domingo, 23 de diciembre de 2012
lunes, 17 de diciembre de 2012
No saben qué hacer con la gente. La “casa que enloquece”
Hoy hemos
tenido una breve charla, como hacía algún tiempo no habíamos tenido, hablando
de los problemas de los usuarios (hacía tiempo también que no usaba esta
horrible palabra, pero para abreviar…). Hoy había un buen número de personas
pues la semana pasada ha estado de baja la trabajadora social, y de manera
especial una de ellas, una persona de mediana edad, descargó una parte
considerable de sus muchas preocupaciones.
Comenzamos a hablar de lo difíciles que están las cosas, de cuánto
van a durar y poco a poco fuimos descendiendo a los problemas concretos de cada
uno de los presentes; uno se quejaba de que no había trabajo en Huelva ni
en Almería, y que este año se agrava la situación por la escasez de aceituna,
tampoco se necesita mano de obra en esta recolección. Yo he oído por la radio,
precisamente, que esta escasez hará que suba el precio del aceite de oliva
hasta los cinco euros, y que ya muchas mujeres están haciendo acopio de aceite.
Luego se centró más la conversación entre esta persona que decía y
otro más que había estado pescando algunas temporadas, y comentábamos las
dificultades que pasan los pescadores del pez espada, y una en especial, los
numerosos cortes que les hacen estos enormes peces en las piernas con sus
violentos movimientos al echarlos en la cubierta. Y aquí es donde estaba la
preocupación de nuestro amigo, venía desde el norte, Asturias, para hacer un
curso relacionado con la pesca e irse de nuevo a ganarse la vida al mar.
Pero, hablando de “la casa que enloquece”, o sea, la
Administración, es donde nos surgió la frase que da título a este post, y la
califico así “la casa que enloquece” porque es lo más parecido al capítulo de
Asterix y Obelix en el que tratan de solicitar un permiso para ir a la
Legión romana y los mandan de una ventanilla a la otra y de una planta a otra
en un edificio de varios pisos; el mismo Obelix termina agotado. Pues bien,
podemos imaginarnos lo que supone a un español de hoy tener que solicitar o
presentar cualquier instancia para cualquier necesidad, esta imagen del comic se
queda pequeña comparada con nuestra España fragmentada en diecisiete
administraciones o comunidades autónomas, algunas paladeando la independencia.
A continuación nos desgranaba cuales eran las causas de su
presencia en San Fernando, además de las de buscar trabajo; “renuncio a
cualquier prestación social que me den, porque la mayor parte se la lleva ella;
no merece la pena; prefiero no cobrar, perder el derecho a cobrarla y
trabajar”. De su pensión le quitaban la mayor parte y con lo que le quedaba no
podía vivir. Estas eran las ideas que repetía una y otra vez mientras nos iba
contando su proceso de separación, a la vez que hacíamos una crítica de la ley
de violencia de género, que parece ciega, defiende radicalmente de la mujer y
al hombre lo condena de antemano como maltratador. Sus palabras transmitían
mucho dolor, a pesar de haber seguido un proceso de reconciliación guiado no la
lograron; y lo peor es cuando hablaba de los hijos, se emocionaba este hombre
cuando describía su comportamiento cuando le tocaba cuidarlos a él y cómo se
esforzaba en controlarlos un poco en sus excesos e indisciplina; “cuando venían
de estar con ella era horrible. No les hacía caso, luego no querían ir con
ella”.
Quizá me he extendido en este párrafo, y no sé con certeza quién
era el más responsable en este proceso de separación, pero quiero dejar
constancia de los lamentos de un hombre que sufre las consecuencias
nefastas de la ley de violencia de género. Y no estoy defendiendo a los
maltratadores, sólo quiero criticar una ley injusta, mal planteada y
discriminatoria; “discriminación positiva”, ¿con esta absurda calificación
pretenden ser justos?, ¿cómo se va a hacer justicia discriminando? Casi me da
miedo expresar esta opinión, pues se me echarían encima muchas personas,
incluso conocidos y amigos, y con usar solo el masculino en estas dos palabras
algunos estarán diciendo “ese es un facha”, o cualquier otro insulto
desproporcionado e inexacto.
