martes, 4 de octubre de 2011

No existen las casualidades. Cada uno está donde debe estar.



Hoy recuerdo otra visita notable que recibió esta oficina, la de un antropólogo, su problema en ese momento era arreglar unos papeles con hacienda para poder cobrar una paga. Hacienda le reclama, a quien no tiene obligación de hacer declaración de la renta, que presente la declaración de dos años, para poder cobrar una pequeña ayuda que le venían prestando.

Muchas veces recuerdo ese capítulo de Asterix y Obelix que se titula "la casa que enloquece", cuando van de ventanilla en ventanilla, de piso en piso hasta, agotados, encontrar el papel que necesitaban, yo creo que describe simpáticamente lo que muchos usuarios tendrían que pasar si no fuera porque aquí les atiende una trabajadora social competente, que les facilita información y los formularios para conseguir las ayudas de la manera más rápida y cómoda, y en otros casos ella misma rellena los formularios porque el usuario no puede por sí mismo.

Pero, ¿dónde recibirán la notificación si el “usuario” duerme en la calle? Pues aquí se le facilita una dirección que le permitirá recibir la carta con la buena nueva, o quizá tenga que aportar algún otro dato y seguir esperando. Unas ayudas requieren menos tiempo, en otras se hace eterna la espera, de modo que al usuario le ha dado tiempo a recorrer varias provincias de España incluso España entera.

En el caso de C. ¿tuvo suerte?, veremos, cada cual juzgue lo que crea conveniente, yo transmito lo que él mismo me dijo y he puesto como título de este caso. Él llegó muy agobiado con su problema, ya que se quedaba sin la paga que le permite vivir autónomo y dedicarse a escribir sobre temas de antropología. A él le encanta tomarse un cafelito con nosotros, y en ello estábamos cuando me cuenta lo que le pasa; en seguida pienso en mi buena amiga C. que me hace la declaración y además trabaja en Hacienda. Le digo que voy a consultar a mi amiga y entonces cambia su cara, y más todavía cuando le digo que está dispuesta a hacerle la declaración, pero tiene prisa porque se va de viaje. Hoy ya entregó las declaraciones y ya cobra su paguita, vuelve a ser una persona agradecida, y a hacer su vida, a buscar por ahí vestigios humanos de otras épocas y sacarlos a la luz.

domingo, 2 de octubre de 2011

Matrimonio mixto


Hoy vivimos un momento histórico complejo, inseguro e incierto, no sabemos si desembocará en un mar tranquilo donde se mezclen equilibrada y armónicamente todas las razas y culturas, de modo que podamos disfrutar de un futuro en paz y bienestar, o por el contrario la mezcla contenga alguna sustancia no bien detectada que la haga explotar.

Ojalá se produzca el primer desenlace, será señal de que los casos como el que quiero exponer hoy han servido felizmente de aprendizaje y ha modelado a las personas de tal modo que podamos decir con San Pablo que vivimos en una nueva sociedad donde ya no habrá diferencias entre los hombres, ni por su procedencia, ni por su cultura, ni por su religión.

Hace algún tiempo se me presentó un caso de aborto, para mí era una cosa nueva y confieso que temía que algún día me tocara atender a alguna mujer ante el dilema de abortar o dar a luz. Doy gracias a que tenía noticia de la existencia de Red Madre, asociación creada para dar apoyo material, psicológico y moral a las mujeres que se vean en la terrible situación de tener que decidir si sacrificar o dar a luz a su hijo, bien por la presión familiar, o la de un marido irresponsable que la amenaza con el abandono, o por la presión social y económica. Las responsables de Red Madre me respondieron en cuanto vieron mi llamada de socorro y al día siguiente a primera hora quede con ellas para presentarles a la señora, es una mujer marroquí, con dos hijos, uno suyo y otro de ella con su marido actual, estaba muy deprimida y muy decidida a abortar, su argumento principal era que no podía criar un hijo más que los dos ya le costaba lo suyo.

