miércoles, 12 de agosto de 2015

¿Estamos nosotros realmente salvando el mundo?



Por Mia Couto, in 'Pensatempos' 

http://www.citador.pt/textos/estamos-nos-realmente-salvando-o-mundo-mia-couto

La pregunta a la que nos enfrentamos hoy es simple: ¿Estamos nosotros realmente salvando el mundo? No me parece que la respuesta pueda ser aquella que nos gustaría. El mundo sólo puede ser salvado si fuera otro, si ese otro mundo  naciera en nosotros y nos hiciera nacer en él.

Pero ni el mundo está siendo salvado ni él nos salva en cuanto seres de existencia única e irrepetible. Algunos de nosotros creen que están haciendo cosas importantísimas. Pero pocos creerán que están cambiando nuestro futuro. La mayor parte de nosotros está administrando una condición que sabemos torcida, genéticamente modificada al gusto de un enorme laboratorio para el cual todos trabajamos aunque sin vencimiento.

Si alguna cosa queremos cambiar y parece que cambiar es necesario, tenemos que hacer frente a algunas preguntas. La primera de las cuales es ¿cómo estamos nosotros, biólogos, pensando la ciencia biológica? Antes de ser científicos somos ciudadanos críticos, capaces de cuestionar los presupuestos que nos son entregados como siendo ‘naturales’. La verdad, colegas, es que estamos hoy ante una naturaleza muy poco natural.


Y es aquí donde el pecado de la pereza puede estar ganando terreno. Una sutil y silenciosa pereza puede llevar al abandono de la reflexión sobre nuestro propio objeto de trabajo. Cedemos a unos pocos el cometido de no ponernos más en cuestión quien somos, lo que sabemos, lo que hacemos. Las últimas décadas han tendido a tecnificar las ciencias biológicas. De nuevo, insisten con nosotros en que las soluciones irán de sofisticadas tecnologías y de que poco vale cuestionarnos los desafíos políticos y sociales de nuestro tiempo. A fuerza de tener que sobrevivir vamos aceptando encajes, ofertas y arreglos. La idea de que no vale la pena intentar otra utopía conduce al acomodo y al conformismo intelectual.

La misma idea de Ciencia que nos parece exenta y por encima de toda sospecha es una idea tan exclusivista que puede ser entendida como una idea golosa. Golosa y glotona. Engorda no por comer sino por hacer dieta. Y esa dieta consiste en ignorar otras sabidurías, otros sistemas de conocimiento.

martes, 11 de agosto de 2015

La Ley de Dependencia

Hoy me pide un buen amigo que le ayude a divulgar una denuncia que hace una persona necesitada y enferma. Pues no faltaba más, con todo mi apoyo.

La Ley de Dependencia

Soy Isabel, una ciudadana ya mayor, de 79 años, con varias enfermedades y padecimientos crónicos diagnosticados, los cuales me obligan a estar postrada en una butaca durante todo el día. Alguien que está SOLO, a expensas de aquellas personas de mi familia, amigos y vecinos de grupos de a Parroquia, que por caridad me visitan y atienden, porque el CUIDADO que necesito es TOTAL, no puedo asearme ni comer sola, mi desplazamiento es con andador, y por mis atrofiadas manos, acompañada. Tienen que venir a acostarme, y mi inmovilidad es total, a penas muevo el cuerpo, hasta que me levantan. Cuando pueden me proporcionan algo de compañía.

Sólo voy a dar un dato para corroborar lo que antecede: El Tribunal Médico de la Junta de Andalucía, a través del examen correspondiente, me concedió hace tiempo un 90% de Discapacidad. –Parece ser que este documento para la Administración tiene poca importancia-, y, curiosamente, también para los trabajadores sociales ¿…?

Llevo esperando TRES largos AÑOS para que me pudieran hacer la primera valoración de grado, y la respuesta ha sido la consecución de una ayuda a domicilio de 35 horas al mes, es decir, una hora y pocos minutos al día, excepto los domingos. –No sé si indignarme, tomarlo a risa, o pensarlo un poco.

