sábado, 28 de julio de 2018

La virtud que no se gana, solo se pierde



José Luís Nunes Martins


La honra es una virtud muy diferente porque no se tiene que conquistar, somos honrados de salida. Lo que se pide a cada uno de nosotros es que sea capaz de mantenerla intacta. Si es difícil no herirnos en nuestra propia honra, la verdad es que después de ser atacada es casi imposible recuperarla.

La honra no depende de lo que dicen o hacen los otros, sino que está ligada de forma íntima a lo que pensamos, decimos y, en especial, lo que hacemos. Nuestras elecciones la preservan o la destruyen.

Como la humildad y el recato son esenciales a alguien honrado, no es de esperar que los que lo rodean lo reconozcan y premien la virtud de su honra. Con todo, la simple voluntad de buscar la fama de ser virtuoso es ya, en sí, un serio golpe a la honra.

Nada puede tener más valor que el bien que hacemos sin espectadores. Además, cuando una virtud es recompensada, es razón para comenzar a dudar si será pura virtud.

La libertad es el más valioso y peligroso de todos los dones. Nuestra existencia nos convoca a decidir y a decidirnos. Somos libres y, por eso, debemos estar a la altura de las respuestas que nos serán exigidas a propósito de la razón de nuestras elecciones. Eso es responsabilidad.

Algunos, más conscientes del poder real de su libertad, llegan a creer que es preferible no haber sido condenados a tener que elegir su vida cada día, a tener que irse definiendo a cada momento. Otros, son tan irresponsables no  se dan cuenta del peso de las consecuencias que sus elecciones y decisiones tienen en los demás y en sí mismos.

Y la honra es tan fácil de destruir…

La nobleza de nuestra existencia depende solo de nosotros. No de las circunstancias ni de aquellos que nos rodean.

La buena suerte no es riqueza, ni pobreza es mala suerte. La mayor herencia que podemos recibir de alguien es su ejemplo vivo de rectitud. A pesar de todo lo que haya pasado.

Por mejor o peor que sea el contexto en que vivamos, jamás dejaremos de estar obligados a ser rectos.

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domingo, 22 de julio de 2018

El mal acecha cada minuto


José Luís Nunes Martins


A la mayor parte de nosotros nos gusta exponernos. Bastan algunos momentos de simpatía para en seguida comience a revelar secretos que deberían continuar siéndolo. Esto acaba por ser una buena señal, una prueba de que confiamos unos en otros, a pesar de las inmensas desilusiones que ya hemos experimentado. Creemos siempre que esta vez va a ser diferente. ¿Pero es que es lo más inteligente?

Hay quien se expone de tal forma que parece haber perdido la noción de lo que no es posible compartir, a no ser a un nivel íntimo. Por un lado, se vacía, en el sentido de perder sustancia interior, por otro, casi que invita a los otros a violentarlo.

Hay una decencia exterior y otra decencia interior. La verdadera es la interior.

Es erróneo admitir que quien no hace nada mal no tiene nada que esconder. La verdad es que todos tenemos el deber de guardar para nosotros lo que no redunda en nada bueno y útil en la relación con desconocidos. ¿Por qué razón nuestras insignificancias deben ser anunciadas? ¿Son más importantes que las de los otros?

Somos exterior e interior. Nuestra apariencia es y será siempre solo eso mismo, una capa superficial con que nos presentamos y defendemos del mundo. Aquí, la trasparencia no siempre será una buena opción, pues los otros tienen el derecho de ser preservados de conocer lo que no les merece respeto.

¿Cómo llevamos nuestro interior? ¿Con nosotros mismos? ¿Con los más cercanos? ¿O a través de las interacciones con desconocidos?

Cuando abrimos nuestras puertas todas, es bueno tener conciencia de que al hacer de la casa de nuestra intimidad un espacio público, quedamos sin ella como lugar protegido y de descanso.

¡Casi todas las burlas se asientan en el simple abuso de la confianza!

El fondo del corazón, nuestros sueños y pesadillas, deben ser como un jardín secreto, un pilar de nuestra identidad, que, de tan importante, se debe mantener así mismo, lejos de la mirada y del conocimiento públicos.

Hoy es fácil acceder a los documentos digitales de cualquier persona, a todos los registros guardados en su ordenador, a su teléfono y a los sitios por donde anda, digitales y físicos. A todas sus conversaciones, incluso de aquellas que ni él mismo recuerda. Hoy, como nunca antes, hay millares de registros de casi todo lo que hacemos. ¡Hasta es posible que los teléfonos estén siempre escuchando lo que ocurre a nuestro lado! Pero la mayor parte de nosotros sigue pensando que nada tiene que ocultar, por lo que no tiene que preocuparse. Debía ser así, pero no lo es.