En cualquier caso la justicia es imparcial, la justicia verdadera
juzga los hechos y a las personas sean quienes sean y no por lo que sean,
pobres o ricos, hombres o mujeres, y a cada cual le da su merecido de acuerdo a
su falta; las faltas no tienen género, son crímenes y ya está. No me cansaré de
decir que esta ley consagra la división social más atroz entre hombres y
mujeres, por eso es destructiva, genera odio y desestabiliza la base de la
sociedad que es la familia, tarea que completa con la invención de no sé
cuántos tipos de familia. Hay que ver cuántos tipos de familia figuran en
nuestras fichas de acogida. ¿Es todo esto normal?, ¿Nos hemos vuelto todos locos?
Yo creo que sobre todo nos hemos vuelto egoístas, sujetos de derechos y
pocos o ningún deber. Así nos va, qué será eso del bien común…
sábado, 15 de diciembre de 2012
Encuentro de voluntarios de Cáritas Arciprestal de San Fernando, Navidad 2012
Un año más celebramos nuestro encuentro “de invierno”, o
mejor, de Navidad. Comenzaré diciendo que fue un encuentro muy agradable, y que
me alegro de que fuera en la parroquia de El Buen Pastor, porque se lo merecen,
y a los demás también nos viene bien cambiar de aires, y acercarnos a periferia…
En primer lugar nos dirigió unas palabras el P. Alfonso para
agradecer nuestra presencia y para informarnos de la inminente apertura de una
Oficina Jurídica en la sede arciprestal, con el fin de que vayamos difundiendo
esta excelente novedad entre los acogidos de nuestras parroquias que tengan
problemas de cualquier tipo con la administración o la justicia.
A continuación el P. Félix nos ofreció una oportuna
reflexión sobre la Esperanza. Alabo yo su clarividente criterio al elegir este
tema en vez de la Caridad o la Fe, aunque seamos voluntarios de Cáritas y
creyentes, porque, como bien nos expuso, si transmitiéramos esperanza a los
acogidos con nuestra forma de actuar, entonces estábamos poniendo en práctica
la caridad y sin duda la fe, ya que de ellas brota la esperanza, y así seremos
constructores del Reino de Dios. Su discurso estuvo plagado de textos bíblicos,
de manera que sus palabras eran claras y
sinceras, la mejor manera de facilitarnos a nosotros una buena reflexión sobre
nuestra forma de actuar como voluntarios de Cáritas.
Al finalizar la Eucaristía, el equipo de El Buen Pastor nos
obsequió con una participación de lotería segura al Nº 241212, un gesto simpático a la vez que nos recuerdan
donde debemos poner nuestras esperanzas.
Por fin pasamos al comedor preparado para la ocasión donde
compartimos nuestras viandas, noticias
y experiencias. Aún tuvimos que escuchar,
en silencio contenido, la presentación de la campaña de Cáritas para este año.
Digo esto porque estábamos deseando dar
rienda suelta a los saludos, preguntas y comunicaciones entre unos y otros dado
que la hora era ya un tanto avanzada.
Salvando estos pequeños inconvenientes nos dimos a la comida
y a la charla con los ánimos redoblados. Lo primero que me apetece destacar es la alegría que me dio ver a los sufridos
voluntarios de la Oliva muy relajados y contentos con el nombramiento de los PP
Blancos como responsables de su parroquia. Otro aspecto muy positivo de la
convivencia es, como ya he dicho, el
lugar elegido en esta ocasión, dándonos oportunidad de salir de nuestro entorno
cotidiano y tomar contacto, en mi caso por primera vez, con un equipo muy bien organizado,
muy activo y muy numeroso, el que cuenta
con mayor número de jóvenes.
Quizá es ahora cuando me toca lamentar las ausencias, porque
considero que ver a un equipo que cuenta con tantos jóvenes comprometidos con
Cáritas, y además bien preparados, nos
puede servir de estímulo para alcanzar este objetivo tan deseado en nuestros
equipos parroquiales, para asegurar el relevo, en algunos casos necesario y
urgente. Yo tuve la oportunidad de charlar con algunos de los jóvenes, gracias
al P. Damiano, y en pocos minutos estábamos compartiendo algunas de nuestras
actividades.
Puedo decir una vez más que no hay encuentro de voluntarios
que no sea una oportunidad estupenda para vernos, muchos ya como amigos, y para intercambiar
experiencias y cargar los ánimos, un poco maltrechos a veces por la carga que
se nos acrecienta cada día, y el escaso número de voluntarios para soportarla.