Ahora llevo meses esperando que me hagan una segunda valoración al no estar, por supuesto, conforme con la primera respuesta dada, y haber efectuado la reclamación oportuna.

Me siento maltratada por los poderes públicos y “me siento un objeto”, pero además inservible y molesto. Aquellos que toman las decisiones en los despachos “no me ven con sus ojos, ni me palpan”, no sienten empatía, por lo tanto, es imposible esperar de ellos la consideración debida. Mi situación personal, para su responsabilidad, consiste en la traducción de mis padecimientos en un coste monetario, a eso se reduce todo. La importancia que le suelen dar a los servicios sociales la comprobamos al ver el lugar que ocupamos en los presupuestos. Y así es, lo mismo, en las tres Administraciones de las que dependemos.

Sufro –sufrimos- si comparamos esa merma de atención tan necesaria con las recientes subidas del presupuesto en un 4% y las de algunos cargos de reciente elección, con el argumento de compensar las bajadas de los años anteriores. Esto es un signo palpable de las prioridades de nuestros gobernantes y su modo de gestionar las arcas públicas, que no debemos olvidar que se nutren de lo que aportamos los ciudadanos. Creo que el dinero público debe administrarse y encauzarse en la cultura de la búsqueda de bienestar social para quienes más lo necesitan, y en la corrección de las injusticias. No se puede decir que perseguimos un mundo más justo, y con nuestras equivocadas decisiones propiciar lo contrario.

Como digo, el ser demasiado mayor, no es un obstáculo para que DENUNCIE una situación que considero injusta a todas luces, y así deberíamos hacerlo, junto con familiares y amigos, sustituyendo la comodidad y la resignación por un mayor compromiso, auténtico y cristiano, y espero que el DEFENSOR DEL PUEBLO tome buena nota de esta denuncia, y zarandee sin miedo a quien deba. Él está para eso, si no, se convertirá en defensor de la Administración y será un funcionario más.

Lo pido y solicito por el colectivo de desfavorecidos, yo, al fin y al cabo, con la edad que tengo, y mi fortaleza en la creencia de un Dios Misericordioso, voy aguantando como puedo, pero lo suplico para todos los implicados, por la JUSTICIA y no por CARIDAD.

Isabel Carrasco Montes



lunes, 10 de agosto de 2015

Donde había pecadores, ahora, por decreto o por descuido, incautos ‘multidelincuentes’


Este Estado, bueno, todos o casi todos, desde la ONU hasta el último rincón de la tierra, han empezado hace ya un tiempo a hacerse los dueños de la conciencia de las personas. Están elaborado una red laberíntica de leyes, tan absurdas, que la justicia es ‘un cachondeo’, ¿o qué es si no, que terroristas confesos, y otros criminales, con penas a medio cumplir, sin haberse arrepentido de sus crímenes abominables, anden sueltos; o qué pensar de normas de tráfico absurdas, que ni los mismos políticos cumplen por agobiantes -¡cómo se puede estar controlando continuamente coches potentísimos, que hasta conducen solos!-,  sólo buscan crear ‘delincuentes de tráfico’ y cobrar multas, para excitar así el miedo y la frustración en los ciudadanos. Muchos hay que, por ser pobres además, han de cumplir condenas sociales al no poder pagar tan elevadas multas.

Y ya el colmo, el empeño en considerar el ‘cambio climático’ consecuencia de la maldad de los ‘hombres-ciudadanos-consumidores’, al que nos han abocado en cualquier caso por su codicia y su ineptitud; si tan listos son para verlo ahora lo pudieron haber previsto, los grandes sabios de la URSS al menos… Ahora debemos pagar todos la culpa que hemos cometido contra la naturaleza, de la que se creen dueños, ni mucho menos responsables ante Dios y las futuras generaciones, o ante los mismos ciudadanos que los eligen.