Todos tenemos el deber de reserva y recato. La modestia y el pudor son armas de defensa, muros que nos preservan de enemistades. El mal acecha a cada minuto.

Llamar la atención sobre sí, fomentando familiaridad con desconocidos, es algo temerario. No es coraje, es falta elemental de buen sentido.

Es importante que definamos la línea clara que debe separar lo que, en nosotros, es superficial y puede ser público, de lo que debe ser conservado intacto, por ser parte de nuestro tesoro más íntimo.

La pureza es inocente, no aprende el mal, sino que sabe resistirlo, si estuviera atenta y fuera prudente, evitando flaquezas y descuidos.

Contra el mal, el silencio es una excelente arma.


http://www.agencia.ecclesia.pt/portal/o-mal-espreita-a-cada-minuto/


sábado, 14 de julio de 2018

El valor de la buena educación


José Luís Nunes Martins
La educación va mucho más allá de lo que se puede y debe aprender en la escuela. En casa, la educación no se resume al acompañamiento del trabajo escolar. A las familias se les pide que eduquen a través del ejemplo, que se debe resumir a la forma con que se entregan a su empleo.

La educación, en su sentido más noble y verdadero, no tiene relación alguna con tener o no un curso superior. Sino conocer los valores, ser bien educado y ser valioso.
El problema hoy pasa por  una sociedad en la que las personas dedican casi todo su tiempo y sus fuerzas en trabajar, para conseguir el dinero que necesitan para vivir de aquella manera  que creen que es una buena vida.

¿Pero es que el consumismo, que cada día nos seduce, no exige que nos convenzamos de que necesitamos más de lo que es, en verdad, suficiente? ¡Hay mucha gente que incluso sería más feliz si tuviese menos!
Hay un límite mínimo de rendimiento por debajo del cual la vida pierde su dignidad. Pero por encima de él, la infelicidad depende más de las elecciones que del dinero disponible.

¿Es que los niños que pasan los días viendo a sus padres dedicar todo a la profesión, como si eso fuese lo más importante, aprenderán a ser felices? Al final, ¿Qué es más importante? ¿El trabajo o la familia? ¿La escuela o la familia?
¡Hay incluso quien llega, cegado en su papel, a culpar a la escuela por la mala educación de sus hijos!

¿Es que los adultos que renuncian a educar, creyendo que eso es una obligación de las escuelas, creen que la felicidad de los hijos solo depende del rendimiento escolar?

Nuestra sociedad no es justa, en la medida en que ni siquiera premia a los que son mejores. ¿Por qué razón continuamos creyendo que sí? ¿Y enseñamos a nuestros hijos que sí?
¿Cuántos de nosotros creemos que el desempleo es un justo pantano para inútiles?  Amenazamos a nuestros hijos con la enorme desgracia que supone que los demás nos desprecien… ¡Como si las multitudes no estuviesen casi siempre equivocadas! ¡Llegamos incluso a creer que nuestros hijos nos valoran en función del trabajo y el salario del que somos capaces!

La educación que más importa no es la formación cultural, es la buena educación. ¿De qué sirve tener un curso universitario para ser sencillo y puro? De nada. Hay analfabetos que son héroes y doctorados que nos villanos. ¡La sabiduría consiste, muchas veces, en librarse de las cosas que no tienen significado ninguno!
A los padres corresponde cuidar y educar mediante las normas, los ejemplos, el tiempo y la atención que dedican a sus hijos. El trabajo debe ser un medio y nunca un fin, así como la escuela, tiene su lugar, pero no es esencial. La verdadera alegría viene de dentro, no nos llega a través de un recibo de vencimiento ni por medio de una clasificación final.

El mayor problema de los jóvenes de hoy parece ser su insaciable consumismo, que los aleja de la paz y los esclaviza hasta el límite. ¿Pero es que la responsabilidad  solo de ellos?
La educación es lo que queda después de que las adversidades del mundo nos hayan obligado a desechar nuestras superficialidades.

domingo, 8 de julio de 2018

Nuestros enemigos nos ayudan


José Luís Nunes Martins 


Somos optimistas y pasamos mucho tiempo preparándonos para futuros en que todo sucederá de acuerdo a nuestros sueños. La verdad es que casi nunca la vida transcurre conforme deseamos, pero, por cualquier extraña razón a la inteligencia, no nos preparamos para las fatalidades más que probables.

