martes, 7 de febrero de 2012

Mensaje del Papa para la Cuaresma



Me parece muy oportuno e interesante ofreceros un resumen del
Mensaje escrito por el el Papa Benedicto XVI para la próxima Cuaresma, en el que reflexiona sobre el versículo 24 de la Carta a los Hebreos: “Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras”.  
La responsabilidad para con el hermano.
El verbo que abre nuestra exhortación invita a fijar la mirada en el otro, ante todo en Jesús, y a estar atentos los unos a los otros, a no mostrarse extraños, indiferentes a la suerte de los hermanos. Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos ‘guardianes’ de nuestros hermanos (cf. Gn 4,9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado reciproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien. El gran mandamiento del amor al prójimo exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad respecto a quien, como yo, es criatura e hijo de Dios a quien el Señor ama infinitamente. Si cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón”. (…) “La atención al otro conlleva desear el bien para él o para ella en todos los aspectos: físico, moral y espiritual. La cultura contemporánea parece haber perdido el sentido del bien y del mal, por lo que es necesario reafirmar con fuerza que el bien existe y vence, porque Dios es ‘bueno y hace el bien’ (Sal 119,68). La Sagrada Escritura nos pone en guardia ante el peligro de tener el corazón endurecido por una especie de ‘anestesia espiritual’ que nos deja ciegos ante los sufrimientos de los demás.¿Qué es lo que impide esta mirada humana y amorosa hacia el hermano? Con frecuencia son la riqueza material y la saciedad, pero también el anteponer los propios intereses y las propias preocupaciones a todo lo demás. Nunca debemos ser incapaces de ‘tener misericordia’ para con quien sufre; (…) El encuentro con el otro y el hecho de abrir el corazón a su necesidad son ocasión de salvación y de bienaventuranza”. 
El don de la reciprocidad. 
“Los discípulos del Señor, unidos a Cristo mediante la Eucaristía, viven en una comunión que los vincula los unos a los otros como miembros de un solo cuerpo. Esto significa que el otro me pertenece, su vida, su salvación, tienen que ver con mi vida y mi salvación. Aquí tocamos un elemento muy profundo de la comunión: nuestra existencia está relacionada con la de los demás, tanto en el bien como en el mal; tanto el pecado como las obras de caridad tienen también una dimensión social. En la Iglesia, cuerpo místico de Cristo, se verifica esta reciprocidad: la comunidad no cesa de hacer penitencia y de invocar perdón por los pecados de sus hijos, pero al mismo tiempo se alegra, y continuamente se llena de júbilo por los testimonios de virtud y de caridad, que se multiplican. 
“Lamentablemente, siempre está presente la tentación de la tibieza, de sofocar el Espíritu, de negarse a ‘comerciar con los talentos’ que se nos ha dado para nuestro bien y el de los demás (cf. Mt 25,25ss). Todos hemos recibido riquezas espirituales o materiales útiles para el cumplimiento del plan divino, para el bien de la Iglesia y la salvación personal. Los maestros de espiritualidad recuerdan que, en la vida de fe, quien no avanza, retrocede”. (…) “Ante un mundo que exige de los cristianos un testimonio renovado de amor y fidelidad al Señor, todos han de sentir la urgencia de ponerse a competir en la caridad, en el servicio y en las buenas obras . Esta llamada es especialmente intensa en el tiempo santo de preparación a la Pascua”.

domingo, 5 de febrero de 2012

¡Era una sensación tan extraña!




Hoy ha vuelto A., un hombre que puede decirse que representa a muchos españoles en estos momentos: sale abatido y empobrecido de un proceso de separación, con una hija pequeña. Pierde un trabajo cualificado y se convierte de la noche a la mañana en una persona sin hogar; todavía mendiga una ayuda entre familiares y amigos, pero los familiares no pueden, y los amigos tampoco pueden, o se molestan, y poco a poco van dejando de serlo.

Entonces recurre a Cáritas parroquial, pero sólo le dan algo de comida; va a tener que dormir en la calle y recurrir a los servicios para personas sin hogar, así entrará en otro mundo, opuesto al que disfrutaba no hace mucho. Ni siquiera irá al albergue, porque no soporta el ambiente, prefiere dormir en la calle, y si es posible pasar desapercibido. Quizá no duerma, a pesar del cansancio, hurgando en la memoria para cuando llegue el día seguir llamando a otras puertas, en otro tiempo abiertas para él, y a otras al azar, con la esperanza de acertar con la que le de una oportunidad de recuperar la dignidad.

