domingo, 30 de agosto de 2015

TGV: terrorismo a alta velocidad



http://observador.pt/opiniao/tgv-terrorismo-a-alta-velocidade/

El hecho heroico se queda con quien lo practicó, pero la lección es para todos. No tenemos el TGV, sino también tenemos criminales, héroes y cobardes. Tal como había dentro de aquel TGV. Los héroes señalan la diferencia.

Por su carácter excepcional, vale la pena recordar el heroico episodio del sábado pasado, 21 de agosto, a bordo del TGV Amsterdam-París.

Cuando el convoy estaba cerca de la estación de Arrás, en el norte de Francia, aún próximo a la frontera con Bélgica, Ayoub El-Khazzani, armado hasta los dientes, tuvo la tentación de atacar a los pasajeros. Felizmente, en el vagón viajaban también, entre otros, cuatro bravos, que hicieron frente al guerrillero islámico: un consultor inglés de 62 años, Chris Norman; y tres norteamericanos, el estudiante Anthonhy Sandler y sus amigos militares, Spencer Stone, de la Fuerza Aérea, en servicio en la base de Lajes, en los Ancores, y Alek Skarlatos, de la Guardia nacional de los Estados unidos de América.

Que Francia sea socorrida, in extremis, por un británico y tres norteamericanos, tiene su gracia, en este septuagésimo aniversario de la victoria de Gran Bretaña y los Estados Unidos en la II Guerra Mundial… No sé si fue para honrar esa memoria, pero el presidente francés concedió la más alta condecoración de su país, la Legión de Honor, a los principales protagonistas de la acción que frustró este ataque en el TGV francés.

La principal arma de los terroristas no es militar –ametralladoras, bombas o granadas- sino sicológica, o sea, el terror. Sembrar el miedo es lo que, en primer lugar, se pretende con el terrorismo: crear un estado de pánico que, en realidad, impide cualquier tipo de reacción. Por eso, es fundamental que el occidente no se agache ante las pretensiones totalitarias de los extremistas. Por esta razón fue necesario reaccionar contra el atentado al semanario Charlie Hebdo, por más indecentes que fueran  -y lo eran!- sus bromas de muy mal gusto y dudoso humor.

El hecho heroico queda con quien lo practicó, pero la lección es para todos. O sea, no basta que los Estados y las fuerzas de seguridad velen por la defensa de los derechos, garantías y libertades fundamentales; es necesario que todos y cada uno de los cuidados tome conciencia de que este combate también le incumbe.

Ante la inhibición de los ferroviarios que, en vez de hacer frente al terrorista marroquí, se encerraron en la cabina, dejando indefensos a los pasajeros, entre los cuales también había niños, hubo quien tuvo el coraje de poner en riesgo su vida. El héroe no es alguien que, como un loco temerario, ignora el peligro,     sino quien, conociéndolo, le hace frente. Sabe  que también puede morir, pero prefiere perder la vida con honra, que conservarla a costa de una infame cobardía. Esa fue la gran lección que los héroes del TGV dieron a Francia y al mundo entero y que los hizo merecer, con toda justicia, la Legión de Honor.

Dadas nuestras costumbres blandas, no abundan las ocasiones de protagonizar gestos de un heroísmo tal. No tenemos sólo el TGV, sino que tenemos criminales, héroes y cobardes. En un asalto a mano ramada, en plena vía pública, ¿Cuántas personas serían capaces de socorrer a la víctima? ¿¡Cuántos pasajeros de un convoy, autobús o tranvía, tendrían el coraje de hacer frente a un carterista, cogido in flagrante!? ¿No es verdad que la mayoría de las personas, en esas situaciones, prefiere no darse por aludida, dejando impune al atacante ya la víctima entregada a su propia suerte?