No quisiera meterme con las leyes que destruyen el concepto de familia, o las que regulan las separaciones y divorcios (porque soy una víctima más, y puede que no sea imparcial…jaja)  y los demás posibles estados civiles en la actualidad. No hay forma más atroz de fomentar el odio y la división, la ruina individualizada, la pobreza, y hasta la exclusión.

¿Hay contradicción más evidente, visible y desvergonzada que ver escrito en un paquete de tabaco ‘fumar mata’? Pero tú consume, que así elevamos los impuestos y vas pagando cigarro a cigarro la culpa por fumar, enfermarte… Después,  ya veremos si te curamos, por haber sido  ‘consumidor- fumador-pecador’ según el concepto sanitario moderno, que  busca la felicidad en la ‘calidad de vida’, o en la prolongación de la misma, aunque no sé yo bien para qué, ni cuántos podrán disfrutar de estas ‘bendiciones estatales’ si la mayoría de la población es pobre.

Y así muchas cosas más: el relativismo, la ‘falsa tolerancia discriminatoria’ para justificar los ataques a la Iglesia católica, por ejemplo, o a la fiesta nacional de los toros, que está muy bien regulada; para impedir algunas manifestaciones públicas de fe, y en cambio sí permitir otras expresiones artísticas, o cabalgatas,  desvergonzadas,  de mal gusto y provocativas; permitir en la educación de los niños ciertos contenidos y prohibir otros, atentando contra la libertad de cátedra; así como impedir la objeción de conciencia a los médicos antiabortistas…

Sigo: ¡la aprobación de derechos para acortar o interrumpir la vida humana! ¡Cabe mayor despropósito, pues va contra el respeto sagrado a la vida humana, que indudablemente no nos pertenece. Estamos obligados a cuidarla, al menos por instinto de supervivencia de la especie! Matan cristianos o enemigos políticos, mueren africanos que huyen despavoridos de la miseria económica y política, de la violencia tribal exterminadora… a un occidente en crisis total, caótico, incapaz de regular su propia sociedad con verdadera justicia pacificadora.


Y termino, pues no pensaba extenderme tanto hoy, no quería juntar tantos agravios para no caer el desánimo. Prefiero elevar una oración al Dios Altísimo, ¡que por los méritos de la pasión, muerte y resurrección de su querido Hijo, y hermano nuestro,  perdone nuestras ofensas, nos salve y nos proteja de nosotros mismos! para que seamos fuertes, y no caigamos en las garras del Gran Adulador y sus secuaces.

domingo, 9 de agosto de 2015

Alicia y la moral en el país de las maravillas


http://observador.pt/opiniao/alice-e-a-moral-no-pais-das-maravilhas/

Lea, vaya al cine y al teatro. Pero, si le ocurre que el libro, el cine o la pieza no tiene ninguna moral, acuérdese de la advertencia de la duquesa a Alicia: ¡Todo tiene una moral, pero es preciso dar con ella!

En el 150º aniversario de la publicación del conocido libro de Lewis Carroll, alias Charles Lutwidge Dodgson, y en pleno tiempo estival, viene a propósito un breve diálogo entre Alicia y la duquesa, que era ‘muy fea’ y de ‘baja estatura’, no obstante a la alteza de su condición social.

 “- ¡No imaginas qué contenta estoy de volver a verte, querida mía!- dice la duquesa, dando una palmadita afectuosa en al brazo de Alicia.”

Así comienza el noveno capítulo, que tiene por título “la historia de la falsa tortuga”, pero que, en realidad, se debería titular “La historia de la falsa neutralidad moral de las historias del país de las maravillas y no sólo”.

¿Por qué? la respuesta está en la conversación que continúa. Alicia, perdida en sus pensamientos, ignora por completo a la duquesa. Por eso, “con alguna sorpresa le susurra al oído:

“- Estás pensando en cualquier cosa, querida mía. Incluso te olvidas de hablar. En este momento no puedo decirte cual es la moral de esos pensamientos, pero intentaré encontrarla.

