sábado, 28 de junio de 2014

Después de llorar




                                                          Ilustração de Carlos Ribeiro

No es la tristeza lo que nos hace llorar, sino el amor que se enfrenta a los vacíos. Las angustias y la desesperación son expresiones de carencia.

Las lágrimas que brotan de nosotros y caen lejos de la mirada de los otros son las que más fuerza llevan en sí, las que hacen concreto y objetivo el sentir más íntimo.

A veces, el corazón cae en las trampas de las tristezas antiguas…. Otras, sentimos los espinos de las nuevas adversidades clavarse en la carne. Siempre hay tristezas, siempre hay sufrimiento, siempre habrá dolor mientras hubiere amor.

Las lágrimas no lloradas no dejan de ser amargas, mas esas, al contrario de las que brotan, corroen el interior de quien con ellas no llega a regar la tierra que le sostiene los pies.

La vida se hace también con nuestras lágrimas y se vence, muchas veces, con los ojos cargados de mar. El esfuerzo que se nos exige llega casi a ser imposible sin lágrimas. Llorar no es señal de derrota, más  bien lo es de un amor que busca la paz merecida.

El sentido de la vida cabe dentro de una gota de agua salada… la verdadera pasión es el dolor máximo del amor más profundo. Aquel que hace geminar en nosotros lo mejor… frente a lo peor.

Después de las lágrimas es tiempo de actuar.


Las lágrimas, tal como todo en esta vida, tienen un principio y un fin. El amor no. Vive entero, en cada momento, del cual es el principio y el fin.

1 comentario:

  1. Hoy, (quizá haya sido siempre así, no lo sé) son pocos los que saben acompañar al que sufre, enseguida le dan mil y un consejos, como si supieran lo que pasa en ese interior confuso y atormentado. O le dan consejos equivocados. “no seas tonto, tú no sufras…”, “diviértete”… en fin, como dice un hermano mío: “consejos doy y para mí no tengo”. Por eso está muy bien la crónica de hoy, José Luís, porque hace falta llorar alguna vez, por eso hay que animar a que llore al que lo necesite, sin proponerle evasivas o paños calientes. Con las lágrimas se aclara la vista, pues lo mismo el problema, así estará más preparado para acometer el remedio, él solito. Y yo creo que a esta sociedad le vendría muy bien un llanto colectivo por lo mucho que están sufriendo, unos por la crisis, otros por las guerras, y casi nadie está exento de culpa.

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