Nos falta un dato desconcertanate: él es un hombre de Iglesia y de cofradía. A penas se le escapa una leve crítica, pero le duele reconocer que lo dejaron caer: “yo creía que al tener amigos dentro de la Iglesia iba a tener más ayuda, pero me mandan a cáritas”. Él no quería tener que dar ese paso, por eso el primer día que llamó a la puerta lo pasó mal, me costó convencerlo de que no tenía que sentir vergüenza, y que viniera cuando quisiera. Marchó algo animado, pero su confianza en la Iglesia se ha visto amenazada.

Hoy vuelve, han pasado meses, y lo encuentro más o menos como la primera vez, aunque ya un poco más dueño de sí mismo. Se sentó y comenzó a aliviar un poco su cabeza: “lo peor de todo fue tener que dormir en la calle. Cuando desperté y miré alrededor, no sabía donde estaba, qué había pasado. ¡Era una sensación tan extraña!”. Se resiste a acomodarse a vivir en la calle y a tener que comer de la caridad. Ya es casi un experto en esta vida “callejera”, y por eso no quiere acomodarse como hacen muchos.

Gracias a Dios, una buena persona le ha dejado una vivienda decente para librarse de la calle, y pronto cobrará la ayuda familiar, con lo cual piensa poder salir delante. Lo he visto más animado, ha luchado para no caer del todo porque tiene confianza en sí mismo. La verdad es que su aspecto no se ha deteriorado, su cara muestra una huella profunda, pero es un rostro más sereno, más dueño de sí, más sabio: es la prueba de haber superado un desafío que le había planteado la vida.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Testimonio




Hoy, como tenemos de baja a la trabajadora social, la actividad en la oficina es menor por lo que aprovechamos para tomar un café y charlar. Mi amigo J. que ahora está de manera permanente en el albergue de San Juan en Jerez me había prometido una visita y efectivamente, allí estaba, a las diez. Nos saludamos efusivamente y yo le pregunté enseguida por el hermano Juan Carlos.

En pocos minutos la oficina fue llenándose y entre los que llegaron estaba J.A., quien se alegró de encontrar allí a J.. Me llamó la atención cómo sintonizaban dos personas que han convivido en el mismo hogar, que dirige el hermano de la Misericordia, Hno. Juan Carlos. Todo son elogios del trato que allí reciben y las muestras de agradecimiento por la recuperación emocional y física conseguida, lo que les permite encarar la vida con mayor optimismo.

El albergue nace de la confianza en la Providencia, y de la labor del Hno. Juan Carlos que canaliza la generosidad de muchos y con ello satisface las necesidades vitales a otros muchos, menos afortunados, que se acogen con humildad y agradecimiento a la ayuda que se les ofrece. La misericordia acoge y no humilla, atrae más bien al que se encuentra necesitado o perdido. De este modo el Hno. se ha ganado el afecto y la admiración de numerosas personas, como mis dos amigos de esta mañana.
Viven en un albergue estupendo, bien gestionado y dirigido, todos los acogidos colaboran en alguna tarea, según su grado de compromiso y sus capacidades. Todos se encargan de la limpieza y mantenimiento, (el sábado, zafarrancho, me dice muy ufano J.A., incluso un día se rompió una pierna reparando una antena.) cada uno lava y plancha su ropa . Me dice J. que  el servicio para los transeúntes ya es diario, allí pueden asearse y cambiarse de ropa los que lo necesiten cualquier día de la semana. Además de atender a los transeúntes el centro ofrece la posibilidad de una larga estancia para los que están interesados en seguir un proceso más exigente hasta alcanzar su reinserción en la sociedad. Este centro ofrece así un servicio completo, coherente con el ejercicio de la caridad, permitiendo que los marginados se reincorporen a la sociedad con todos sus derechos y deberes de un ciudadano cualquiera.
Un ejemplo vale más que mil palabras. Así lo corroboran J. y J.A., el primero está encantado ayudando en distintas tareas no sólo en el albergue sino en alguna parroquia de la ciudad; el segundo expresa su deseo de dedicarse a los demás, la estancia en el albergue y el trato con el Hermano J.C. lo han marcado para siempre, confiesa que ve la vida de una manera muy diferente, ahora distingue mejor lo esencial y desprecia la vida fácil o marginal. Nos narra cómo un día que no estaba el Hermano él acogió a una persona que llegó en un estado lamentable, golpeado y chorreando. “No podemos dejarlo así” les dijo a los compañeros, tenemos que cuidarlo, y así lo hicieron. Tan bien lo hicieron que al volver el hermano los felicitó. Por eso dice que él ahora si ve a alguien que sufre no duda en echarle una mano. ¡Qué lección tan bien transmitida y qué bien aprendida!
No existen muchos centros así, o yo no los conozco, por eso me atrevo a escribir estas palabras, para animar a otros centros a seguir estos mismos pasos que responden a una demanda cada día mayor.
A cualquiera se le ocurriría preguntarse cuántos hermanos de la misericordia hay en este albergue, pues nada más que uno, bueno, uno con hábito y fiel a una rigurosa vida religiosa, pero, a mi me parece que son muchos, sin hábito, pero muchos hermanos: más de sesenta voluntarios y los mismos acogidos, que como J. y J.A. han aprovechado la estancia en el albergue no sólo en su beneficio sino como una lección para andar por la vida y hacersela más humana a quienes pasan ahora por momentos difíciles.