Yo pasé aliviado a las voluntarias de Red Madre la solución del caso, no por desentenderme, sino porque entre mujeres es más fácil comprenderse y detectar cualquier cosa favorable o desfavorable, y por supuesto quedaba en pie la oferta de ayuda material de cáritas: leche, pañales, etc. para el bebé y la ayuda mensual de víveres a la familia. La conversación avanzaba con dificultad, en parte porque para la señora suponía volver a explicarse, porque ella es marroquí y no habla del todo bien español, pero en un momento determinado una de las voluntarias se da cuenta de que conoce al marido y se ofrece a mediar, entonces la mujer reacciona y promete que si el marido se hace cargo del hijo ella no abortaría.

Luego vino el trámite de la negociación con el marido, pero aquí aparecen datos nuevos que complican la solución del caso. Ella decía que su marido no la quería y que maltrataba a sus hijos, que venía borracho o drogado a casa. Él negó rotundamente lo que la mujer decía, es más estaba muy dolido porque siendo una persona conocida y bien vista en el barrio , había tenido que ir a la cárcel por la denuncia de su mujer. Él no estaba dispuesto a ceder. Entre tanto tuvieron que cerrar un negocio que tenían por falta de pagos y tampoco podían hacer frente al pago de la hipoteca. Por otra parte, ella también acusaba a la familia de él de entrometerse en su vida, dando a entender que no la querían como mujer de su marido, por eso proponía que vivieran ellos solos, que eso solucionaría muchos problemas.

¡Cuántos líos! Después de hablar con el marido las voluntarias de Red Madre intentan ponerse en contacto con la señora pero parece que las rehuye. Volvió a cáritas a solicitar la ayuda familiar, yo le pregunté por el embarazo y me responde que sí, que va a abortar; le pregunté por su relación con Red Madre y me da una respuesta evasiva, se quejó de que sólo le hablaban de Dios, y no le ayudaban como ella quería. Yo me atrevo a asegurar que en Red Madre no le niegan la ayuda a ninguna mujer por su religión, luego supe que sí que la trataron de convencer,  siempre de buenas maneras, de que Dios y Alá no aprobarían el aborto.

No volvió a dar señales de vida hasta pasados algunos meses, yo esperaba que me comentara algo, porque no se le notaba el embarazo, pero no me habló del aborto y yo, naturalmente, no le pregunté por discreción. Ahora ha vuelto para pedirnos ayuda, porque ya está en proceso de divorcio, tiene muchas facturas sin pagar, y seguramente la echen de la casa, ya que era la de su marido y la tiene embargada por deudas.

Esta es una situación muy común, la mujer cobra la ayuda por malos tratos, sobrevive, y el marido pasa pronto a ser un “usuario” del Programa de Personas sin Hogar.

Este caso no ha terminado, y seguramente no termine muy bien, porque está tejido de verdades y mentiras, pero aquí hay un agravante, una mentira atroz: el chantaje mediante el aborto al marido y a terceras personas. Ella ha seguido el proceso de divorcio y la orden de alejamiento de su marido. Ojalá ambos recobren la paz y los hijos no sufran las consecuencias.

Matrimonio mixto



sábado, 1 de octubre de 2011

Una lucha tenaz y discreta.


Este señor es E., él siempre va elegante, con su portátil, callado, muy nervioso. Pasan los días y sigue acudiendo a la oficina sin llamar la atención. Pero, animado por las tertulias que cada día se organizan para hacer más llevadera la espera a ser recibidos, comienza a participar y poco a poco se va a abriendo a los demás. Yo empecé a hablar con él, quizá acerté en el tema del que a él le apetecía hablar y me contó episodios de su vida que prometía ser apasionante.

Su vida es el trabajo, desde niño, trabajo, trabajo y trabajo. ¿como es que hoy se encuentra en paro y en un albergue? Pues por lo visto un accidente le inutilizó una pierna para el trabajo. Luego le sobreviene un problema en la vista que le ha llevado, después de meses y meses de espera, a tener que solicitar un puesto en la ONCE y ha estado a punto de conseguirlo. Al menos ha conseguido la incapacidad permanente que le permite vivir en su piso, y no ha tardado un día en dejar el albergue y la vida de transeúnte.

Antes era un auténtico hombre de negocios. Su vida empieza en Madrid, con once años trabaja en un bar y ya no para hasta llegar a tener su propio restaurante en Córdoba, un restaurante de lujo, sobre todo porque se come bien, conoce su oficio perfectamente y negocia con los proveedores hábilmente; no se deja engañar, no, sabe reclamar y recuperar el daño sufrido con creces. Ya digo, hasta domina la informática, de la que saca partido para abaratar los costos de sus inversiones en el restaurante.

