta persona que el responsable de su vida es él, cuando está culpando y amenazando a no sé cuántos, y espera que le paguen millones? Tú escuchas, callas, y como un eco sus palabras le rebotan y lo exasperan, entonces te acusa de que no lo estás escuchando, porque no te ve afectado como él, porque no le das la razón y no le aportas ninguna solución. La única solución está en él mismo, en asumir su situación y tratar de encontrar la salida al laberinto que es su vida ahora mismo.

Viendo tanto sufrimiento provocado entre los más cercanos, el destrozo de las familias, los niños maltratados, no queridos y abandonados, es para preguntarse qué clase de mundo hemos creado, qué hemos hecho de nuestra vida y de la vida de los que dependen de nosotros para haber llegado a estos extremos, cada día más frecuentes, cada día más atroces; como ese miserable juego “al escondite” con los niños desaparecidos en Córdoba, o los “menores” violadores a los que se les va la mano, añadiendo el espantoso agravante de su juventud al crimen; o los cobardes crímenes terroristas para imponer por el miedo las ideas políticas: toda la sociedad está en manos de unos impíos criminales, que cometen sus crímenes y se burlan de la justicia y causan un dolor permanente e incurable en las víctimas y sus allegados.

Que el nuevo año nos encuentre dispuestos a poner remedio a tantos males y poco a poco recobremos el sentido de sociedad, la confianza en la justicia y la solidaridad entre todos los hombres.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Héroes anónimos, una cadena de “casualidades”

Me contaba J. esta mañana una pequeña parte de su vida, cosas tremendas; perdió a sus padres con catorce años y se crió con su abuela; más tarde trabajó duro para poder formar y luego mantener una familia, arriesgó su vida en las minas de uranio, después en la carretera como camionero, se sentía orgulloso de poder mantener a su familia.

Los cambios políticos con la caída del comunismo, la crisis, y la edad que ahora tiene le impiden seguir trabajando en su país. A estas desgracias se suma la de perder a su familia porque ya no tenía trabajo ni salario. Decide venir a España a probar fortuna y lleva dos años sin encontrar más que un mísero trabajo durante algunos meses, en los que a penas se ha movido por el país ni ha conocido a nadie y se encuentra prácticamente solo.

Como estaba en el norte se vino al sur buscando lo mismo: un trabajo. Trabajo no ha encontrado, pero sí está abriendo los ojos a la realidad de nuestro país, empieza a relacionarse y a conocer a los españoles, y ya no piensa sólo en el trabajo, y ha hecho algunos amigos. J. es un buen hombre que estaba esperando que alguien lo tratara con amabilidad y le ofreciera amistad, no ha tardado mucho tiempo en responder a la acogida que le hemos brindado, y aprende con una rapidez extraordinaria, me dice todo satisfecho: “ya hablo mejor el español”, pues claro que sí, y entiende las bromas y el doble sentido al que recurrimos tantas veces en nuestras conversaciones.

No sé que tiene esta bendita tierra, o tierra de María Santísima, que acoge a cualquier persona que llegue y comparte con ella cuanto tiene.

Este héroe anónimo me contaba algunos detalles de su vida que muestran hasta qué punto las personas que menos tienen son las que más dan, porque dan lo que tienen: a ellos mismos, y se sacrifican de verdad; como aquella persona, en un albergue evangelista en Cataluña, que le cedió su cama para que descansara porque no había camas libres y había llegado enfermo con fiebre. Él no olvida este gesto que tuvieron con él y por eso lo va a tener él más adelante con una madre y su hijo pequeño en un albergue en Algeciras.

Tengo que confesar que aún me sorprende la comprensión y la capacidad de ayuda que tienen muchas personas sin hogar unas con otras, y sobre todo cuando se trata de personas que a su pobreza añaden alguna debilidad más, o son niños, o mujeres, o tienen alguna enfermedad o trastorno. No quiero pecar de ingenuo y voy a dar la cara por todas las personas, no, sé que también en este mundo se dan muchos defectos y traiciones, pero no puede prevalecer la imagen negativa, hay más grandeza cuando se da sin tener o se da de lo poco que se tiene, desde un cigarrillo hasta cincuenta euros, por poner un ejemplo.

J. me ha confesado repetidas veces que sospecha que no se encuentra aquí por casualidad, que aquí ha encontrado algo más que no esperaba, se está encontrando a sí mismo. Está profundamente agradecido.

