jueves, 7 de febrero de 2013

El oasis de la palabra



 Tenía una deuda con nuestro breve amigo el poeta, por fin accedió a regalarnos esta poesía hace ya unos días, con la promesa de publicarla en nuestro blog. Se la dedicó a T., que celebraba su cumpleaños con nosotros, y según nos decía no lo había celebrado nunca...y mucho menos nadie le había dedicado una poesía así:


El oasis de la palabra

Sienta, tranquila,   
no me expliques nada,  
tus ojos todo lo cuentan  
disfruta unos instantes mi cobija.

Yo mismo transité por el desierto     
sé del hastío, de la desesperanza;   
también hice siembra en suelo yermo,    
sentí el dolor tornar mi sangre helada.

He habitado el ágora y el cenobio,  
paseado por la gloria y el fracaso,  
surcado mil senderos sin descanso,  
hasta encontrar al fin el amor propio.

Hoy, aquí y ahora, te contaré un secreto,  
después de la tormenta del siroco,  
si limpias bien tus ojos,   
un espejismo cierto    
te librará del miedo, fardo loco.

Quédate un tiempo, un pacto yo te ofrezco,    
dame tu calma, tu historia inacabada,     
déjame aprehender tus luces y tus sombras,   
y gozosos y en paz plantemos nuestra jaima   
en el oasis de la palabra.

Pescaremos palabras constructoras,   
ladrillos de la inteligencia,    
palabritas yodadas, para la pupita;  
palabras almíbar, caricia del alma,   
palabras semilla, que nos hagan crecer;   
palabras enigma, saberes ocultos.   
Volveremos a ser el niño de pupilas dilatadas,  
el viejo sabio que mide las palabras.






Tu voz, sílaba, junto a la voz del otro   
seamos palabra colectiva,  
arañemos la sabiduría.


Dime el libro que has amado,   
el que te ha hecho ser quien eres.   
Cuéntame si has dejado a Platero    
trotar en tu corazón, preso de nieve.   
Regálame ese poema, que el poeta escribió    
sólo porque tú lo necesitabas.

Yo te daré la alegría de vivir del que ya ha aprendido   
que al lado de las criptas nacen flores    
y que todos los días comienzan    
con la más bella palabra
que tiene mi amada lengua,
regalo de mi madre y de tantos y tantos…

Si yo tuviera que quedarme una,
una sola palabra, la más bella,
la que grácil aletea, baila en mis oídos y en mi alma,    
sería, siempre sería: ALBA

Y tú, caminante, que no sé de donde vienes,    
por favor regálame una, la que tú prefieras,       
¿Quieres?

Hagamos un puente de seda    
con nuestras prestadas palabras


Luis Aranzana


domingo, 3 de febrero de 2013

MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI PARA LA CUARESMA 2013


«Creer en la caridad suscita caridad.
 ‘Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él’ ( I Jn 4,16) 

Queridos hermanos y hermanas:

La celebración de la Cuaresma, en el marco del Año de la fe, nos ofrece una ocasión preciosa para meditar sobre la relación entre fe y caridad:

1. La fe como respuesta al amor de Dios

En mi primera Encíclica recordaba que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva... Y puesto que es Dios quien nos ha amado primero (cf. 1 Jn 4,10), ahora el amor ya no es sólo un “mandamiento”, sino la respuesta al don del amor, con el cual Dios viene a nuestro encuentro» (Deus caritas est, 1).

El encuentro con Dios Amor no sólo comprende el corazón, sino también el entendimiento: «El reconocimiento del Dios vivo es una vía hacia el amor, y el sí de nuestra voluntad a la suya abarca entendimiento, voluntad y sentimiento en el acto único del amor. Sin embargo, éste es un proceso que siempre está en camino: el amor nunca se da por “concluido” y completado» (ibídem, 17).

De aquí deriva para todos los cristianos y, en particular, para los «agentes de la caridad»,  el amor al prójimo ya no sea un mandamiento por así decir impuesto desde fuera, sino una consecuencia que se desprende de su fe, la cual actúa por la caridad» (ib., 31a).

