miércoles, 9 de enero de 2013

Sólo me quedo con lo mejor que la vida me ofrece



(Hoy tengo el permiso del autor para publicar  este post, la respuesta de una gran persona, pues de bien nacido es ser agradecido, y él lo demuestra con creces.
Pero sobre todo constituyen un impulso para todos aquellos que se dedican a los demás,  un aliento en los momentos de crisis o dudas. Yo tengo que confesar que estaba pasando un momento de esos; calculaba mis fuerzas y pensaba reducir mi tiempo dedicado a los demás, sin embargo ahora me siento más capaz de seguir adelante.)

Se de dónde vengo y en qué lugar me encuentro, lo que intento descubrir es a donde mis pasos me llevaran.

Solo me quedo con lo mejor que la vida me ofrece, la vida en sí, una vida de salud y esa mano tendida del desconocido saludándome al pasar, esos buenos días, ese como estas, y mucho más feliz cuando alguien quiere compartir contigo ese mendrugo de pan que solo él tiene para comer.

Aun en estos instantes de la vida tan difíciles, aun encuentras humanidad, amistad, compartir lo poco que hay, el calor de un nuevo amigo que acabas de conocer y no le importa compartir contigo lo único que él posee, humanidad, que palabra tan corta y qué difícil es para algunos pronunciar y menos ayudar.

En mi vida conocí todo tipo de personajes, me recibían en
soberbios despachos, me sentaba a comer en las mesas de los poderosos, compartí sonrisas y fortuna con grandes políticos, viaje por casi todo el mundo, y de todo eso y cuando me a llegado la hora me di cuenta que todo era una hipocresía de una vida, la vida del ser humano es como una ruleta, y tu eres un numero mas dentro de ella, el día que esa bola caiga en tu numero, estarás fuera del entorno de todos aquellos que tenias en su momento a tu lado y luego desaparecen porque ya no tienes con que jugar, ya no tienes que ofrecerles, hoy me doy cuenta que la verdadera vida, donde no hay hipocresía esta en aquellos que solo tienen lo que pueden alcanzar cada día para subsistir, desde que he descubierto la verdadera sociedad, la verdadera humildad, la verdadera amistad, no dejo de pensar en aquellos que sin tener para ellos subsistir, me han tendido la mano y de lo poco que ellos tenían me loan ofrecido, que bella es la vida cuando un olvidado de los demás, es el primero en darte lo mejor que él posee, su amistad, su cariño, el calor de una familia que nunca supiste ver que siempre ha estado ahí, hoy me doy cuenta, que nunca me había fijado que existiese, esa familia que su casa y hogar son las calles, cambian de residencias varias veces al año, unas veces debajo de un puente, otras en las esquinas de una calle fría, húmeda y muchas veces empapados hasta los huesos, estos son indiferentes para los demás cuando pasan ante ellos, otras el hueco de un cajero o el portal de una casa, los más afortunados recogidos por esas asociaciones de ayuda al desvalido, donde te dan ropa limpia y seca, una ducha, comida y cuando hay lugar puedes dormir en una cama con sabanas limpias, pero lo que muchos desconocen, es que estos seres humanos iguales que todos los demás, suelen tenderte la mano, no solo para pedir alguna caridad, si no para que te levantes y sigas un poco más ese camino difícil, esto es difícil de pensar para algunos que no saben lo que es estar en esa situación.

Me pregunto, porque he sido tan indiferente ante lo que la vida cotidiana me estaba enseñando, porque mis ojos en esos instantes de la vida no me dejaron ver la realidad de los que muchos llaman indeseables de una sociedad opulenta, yo diría mas bien ciega, ahora me doy cuenta que no solo era ciego, sino también un hipócrita de la vida. Hoy pienso y digo, porque en los primeros años de nuestras vidas adultas, la vida no nos hace pasar una larga temporada en las calles, pasar por los mismos trances y situaciones en que estos seres humanos, pasan cada día estas situaciones inhumanas.

Algunos de todos aquellos que no ven la verdad dicen. Que estos olvidados de los demás, son como candilejas que dan luz a la ciudad, y si faltasen ellos que harían todos aquellos que rigen sus finanzas de la pobreza, otros ni piensan ni quieren saber que existen, por eso solo hay que esperar y ver que muchos de estos que antes estaban en una opulencia desahogadas, ahora se dan cuenta que son una candileja más de la ciudad.