Como no nos anticipamos, no pensamos bien las adversidades. Cuando suceden cosas malas, improvisamos. Muchas veces da resultado, otras, acaba por ser una tragedia que sigue a otra… Siempre es más fácil escoger y hacer lo mejor, basta que invirtamos algún tiempo y voluntad inteligente para prepararnos.

Hay quien provoca una desgracia, y sólo le responde con las lágrimas de una incredulidad infantil. Cree que la culpa de todo lo peor es de los otros. ¡Y, con su llanto, espera que el mundo se apresure a corregir lo que  hizo!

Hay un tiempo para llorar. Pero no es aquel que sigue a la tragedia. Ese es el de concentrarnos y de responderle con acciones concretas. Después, cuando ya hay poco que hacer, entonces sí, lloremos.

Nuestras lágrimas son muy importantes, pero no pueden nunca impedir que nos defendamos a nosotros y a los nuestros.

Sí, a veces (¡muchas!) es tiempo de hacer lo que nunca hemos planeado… pero que es lo más correcto hacer frente a las circunstancias. Debemos hacer lo que no queremos, con el fin de preservarnos de lo peor que pueda suceder si no hacemos nada.

Cuando nos cruzamos de brazos nos aliamos con el mal que nos quiere destruir.

Una de las características más extrañas que poseemos es la de, con tiempo, habituarnos a todo, incluso a lo peor.

Las contrariedades nos fortalecen, obligándonos a ejercitar y pulir nuestros dones. En este sentido, nuestros enemigos nos ayudan. Pero solo si estuviéramos dispuestos a hacer de nosotros mismos guerreros del bien, y de nuestra vida una lucha por el paraíso.

domingo, 1 de julio de 2018

Hoy no es solo un día más



José Luís Nunes Martins

El día de hoy es precioso porque es el único en el que puedes vivir. El pasado y el futuro están siempre más allá de lo que puedes vivir.

Vive las alegrías y los sufrimientos. Vive. No dejes pasar el tiempo, agárralo. Átalo a ti. Hazlo tuyo.  Construye aquello que los vientos de los siglos no lo destruyen. Siembra eternidad en cada hora. Ella ha de nacer.

Abre los ojos y ve. Hay historias y milagros donde quiera que poses tu mirada. Léelos. Aprende a abrir tu corazón al cielo. Quien no consiga ver a Dios en esta vida no tendrá otra vida donde Lo pueda encontrar después.

Bendice a los otros con tu mirada y tu sonrisa. Abrázalos con todo el amor de que eres capaz. Dales la paz. Que tu presencia sea divina para el otro.

La muerte señala hacia la verdad absoluta que la vida revela: La belleza trascendente y frágil que somos, bondad sublime que se puede desvanecer en cualquier instante.

Hay quien pasa la vida infeliz creyendo que el dinero que ansía es la única puerta que se abre al paraíso con que sueña. Se condena a sí mismo, de forma justa o injusta.

Cuando sienten la muerte cerca, algunos creen que es tiempo de retirar el máximo placer de todo; Otros sienten que es tiempo de equilibrar, perdonar y pedir perdón. Los primeros creen que no hay nada después; los segundos creen que este mundo forma parte de otro, mayor, donde vivirán los que supieron vivir la vida que aquí les fue dada.

Cada uno de nosotros ha sido concebido en un instante exacto. Así, también será en otro momento cierto cuando nuestro cuerpo perderá el soplo de vida.

Hoy es el tiempo de que respondas al don de tu vida. Haciéndolo tuyo. Mereciéndolo y viviéndolo como si fuese toda tu vida. Si lo consiguieras, habrás hecho de tu día un buen día. Porque te habrás hecho bien y revelado el sentido de tu vida.




domingo, 24 de junio de 2018

LAS GRANDES ALEGRÍAS ESCONDEN MUCHAS TRISTEZAS



José Luís Nunes Martins



El futbol necesita de las personas y las personas necesitan del futbol. Por algo que parece sobrepasar lo comprensible, este juego hace soñar, reír y llorar. Personas de todas las culturas se unen en torno a un juego simple, que les da lo que no encuentran en cualquier otro lado.