Esta actitud nace ante todo de la conciencia de que el Señor nos ama, nos perdona, incluso nos sirve, se inclina a lavar los pies de los apóstoles y se entrega a sí mismo en la cruz para atraer a la humanidad al amor de Dios.

«La fe nos muestra a Dios que nos ha dado a su Hijo y así suscita en nosotros la firme certeza de que realmente es verdad que Dios es amor... El amor es una luz ―en el fondo la única― que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar» (ib., 39).

2. La caridad como vida en la fe

Toda la vida cristiana consiste en responder al amor de Dios.  Y el «sí» de la fe marca el comienzo de una luminosa historia de amistad con el Señor, que llena toda nuestra existencia y le da pleno sentido,  podemos decir con san Pablo: ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí (cf. Ga 2,20).

La fe es conocer la verdad y adherirse a ella (cf. 1 Tm 2,4); la caridad es «caminar» en la verdad (cf. Ef 4,15). Con la fe se entra en la amistad con el Señor; con la caridad se vive y se cultiva esta amistad (cf. Jn 15,14s). La fe nos hace acoger el mandamiento del Señor y Maestro; la caridad nos da la dicha de ponerlo en práctica (cf. Jn 13,13-17). En la fe somos engendrados como hijos de Dios (cf. Jn 1,12s); la caridad nos hace perseverar concretamente en este vínculo divino y dar el fruto del Espíritu Santo (cf. Ga 5,22). La fe nos lleva a reconocer los dones que el Dios bueno y generoso nos encomienda; la caridad hace que fructifiquen (cf. Mt 25,14-30).

3. El lazo indisoluble entre fe y caridad

A la luz de cuanto hemos dicho, resulta claro que nunca podemos separar, o incluso oponer, fe y caridad. Estas dos virtudes teologales están íntimamente unidas por lo que es equivocado ver en ellas un contraste o una «dialéctica».

La existencia cristiana consiste en un continuo subir al monte del encuentro con Dios para después volver a bajar, trayendo el amor y la fuerza que derivan de éste, a fin de servir a nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios. En la Sagrada Escritura vemos que el celo de los apóstoles en el anuncio del Evangelio que suscita la fe está estrechamente vinculado a la solicitud caritativa respecto al servicio de los pobres (cf. Hch 6,1-4).
A veces, de hecho, se tiene la tendencia a reducir el término «caridad» a la solidaridad o a la simple ayuda humanitaria. 

En cambio, es importante recordar que la mayor obra de caridad es precisamente la evangelización, es decir, el «servicio de la Palabra». Ninguna acción es más benéfica y, por tanto, caritativa hacia el prójimo que partir el pan de la Palabra de Dios, hacerle partícipe de la Buena Nueva del Evangelio, introducirlo en la relación con Dios: la evangelización es la promoción más alta e integral de la persona humana.

A propósito de la relación entre fe y obras de caridad, unas palabras de la Carta de san Pablo a los Efesios resumen quizá muy bien su correlación: «Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe”. Aquí se percibe que toda la iniciativa salvífica viene de Dios, pero esta iniciativa, lejos de limitar nuestra libertad y nuestra responsabilidad, más bien hace que sean auténticas y las orienta hacia las obras de la caridad.

 La cuaresma, con las tradicionales indicaciones para la vida cristiana, nos invita precisamente a alimentar la fe a través de una escucha más atenta y prolongada de la Palabra de Dios y la participación en los sacramentos y, al mismo tiempo, a crecer en la caridad, en el amor a Dios y al prójimo, también a través de las indicaciones concretas del ayuno, de la penitencia y de la limosna.

4. Prioridad de la fe, primado de la caridad

La fe, don y respuesta, nos da a conocer la verdad de Cristo como Amor encarnado y crucificado,la única realidad que vence el mal y la muerte. La fe nos invita a mirar hacia el futuro con la virtud de la esperanza.
Por su parte, la caridad nos hace entrar en el amor de Dios que se manifiesta en Cristo; el Espíritu Santo nos hace partícipes de la abnegación propia de Jesús: filial para con Dios y fraterna para con todo hombre (cf. Rm 5,5).