La amistad, no se compra, la amistad no se vende, la amistad nace desde lo más profundo del ser humano, cuando descubres que eres tan ser humano como ellos, dejas de pensar en ti mismo, y tiendes la mano al necesitado.

Sé de dónde vengo, se donde he estado, se donde estoy y sé lo que yo quiero, mi mayor deseo es reunirme algún día, con todos aquellos que en su momento me tendieron sus manos, me acogieron en su entorno y compartieron lo poco que tenían. Hoy cada vez que paso por delante de uno de esos compañeros ya no soy tan indiferente, hoy me doy cuenta que la vida se ve distinta desde diferentes lados, hoy me digo que si tuviese que tener amigos, cariño o amor por dinero, prefiero estar al lado de los menos afortunados, pienso y afirmo, que infelices fuimos algunos de nosotros, tuvimos que comprar la amistad, el cariño y el amor, cuando eso te lo regalan o lo ganas tu mismo, solo con una sonrisa, respecto para los demás y ante todo sentirse un ser humano.

Hoy desde aquí doy las gracias a muchos y otros de estos compañeros de camino, que en su momento me han tendido la mano y han compartido con migo lo poco que ellos tenían, siempre los llevo dentro de mis pensamientos, y a los que espero ver si dios quiere lo antes posible, solo espero que las cosas caminen mejor, quiero devolver con cariño y amor, todo lo que ellos me ofrecieron y más.

Antonio Rodriguez González….. R.P.R

martes, 8 de enero de 2013

Y un jamón…




Pues sí, nada menos que un jamón ha regalado esta Navidad una persona a todos los que diariamente frecuentan la oficina del Programa de Personas Sin Hogar de Cáritas. Alguien que ha visto de cerca la labor que aquí se realiza y ha entendido que tanto las personas que vienen en busca de ayuda, como los que intentan darla, se merecían este premio.

Pues no me queda más remedio que agradecérselo en nombre de todos, y expresarle nuestro reconocimiento al valorar tan alto este servicio. Porque no es lo que valga un jamón, es lo que significa: estima, aprecio y mucho agradecimiento a alguien, en este caso a nosotros.

La verdad es que es otro gesto extraordinario más que viene a reflejar que cada vez más personas se conmueven ante las carencias de otros. Como he dicho en otra ocasión, este año hemos apreciado una sensibilidad especial en el barrio hacia las personas que visitan nuestra oficina y hacia nosotros mismos. A mi me gusta vivir la sensación de que estas personas sin hogar que acuden a Isaac Peral 15 cada día  no son ignorados por los demás, no molestan a nadie e incluso buscan la manera de ayudarles.

A ver si este año el “tiempo de Navidad”, de la generosidad sin límite, se prolonga todo el año, enlazamos con las siguientes Navidades, y así sucesivamente año tras año, persiguiendo sin descanso la construcción del reino de Dios: Reino de paz, de justicia, de Amor y verdad.

domingo, 6 de enero de 2013

HOMILÍA DEL PAPA EN LA MISA DE EPIFANÍA



(De nuevo me atrevo a resumir la Homilía del Papa en la Misa de Epifanía, espero no haber desfigurado o recortado demasiado su mensaje, como siempre luminoso y atrayente.)

Queridos hermanos y hermanas

Los Magos de Oriente que, bajo la guía de la estrella, encontraron el camino hacia el pesebre de Belén, son el comienzo de una gran procesión que recorre la historia.

La Iglesia llama a esta fiesta «Epifanía», la aparición del Divino. Si nos fijamos en el hecho de que, desde aquel comienzo, hombres de toda proveniencia, de todos los continentes, de todas las culturas y modos de pensar y de vivir, se han puesto y se ponen en camino hacia Cristo, podemos decir verdaderamente que esta peregrinación y este encuentro con Dios en la figura del Niño es una Epifanía de la bondad de Dios y de su amor por los hombres (cf. Tt 3,4).