Terminaré como siempre, optimista, aunque no sé si tanto
esta vez, diciendo que no importa, que los que estamos valemos, y mientras
sigamos convencidos Cáritas de San Fernando seguirá haciendo un papel muy
decente en la sociedad, y más ahora con esa buena noticia de la apertura de la
Oficina Jurídica, una oferta extraordinaria para aliviar a quienes son presa de esta crisis tan
insensible y persistente (iba a poner “pertinaz…como aquella sequía”…).
PS. Lo he pensado mejor, el P. Félix me ha dado la clave
para definir este encuentro, ha sido el encentro de la esperanza, pues nos dio la medicina adecuada para curar nuestros
posibles achaques o dudas y el baremo para saber si estamos actuando bien o no
tan bien como esperan de nosotros. OM
martes, 27 de noviembre de 2012
Uno no entiende qué pasa
A veces da miedo haberse ofrecido a ayudar a alguien, cuando
te quieres dar cuenta son demasiados los que te requieren para cualquier necesidad, y
entonces, se ve uno tan impotente, tan incapaz, y sin embargo, sólo por
escuchar recibes tal cantidad de agradecimiento que abruma la mayor parte de
las veces.
Entonces uno no entiende qué pasa, no sabes qué hacer,
tampoco te puedes retirar, deseas la tranquilidad, dedicarte a tus cosas, pero sigues
sin decir no, y enlazas con una nueva demanda sin darte cuenta, y ya no deseas
tiempo para ti y no tener preocupaciones
personales, lo único que deseas es seguir escuchando, visitando, pasando un
rato con alguien que requiere una
palabra, unos oídos atentos a sus palabras que claman por algo que les aflige o
huyendo de las soledad y la nada que los quiere atrapar.
Hay días que deseas dejarlo todo, agobiado por tus propios
problemas, piensas que no vale la pena el esfuerzo, o que quizá estabas
equivocado; en un instante cambia tu percepción de las cosas, un pequeño empujón
y te disipa tus dudas, te pones en marcha y acudes a la nueva demanda como si
nada hubiera pasado.
sábado, 17 de noviembre de 2012
Respetemos la vida como un don, y conservémosla agradecidos
Hoy voy a tratar de otro asunto, aunque tiene una conexión directa
con el contenido y la finalidad de este blog, el asunto de hoy es la defensa de
la vida desde su nacimiento, venga como venga, y yo creo que tiene mucho que
ver con este blog ya que en
un caso pedimos que el vientre de la madre sea una casa acogedora para toda
criatura, y en el segundo pedimos un hogar en el que vivir y morir dignamente.
Esta mañana he estado pidiendo firmas para que el gobierno derogue
la ley del aborto y a cambio ofrezca a las futuras madres todas las garantías a su alcance para que den a luz
felizmente. No hace mucho que me hice voluntario de la “Plataforma Aborto 0,” y la verdad es
que ha sido una experiencia interesante, hemos creado un grupo de manera totalmente
espontánea, bastó que alguien nos hiciera una llamada para ponernos en marcha y
darle a otras muchas personas generosas la oportunidad de manifestarse por la
vida, sin restricciones, sin prejuicios, sin miedos.Lo único que me preocupaba
era tener tiempo y fuerzas para implicarme en las actividades de un grupo tan
importante; la verdad es que los compañeros me lo han hecho fácil.
“¿Ya ha firmado usted contra el aborto?”, “Estoy pidiendo firmas
para pedirle al gobierno…” así “asaltamos” a las personas para que tomen una
decisión instantánea…pues no se crean…dudan la mayoría si quieren defender la
vida siempre, o no; son padres, abuelos, tíos, primos…anteponen a la hija, esposa, la prima o la nieta a la
criatura que lucha por vivir y nacer a expensas de su madre, ¿no sería mejor
apoyar a esta mujer, sola ante una disyuntiva inexcusable y apremiante?
Y se da este otro caso que refleja lo enferma que está esta
sociedad, lo desasistidas que están intelectual y moralmente muchas personas,
incapaces de adoptar una decisión firme en la defensa de la vida, porque nos
han hecho creer que la mujer tiene derecho a decidir si su hijo debe vivir o
no, como si ella tuviera el control de la vida y conociera lo que va a ocurrir
en el futuro. Es un ejemplo más de la huida ante las dificultades, de una
sociedad cobarde pero cómoda y egoísta. Se ha dado el caso de personas que no
quieren firmar o apoyar el “movimiento por la vida” por temor a no encontrar
trabajo o que les pongan dificultades si lo tienen.