¿Qué atrae  a tanta gente? ¿Será el sentimiento de pertenencia a una comunidad? ¿La emoción de tener la certeza de no estar solo? ¿La voluntad de superar un desafío que nos exige tanta concentración que los demás problemas desaparecen durante ese tiempo? ¿Una fuerte sensación de paz, aunque solo por algunos momentos, con el ansia de la victoria? ¿O será el deseo de no ser un derrotado, luchando sin desistir?

En el futbol, como en la vida, las victorias y las derrotas son puntos del camino en el tiempo. Siempre habrá más juegos, más campeonatos, metas y records  que se han de disputar.

Las derrotas pueden animarnos tanto como las victorias. Depende como las encaremos y de lo que hagamos con ellas, o mejor, depende de lo que hacemos después de ellas.

Es importante considerar que, en el inicio de cada juego, ambos equipos son iguales. Se trata de una enorme conquista de la humanidad que no haya ningún juego de futbol que no comience non 0-0. Señal de que se consideran equivalentes, haciendo depender las diferencias de lo que hicieran hasta que se pite el final. No importa si el equipo es de un país rico o pobre, del norte o del sur, grande o pequeño. El juego siempre comienza 0 - 0.

Muchos aficionados al futbol creen que nada es por casualidad y que hay un sentido trascendental en cada juego, en cada jugada… en la trayectoria que la bola recorre hasta la portería y no hasta el lugar exacto donde ella va a tocar. Como si en este juego no hubiese espacio para las casualidades. Si la bola entra o golpea el palo es algo que creemos que es lógico y no accidental.

Aún así, el balón es redondo y no hay registro de milagros en los campos de futbol, por lo que sobran  solo la voluntad, el talento y las fuerzas de los que están en el juego, con el apoyo de todos los que le prestan su querer desde fuera.

Cada vida es una larga serie de luchas. Duras, constantes, sin fin.

Es la razón por la cual siempre vale la pena luchar por algún bien, por mayores que sean los fracasos: una victoria vale mucho más que 100 derrotas.

La verdadera alegría es la única forma de vencer las peores tristezas.


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sábado, 23 de junio de 2018

Eutanasia: por qué no





En todos los países en que se practica la eutanasia, es origen y causa de irremediables abusos contra la vida y la dignidad humana.


1. Introducción. Para un debate esclarecedor sobre la eventual legalización de la eutanasia y del suicidio asistido, es imprescindible  que los argumentos a favor de la vida hasta la muerte natural sean conocidos. Este texto es un resumen de las principales razones éticas, jurídicas, religiosas, políticas, médicas y sociales contrarias a la eutanasia y al suicidio asistido, en vísperas de la votación, en la Asamblea de la República, de cuatro proyectos de ley  que proponen su implantación en Portugal.
               

2. Noción. Etimológicamente, eutanasia significa ‘buena muerte’, pero conceptualmente es sinónimo de acción, u omisión, en virtud del cual se provoca la muerte de un paciente en situación terminal, o que padece dolores insoportables, ante su petición o con su consentimiento, en razón de la calidad de su vida.   Presupone un gran sufrimiento, no susceptible de cura, así como la voluntad del sujeto en poner término a su existencia y,  por parte de quien realiza esa acción o ayuda, una actitud de compasión por el paciente que pide la eutanasia, o el auxilio de que carece para poner fin a la vida y, consecuentemente, a su dolorosa situación.


3. La cuestión ética.  No obstante la voluntad del propio, que distingue la eutanasia del mero asesinato, y la buena intención de quien le causa la muerte, la eutanasia, el suicidio asistido e, éticamente, un homicidio, en la medida en que es matar  intencionadamente a una persona   sin culpa. Por lo tanto, en términos éticos, la eutanasia significa una licencia para matar a personas inocentes, por petición propia y por una razón ilegalmente humanitaria.                                             

A pesar de la primacía de la libertad, la voluntad propia no es relevante en relación a ciertos crímenes: un asesinato, consentido por la víctima, no es menos grave que el ejecutado contra su voluntad. O sea, la autonomía de la voluntad individual no prevalece contra la dignidad humana, ni puede ser justificativa de una acción éticamente condenable, como es siempre matar a un ser humano sin culpa. La intención altruista del sujeto que practica la eutanasia, o el cómplice del suicidio asistido, tampoco legitima, en términos éticos, la acción de matar a un inocente.

