jueves, 13 de junio de 2013

Hoy no ha sido un gran día



Imitando a la canción tendría que decir que “hoy no ha sido un gran día”. Pero no por lo que me pueda haber afectado a mí, sino por lo que tiene de revelador de una situación de desamparo absoluto.

Un hombre entra hoy en la oficina en un estado lamentable, echando por la boca lo que no puede  llevar a efecto por falta de voluntad, o sencillamente quizá por miedo. El miedo, mucho miedo, provoca una reacción desproporcionada. Este hombre cumplía ayer sus tres días de estancia en el albergue, y tuvo que dormir en la calle…

Estas son sus razones para esa actitud desproporcionada contra aquellos que le pudieron haber hecho algún bien: “porque se va a enterar (la trabajadora social), porque por su culpa estoy así, tuve que dormir en la calle y…mira como estoy. Yo no puedo estar en la calle”

¿Qué le ha podido ocurrir? ¿Sólo miedo, tuvo alguna mala experiencia con algunas personas por asuntos de dinero…? ¿Es miedo a las sombras de la noche…? Porque no sólo éramos la trabajadora y yo mismo sus peores enemigos…nos veíamos envueltos entre otros nombres que ni siquiera eran de San Fernando.

Ante el tono que iban adquiriendo sus palabras y la forma en que se presentó, descalzo, “¿por qué estas descalzo?, ve al Pan Nuestro que allí te darán unos zapatos, le dice un compañero, y él responde: “ya lo sé, mejor, y si me corto, mejor, además me los voy a cortar yo”… Abrió la trabajadora ante las voces y se encaró con ella, yo entonces busqué ayuda en la policía…

Por eso me siento mal, muy a disgusto conmigo mismo, y más cuando comenzó a amenazarme por lo que había hecho…avisar a la policía…Con la que, por otra parte, se vería después que tenía “cierta familiaridad”.

Quizá hubiéramos resulto el problema solos, quizá no, de cualquier manera no consigo liberarme de una cierta incomodidad, superar un sentimiento de incapacidad para ejercer el voluntariado con todas sus consecuencias…pero, tampoco es que  pretenda ser ningún héroe.

Y, como dije, no cuento el incidente por lo que me pueda haber afectado a mí, que poco importa, sino por lo que revela: la dureza de la calle, las máscaras indescriptibles y engañosas que provoca la supervivencia, la dificultad  por tanto para el “sin techo” para recibir ayuda y para los demás  dársela, al menos la adecuada y a su debido tiempo…

“Pobres los tendréis siempre con vosotros”…Pero la pobreza de hoy es mucho más una pobreza de espíritu; la escala material de la pobreza es abismal y ofensiva, y nos aleja a unos de otros injustamente, pero la pobreza espiritual está en los corazones, en la cortedad de las expectativas, en no querer ver los problemas, culpar a diestra y siniestra y buscar refugio en fantasías o soluciones rápidas y placenteras.


Es como si el hombre de hoy se sintiera  huérfano de Dios. La sociedad se tambalea, y no tenemos una perspectiva  despejada ni halagüeña. Unos, aprovechando la decadencia, una decadencia extraña…porque nunca el hombre ha disfrutado de tantos descubrimientos y comodidades como hoy, pero todos percibimos una decadencia global, profunda, misteriosa, y no sabemos qué va a pasar…esta misma tarde…y muchos, digo, aprovechan para culpar a Dios y su iglesia de los males del hombre de hoy… Cuando la lógica parece ser otra…estamos así porque ya no es Dios el que inspira las formas de gobierno, y surgen así los nuevos señores, que se reparten el poder y compiten entre sí, provocando daños irreparables en la  sociedad. No son señores compasivos, luchan por el poder. Es el momento confuso que provocan los enfrentamientos entre rivales poderosos por lograr la supremacía, no creen que haya nada ni nadie por encima  de ellos…

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