En la sociedad postmoderna se ha instalado un cierto terrorismo social, que es el ambiente propicio para el crimen urbano. En vez de solidaridad cristiana, que ve en el otro un ‘alter ego’, hay un clima de indiferencia generalizada, que lleva a que cada cual se importe sólo a sí mismo y con la seguridad de sus familiares y sus bienes. Pero, quien se interesa por el bien común, es también víctima de esa indiferencia y, ciertamente, cómplice, por omisión, de los que se aprovechan criminosamente de esa pasividad,

Faltan héroes de la vida común. En una nomenclatura religiosa, esos defensores de la verdad y del bien tienen un nombre: son los santos. La principal virtud cristiana no es la de la religión, sino la de la caridad: “nadie tiene más amorque el que da la vida por sus amigos” (Jo 15, 13).

Sería asfixiante, como en una prisión o en un campo de concentración, una sociedad  que todos fuesen vigilados. Salvo el caso de guerra, no es deseable que cada ciudadano sea un soldado, sino que todos debemos ser guardianes de la justicia y de la paz. Sólo quien vence el egoísmo, puede osar luchar contra todos los miedos.

Sacerdote católico


sábado, 29 de agosto de 2015

El valor de todo y la importancia de nada


29 de agosto de 2015 https://www.facebook.com/jlmartins?fref=ts



                                                      Ilustração de Carlos Ribeiro

Una de las mejores formas de valorar a las personas y las cosas es esperar a que con el paso del tiempo su importancia se relativice y se revele. Demasiado cerca, todo tiende a parecer absoluto y definitivo. Para comprender cada momento de la vida, es necesario que pase, y que se junte a otros hasta que llegue el momento cierto de ver, con toda claridad, lo que se pasó.

El secreto del discernimiento es al final una cosa tan simple como exigente y dolorosa: paciencia.

Si sólo se comprende la vida cuando miramos hacia atrás, la verdad es que, para  vivir, el sentido es el opuesto. Hacia adelante. Así, una elección determinante de nuestras vidas pasa por saber donde colocamos nuestros ojos y nuestro corazón: en el pasado en busca de comprensión y aceptación; u, en el futuro en busca de más vida.

Nuestro camino pasa por tierras desconocidas y mares lejanos. Nuestra vida es un acabar que nunca acaba. Como no hay un fin definitivo, renacemos de forma constante en muchos lugares y tiempos, y siempre es así, por más cansados y angustiados que estemos… ¡porque nuestra vida quiere vivir más  que nosotros mismos!

El vencedor sale muchas veces derrotado. Una de las alturas en que el corazón no debe flaquear es cuando está rodeado de enemigos. La soledad esencial de cada uno de nosotros es tan profunda que asusta a los que nunca se dan cuenta de la inmensidad del mundo dentro de sí.

Yo soy alguien que busca en el otro un ser como él, a partir de él y… para él.

En los tiempos de abandono hay que tener el coraje de la esperanza. Aquella certeza de que nuestro camino pasa por valles de tinieblas, frío y dolor… pero nuestra misión no es ni quedar allí, ni perder nuestra fe en el amor. Nuestras obras deben ser la respuesta al sufrimiento, porque son las obras las que confirman la misión.

¡Hacer lo que debo, estando entero en lo que hago!

Quien no quiere  vencer, no puede esperar victorias.

No. Nuestra existencia no es sólo esto. Es más que esto. Es mucho más que nosotros.

En los éxitos es bueno recordar los fracasos… todo se vuelve más claro. Los éxitos y los fracasos.


Hay una vida inmensa e intensa dentro de mí. La misma vida que anima a los árboles, que florecen y fructifican en primavera… y que, cuando sopla en el viento, las deshoja y libra de sus ramas muertas… la misma fuerza que levanta las olas, hace arena. El mismo coraje que nace e ilumina el corazón invencible de quien aprende a amar.

Debemos osar ser más. Trazar una cruz en el infinito y poner rumbo allá… Mientras no llegue el tiempo de ser nosotros la hoja seca que cae…

Yo soy también mi herencia. El ser de aquellos que me amaron y que acepté.

Cada uno de nosotros es sólo una hoja, una rama o un árbol… pero una floresta, un mundo y un universo.