La relación entre estas dos virtudes es análoga a la que existe entre dos sacramentos fundamentales de la Iglesia: el bautismo y la Eucaristía. El bautismo (sacramentum fidei) precede a la Eucaristía (sacramentum caritatis), pero está orientado a ella, que constituye la plenitud del camino cristiano.

Queridos hermanos y hermanasos deseo a todos que viváis este tiempo precioso reavivando la fe en Jesucristo, para entrar en su mismo torrente de amor por el Padre y por cada hermano y hermana que encontramos en nuestra vida.
Vaticano, 15 de octubre de 2012. 
BENEDICTUS PP. XVI

sábado, 2 de febrero de 2013

El Amor de Dios en mi vida




Hoy voy a hablar de mí vida un poquito, con vuestro permiso, ya sabéis que con un clic se cambia de página, y no pasa nada. Pero, lo hago impulsado por un buen amigo internauta, que nos  pide a los miembros del “Movimiento seglar Amor de Dios”, que transmitamos en la red nuestras experiencias y difundamos así nuestra forma de vivir las enseñanzas que nos dejo el fundador de la congregación de las Hermanas del Amor de Dios, el Beato P. Usera, en cuyo colegio de Cádiz he sido profesor durante más de veinticuatro años.

El día de la Paz me invitaron mis compañeros a hablarle a los niños del colegio de mi voluntariado en Cáritas, y estas fueron mis primeras palabras a esos niños:

En primer lugar quiero agradecer a vuestros profesores y mis compañeros la invitación para hablaros de mis actividades como voluntario, y para empezar os diré que en realidad yo ya empecé a ser voluntario aquí, en este colegio, aprendí mucho, yo tenía mi título y mis conocimientos, pero aquí aprendí a transmitirlos; a veces no entendía bien a las Hermanas, creía que eso de la puntualidad, tarar al alumno con cariño, estar siempre alegres, etc., eran cosas de monja…

Hasta que leí al P. Usera directamente, y entonces supe que él era un pedagogo extraordinario, y traté de seguir sus enseñanzas: “decir la verdad y hacer el bien; el amor de Dios hace sabios y santos, etc.” Él viajó por Europa para conocer y aprender los métodos de enseñanza mas avanzados (estamos en el S.XIX), quería que sus colegios fueran los mejores, sus profesores los mejor preparados, y todo para ponerlo al servicio de los alumnos, además de ser también su forma de servicio a Dios y a la religión. Y no sólo eso, era un hombre ilustrado y buscada lo mejor para su patria, para ello formó a sus monjas como maestras, quería que sus misiones estuvieran al nivel de las europeas y americanas. En definitiva quería dar lo mejor de sí mismo a los niños y los pobres para cambiar aquella sociedad atrasada en una sociedad culta, preparada, y pacífica.

Y esta es, para mí la mejor aportación para llegar a la paz: que cada uno debe esforzarse en dar lo mejor se sí en beneficio propio y de los demás, de la sociedad en que vive. Debemos exigir, sí, pero primero exigirnos a nosotros.


lunes, 28 de enero de 2013

Otra vez libre




La verdad es que no era algo imprevisible, o sea, una auténtica sorpresa. Primero fueron los rumores: “que el señor R. está por aquí, que los han visto”. Pero, ¿cómo es posible?, con lo que se sacrificó: un año de albergue, él que es un espíritu completamente libre y un solitario desde que nació, como él mismo dice; y toda esa serie de formularios que rellenar, solicitudes, llamadas de teléfono, qué se yo, serían innumerables, todo para poder entrar en una residencia, y terminar sus días como una “persona normal”…

Pero, ¿qué o quién es una “persona normal”? Esta mañana, mientras le acompañaba para sacar un certificado de empadronamiento, le decía yo “señor R., le voy a hacer una confidencia, prefiero hablar con usted,  porque las conversaciones con personas “normales” son aburridísimas. Claro que estoy exagerando un poco, pero hay bastante de verdad, las dificultades o problemas que te cuentan algunas personas son una insignificancia con lo que soporta diariamente una persona sin techo.