Siguiendo una tradición iniciada por el beato Papa Juan Pablo II, celebramos también en el día de la fiesta de la Epifanía la ordenación episcopal de cuatro sacerdotes que, a partir de ahora, colaborarán en diferentes funciones con el ministerio del Papa al servicio de la unidad de la única Iglesia de Cristo en la pluralidad de las Iglesias particulares. El nexo entre esta ordenación episcopal y el tema de la peregrinación de los pueblos hacia Jesucristo es evidente. La misión del Obispo no es solo la de caminar en esta peregrinación junto a los demás, sino la de preceder e indicar el camino.

Los hombres que entonces partieron hacia lo desconocido eran, en cualquier caso, hombres de corazón inquieto. Hombres movidos por la búsqueda inquieta de Dios y de la salvación del mundo. Hombres que esperaban, que no se conformaban con sus rentas seguras y quizás una alta posición social.
Pero no solo querían saber muchas cosas. Querían saber sobretodo lo que es esencial. Querían saber cómo se puede llegar a ser persona humana. Y por esto querían saber si Dios existía, donde esta y cómo es. Si él se preocupa de nosotros y cómo podemos encontrarlo. No querían solamente saber. Querían reconocer la verdad sobre nosotros, y sobre Dios y el mundo.

La peregrinación interior de la fe hacia Dios se realiza sobre todo en la oración. San Agustín dijo una vez que la oración, en último término, no sería más que la actualización y la radicalización de nuestro deseo de Dios. En lugar de la palabra «deseo» podríamos poner también la palabra «inquietud» y decir que la oración quiere arrancarnos de nuestra falsa comodidad, del estar encerrados en las realidades materiales, visibles y transmitirnos la inquietud por Dios, haciéndonos precisamente así abiertos e inquietos unos hacia otros.

Volvamos a los Magos de Oriente. Ellos eran también y sobre todo hombres que tenían valor, el valor y la humildad de la fe. Se necesitaba tener valentía para recibir el signo de la estrella como una orden de partir, para salir –hacia lo desconocido, lo incierto, por los caminos llenos de multitud peligros al acecho. Pero la búsqueda de la verdad era para ellos más importante que las burlas del mundo, aparentemente inteligente.

Quien vive y anuncia la fe de la Iglesia, en muchos puntos no está de acuerdo con las opiniones dominantes precisamente también en nuestro tiempo. El agnosticismo ampliamente imperante hoy tiene sus dogmas y es extremadamente intolerante frente a todo lo que lo pone en tela de juicio y cuestiona sus criterios. Un Obispo ha de ser valeroso, y ese valor o fortaleza no consiste en golpear con violencia, en la agresividad, sino en el dejarse golpear y enfrentarse a los criterios de las opiniones dominantes.


sábado, 29 de diciembre de 2012

Tiempo de Navidad




Estos días plagados de fiestas son un tanto contradictorios, celebramos la venida del mismo Dios al mundo, en las condiciones más humildes, como un verdadero sin techo de nuestros días, y la mayoría de la gente lo celebra disfrutando, de vacaciones si tienen esa suerte. Total, que los sin techo siguen siendo marginados en estas fiestas.

Por eso se me ocurre que la mejor manera de celebrar estas fiestas, y más cristianamente, sería preocupándose de que nadie estuviera solo, cada uno en la medida de sus posibilidades. Y no quiero que suene a crítica generalizada, empiezo por decírmelo a  mi mismo.

Pero no todo es como al principio digo, hay muchas personas que piensan en los sin techo y personas necesitadas. Este año llama la atención la movilización que ha habido y sigue habiendo para conseguir donativos a favor de los más castigados por la crisis.

Los voluntarios y todos los que participan en el Programa Diocesano de Personas sin Hogar, estamos muy contentos con el vecindario, porque se dan cuenta de que estamos ahí, de quienes están ahí, y alivian el escaso presupuesto que tenemos para la compra diaria de café y bollería. A veces acuden personas que no han desayunado, o quizá sin comer un día entero, y agradecen el cafelito caliente que les ofrecemos. Incluso hemos recibido un donativo extraordinario,  y de manera totalmente anónima.