Entre las personas que “asalté” esta mañana estaba un matrimonio,
dos personas extraordinarias con su niño, muy alegre; extraordinarias porque a
pesar de no firmar contra el aborto estuvimos conversando al menos veinte
minutos, civilizadamente, tanto que me sorprendió la gratitud de la mujer al
despedirse dándome un par de besos. Estaban de acuerdo conmigo en la barbaridad
que supone el aborto, pero, ella trabaja en un servicio público y “ha tenido”
que aconsejar o apoyar a mujeres que han querido abortar. Yo le insinué el
recurso de la adopción, pero ellos criticaron duramente la ley de adopción
porque sólo permite adoptar niños con problemas o taras, hasta el punto que
ellos decidieron recurrir a la fecundación in Vitro, porque no podían tener
hijos. Y créanme, el niño es hermosísimo, y tan alegre que era la expresión de
la felicidad.
Los padres son dos personas juiciosas, que son conscientes de las
contradicciones de esta sociedad y de la manipulación a que está sometida,
definieron literalmente esta sociedad como una “dictadura democrática”, ¿cabe
mayor contradicción? Aún hay esperanza, merece la pena seguir dando a la gente
responsable la oportunidad de expresar su opinión, ser cauce de un río
cada vez más caudaloso, capaz de fertilizar un terreno tan pedregoso, escabroso
y baldío como es la sociedad que están queriendo construir unos constructores
mal intencionados y enemigos de Dios y de la humanidad.
lunes, 12 de noviembre de 2012
Una mañana de emociones
Esta mañana estaba la oficina llena de transeúntes, el frío
repentino ha empujado a muchos a buscar refugio en el hogar. Hoy tenía yo otra
misión y estuve menos tiempo, el suficiente para disfrutar de tres escenas
conmovedoras que no quiero dejar pasar para que no caigan en el olvido,
devoradas por el vértigo de acontecimientos que provoca la crisis diariamente.
Nuestro amigo D., que lleva ya una temporada entre nosotros,
aunque añora el clima de Canarias, estaba esta mañana en su puesto, aterido de
frío, pidiendo unas monedas, solo las
suficientes para comprar algo de comer.
Yo llegué a la oficina y, como he dicho, estaba llena; aún
así entró F. con su silla de ruedas y traía una cara como jamás le había visto,
feliz, radiante, de manera que parecía que volaba , y como no acertaba a hablar
le pregunto qué pasa, qué buena noticia traes, suéltala ya, y contesta
emocionado: “ya tengo la pantalla, además grande”; quién te la ha dado, le
pregunto, y me dice que se la han proporcionado en “Madre Coraje”. Esta
pantalla significa mucho para F., significa que ya está a punto de poner en
marcha el mecanismo que le hacía falta para ganarse la vida, e incluso piensa
en llegar a obtener beneficios para ayudar a otros.
Por fin, llevamos meses tratando de conseguir un ordenador
para que F. desarrolle sus capacidades de informático, él tiene una prisa
enorme porque dice, con toda naturalidad, que como está en fase terminal teme
quedar totalmente incapacitado antes de procurarse algunas mejoras o
comodidades en su vida. Hacía después balance de sus últimos meses: seis
durmiendo en un cajero, seis en un piso caro y malo, y tres con una compañía
aceptable, y aquí viene la segunda emoción de la mañana.
Cuando ya nos hemos repuesto un poco de la primera me regala
la segunda emoción: mirándome con esa mirada que pone cuando está en su mejor
momento me dice. “¿le llevas un café a D., que hace mucho frío?”…Esto ya me
desborda, de las quejas continuas han pasado en poco tiempo a esta amistad y
esta familiaridad incluso. Por supuesto que no hizo falta que me lo pidiera dos
veces.
Cuando llegué con el café al puesto de D. lo encuentro
acurrucado por el frío, pero no sólo, tiene los ojos húmedos y me mira y me
dice con la voz entrecortada:”estoy llorando de emoción. Acaba de pasar un
chico joven y me ha dado esta braga - señalando el cuello bien abrigadito-, se
lo ha quitado él, que la llevaba puesta y me la ha dado. Y ahora me traes el
café…”; era lo que le faltaba hoy a D.”
F. siempre se despide con un “Que Dios te bendiga”, y
cualquier favor que recibe lo toma por una bendición, por eso la mejor manera
de terminar hoy el relato es: “bendito sea Dios”.
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