¿Como no va querer dar todo por la verdadera felicidad? Buscar en el pasado el sentido de la vida es como buscar en los sueños razones de salud.

De noche, las luces son más suaves y verdaderas. El cielo es más bello cuando se pueden ver todas las estrellas centelleantes que nuestra corta vista no alcanza. La luz de la luna  puede ser aún más pura que la propia luz del sol.

El amor llama. A lo lejos, alguien canta. A lo lejos. Hay que esperar. Luchar. Con fe. Aquella certeza de que no estoy solo. Somos nosotros.

domingo, 23 de agosto de 2015

¿La ideología de género, qué género de ideología es?



 http://observador.pt/opiniao/a-ideologia-de-genero-que-genero-de-ideologia-e/

La ideología de género no es la nueva vanguardia de los derechos humanos, de la igualdad sexual o de la no discriminación, sino una nueva versión del marxismo

La pregunta fue formulada en estos términos: “¿Estamos preparados para abrazar la idea de que el género de cada uno depende de la identidad de género y no de las características del cuerpo, como la genitalidad?”

A esta cuestión trata de responder afirmativamente el autor de la tesis de doctorado que, el pasado día 19 de Junio, fue aprobada con distinción por el  ISCTE y que mereció un amplio reportaje en el diario Público el 11 de agosto pasado.

La ideología de género entiende que no se es del sexo a que corresponde la masculinidad o feminidad biológica, sino del género al que cada cual, libérrimamente, decide pertenecer. O sea, como se afirma en la fórmula anunciada, “el género de cada uno depende de la identidad de género y no de las características del cuerpo”. La sustitución del ‘sexo’ que son sólo dos –el femenino y el masculino- por el ‘género’, que no se sabe cuántos son, permite todas las variantes que el lobby LGBT agrega y promueve.

En abono de su tesis, el referido autor entrevistó a 22 transexuales. Está fuera de duda el respeto que les es debido, como a cualquier otra persona, independientemente de su orientación sexual, así como también son excluidas todas las formas de discriminación injustas. Pero, ¿como reconocer, jurídicamente, una identidad sexual variable?

Según el autor de este estudio, “ser transexual no significa tener una identidad sexual”. ¿Quiere esto decir que la transexualidad no es una identidad de género? Si así fuera, entonces no tiene sentido que una condición, que no es identitaria, tenga relevancia en el registro civil. Si, como se dice, “muchos participantes declaran que se reconocen como  mujeres u hombres a lo largo de sus trayectorias, de cuerdo con su identidad de género”, es obvio que tales participantes no pueden, pura y simplemente, ser tenidos como femeninos o masculinos. ¿Si ser transexual no define en una identidad sexual, en la medida en que tal sujeto tanto puede ser hombre como mujer, cual es la relevancia de la transexualidad en términos de identificación personal?

Más allá de las 22 entrevistas a transexuales, el autor también consultó “79 artículos publicados en as ediciones electrónicas de los cuatro principales diarios”, se supone que sin especial relevancia científica; “un extenso reportaje de una revista semanal” que no se identifica; “el debate” parlamentario que antecedió a la aprobación de la correspondiente ley; “la transcripción de un programa de televisión emitido por a RTP”, que tampoco se menciona; “el mensaje del presidente de la República”, de quien se desconoce cualquier especial competencia en esta temática y, aún, “cuatro comunicados emitidos por la mayor organización de derechos de lesbianas, gays, bisexuales y transgénero (LGBT)”. Si es todo, en realidad es  muy poco.

Si la identidad de género se determina sólo por la opción personal, la identidad sexual, por el contrario, se desprende de la propia naturaleza. Tal vez algunos nieguen la relevancia del sexo biológico, pero el sexo no es, por norma, sólo biológico, sino sobre todo sicológico y hasta espiritual, mucho ante de ser, también, una realidad cultural. O sea, se nace masculino o femenino y esa condición no es meramente anatómica, sino constitutiva de la personalidad del sujeto, al nivel de su intelectualidad, de su afectividad, de su sociabilidad, etc.