También son numerosas las personas que se acercan para preguntarnos si recogemos ropa, o cómo pueden contribuir con Cáritas, o al revés, cómo pueden recibir ayuda de Cáritas; entonces les informamos de lo que tienen que hacer o a donde tienen que ir. No me había dado cuenta tan claramente como ahora que estoy escribiendo estas cosas de que nos hemos convertido también en un punto de información muy estratégico, ya que estamos en el centro de la ciudad, al lado del Ayuntamiento.

Y ya que menciono el Ayuntamiento quiero comentar algo que sirve para mejorar la imagen de las personas sin hogar. Recién mudados a esta oficina, alguien escucho de labios de algunos concejales o funcionarios del Ayuntamiento unas palabras muy duras. “vaya la que nos ha caído”…y otras palabras que no recuerdo bien, pero que dejaban ver que no les gustaba ver por allí a estas personas. Jamás, en los dos años que llevamos, ha habido una sola queja, y en una ocasión hemos recibido la visita de la concejala de Asuntos Sociales, con la promesa de que se repetiría, y nuestras relaciones con el Ayuntamiento son muy fluidas y buenas.

Como puede apreciarse el espíritu de la Navidad está muy vivo, gracias a Dios, y merece la pena celebrar estas fiestas, hacen aflorar los mejores sentimientos de las personas, aunque haya muchas que sufran por distintos motivos. Yo, hace años era de los que padecían la Navidad, pero me di cuenta de que era por culpa mía y hoy me gusta especialmente esta fiesta, celebramos en Nacimiento de Dios mismo, nos volcamos en que todo el mundo disfrute de esta alegría de mil maneras, parece como si hiciéramos real el Reino de Dios, reino de Paz, de Justicia, de Amor y Verdad.

martes, 25 de diciembre de 2012

Homilía de Benedicto XVI de la Santa Misa de Nochebuena de la Solemnidad de la Navidad:




He intentado resumir la homilía del Papa, una vez más, y confieso que me es muy difícil, porque cada palabra que expresa el Santo Padre es esencial, está llena de contenido, su mensaje es de una pieza. Por eso lo que pretendo es un pequeño homenaje al mismo Santo Padre y, aprovechando sus palabras, también  a la Navidad.Como ya he dicho otras veces, él es un nuevo Padre de la Iglesia, un guía extraordinario para los tiempos que nos está tocando vivir.


Queridos hermanos y hermanas:

Nuevamente nos conmueve que Dios se haya hecho niño. Dice algo así: Sé que mi esplendor te asusta, que ante mi grandeza tratas de afianzarte tú mismo. Pues bien, vengo por tanto a ti como niño, para que puedas acogerme y amarme.

Nuevamente me llega al corazón esa palabra del evangelista, dicho casi de pasada, de que no había lugar para ellos en la posada. Esta noticia aparentemente casual de la falta de sitio en la posada, es profundizada en su esencia por el evangelista Juan cuando escribe: «Vino a su casa, y los suyos no la recibieron» (Jn 1,11).

¿Tenemos un puesto para Dios cuando él trata de entrar en nosotros? ¿Tenemos tiempo y espacio para él? ¿No es precisamente a Dios mismo al que rechazamos? Y así se comienza porque no tenemos tiempo para él. Cuanto más rápidamente nos movemos, cuanto más eficaces son los medios que nos permiten ahorrar tiempo, menos tiempo nos queda disponible.

La metodología de nuestro pensar está planteada de tal manera que, en el fondo, él no debe existir. Aunque parece llamar a la puerta de nuestro pensamiento, debe ser rechazado con algún razonamiento.

Tampoco hay lugar para él en nuestros sentimientos y deseos. Nosotros nos queremos a nosotros mismos, queremos las cosas tangibles, la felicidad que se pueda experimentar, el éxito de nuestros proyectos personales y de nuestras intenciones. Estamos completamente «llenos» de nosotros mismos, de modo que ya no queda espacio alguno para Dios. Y, por eso, tampoco queda espacio para los otros, para los niños, los pobres, los extranjeros.

A partir de la sencilla palabra sobre la falta de sitio en la posada, podemos darnos cuenta de lo necesaria que es la exhortación de san Pablo: «Transformaos por la renovación de la mente» (Rm 12,2). Pablo habla de abrir nuestro intelecto (nous), del modo en que vemos el mundo y nos vemos a nosotros mismos.