4.- La cuestión religiosa. Las principales religiones, como la judía, la cristiana y la musulmana, son contrarias a la eutanasia y el suicidio asistido, porque el cuarto mandamiento de la Ley de Dios prohíbe matar. “Nosotros, comunidades religiosas presentes en Portugal, creemos que la vida humana es inviolable hasta la muerte natural y perfilamos un modelo compasivo de sociedad y, por estas razones, en nombre de la humanidad y del futuro de la comunidad humana, por causa de la religión, nos sentimos llamados a intervenir en el presente debate sobre la muerte asistida, manifestando nuestra oposición a su legalización en cualquiera de sus formas, sea el suicidio asistido, sea la eutanasia” (Declaración conjunta de las comunidades Islámica, Israelita, Budista, Hindú y Baharí, de las iglesias Adventista, Ortodoxa y Católica, la Alianza Evangélica y el Consejo Portugués de Iglesias Cristianas, Mayo de 2018).

Aun no siendo una cuestión esencialmente religiosa, sino ética, el parlamento no puede ignorar que la gran mayoría de los ciudadanos portugueses se ve en una de estas religiones y, por eso, se sentirá ofendida en su libertad religiosa si por ventura el Estado permitiese una práctica que su respectiva creencia considera gravemente criminal y contraria a las más elementales reglas de una sana convivencia social. El Estado portugués es laico pero la sociedad portuguesa es, en su gran mayoría, religiosa: compete a los órganos de soberanía respetar las creencias mayoritarias del pueblo portugués.

5. La cuestión jurídica. La Constitución de la República Portuguesa declara que la vida humana es inviolable y, por lo tanto, la eutanasia y el suicidio asistido son inconstitucionales. A su vez, ninguna ley ordinaria puede prescribir, o tolerar, comportamientos que directamente violan una norma constitucional.

La eutanasia y suicidio asistido no pueden ser equiparados a la interrupción voluntaria del embarazo, o aborto provocado, porque el ordenamiento jurídico portugués no reconoce al nasciturus la inviolabilidad que, por el contrario, consagra en relación a los seres humanos nacidos con vida. Por lo tanto, la eutanasia y el suicidio asistido solo podrán ser legalizados después de efectuada una revisión constitucional que revoque el principio de la inviolabilidad de la vida humana.

La eutanasia, con esta designación, no está criminalizada en Portugal, pero sí el “homicidio a petición de la víctima”: ““quem matar outra pessoa determinado por pedido sério, instante e expresso que ela lhe tenha feito, é punido com pena de prisão até três anos” (art. 134º, 1).”  Entiéndase la terminología empleada por el Código Penal:  se trata de un “homicidio”, porque es “matar a otra persona”. Por lo tanto, en términos jurídicos, despenalizar la eutanasia no es más que legalizar un homicidio específico. A su vez, la despenalización del suicidio asistido es contraria al deber moral y jurídico de socorrer a quien encuentra en peligro su vida.

6. La cuestión política. La Asamblea de la República no goza de legitimidad para decidir una cuestión que corresponde a la  conciencia de todos y cada uno de los ciudadanos. Los partidos políticos representados en ella tampoco están facultados para expresar la voluntad de los respectivos electorados sobre este particular, en la medida en que la legalización de la eutanasia y del suicidio asistido nos constan en sus respectivos programas electorales.

Como mucho, el Parlamento podría suscitar un referéndum nacional sobre esta materia, sin embargo los derechos humanos, así como de las libertades y garantías fundamentales, no deben estar sujetos a consultas plebiscitarias.

7. La cuestión cínica. La acción de quitar la vida a alguien, aun  cuando lo pida y con gran sufrimiento, no pude ser equiparado a un acto médico y viola gravemente el estatuto deontológico al que están obligados los médicos, así como los demás profesionales de la salud. Según el juramento de Hipócrates, ningún clínico pude intencionadamente poner término a la vida de un paciente. Por otro lado, quien se encuentra en un estado doloroso o terminal, puede no estar ya en condiciones  de prestar un consentimiento válido. Esta situación es tanto más grave cuanto es cierto que, por su gran sufrimiento, el paciente puede suponer erróneamente que solo la muerte le puede librar  del dolor, ignorando la existencia de prácticas clínicas que, especialmente a través de cuidados paliativos, le pueden hacer más fácil el fin de su vida, sin excesivo sufrimiento.