El profesor Richard A. Lippa, de la Universidad de California, realizó con el apoyo de la BBC, una interesante investigación sobre preferencias profesionales. A partir de doscientas mil entrevistas a otras tantas personas de 53 países de Europa, América, África y Asia, concluyó que los hombres tienden a los trabajos más técnicos, mientras que las mujeres prefieren las ocupaciones sociales. Es significativo que esta tendencia se mantenga en todos los países y continentes, no obstante la diversidad de culturas y de condiciones socioeconómicas. A su vez, el profesor Simon Baron-Cohen, del prestigioso Trinity College de la Universidad de Cambridge, que es autor de ‘Sex differences in human neonatal social percepción’, llegó al mismo resultado, al constatar que los niños, con sólo pocas horas de vida, fijan su preferencia en objetos mecánicos, mientras que las niñas, de la misma edad, ponen más atención a los rostros humanos.

Pero hay algo en lo que la ideología de género no engaña: su carácter predominantemente ideológico. Si se tuviera en cuenta que ya Engels afirmaba que la primera lucha de clases es la que se da dentro del matrimonio y que la dialéctica de lo femenino y de lo masculino debe ser abolida, no es temerario afirmar que la ideología de género es neomarxista. D. José Ignacio Munilla, Obispo de San Sebastián, fue aún más lejos cuando dice, el pasado 15 de agosto, que esta ideología es una ‘metástasis del marxismo’. “De acuerdo con los más agudos analistas –añadió el prelado español- el marxismo fracasó por haberse centrado en la teoría económica de la lucha de clases, sin atacar directamente a la familia, que es la que verdaderamente configura los valores de la persona. Por eso, en la actualidad,  a través de la ideología de género se procura destruir la familia y la concepción natural del hombre”

No obstante la matriz profundamente anticristiana de la ideología de género, la verdad es que, como enfáticamente escribe la autora del reportaje apreciable, en enero de 2011, “el país decidió” autorizar el cambio de género sin necesidad de esterilización o cualquier tratamiento”. Más aún, “Portugal se convirtió en el primer país europeo” en hacerlo, pues “ni España, ni el Reino Unido habían ido tan lejos”.


En vísperas de elecciones legislativas, los partidos deberían ilustrar al electorado sobre este particular, no suceda que, después, “el país” venga a decidir sobre una ideología que aún ningún partido político tuvo el coraje de decir lo que es.
Sacerdote católico



sábado, 22 de agosto de 2015

Buscando un amo

Hoy, recolocando los pocos libros y otros papeles que aún conservo, encontré este artículo de mi gran maestro J.J. Lozano, al que debo en gran parte la existencia de este humilde e insignificante blog. Así que no resisto la tentación de ponerlo a disposición de quien  quiera leerlo, o tenga interés aún en comprender mejor lo que nos está pasando, como sociedad, como personas…



 

Buscando un amo

POR JOSÉ JIMÉNEZ LOZANO ESCRITOR. PREMIO CERVANTES 2002

| LA TERCERA DE ABC |



... Las categorías del pensar han quedado aniquiladas, y ni quiera el tiempo ni el espacio son algo significativo, todo es política, nada hay neutro: ni razón, ni palabra, ni modo de conocimiento, ni recoveco de vida ni de alma...

DISTO mucho de ser un jurista ni nada que se le parezca, pero mi paso por la Facultad de Derecho hizo posible que, gracias a la excelencia de buena parte de mis maestros, quedase en mi inteligencia y en mi corazón no menos de un grosor de cuatro dedos de enjundia jurídica, como de cristiandad tenía Sancho; y, desde luego, el suficiente sabor de lo que es Derecho como para distinguir en este orden de cosas la mano derecha de la izquierda. Y para saber, además y por lo tanto, que el Derecho consiste en que vayan reyes do quieren leyes, y no a la inversa; y que toda burla del Derecho se paga, y no tan a la larga, con la esclavitud. Y por supuesto que algunos de esos nuestros excelentes profesores ya nos advirtieron de que, gracias sobre todo al enorme éxito moral de los dos grandes totalitarismos del XX, la figura penal de la prevaricación, pongamos por caso, sería una legal opción jurídica; y que eso significaría el triunfo legal del espíritu de muerte de aquellos totalitarismos, para los que el Derecho era siempre algo instrumental, nunca un obstáculo, ante las necesidades políticas. ¿Cómo podríamos extrañarnos entonces de lo que estamos viendo aquellos jóvenes de entonces para los que esas advertencias sonaban a apocalipsis, pero un apocalipsis que sabíamos que siempre sería posible?