En el relato de la Navidad hay también una segunda palabra sobre la que quisiera reflexionar con vosotros: el himno de alabanza que los ángeles entonan después del mensaje sobre el Salvador recién nacido: «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace».

Dios es glorioso. Dios es luz pura, esplendor de la verdad y del amor. Él es bueno. Es el bien por excelencia. El canto de los ángeles es una irradiación de la alegría que los inunda. En sus palabras oímos, por decirlo así, algo de los sonidos melodiosos del cielo.

Queremos dejarnos embargar de esta alegría: existe la verdad. Existe la pura bondad. Existe la luz pura. Dios es bueno y él es el poder supremo por encima de todos los poderes. En esta noche, deberíamos simplemente alegrarnos de este hecho, junto con los ángeles y los pastores.

Con la gloria de Dios en las alturas, se relaciona la paz en la tierra a los hombres. Donde no se da gloria a Dios, donde se le olvida o incluso se le niega, tampoco hay paz. Hoy, sin embargo, corrientes de pensamiento muy difundidas sostienen lo contrario: la religión, en particular el monoteísmo, sería la causa de la violencia y de las guerras en el mundo.

Si es incontestable un cierto uso indebido de la religión en la historia, no es verdad, sin embargo, que el «no» a Dios restablecería la paz. Si la luz de Dios se apaga, se extingue también la dignidad divina del hombre. Entonces, ya no es la imagen de Dios, que debemos honrar en cada uno, en el débil, el extranjero, el pobre. Entonces ya no somos todos hermanos y hermanas, hijos del único Padre. Qué géneros de violencia arrogante aparecen entonces, y cómo el hombre desprecia y aplasta al hombre, lo hemos visto en toda su crueldad el siglo pasado.

Así pues, Cristo es nuestra paz, y ha anunciado la paz a los de lejos y a los de cerca (cf. Ef 2,14.17). Cómo dejar de implorarlo en esta hora: Sí, Señor, anúncianos también hoy la paz, a los de cerca y a los de lejos. Haz que, también hoy, de las espadas se forjen arados (cf. Is 2,4), que en lugar de armamento para la guerra lleguen ayudas para los que sufren. Ilumina la personas que se creen en el deber aplicar la violencia en tu nombre, para que aprendan a comprender lo absurdo de la violencia y a reconocer tu verdadero rostro. Ayúdanos a ser hombres «en los que te complaces», hombres conformes a tu imagen y, así, hombres de paz.

Los pastores movidos por una santa curiosidad, acudieron a ver en un pesebre a este niño, que el ángel había dicho que era el Salvador, el Cristo, el Señor.

Vayamos allá, a Belén, dice hoy la liturgia de la Iglesia. Trans-eamus traduce la Biblia latina: «atravesar», ir al otro lado, atreverse a dar el paso que va más allá, la «travesía» con la que salimos de nuestros hábitos de pensamiento y de vida, y sobrepasamos el mundo puramente material para llegar a lo esencial, al más allá, hacia el Dios que, por su parte, ha venido acá, hacia nosotros.

Vayamos allá, a Belén, también a la ciudad concreta de Belén, en todos los lugares donde el Señor vivió, trabajó y sufrió. Pidamos en esta hora por quienes hoy viven y sufren allí. Oremos para que allí reine la paz. Pidamos también por los países circunstantes, por el Líbano, Siria, Irak, y así sucesivamente, de modo que en ellos se asiente la paz. Que los cristianos en aquellos países donde ha tenido origen nuestra fe puedan conservar su morada; que cristianos y musulmanes construyan juntos sus países en la paz de Dios.



lunes, 17 de diciembre de 2012

No saben qué hacer con la gente. La “casa que enloquece”





 Hoy hemos tenido una breve charla, como hacía algún tiempo no habíamos tenido, hablando de los problemas de los usuarios (hacía tiempo también que no usaba esta horrible palabra, pero para abreviar…). Hoy había un buen número de personas pues la semana pasada ha estado de baja la trabajadora social, y de manera especial una de ellas, una persona de mediana edad, descargó una parte considerable de sus muchas preocupaciones.