No es por casualidad que el actual presidente de la Orden de Médicos de Portugal, elegido democráticamente por todos los médicos portugueses, así como todos sus antecesores aún vivos, se manifiestan públicamente contra la eutanasia y el suicidio asistido, en carta dirigida al presidente de la República. Los médicos no pueden ser, al mismo tiempo, los que curan la vida de los pacientes y los que causan la muerte intencionadamente. En países en los que algunos médicos aceptan la práctica de la eutanasia, se ha quebrado la confianza institucional que es esencial a la práctica de la profesión.

8. La cuestión social. A pesar de que la práctica de la eutanasia y del suicidio asistido sea, inicialmente, permitida solo en situaciones extraordinarias, está comprobado, en los escasos países que han legalizado la eutanasia, que la introducción de esta medida, en principio excepcional, tiende a generalizarse en relación a pacientes que no la han pedido, u otras personas tenidas por indignas de vivir, como los niños con graves deficiencias. De la misma forma que el aborto fue también, al principio, legalizado solo para casos de violación o malformación del feto, y actualmente ya se practica libremente, dentro del plazo previsto por la ley, sin necesidad de ninguna causa justificativa, una eventual ley que legalizase la eutanasia y el suicidio asistido tendría, previsiblemente, ese efecto, vulgarizando la muerte provocada de pacientes terminales, personas de edad, niños y jóvenes deficientes, etc. Sin su consentimiento e incluso contra su voluntad.

9. La eutanasia y el bien común. La práctica de la eutanasia corresponde a un pensamiento totalitario del Estado, que degrada al ser humano y, por eso, instiga a la muerte. La eutanasia fue muy practicada por el nazismo no solo como expediente para la eliminación de pacientes terminales y deficientes, sino también de muchos enemigos del régimen, como judíos, católicos, homosexuales, gitanos, etc. En realidad, se trata de una medida legislativa que ‘cosifica’ a la persona: una vez desposeída de su originaria e inviolable dignidad, pasa a ser, para el Estado, un sujeto descartable. En un país en que la eutanasia estuviera institucionalizada y fuera práctica corriente del servicio nacional de salud, solo los individuos más capaces, en términos económicos y financieros, la pueden evitar, sea recurriendo a clínicas privadas, sea emigrando a países donde tal práctica no esté permitida.

Es verdad que, aún cuando los cuidados paliativos logran proporcionar a un paciente terminal una vida aceptable, porque digna lo es siempre, no es posible excluir, de la existencia humana, todos los sufrimientos. Pero también es cierto que la solución para el dolor no es nunca la eliminación del paciente, sino su curación, o aquellos cuidados médicos que permitan atenuar esos sufrimientos físicos y psíquicos. La eutanasia, si se legaliza, será un expediente fácil para que los familiares y profesionales de la salud se vean libres de parientes y pacientes que, de otra forma, exigirían sus cuidados. Sería ingenuo pensar que, una ley que autoriza matar seres inocentes,  no será usada con intenciones criminales.

10. Conclusión. Para la sociedad en general es preferible que no se permita la muerte provocada del paciente terminal, o incurable, ni se conceda una licencia discriminatoria para matar. Aunque, en algunos casos, esa ley pudiese ser aplicada según criterios humanitarios, con todo, nunca legitimarían tal acción, peor sería el daño social provocado por tal legislación. En todos los países y regímenes en que se ha practicado la eutanasia, como en la Alemania nazi, o practica, como en Bélgica y en Holanda, siempre fue y es origen y causa de irremediables abusos contra la vida y la dignidad humana, sobre todo de los que, por ser más desfavorecidos, además carecen también de la protección de la ley del Estado.

Post scriptum: Primer título de la primera página de Público del 24 de Mayo: “Las Cámaras municipales sacrificaron casi 12 mil perros y gatos en un año” y, en subtítulo, “La matanza de animales por los municipios creció el 25% en 2017. En septiembre pasa a ser prohibida la eutanasia (sic) para perros como medida de control de perros y gatos vagabundos, pero el gobierno ya admite ampliar el plazo”. Queda explicada la razón por la cual el PAN fue el único partido que, en su programa electoral, propuso la eutanasia: nada mejor que ‘el sacrificio’ de los seres humanos  para evitar la ‘eutanasia’ de los animales. Moral de la historia: si no quiere ser sacrificado en algún matadero municipal –lea- si el Hospital del Servicio nacional de Salud –usa una pulsera con la siguiente inscripción: ‘¡Atención: matar seres humanos inocentes es legal, pero matar animales es un crimen! Soy un perro que hace una operación de cambio de especie. Si me quieren eutanasiar, yo muerdo’.

https://observador.pt/opiniao/eutanasia-porque-nao/