 “-Tal vez no exista ninguna moral – se atrevió a responder Alicia-.

 “- ¡Cállate, niña! –dice la Duquesa. –Todo tiene una moral. Basta que demos con ella”.

Hasta las historias menos moralistas tienen también una moral. Sería ingenuo pensar que hay romances, películas o telenovelas que, desde el punto de vista ético, son absolutamente neutras.

Por ejemplo, las producciones cinematográficas norteamericanas generalmente incluyen, en uno de los papeles principales, algún negro. Obviamente, tal cosa no sucede por casualidad, sino a propósito que, en este caso, es el loable principio de la inclusión y de la igualdad de todos los seres humanos.

No siempre, con todo, es así. Po supuesto, hay virtudes morales que las producciones artísticas, sean ellas literarias o cinematográficas, transforman en vicios, y vicios que son presentados como si fuesen virtudes. Por ejemplo, la obediencia raramente es elogiada, porque se prefiere exaltar la rebeldía. La infidelidad conyugal, por regla general, no es vista como un mal a evitar, sino como un mérito añadido, porque un héroe, o una heroína, quiere ser capaz de provocar pasiones arrebatadoras.

Mientras tanto, lo mismo cuando se infringen ciertos cánones éticos, las novelas modernas nunca son totalmente amorales. Por eso, es inimaginable que una producción artística proponga un Hitler galante y glamoroso. Pero un glamoroso Che Guevara que, por supuesto, no era mucho mejor, ya sería aceptable. Un bebedor empedernido puede transformarse en un príncipe encantado, pero nunca sería un compulsivo fumador.

Es muy positiva esta unanimidad en la condenación del nazismo, pero es una pena que no abarque otros totalitarismos, no menos nefandos. No se puede alentar el tabaquismo, pero es curiosa esta hipersensibilidad ética en relación a un mal menor, cuando desórdenes mucho mayores no son proscritos ni censurados por la poderosa industria del divertimento. No sería preferible una heroína, o un héroe, que sea buen ciudadano, buen cónyuge, buena madre o buen padre, honesto, trabajador pero fumador, en vez de alguien infiel en el matrimonio, mal progenitor, desleal en materia profesional, bebedor y tramposo pero que… no fuma?


En tiempo de vacaciones, lea, vaya al cine y al teatro. Pero, si le ocurre que el texto, la película o la pieza no tienen ninguna moral, desengáñese. Acuérdese de la sabia advertencia de la duquesa a Alicia: “Todo tiene una moral. Basta que demos con ella”.

sábado, 8 de agosto de 2015

¡Perdone, ayude y olvide!


José Luís Nunes Martins
https://www.facebook.com/jlmartins/posts/10204577391342311:0


                                                   Ilustração de Carlos Ribeiro

Caro amigo,

Es posible amar a una persona y detestar todo lo que en ella es malo, cada uno de los vicios que la estragan. Tenemos un montón de imperfecciones. Pero más que quien nos eche en cara  los errores, necesitamos de quien nos ame y enseñe a amar. De quien nos perdone, nos ayude y olvide nuestro mal. ¡E incluso si olvida que nos perdone!

Supongo que le cueste la idea del olvido… La herida sólo se cura cuando ya no se ve el rastro de la cicatriz.

Pero, para algunos, perdonar no es olvidar. Perdonan con la condición de dejar bien claro en el otro la evidencia de la imperfección. Contabilizando para sí un perdón más.

Ahora bien, el amor sólo se concibe de una forma: o es entero o no es. El amor exige que quien ama no haga cuentas, entregue su corazón, entero.

Ser justo con alguien que amamos también es duro para nosotros, pues eso implica apuntarle los errores que son de su responsabilidad (¡no otros!) sin excluirlo nunca, ni siquiera un momento, de nuestra intimidad.