lunes, 30 de enero de 2012

¡Y comienzan a suceder maravillas!


“¡Y comienzan a suceder maravillas!”, así titula la última página de su  blog  Guillermo Urbizu, y continúa:

“Cuando el mayor deseo en el corazón de un hombre es que Dios haga en él su Voluntad, cuando ese hombre se abandona con humildad en Sus manos, con la certeza plena de que es el buen Padre quien mejor nos conoce y quien mejor sabe lo que nos conviene, entonces comienzan a suceder maravillas.

Sólo hay que abandonarse por completo y dejarse llevar. Dicho así, ¡qué fácil parece! Pero enseguida nos tropezamos con nuestra realidad, y chocamos con nuestras limitaciones. Ese orgullo, esa vanidad, esa soberbia (que nos convence de que solos podemos), o cualquier otro defecto que nos impida presentarnos ante el Señor, con las manos vacías, llenos de humildad para decirle: “Haz de mí lo que quieras. No me fío de mi, Padre, sólo en Ti confío. Haz que en mi vida sólo se cumpla Tu voluntad y no la mía, porque yo soy un auténtico desastre y ando siempre tropezando en las mismas piedras. Arranca cualquier cosa que de mí te estorbe, hazme a tu gusto. En Tus manos me pongo. Me fío por completo de Ti.”
 
Reconozco que yo lo he intentado, y lo intento, con frecuencia. Lleno mi corazón de buenos deseos y dispongo mi voluntad para luchar contra lo que me impidiera ese abandono tan deseado. Pero uno está lleno de limitaciones, y resulta agotadora esa lucha permanente… e interminable. Al menos en mi caso no funciona. La voluntad flaquea. Mi debilidad. Un día, bastante cansado, así se lo dije a Jesús: “A ver, Señor, yo no puedo más, no me sale, no llego. YO SÓLO, NO PUEDO. ¿Acaso tú no podrías quitarme lo que me impida abandonarme por completo a la Voluntad del Padre? Porque querer sí que quiero, pero está claro que yo solo no puedo.” Y algo me dijo en mi interior que Él me había escuchado. Incluso con agrado. Y también en ese instante, supe que me iba a ayudar”.

Supongo que no se molestará Guillermo Urbizu porque hoy me valga de sus palabras para transmitir una idea que me parece extraordinariamente alentadora, y que yo mismo no sería capaz de expresarlo tan sencilla y claramente.

viernes, 27 de enero de 2012

Sin rumbo





Hoy la oficina estaba a rebosar, como lo ha estado toda la semana, y como va siendo habitual, de momento la comprensión de los usuarios facilita las cosas, pero con una sola trabajadora social (T.S.) para atender a tantas personas, las horas de oficina son insuficientes y la trabajadora alarga voluntariamente la jornada para dar respuesta a todos los demandantes.

Por eso a M. le ha tocado volver después de la comida en el albergue, y aún tuvo que esperar a que lo pudiera recibir la T.S. Esto me permitió charlar con M. y conocer un poco de su vida, suficiente para saber que M. quiere acabar con su vida. Esto con veintiún años. Él es un chico trabajador, dejó muy pronto los estudios y se puso a trabajar con su padre en un negocio familiar; ocho años de trabajo y viviendo con comodidad hasta que los problemas familiares dan al traste con todo y con el negocio también. Se separan los padres y el padre se junta con una extranjera, dejando a M., su hijo, en un segundo plano; hasta que la relación padre-hijo también se rompe. Por eso desde hace unos pocos meses M. anda sin rumbo, como él dice: “ahora mismo me da igual ir a cualquier parte. No tengo ni idea de qué hacer. No tengo a nadie”. Está muy nervioso, con los ojos húmedos y conteniéndose para no explotar.

M. no entiende aún lo que le ha pasado, no puede por tanto asimilarlo para plantearse algo que le mueva a seguir adelante. Ya ha probado para sobrevivir el negocio de la droga, pero no le convence. Aún está a tiempo, ¿encontrará el ambiente adecuado, habrá para él un trabajo, encontrará a alguien en quien apoyarse, con la que está cayendo?