Bueno, pues una prueba de lo que digo es que el señor R. aguantó tres meses en una residencia…la convivencia era bastante complicada: tener que compartir habitación con otro anciano que ya no se vale por sí mismo… ( y encima es ex guardia civil…¡el colmo!); la comida, igual para todos, repetida y sosa; el trato, poco afectuoso; la tele, en un enorme salón, una  para todos. En fin sería contar y no parar, por eso R. se marchó, no aguantó más tanta “pamplina” y se fue, a su mundo, a su soledad, a convivir con todo el mundo; a echar piropos por la calle a cualquier persona que se lo merezca, o no, él no hace distinción, da por hecho que todo el mundo es cortés hasta que demuestre lo contrario; generalmente provoca una sonrisa, y a veces una carcajada, porque tiene mucha gracia este hombre, que la va repartiendo gratis, olvidándose así de sus problemas.

Por eso el aspecto del señor R. es el de un anciano respetable, que goza de una salud espléndida a sus setenta y pico años, y que viste elegante y limpio. ¿Cómo lo hace este hombre que no tiene familia, ni casa? Bueno, ahora por fin cobra una pensión no contributiva que le permite algunos caprichitos.

Él ha estudiado, y muy bien, en la universidad de la calle, como él dice, incluso ayuda a sus semejantes cuando los ve en apuros, y más si es un joven, en una ocasión le dije que estaba actuando como un verdadero padre (él suele echar de menos no haber tenido descendencia, y no dejar otra huella más que su mala vida). En cambio él mismo no se ve tan elegante, si a caso sólo por fuera, y eso “para dar el golpe”, como dice él con su dominio del lenguaje y el doble sentido; por más que yo le diga que es un buen hombre, mucho mejor de lo que él piensa, pues no se convence…o sí, a veces sonríe, agradecido por dentro, y me dice “es que usted me mira con buenos ojos”.

martes, 22 de enero de 2013

Un poeta para un cumpleaños




Esta mañana  me levanté un poco perezoso, no muy convencido de que pasaría hoy por la oficina, me dedicaría a otras cosas, incluso estaba pensando en tomarme unas pequeñas vacaciones hasta fin de mes. Con estas ideas salí en dirección contraria, con ganas de dar un paseo tranquilo. El caso es que aproveché para recoger unos papeles que tenía que entregar precisamente en la oficina, pero a última hora.

Sea como fuere, instintivamente, voy encaminando mis pasos hacia la oficina. De pronto recuerdo que hoy era el cumpleaños de T., y que lo había anunciado el viernes pasado mostrando verdadero interés en celebrarlo. Al abrir la puerta me encuentro a T. sentada, con la cara muy seria y apagada, y la mesa llena de periódicos y restos de haber tomado café como cada día. La saludo y la felicito, y me contesta con resignación: “¿ves?, nadie se acuerda de mí”.

Inmediatamente voy a comprar algunos dulces. Más animada, se pone a servirlos en los platos, si bien le parecieron muchos y se guardó alguno, “para la niña”, me dice con mucho sentimiento mirándome a la cara; no sé a qué niña se refiere, pero me da la impresión de que es la compañía que ella echa de menos, la compañía ideal para la mujer que ella quiere ser, y que acude puntualmente en momentos como el de hoy. Que pases un buen día.

Lo que no  esperaba T., ni yo, ni nadie de los presentes, es que una persona, que había llegado hoy mismo, tuviera el máximo detalle con ella: le dedicó una poesía, preciosa, larga, bien recitada de principio a fin, que hace tiempo había dedicado a su propia hija en un acontecimiento muy importante para él. T. lo miraba entre sorprendida y agradecida, y todos nos quedamos en silencio, hasta el aplauso unánime final, muy sincero.

Este detalle, por otra parte,  prueba una de las características del endurecimiento de la crisis, que afecta a todos los estratos de la sociedad, hasta llegar a profesionales titulados, con un número elevado de años trabajados; y no sólo afecta a aquellos que se atrevan a disentir de lo políticamente correcto, o dentro de unas siglas de partido, es que hay que cerrar empresas improductivas y negocios poco o nada rentables.