Comenzamos a hablar de lo difíciles que están las cosas, de cuánto van a durar y poco a poco fuimos descendiendo a los problemas concretos de cada uno de los presentes; uno se quejaba de que no había trabajo  en Huelva ni en Almería, y que este año se agrava la situación por la escasez de aceituna, tampoco se necesita mano de obra en esta recolección. Yo he oído por la radio, precisamente, que esta escasez hará que suba el precio del aceite de oliva hasta los cinco euros, y que ya muchas mujeres están haciendo acopio de aceite.

Luego se centró más la conversación entre esta persona que decía y otro más que había estado pescando algunas temporadas, y comentábamos las dificultades que pasan los pescadores del pez espada, y una en especial, los numerosos cortes que les hacen estos enormes peces en las piernas con sus violentos movimientos al echarlos en la cubierta. Y aquí es donde estaba la preocupación de nuestro amigo, venía desde el norte, Asturias, para hacer un curso relacionado con la pesca e irse de nuevo a ganarse la vida al mar.

Pero, hablando de “la casa que enloquece”, o sea, la Administración, es donde nos surgió la frase que da título a este post, y la califico así “la casa que enloquece” porque es lo más parecido al capítulo de Asterix y Obelix en el que  tratan de solicitar un permiso para ir a la Legión romana y los mandan de una ventanilla a la otra y de una planta a otra en un edificio de varios pisos; el mismo Obelix termina agotado. Pues bien, podemos imaginarnos lo que supone a un español de hoy tener que solicitar o presentar cualquier instancia para cualquier necesidad, esta imagen del comic se queda pequeña comparada con nuestra España fragmentada en diecisiete administraciones o comunidades autónomas, algunas paladeando la independencia.

A continuación nos desgranaba cuales eran las causas de su presencia en San Fernando, además de las de buscar trabajo; “renuncio a cualquier prestación social que me den, porque la mayor parte se la lleva ella; no merece la pena; prefiero no cobrar, perder el derecho a cobrarla y  trabajar”. De su pensión le quitaban la mayor parte y con lo que le quedaba no podía vivir. Estas eran las ideas que repetía una y otra vez mientras nos iba contando su proceso de separación, a la vez que hacíamos una crítica de la ley de violencia de género, que parece ciega, defiende radicalmente de la mujer y al hombre lo condena de antemano como maltratador. Sus palabras transmitían mucho dolor, a pesar de haber seguido un proceso de reconciliación guiado no la lograron; y lo peor es cuando hablaba de los hijos, se emocionaba este hombre cuando describía su comportamiento cuando le tocaba cuidarlos a él y cómo se esforzaba en controlarlos un poco en sus excesos e indisciplina; “cuando venían de estar con ella era horrible. No les hacía caso, luego no querían ir con ella”.

Quizá me he extendido en este párrafo, y no sé con certeza quién era el más responsable en este proceso de separación, pero quiero dejar constancia de los lamentos de un hombre que sufre las consecuencias nefastas  de la ley de violencia de género. Y no estoy defendiendo a los maltratadores, sólo quiero criticar una ley injusta, mal planteada y discriminatoria; “discriminación positiva”, ¿con esta absurda calificación pretenden ser justos?, ¿cómo se va a hacer justicia discriminando? Casi me da miedo expresar esta opinión, pues se me echarían encima muchas personas, incluso conocidos y amigos, y con usar solo el masculino en estas dos palabras algunos estarán diciendo “ese es un facha”, o cualquier otro insulto desproporcionado e inexacto.

En cualquier caso la justicia es imparcial, la justicia verdadera juzga los hechos y a las personas sean quienes sean y no por lo que sean, pobres o ricos, hombres o mujeres, y a cada cual le da su merecido de acuerdo a su falta; las faltas no tienen género, son crímenes y ya está. No me cansaré de decir que esta ley consagra la división social más atroz entre hombres y mujeres, por eso es destructiva, genera odio y desestabiliza la base de la sociedad que es la familia, tarea que completa con la invención de no sé cuántos tipos de familia. Hay que ver cuántos tipos de familia  figuran en nuestras fichas de acogida. ¿Es todo esto normal?, ¿Nos hemos vuelto todos locos? Yo creo que sobre todo nos hemos vuelto egoístas,  sujetos de derechos y pocos o ningún deber. Así nos va, qué será eso del bien común…