“Contra la crisis esperanza”; este consejo es válido, sin duda, lo difícil es mantenerlo día a día, ante cada una de las personas que se acerca diariamente para demandar algún tipo de ayuda, y no tienes respuesta. Es difícil especialmente cuando el que llega es “primerizo” y, si nadie lo remedia, tendrá que dormir en la calle por primera vez, la cara de desolación y las protestas contra la sociedad cobran un aspecto sombrío, y pueden oscurecer la luz de la esperanza. Lo único que entonces puede dar sentido a la vida es lo que aprendí hace poco de Edith Stein: ”También tenemos que aprender esto: ver a otros llevar su cruz y no poder retirársela”.

martes, 24 de enero de 2012

“Vivía asilvestrado”




Esta mañana tuvo un final feliz. No puedo por menos de expresar mi admiración por el cambio tan grande que ha dado esta persona, en a penas un mes que llegó a la oficina; llegó aplastado por una tragedia y se va aliviado. Externamente incluso ha cambiado, tanto que se puede expresar con sus mismas palabras: “es que vivía asilvestrado, estaba salvaje”; así me respondió al comentarle yo que no lo había reconocido el día anterior.

Llegó como enemigo de todo el mundo y se va transformado, no sólo con un aspecto aseado y relajado sino con modales y palabras amables. No quería ayuda y por fin, unos días de fiel tertuliano, otros pocos días en el albergue, y otros contactos especiales, quizá con Dios mismo,  lo han transformado, ha sabido reconocer su error y aprovechar la ayuda que se le podía dar;  ahora  ve, porque rompió el círculo trágico, y dispone del  ánimo necesario para buscarse una vida mejor.

Días así son una  prueba más que nos va llevando por la senda estrecha del esfuerzo, de la confianza  a pesar de no conocer el final de cada proceso, a pesar del escaso tiempo que compartimos con muchas de las  personas con las que tratamos. Estamos ahí, firmes, cada día, venga lo que venga, venga quien venga. Por eso le damos las gracias hoy a J., por reconocer su error con naturalidad y agradecer la ayuda recibida.

sábado, 21 de enero de 2012

Nos visita la Delegada de Asuntos Sociales del Ayuntamiento




Hoy hemos tenido una visita inesperada, pero muy digna de comentar y de agradecer. Por primera vez la Delegada de Asuntos Sociales del Ayuntamiento se acerca hasta nuestra oficina para darse a conocer y permitirnos exponerle nuestras opiniones.

Cada uno le expuso su idea y la escuchó con sumo interés: uno le expuso que habría que hacer algo para evitar que expulsen a los sin techo de los cajeros de los bancos sin ofrecer una alternativa; otro propuso una solución que se había puesto en práctica en otra ciudad en los meses más fríos, y que consistía en que el Ayuntamiento habilitó un polideportivo para que pudieran pernoctar allí. Yo mismo le sugerí que deberían tener en cuenta que la crisis está haciendo que se incremente el número de personas sin hogar día a día, que las plazas en los albergues son más insuficientes, por eso el Ayuntamiento debería habilitar un lugar que permita pernoctar a un número de personas previsible, al menos mientras dure la crisis. Demasiado número de personas en calle hará difícil encontrar lugares más o menos cómodos y puede que hasta se creen situaciones de cierta tensión. También se le informó de algunas carencias e irregularidades en el albergue.

Aún se podían dar muchas más ideas, pero ya estas les parecían excesivas a algunos por la carencia de presupuesto municipal a consecuencia de la crisis. Pero es que es un hecho y cada vez más complejo que generará tensiones que algún día pueden ser más incómodas para todos; la crisis alcanza a muchos pero el único que podría hacer un esfuerzo para atender esta situación social es el ayuntamiento, quizá cuando supriman alguna duplicidad de servicios con otra institución encuentren una partida para atender y prevenir males mayores.

La Delegada nos escuchaba un tanto sorprendida, quizá no se esperaba este recibimiento, pero de todos modos nos escuchó con interés y se ofreció a transmitir nuestras ideas al alcalde y a los concejales. Además nos transmitió que tiene el propósito de visitar el Pan Nuestro y el Albergue, y que piensa hacernos visitarnos de manera periódica.

Le agradecemos a la Delegada de Asuntos Sociales el detalle de acercarse hasta nosotros para escuchar de primera mano lo que las personas sin hogar allí presentes quisieron transmitirle, dando muestras de su buena disposición y su cercanía.