Aunque, este hecho puede que algún día nos haga ver la realidad con otros ojos, tantas personas con capacidad de análisis e iniciativa, que tienen ahora la oportunidad de pensar más libremente, y con más tiempo para la reflexión, libres del estrés, producirán sin duda nuevas ideas capaces de mover a la sociedad hacia adelante, desde abajo, creando una sociedad más libre y menos dependiente, más ajustada a la realidad. Y, por qué no, más tolerante, más humana, con respeto a Dios, capaz de combatir los tres peligros denunciados por el Papa en uno de sus últimos discursos: la ideología de género, el prometeísmo tecnológico y el hedonismo.

viernes, 18 de enero de 2013

Ciclogénesis




Hay días que se empeñan en reunir un cúmulo de dificultades, y no deseas otra cosa que termine cuanto antes; causan tal agobio personal que la impotencia se adueña de uno y, a veces, el desánimo, aunque hasta este día hayas vivido  con fe y esperanza en un mundo mejor, tanto en esta vida como en la venidera.

Hacía tiempo que no se daban cita en esta pequeña oficina tantas personas, y tan diversas, yo creo que tuvimos que hacer tres o cuatro cafeteras bien llenas. Hacía tiempo que no acudían tantos extranjeros, europeos principalmente, y algún marroquí.
Alguno tuvo que venir después de comer, y uno hubo, totalmente absorto, que no dijo una sola palabra desde las diez hasta las dos, hora en que yo ya me fui. Era un problema, pero el mayor problema lo tiene él que vive totalmente aislado del mundo exterior y de los demás, incluso le molestan. Al final no pasó nada, gracias a Dios. Pero, ¿quién atiende hoy a una persona así? ¿Qué hace en la calle una persona sola, que no es capaz de cuidarse, que tampoco puede convivir en un albergue?

También acudió una persona, atormentada, pidiendo ayuda; quería que lo empadronáramos para recibir la correspondencia, mientras iba de casa en casa de algún amigo, y hacía todo lo posible para no tener que vivir desamparado en la calle, o acogerse al  albergue. Mostraba una impaciencia y una incomodidad que iban en aumento a medida que pasaba el tiempo y la trabajadora seguía atendiendo a otras personas, él solo quería un sí o un no, y la espera lo impacientaba. Al final se marchó sin la respuesta.

Menos mal que llegó nuestra amiga A. Ya tiempo que no la veíamos. Inmediatamente comenzó a hablar y a expresar su fe profunda, sencilla, auténtica; sin ningún complejo, por cualquier motivo, captando la atención de los presentes, asombrados al constatar tanta inocencia en una persona. Son tantas sus ganas de hacer el bien que quiso dejarle la vez a nuestro impaciente amigo, pero este se negó a pasar, molesto porque la trabajadora le dijo que no tenía cita y que no podía atenderlo, que aún tenía otras personas citadas (eran casi las dos), que volviera el lunes.

Otra cosa buena fue que llegó una chica joven, pero no a pedir ayuda sino a ofrecerse como voluntaria donde más útil pudiera ser. Era una chica en paro, que se aburre en casa, que teme  estar ociosa y quiere relacionarse y ayudar a quien lo necesite, mientras dure la búsqueda de trabajo para ella misma, que puede ser por mucho tiempo. Marchó muy satisfecha y animada después de hablarle de nuestra Oficina de Empleo.

Muchas veces ocurre lo mismo, al comienzo el día amenaza tormenta, o una ciclogénesis, como la que anuncia la meteorología para el próximo sábado, sin embargo suceden cosas buenas que contribuyen a disolver la tormenta felizmente.

Aunque no vengan del todo a cuento terminaré con estos versos que no son míos:

Peldaños de eternidad  
me ofrece el tiempo en su huida,   
si, ascendiendo paso a paso,  
lleno mis manos vacías.