No se arredra ante nada, tampoco lo hace ahora que se ve acosado por la enfermedad de los ojos, perdiendo vista progresivamente, lo cual le impide ya ver la pantalla del ordenador. Por eso tiene una gran ilusión en que la ONCE lo admita, yo estoy seguro que aportaría mucho con su temperamento activo, siempre ideando alguna cosa práctica y siempre sacando algún provecho de sus actividades. Sin embargo la ONCE no le ha admitido, por falta de plazas, pero puede que algún día lo consiga, él tenía una gran ilusión y había hablado personalmente con algún directivo importante de la organización.

Parece como si E. hubiera nacido sólo para trabajar, para aumentar el rendimiento del trabajo constantemente, mientras otros se llevaban los beneficios. Algo le ha fallado, sin duda a E., un hombre sencillo, responsable y orgulloso de su trabajo.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Siempre hay una esperanza



Como voluntario de Cáritas, concretamente en el Proyecto de Personas sin Hogar, tengo la oportunidad de escuchar las innumerables quejas de estas personas, unas con más razón y que afectan a la mayor parte de ellas, y otras que afectan más al ámbito personal de cada uno según sean y cuántas sus propias necesidades.

La primera de todas las quejas es la dificultad para encontrar un lugar donde alojarse, donde dormir, “la calle no es buena”, dicen casi siempre todos, o, “me da miedo” tener que dormir esta noche en la calle. Comer no es tan difícil, y menos cuando existe el Pan Nuestro, donde pueden ir a comer cuantos transeúntes pasen por La Isla. Gracias a Dios he escuchado muchos más elogios de esta Institución que reproches. Pero, dormir en la calle, aunque sea después de haber cenado el bocadillo que le suministran en el comedor, eso es muy duro.

Encontrar un medio de vida, un trabajo que le permita vivir con dignidad, es una tarea harto complicada, es mucha la demanda y escasa la oferta de trabajo, para colmo, la crisis ha incrementado el número de desempleados; en muchas ocasiones al paro se suma la separación de las parejas por buscar alguna subvención para sobrevivir, dejando a uno de sus miembros, generalmente el cónyuge masculino, en la calle.

El Estado ha ido asumiendo una tarea asistencial amplísima, ha elaborado numerosas leyes para garantizar los derechos de los ciudadanos, vivimos en el llamado “estado del bien estar”. Pero hay que tener todos los papeles en regla, hay que cumplir muchos requisitos para tener acceso a determinados servicios, por eso quedan aún muchas personas fuera de la protección del Estado. Son los marginados de siempre, unos por causas ajenas a ellos mismos, por un cúmulo de circunstancias adversas, y otros porque no han sido capaces de controlar sus propias vidas y lo han perdido todo por el juego, el alcohol, la droga, etc.
Para rehacer su vida, estas personas han de pasar por un largo y complicado proceso: primero está el convencimiento de que desea superar su situación y poner en ello toda su voluntad; el interminable ir y venir a distintas oficinas, rellenar formularios y solicitudes para conseguir una ayuda. La espera de la resolución puede ser una eternidad, meses de incertidumbre, y gracias si no le sobreviene una enfermedad o alguna otra contrariedad; quizá se le acaba el tiempo de estancia en el albergue, y tiene que ir a otro, y a otro, así hasta recorrer los albergues de España entera, apreciando las diferencias de atención entre comunidades autónomas; tampoco los necesitados, como los ciudadanos de unas comunidades u otras, son tratados de igual manera por las leyes y la administración. A estas diferencias se suma la presencia de numerosos inmigrantes que suelen tener una atención preferente. Últimamente, esta discriminación es denunciada cada día mientras charlamos y tomamos un “cafelito” y así hacemos más corta la espera para ser recibidos por la trabajadora social.

La trabajadora social es una persona que se desvive por encontrar una solución a cada uno de los usuarios, como ahora se les llama, los escucha atentamente y a veces interpreta las necesidades que el propio usuario no acierta a plantear. Una entrevista con la trabajadora social supone hacer un largo recorrido por la vida del usuario, generalmente complicado, y a veces sin poder descifrar lo ocurrido de verdad por la situación personal en que se encuentra la persona. Casi siempre termina la entrevista con la esperanza de conseguir la ayuda que se solicita, o al menos un recurso para alcanzarla, o simplemente una solución momentánea, unos días de descanso y reflexión en el albergue para aclarar su situación. La cara del usuario ha cambiado cuando sale, se despide con una sonrisa y una palabra de agradecimiento.