Es mucho más fácil y cómodo apuntar con el dedo y condenar. Incluso al que no tiene culpa. No se distingue la falta (que es siempre censurable) del que la comete (que debe siempre ser comprendido), incluso porque ese proceso deja la ilusión de que ese juez es superior a aquellos que rebaja. Ser justo implica ser capaz de aceptar también lo que el otro tiene que decirnos respecto de nuestras faltas. Debemos siempre escucharlo. Incluso aunque no nos perdone, no nos ayude y recuerde lo malo en nosotros.

Recuerde que las palabras duras de un amigo son señal de lealtad y cuidado, el beso del enemigo no.

Cuidado con las generalizaciones. Una persona que falta a la verdad no es un mentiroso, ni es un ladrón quien alguna vez dejó de saldar las cuentas. Es frecuente que después de que descubrimos equivocado en alguien, esa persona parece perder todo su valor. O que, ante una desilusión de alguien en particular,  juzguemos que todos los demás son iguales y, siendo así, lo mejor es cerrarnos en nuestra perfección. Ahora bien, no sólo no estamos lejos de ser perfectos sino que también la soledad egoísta es un gesto grave de orgullo. Todos erramos. En eso todos somos iguales.

No crea que existe alguien perfecto que le espera en una isla desierta, lejos del tiempo, del mundo y de los otros.

Muchos se quejan tanto de los otros que resulta claro que no tienen idea de lo que en ellos mismos existe de venenoso. Bajo las capas de ingenuidad y de victimización  se esconden puñales bien afilados, a la espera solamente de mejor oportunidad para… vengarse, según creen o dicen. Porque, en su idea, su mal está siempre justificado por lo que sufrieron antes.

No debemos juzgar al otro, pero eso tampoco significa que tenemos que admirar los defectos que lo degradan. Ni tampoco censurarles las virtudes, porque también hay quien piensa que toda virtud ajena es defecto y, claro, que todo defecto personal, es virtud… Amar a alguien es ser capaz de ayudar, sobre todo a través del ejemplo, de la lucha contra los propios vicios.

Debemos desear siempre el bien, más aún cuando estamos ante el mal. En un primer momento, perdonando. Considerando que tal cosa no se debe a una intención por pura bondad de él mismo. Después, ayudando, dando con nuestra presencia la fuerza y confianza para una lucha que será siempre personal. Por fin, olvidando. Sí, quien ama olvida. Quien no olvida el mal, no ama. Amar es suplir las faltas de otro. Anulándolas. En todos lados. Para siempre.

La diligencia es la prisa propia de quien ama. También debemos perdonar sin demora y olvidar. Al final, también nosotros sólo debemos ser perdonados en la medida exacta en que hubiéramos sido capaces de perdonar.

Amar, a veces, exige que el amor supere nuestra razón.

Amar es olvidarnos de las faltas del otro. Es ayudarlo, olvidándonos de nosotros. Es perdonándolo, perdonándonos a nosotros mismos por la mala voluntad de no querer olvidar.

Permítame un consejo más: Que sus brazos sean un lugar (y un tiempo) donde el otro pueda llorar… sin que nunca se crea, por eso, en el  derecho de saber el por que de ninguna de esas lágrimas.

Así hace quien ama: perdona, ayuda y olvida.

Lo admiro, en especial, por esa humildad de concederme el derecho de entrar por su corazón adentro… permitiéndome sí conocer toda la grandeza de su vida…


Muy agradecido y un abrazo, grande.

domingo, 2 de agosto de 2015

La venganza de un judío errante



 http://observador.pt/opiniao/a-vinganca-de-um-judeu-errante/

Un judío británico, nacido austríaco, ‘se vengó’ de los cristianos que, en 1938, lo salvaron de una muerte cierta por los nazis, creando un fondo para el recate de los cristinos perseguidos en Oriente Medio