Entre los que nos dedicamos a ayudar a los demás también pueden darse actitudes negativas. Hoy estoy algo cabizbajo porque se ha producido un encontronazo entre voluntarios que puede perjudicar la labor o hacer pensar que existe algún interés o deseo de protagonismo. Hace falta mucha madurez, mucha humildad, mucha discreción, sólo así será posible tratar con el máximo respeto a quien más se lo merece porque ya tiene bastante con su vida y viene en busca de ayuda y comprensión. En cualquier caso lo que cuenta son los hechos, la satisfacción que muestren las personas, nuestras peleas sólo han de servir para reforzar nuestro empeño en hacer nuestra tarea lo mejor posible, no en competir, y así estoy seguro que será.

Fotos de la primera cena de navidad























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sábado, 24 de diciembre de 2011

Primera cena de Navidad de voluntarios y PSHs




Ayer, 23 de diciembre, celebramos una fraternal cena de Navidad un grupo de   voluntarios de cáritas y personas sin hogar, gracias a la iniciativa del P. Alfonso, que ha asumido recientemente el cargo de cura delegado, o sea el representante de los curas de San Fernando en Cáritas, y por supuesto contó con la respuesta inmediata y la colaboración de los voluntarios, así como con la de las personas invitadas.

Comenzaré diciendo que como era una idea excelente el resultado también  lo fue, lo pasamos francamente bien, y cenamos de la misma manera, porque el restaurante elegido: “casa Miguel”, como dijo el P. Alfonso, podía considerarse una de las empresas con corazón que colaboran con cáritas.

Yo llegué puntual, a las nueve y media, pero ya se habían adelantado unos cuantos, que estaban tomándose una cerveza en la terraza “a plena niebla”, y yo con los guantes puestos. Al poco llegaron los que faltaban y pasamos al comedor. Como dije al principio  a la cena no le faltó de nada, ni buenos y agradecidos  comensales, ni buena comida, tres horas duró el festín: buenos y abundantísimos  entremeses, un estupendo plato a elegir entre dorada o una de  tres variedades de solomillo, y el postre y la bebida. Para terminar hubo  villancicos, el primero que cantó fue Jaroslav, asombrándonos con un bello villancico de su tierra, Chequia,  y en su idioma; a continuación tomó el relevo Miguel, sorprendiéndonos con un villancico flamenco y para terminar, Blanca, que, como “tonadillera frustrada” hizo un final de fiesta perfecto.

Pues porque había que volver al albergue, a eso de las doce y pico de la noche, que para eso teníamos el permiso debido, si no hubiéramos continuado un rato más, al menos a mi se me hizo muy corto, y creo que a los demás también.

Para bajar la cena acompañamos caminando hasta el albergue a los que no quisieron ir en coche y aprovechamos un poco más, que ya era casi la una cuando llegamos y el guarda nos abrió la puerta sin problemas.

Esperemos que esta haya sido la primera de una larga lista de celebraciones de Navidad.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Héroes anónimos, una cadena de “casualidades”




Me contaba J. esta mañana algunas cosas de su vida, cosas tremendas; perdió a sus padres con catorce años y se crió con su abuela; más tarde trabajó duro para poder formar y luego mantener una familia, arriesgó su vida en las  minas de uranio, después en la carretera como camionero, se sentía orgulloso de poder mantener a su familia.

Los cambios políticos con la caída del comunismo en su país, la crisis, y la edad que ahora tiene le impiden seguir trabajando en su país. A estas desgracias se suma la de perder a su familia, porque ya no tenía trabajo ni salario. Decide venir a España a probar fortuna y ya lleva dos años sin encontrar más que un mísero trabajo durante algunos meses, en los que a penas se ha movido por el país ni ha conocido a nadie y se encuentra prácticamente solo.

Como estaba en el norte se vino al sur buscando lo mismo: un trabajo. Trabajo no ha encontrado, pero sí está abriendo los ojos a la realidad de nuestro país, empieza a relacionarse y a conocer a los españoles, y ya no piensa sólo en el trabajo, y ha hecho algunos amigos. J. es un buen hombre que estaba esperando que alguien lo tratara con amabilidad y le ofreciera amistad, no ha tardado mucho tiempo en responder a la acogida que le hemos brindado, y aprende con una rapidez extraordinaria, me dice todo satisfecho: “ya hablo mejor el español”, pues claro  que sí, y entiende las bromas y el  doble sentido al que recurrimos tantas veces en nuestras  conversaciones.