Las personas sin hogar suelen ser muy agradecidas, responden siempre con una sonrisa o la palabra “gracias” a cualquier atención que tengas con ellos. Sobre todo agradecen que les escuches, que los trates como personas y aprecies sus opiniones y sus puntos de vista, que hables con ellos de cualquier tema, sea del municipio, de la situación en general, de viajes, de otros lugares por donde han pasado. Son realmente una multitud de experiencias, profundamente humanas.

Puede haber algo más grandioso, heroico y digno que el esfuerzo que hacen por rehacer su vida, superándose a sí mismos cada día; cada día que termina sin una recaída es un peldaño más hacia la normalidad, la ciudadanía plena, y por supuesto la integración en la vida laboral.

Merece la pena contribuir a hacer posible que un persona recupere su dignidad. Estoy convencido de que muchas personas estarían dispuestas a hacerse voluntarios si se acercaran y vieran qué sencillo es, basta con ofrecer lo mejor de nosotros mismos, como hacemos en casa, con los nuestros, unas veces en paz y otras afrontando los problemas con entrega y disciplina para salir del bache.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Condenado a una lucha trágica.



Este es J., un tipo “mu echao pa lante” y muy elegante, pero que está prisionero de dos vicios, ha buscado la muerte en varias ocasiones, y vuelve a reanudar la marcha: recuperación/caída, ¿cuántas veces? Muchas desde que se fue de casa porque ya no aguantaba más, no soportaba hacer sufrir a su mujer y sus hijos que lo querían con locura y él les había fallado. Cada una de sus caídas se produce en un lugar diferente porque, cada vez que se recupera sale huyendo, pero de quien huye es de sí mismo, y como él no cambia pues se encuentra consigo mismo en cada sitio donde vaya, y vuelve a caer, porque no se gusta, porque se considera culpable de un daño enorme que ha causado a su mujer, a la que quiere con locura, y a sus hijos.

Pobre J. , es prisionero de dos pasiones contrarias: su familia y sus dos vicios que le alejan irremediablemente de los suyos. ¡Cuánto llora este hombre! Él es un tipo elegante, cae bien, pero con el tiempo le asalta ese “demonio” que lleva dentro, se siente culpable y vuelve a beber y así hasta que casi se destruye; menos mal que es fuerte. ¡Qué lucha! Es la mayor tragedia que he conocido en el tiempo que llevo de voluntario. Es como un Sísifo condenado a vivir trágicamente, a merced del capricho del dueño de sus vicios, porque él mismo ya no es dueño, tiene una lesión en el cerebro que le obliga a tomar un medicamento que le impide tomar alcohol, con lo cual podéis imaginaros, una bomba. Pues con esta granada de mano que lleva consigo y que le ha explotado en varias ocasiones es capaz de sobrevivir, sobrevivir para después de la batalla llorar por los suyos a los que ha causado tanto daño y porque al seguir viviendo sigue haciéndoselo, porque es incapaz de dejar sus vicios que sabe que le alejan irremediablemente de los suyos.

Al final, después de tres meses de descanso y rehabilitación en los que había recuperado su aspecto elegante y había encontrado buenos amigos en la asociación de alcohólicos anónimos, a cuyas sesiones asistía con regularidad,  la convivencia en el albergue le resultó imposible y se fue. Vino a nosotros de nuevo, deteriorado, avergonzado, y le recomendamos ir a Jerez, con el hermano Juan Carlos, el Hermano de la Misericordia, al que le mandamos confiados a todos los que aquí ya no podemos atender.

Gracias a Dios allí se fue y allí debe seguir, sin duda en buenas manos, ojalá el hermano le sirva de consuelo y sea capaz de ayudarle a echar ese demonio que J. lleva dentro. Nunca había presenciado una lucha interior tan fuerte, con tanta plasticidad, porque J. me consideró amigo suyo y confidente, y me permitió estar presente cuando, en su empeño por arreglar su vida, siguiendo el consejo de la trabajadora social, nos leía episodios de su vida una vez a la semana. Era una tarea que realizaba con gusto y le servía de terapia, escribir su biografía, animado además porque le habíamos dicho que escribía muy bien, que tenía una caligrafía elegante, como lo era él en su porte y maneras.