Arthur George Weidenfeld es un joven británico que, el próximo día 13 de septiembre, cumple 96 primaveras. Nació austríaco y tenía 18 años cuando, en 1938, el ejército nazi ocupó su país. Siendo judío, lo más cierto es que hubiese sido deportado a uno de los numerosos campos de concentración donde, con toda probabilidad, encontraría la muerte, como tantos otros judíos y no sólo. Pero tuvo la suerte o, mejor dicho, la gracia de tener quien lo librase de ese más que probable destino. En efecto, fue socorrido por cristianos, que también propiciaron su emigración a Gran Bretaña, donde consiguió residencia y trabajo.

Desde entonces, Weidenfeld, a quien la reina Isabel II hizo par del reino y barón, se siente en deuda con los que lo salvaron, porque entiende que les debe su supervivencia, seriamente amenazada después de la anexión de Austria por el Tercer Reich. Los años transcurridos desde entonces – ¡más de setenta!- no bastaron para olvidar esa deuda de gratitud y, por eso, quiso ‘vengarse’ de sus benefactores de 1938,creando un programa que se propone  rescatar los cristianos que son perseguidos en países de Oriente Medio, sobre todo por el auto intitulado Estado Islámico, responsable del asesinato de millares de seguidores de Cristo. La Weidenfeld Safe Havens Fund se propone rescatar aproximadamente dos mil cristianos, en Siria y en Irak, durante los próximos dos años.

A pesar de la dimensión trágica del referido genocidio, pocas han sido las veces que se levantaron para condenar esta implacable persecución religiosa, que todos los días cosecha nuevas vidas. El Papa Francisco parece ser la excepción que confirma la regla, pues se ha referido con frecuencia a este nuevo holocausto. Pero sus alertas no han tenido la virtud de despertar la comunidad internacional, que parece más interesada en resolver la crisis financiera que en defender los millares de cristianos que están en peligro inminente de vida en la atormentada región del próximo Oriente, en Pakistán –donde la católica Asia Bibi, condenada a muerte por blasfemia, continúa presa-  en Nigeria, en Sudán, etc.

Aún el 9 de julio pasado, el Papa confesó el dolor que lleva en el alma: “asistimos consternados a la persecución de cristianos en el próximo Oriente y en otras partes del mundo”, donde “tantos de nuestros hermanos y hermanas son perseguidos, torturados y muertos por su fe en Jesús”, especialmente en Irak y en Siria, donde no sólo algunos cristianos son decapitados, por razón de su fe, también los supervivientes son forzados a convertirse al Islam. No obstante la insistencia de las apelaciones, las organizaciones políticas y humanitarias optaron hasta la fecha, por lo que parece, por una cómplice indiferencia.

Gracias a Dios, no ha sido ese el caso de lord Weidenfeld, que en buena hora tomó la iniciativa de lanzar esta operación de rescate de cristianos perseguidos en la Tierra Santa y en toda la región. Según información facilitada por la Lugar-Tenência de Portugal da Ordem do Santo Sepulcro, una organización pontificia mundial al servicio de los Santos lugares y de las respectivas comunidades cristianas, este proyecto, a pesar de tener sólo unas semanas de vida, ya expatrió, hacia Polonia, ciento cincuenta cristianos Sirios.

No obstante la naturaleza humanitaria de la operación, surgirán algunas críticas al carácter  confesional del apoyo que este fondo presta. Arthur George Weidenfeld explicó, mientras tanto, que la iniciativa nació de la deuda contraída por él y por muchos otros jóvenes judíos, integrados en los Kindertransports, para con las confesiones cristianas que los salvaron, llevándolos a Inglaterra.

Habrá quien diga que los judíos son muy ‘vengativos’ y materialistas y, si así fuera, el promotor de esta iniciativa no es la excepción. Con todo, su ‘venganza’ es muy especial, porque es expresión de su gratitud y totalmente desinteresada. Una actitud que el querría ver compartida por todos los miembros de su pueblo: “nosotros, los judíos, debemos ser también agradecidos y hacer alguna cosa por los cristianos en vías de extinción”.