Sólo el tiempo se redime,   
quitándole su malicia.


domingo, 13 de enero de 2013

El Bautismo del Señor


Homilía de Benedicto XVI en la fiesta del bautismo del Señor 13.01.2013

(Una selección que pretende transmitir el mensaje del Papa, de una manera rápida, y por supuesto, siempre con al mayor agradecimiento y respeto.)

La alegría que brota de la celebración de la Santa Navidad encuentra hoy cumplimiento en la fiesta del Bautismo del Señor.

El relato evangélico del bautismo de Jesús,  muestra la vía de abajamiento y de humildad, que el Hijo de Dios ha elegido libremente para adherirnos al designio del Padre, para ser obediente a su voluntad de amor hacia el hombre en todo, hasta el sacrificio en la cruz.

Una vez adulto, Jesús da inicio a su ministerio público yendo al río Jordán para recibir de Juan un bautismo de penitencia y de conversión. Sucede lo que a nuestros ojos podría parecer paradójico. ¿Jesús tiene necesidad de penitencia y conversión?

Jesús quiere ponerse de la parte de los pecadores, haciéndose solidario con ellos, expresando la cercanía de Dios. Jesús se muestra solidario con nosotros, con nuestra fatiga de convertirnos, de dejar nuestros egoísmos, de separarnos de nuestros pecados, para decirnos que si lo aceptamos en nuestra vida Él es capaz de volver a levantarnos y conducirnos a la altura de Dios Padre.

¿Qué sucede en el momento en que Jesús se hace bautizar por Juan? Frente a este acto de amor humilde por parte del Hijo de Dios, se abren los cielos y se manifiesta visiblemente el Espíritu Santo bajo forma de paloma, mientras una voz desde lo alto expresa la complacencia del Padre, que reconoce al Hijo Unigénito, al Amado. Se trata de una verdadera manifestación de la Santísima Trinidad, que da testimonio de la divinidad de Jesús, de su ser el Mesías prometido, Aquel a quien Dios ha enviado a liberar a su pueblo, para que sea salvado (Cfr, Is 40,2).

Queridos hermanos y hermanas, ¿Qué se produce en el Bautismo que dentro de poco administraré a sus niños? Sucede precisamente esto: serán unidos de modo profundo y para siempre con Jesús, inmersos en el misterio de su muerte, que es fuente de vida, para participar en su resurrección, para renacer a una vida nueva. He aquí el prodigio que hoy se repite también para sus niños”.

Insertados en esta relación y liberados del pecado original, ellos se convierten en miembros vivos del único cuerpo que es la Iglesia y capaces de vivir en plenitud su vocación a la santidad, de modo que puedan heredar la vida eterna, obtenida gracias a la resurrección de Jesús.

Queridos padres, al pedir el Bautismo para sus niños, ustedes manifiestan y testimonian su fe, la alegría de ser cristianos y de pertenecer a la Iglesia. Es la alegría que brota de la conciencia de haber recibido un gran don de Dios”. El camino de la fe que hoy comienza para estos niños se funda en una certeza, en la experiencia de que no hay nada más grande que conocer a Cristo y comunicar a los demás la amistad con Él; sólo en esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana y podemos experimentar lo que es bello y lo que libera (Cfr. Homilía de la Santa Misa por el inicio del Pontificado, 24 de abril de 2005).

A ustedes, queridos padrinos y madrinas, les corresponde el importante deber de sostener y ayudar en la obra educativa de los padres. Sepan ofrecerles siempre su buen ejemplo, mediante el ejercicio de las virtudes cristianas.

No es fácil manifestar abiertamente y sin compromisos aquello en lo que se cree, especialmente en el contexto en el que vivimos: “Dios es visto como el límite de nuestra libertad, un límite que hay que eliminar a fin de que el hombre pueda ser totalmente sí mismo”. ¡Pero no es así! Esta visión muestra que no ha entendido nada de la relación con Dios, en la medida en que se procede en el camino de la fe, se comprende que Jesús ejerce sobre nosotros la acción liberadora del amor de Dios, que nos hace salir de nuestro egoísmo, de estar replegados sobre nosotros mismos, para conducirnos a una vida plena, en comunión con Dios y abierta a los demás. “Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios” (1 Jn 4, 16).