En estas conversaciones baso mi relato, por amor a J., para ofrecerle mi recuerdo permanente y desearle paz.

Hoy no sabemos el paradero de J., ¡qué pena! le ha llegado una carta de su consuegro, ofreciéndole ayuda, pero yo confío en que cualquier día aparezca para recoger la respuesta a  sus  cartas que con tanto esfuerzo y tanta  fe escribía.

El don prodigioso de la vida



Cada hombre es una experiencia de vida diferente, la vida una energía inasible, imposible de encerrar en un cuerpo material y mortal, tira y tira de cada uno, llevándolos por caminos diferentes; aunque partan de las mismas circunstancias, las respuestas son infinitamente variadas. Por muchas que sean las dificultades el hombre vive y revive incluso y busca nuevas expeiencias apasionadamente, una carrera sin pausa y sin control a veces y otras una carrera controlada, de atleta, con cronómetro y todo, pero el final de la carrera, es igual para todos y a todos nos sorprende, unos no quieren morir y otros pensamos que no morimos, que solo cambiamos de estado, para gozar de una felicidad sin fin, gracias a Dios.
Digo esto porque hoy he tenido una conversación verdaderamente apasionante con un “usuario” inusual, una conversación en la que han intervenido a partes iguales la lengua, los gestos, las miradas y la intuición, pues E. es búlgaro y no domina el español. Qué lejos y cuánto tiempo ha necesitado para hacer balance de su vida, pero ha merecido la pena el esfuerzo pues es hoy plenamente consciente de dos cosas muy importantes para él: que su familia ha hecho mucho por él, que cuando llegó era un joven orgulloso y se creía el mejor en todo, pero en Betel ha aprendido la humildad y a amar la vida tranquila y sencilla, por lo que se siente hoy más feliz, es capaz de reír y de disfrutar de la vida; aunque a veces le asalte la tristeza.

E. proviene de una familia media en Bulgaria, tiene cuatro hermanos allí trabajando, él no terminó los estudios superiores por culpa de la droga. Sus padres se preocuparon por él y toda su familia le ayudó a superar el problema, pero los centros de rahabilitación en Bulgaria son meros barracones o almacenes, sin ninguna atención psicológica ni médica. Por este motivo sus padres deciden internarlo en Málaga y aquí ha estado dos años, sin saber español, y teniendo que aceptar una disciplina y unos métodos que no era capaz de asimilar. Salió una semana cuando llevaba año y medio, engañado por un migo con una falsa promesa de trabajo; se sintió enormemte frustrado y desengañado al comprobar que en realidad era un falso amigo que se aprovechó de él pues sólo quería su compañía y que le ayudara a pagar el alquiler del piso. Inmediatamente volvió al centro donde ha estado otro año y pico, hasta que hace una semana salió definitivamente, pero por su cuenta.

Ha permanecido una semana en el albergue y ahora al terminársele el tiempo de estancia en el albergue debe enfrentarse a una realidad que desconoce, solo, y sin haber logrado la rehabilitación de manera segura. Con la ayuda de la trabajadora social va en busca de un albergue cercano para decidir si vuelve al centro, si se pone a buscar trabajo, o si decide ingresar en otro centro con todo tipo de ayudas, para asegurar la rehabilitación.

Al preguntarle yo si no querría volver a Bulgaria me contestó que su madre le ha dicho que allí no hay trabajo, que todo está muy mal, que se quede mejor aquí; pero, no es por esto por lo que realmente no quiere volver, me dijo muy claramente que él quería demostrarse a sí mismo primero y a los suyos después que era una persona nueva, que era capaz de trabajar como el que más, no quiere volver con las manos vacías.

Un gesto muy noble por su parte. En varios momentos tenía ante mi la imagen del hijo pródigo, que quería volver derrotado a la casa de su padre, pero no, quería volver convertido en un hombre de provecho para demostrarles su agradecimiento por tanto como hicieron por él. Ojalá tenga suerte y logre su objetivo.