Mientras tanto, el barón Weidenfeld no tiene razón cuando afirma que, como no puede salvar a todo el mundo, se contenta con ayudar a algunos cristianos. La verdad es que, al contrario de lo que afirma, quien salva a un hermano, sea o no cristiano, se salva a sí mismo y salva al mundo también.

Sacerdote católico



sábado, 1 de agosto de 2015

Los milagros no se dejan ver

José Luís Nunes Martins
1 de agosto de 2015 


                                                       Ilustração de Carlos Ribeiro

 Cuando se hace un bien, importa cuidar las apariencias, revelando sólo lo esencial. ¡El ideal se consigue cuando todo parece fruto de la casualidad! El mal procura siempre crear grandezas pomposas en torno a sus gestos. La vanidad es señal clara de un mal que pretende disfrazarse.

El amor y la inteligencia exigen delicadeza. Sólo a través de ella se alcanzan las profundidades. No se trata de una fragilidad, en el sentido de flaqueza, sino de una perfección que solamente busca no dejarse ver a los ojos de la multitud.

Del mismo modo cuando son grandes milagros, pasan desapercibidos. Hay gente que no sabe que el suelo que pisa es sagrado, que no se da cuenta de que lo fundamental de su existencia no es lo que parece…

La fuerza bruta puede muy poco. Los milagros parecen muchas veces insignificancias. ¿Quien no ha visto que cosas pequeñas se revelan como enormes y cosas grandiosas sin ningún valor?

No se trata de un disfraz, un fraude o engaño. Sino que sólo el bien cuida de no manifestarse de forma evidente como su autor. Recogiéndose, sin ocultarse.

Importa aprender a mirar. Distinguir los aspectos sutiles y delicados de cada cosa, reconocer las relaciones, las diferencias y las armonías.

Es necesario que el corazón aprenda a estar atento.

Los milagros no son tan raros como parece. Los árboles crecen y las flores brotan todos los días, siempre sin el mínimo alboroto. Esla belleza pura, solamente.

Todos los días, hay gente que nace y gente que muere… mientras muchos otros creen que en el mundo continúa todo igual… la creación es una constante del tiempo.

Lo que comienza siendo una sospecha, puede revelarse, cuando se es capaz de ver hasta el fondo, un milagro. Una especie de enigma que se aprende a develar y, después, a admirar.

No hay suertes ni destino, el bien está en el corazón y en las manos de los que saben soñar, vivir y amar. Lejos de las apariencias engañadoras y vanidosas. La libertad humana tiene los ojos bien abiertos y no tiene alas ni ruedas en los pies. Sólo la voluntad de crear, de dar al mundo un mundo mejor. La capacidad de crear por pura bondad. El bien quiere construir mundos nuevos y buenos en tanto que el mal es constante en deshacer todo, destruyendo cada cosa.

Hacer que ocurra un milagro es posible a cualquiera de nosotros. Alimentar a un hambriento, acoger con la mirada a aquel que es invisible a los otros, sonreír cuando se llora, dar la mano a quien sufre… acoger en la intimida de nuestros silencios a aquellos que más  necesitan de nuestro amor.

Nada sucede por casualidad. No hay fado ni suerte. Esas cosas sólo tienen sentido en las mentes que han desistido de comprender, haciendo a su enemigo más fuerte, al entregarle las armas que deberían servir para combatir. Más: para, en seguida, pedirle benevolencia y perdón por el bien y por el mal que no se hace…

Frágil es quien no sabe lo que quiere.

Es así mismo posible conducir el propio destino, llevándolo de la mano.

La sabiduría conoce y usa la dosis cierta de cada gesto. La perfección es siempre simple, mínima y sutil. ¡Aún así, a pesar de toda su divina delicadeza, hay milagros que se repiten hasta alcanzar su propósito!