Mi generación despreció y odió a aquellos siniestros totalitarismos como nunca lo serían después, porque las generaciones que vinieron tras la nuestra cedieron a las fascinaciones de uno de ellos o de los dos, y admitieron la política como valor supremo, y la violencia y la mentira fundantes como instrumentos políticos para lograr una extraña justicia en un mundo nuevo, que exigía la destrucción del nuestro. El desplome intelectual, ético, religioso, cultural, y de la mera civilidad, sobrevenido después, en medio del aplauso y de la complicidad que parecía asistir a la epifanía de ese mundo nuevo como en una víspera de Reyes, nos ha instalado donde estamos; esto es, en un mero reniego del pasado, en la quema de todas las naves de regreso a la pura racionalidad como una fiesta, en una pura nada que no va a ninguna parte, pero tampoco desea ir a ninguna, sino sólo hacer el tiempo banal y eterno, sin una arruga y sin que nos rayen el coche, alta metafísica, y ya la única posible. Una verdadera revolución cultural ha sido hecha, y el modo de conocer mismo y el lenguaje han sido cambiados y determinados. La tesis es que no hay verdad alguna ni esencia de las cosas, que nada es sino que se determina y se define, y naturalmente es el poder el que lo hace, medida de todas las cosas y aún creador de la realidad partiendo de la nada, o aniquilador de esa realidad tornándola a la nada. Cuatro patas no son necesariamente más que dos patas, y veintisiete puede ser más que veintiocho, como decía el señor Lenin, a tenor de la decisión del Partido que estaba en el secreto de la historia, pero ahora lo están sus epígonos de la modernidad y el progreso progresado. Nada debe oponérseles, sino que será arrojado a las tinieblas exteriores de la corrección política. Los media implantan higiénica y pedagógicamente en los cerebros tal sentir y doctrina, y lo que se espera de nosotros es autoinculpación y agradecimiento como en los famosos juicios de Moscú, o la alabanza de las reses condenadas al matadero que van clamando: ¡Es por nuestro bien! ¡Es por nuestro bien!

No hay ninguna sustancia y todo es accidente, y sólo el poder dicta lo que puede salvarnos, y lo que igualmente puede salvar del olvido indiferente a las víctimas que fueron sacrificadas igualmente por nuestro bien, y así podremos alimentarnos de cadáveres y engordar con ellos. Ya no habrá guardias nocturnas en el castillo de Elsinor, que antes del canto del gallo y del clarear del día puedan ver el fantasma del padre de Hamlet, porque tampoco hay ya fantasmas, y los muertos sólo se levantan para ser militarizados y apoyar las luchas de los vivos para que haya más muertos; ni tampoco hay Hamlets con dudas ni filosofías.

Las jóvenes generaciones no deben poner sus ojos sobre esos rancios textos de antiguos rostros pálidos europeos, muertos hace ya mucho tiempo, que no nos importan, ni pueden importarnos. Un nuevo mundo se está levantando, y los nuevos adanes, creados a sí mismos como demiurgos, están poniendo nuevos nombres a las cosas, los seres, los aconteceres. Y serán todos ellos los que así las determinen. Hasta en la literatura se habla como si tal cosa de creación del lenguaje, pero un lenguaje único va conformando nuestras mentes, exactamente como se conformó la de las gentes que en la construcción de la Torre de Babel abrían la boca del mismo modo, porque sus mentes pensaban del mismo modo, y al abrir la boca eran conformadas para pensar más del mismo modo, según el diseño del rey Nimrod, el Primer Gran Hermano.