No sé que tiene esta bendita tierra, o tierra de María Santísima, que acoge a cualquier persona que llegue y comparte con ella cuanto tiene.

Este héroe anónimo me contaba algunos detalles de su vida que muestran hasta qué punto las personas que menos tienen son las que más dan, porque dan lo que tienen: a ellos mismos, y se sacrifican de verdad; como aquella persona, en un albergue evangelista en Cataluña,  que le cedió  su cama para que descansara porque no había camas libres y había llegado enfermo con fiebre. Él no olvida este gesto que tuvieron  con él y por eso lo va a tener él más adelante con una madre y su hijo pequeño en un albergue en Algeciras.

Tengo que confesar que aún me sorprende la comprensión y la capacidad de ayuda que tienen muchas personas sin hogar unas con otras, y sobre todo cuando se trata de personas que a su pobreza añaden alguna debilidad más, o son niños, o mujeres, o tienen alguna enfermedad o trastorno. No quiero pecar de ingenuo y voy a dar la cara por todas las personas, no, sé que también en este mundo se dan muchos defectos y traiciones, pero no puede prevalecer la imagen negativa, hay más grandeza cuando se da sin tener o se da de lo poco que se tiene, desde un cigarrillo hasta cincuenta euros, por poner un ejemplo.

J. me ha confesado repetidas veces que sospecha que no se encuentra aquí por casualidad, que aquí ha encontrado algo más de lo que andaba buscando, se está encontrando a sí mismo. Está profundamente agradecido.

Entre los que nos dedicamos a ayudar a los demás también pueden darse actitudes negativas. Hoy estoy algo cabizbajo porque se ha producido un encontronazo entre voluntarios que puede perjudicar la labor o hacer pensar que existe algún interés o deseo de protagonismo. Hace falta mucha madurez, mucha humildad, mucha discreción, sólo así será posible tratar con el máximo respeto a quien más se lo merece porque ya tiene bastante con su vida y viene en busca de ayuda y comprensión. En cualquier caso lo que cuenta son los hechos, la satisfacción que muestren las personas, nuestras peleas sólo han de servir para reforzar nuestro empeño en hacer nuestra tarea lo  mejor posible, no en competir, y así estoy seguro que será.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

“espontánea brigadilla de voluntarios”



En el Hogar para personas sin techo de San Fernando ha surgido espontáneamente una “brigadilla de voluntarios” que cada vez que necesito ayuda para distribuir los víveres entre los acogidos de la parroquia acuden con todo entusiasmo y suplen así la falta de voluntarios para realizar las tareas más pesadas.

Pero no sólo están dispuestos a esta ayuda puntual sino que demandan más participación en otras tareas, como en la campaña de los Reyes Magos para recoger juguetes con el P. Alfonso, y a título individual alguno de ellos, como Daniel, se dedica cada mañana a ayudar a misa al P. Robert, vicario del Santo Cristo, al que ayuda también en cualquier otra necesidad; el Padre Robert por su parte le está dando clases de guitarra, así se presentó todo orgulloso en nuestra oficina con su guitarra al hombro, dejándonos sorprendidos. “Es del P. Robert”, que me la ha prestado para que practique.

Estas actividades que han comenzado espontáneamente, y en gran parte por iniciativa de los acogidos, se van consolidando mes tras mes, y se me ocurre que ya era hora de ampliar el campo de estas actividades con la colaboración de otras parroquias o equipos, proporcionándoles alguna actividad a estas personas que pasan el día pensando qué podrían hacer pero nadie se acuerda de ellos o no los necesita.

Yo puedo garantizar que las personas que se han ofrecido a ayudar hasta el momento han cumplido extraordinariamente bien, y soy partidario de que se cuente con ellos desde instituciones como Cáritas u otras organizaciones que se dedican a actividades sociales y carecen de voluntarios y presupuestos.

También, recuerdo ahora, alguno estuvo de voluntario para la campaña de recogida de alimentos del Banco de Alimentos y del Pan Nuestro.

Yo les oigo muchas veces frases de agradecimiento a las hermanas que los atienden, a la comida que les dan, y a tener un techo para librarse de la calle al menos una temporada, poder ponerse ropa limpia, asearse; la verdad es que lo tienen por un verdadero hogar. No quiere esto decir que no tengan motivos de quejas, que los hay, pero son menores y tienen remedio, y en todo caso tiene el aguante suficiente para disimular y hasta disculpar los inconvenientes.

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