Pero no hay nada sobre lo que pensar, y sólo hay accidentes de esa nada sobre los que se vierten opiniones. Nuestro pensamiento se abre a las opiniones como a la pura nada, como ya enseñó Sócrates, porque de las cosas que se sabe no se opina, ni tampoco de las que no se sabe, ni tampoco se opina sobre aquéllas de las que sólo se sabe algo, porque entonces nacen hipótesis y éstas algún pie de certeza han de tener que las sostenga. Pero ya no son así las cosas, sino que el respeto sólo debido a las personas sólo se pide para las opiniones, que así pueden ser incluso honradas aún siendo necias o sencillamente criminales. Lo que se odia es la construcción cristiana del yo individual y de la persona, y así muy bien pueden ser alabados la necedad y el crimen.

¿Qué es lo que no se podría pensar, hacer y magnificar en este estado de cosas en el que nos encontramos? Las categorías del pensar han quedado aniquiladas, y ni quiera el tiempo ni el espacio son algo significativo, todo es política, nada hay neutro: ni razón, ni palabra, ni modo de conocimiento, ni recoveco de vida ni de alma. Es el Palacio de Cristal dostoievskiano, la cámara oculta como el ojo vigilante del dios nuevo. La Torre ya va muy alta, y sólo un temblor de tierra y una nueva confusión de lenguas para que cada cual moviese sus labios según fuesen su yo y su ánima podrían salvarnos de lo que parece nuestro destino.

Pero, de momento, las que cayeron un 11 de setiembre bien cercano fueron los rascacielos de Nueva York con la advertencia y el estruendo de como Constantinopla cayó en manos de los sarracenos en 1453. Se tardó luego cien años en alejar de Europa aquel peligro, y se logró en Lepanto, porque entonces todavía nuestros abuelos sabían lo que eran y lo que no querían ser en modo alguno; lo que ahora no es nada seguro cuando menos.

En el momento del mayo revolucionario del 68, los alumnos que coreaban consignas de destrucción y nuevo mundo pedían a Jacques Lacan que fuera para ellos un guía, y él les dijo: Ustedes lo que piden es un amo. No se preocupen, lo tendrán.


El silencio de las grandes obras


José Luís Nunes Martins
22 de agosto de 2015 


                                                        Ilustração de Carlos Ribeiro

Querida amiga,

Cualquiera puede destruir una obra de arte, pero sólo un maestro es capaz de crear y erigir… a pesar de todas las adversidades y maledicencias. Después, repetir y hacer otra… y otra… sí, que la genialidad no es ser autor de una obra primera, sino ser capaz de arrancar un proceso de creación y perfeccionamiento permanentes, mientras los otros critican sin cesar.

Es fácil decir que una cosa no está bien y sacarle muchos defectos. Pero esta gente no tiene idea de lo que es estar delante del vacío de una hoja o de una tela en blanco, del silencio de una pauta o de un bloque de mármol en bruto…

Si al menos esos críticos, por una vez, experimentasen hacer aquello que acusan a los otros de hacer mal…

Acumulan tensión como muelles comprimidos, y, en el instante fatal, disparan todo de una sola vez.

Lo mejor que se puede hacer ante una catarata de injurias, insultos y ofensas, por más repintadas y bien vestidas que lleguen, es encogerse de hombros y seguir adelante. Sí, es duro. Durísimo. Pero de nada nos vale otra cosa. Es una pérdida de tiempo, y de fuerza, intentar apedrear a los canes que ladran mientras pasa nuestra caravana. La realidad es así: unos quedan ahí, otros no.

Somos todos miserables. Todos. Algunos tienen conciencia de eso, otros prefieren el juego  infantil de ir apuntando miserias que creen que son sólo del otro. Se creen reyes de un mundo en el que ellos están en la cima y donde todo gira a su alrededor.

Conoce por cierto aquellos malos pintores que trazan líneas sin gran sentido y después intentan convencer a los otros de que la realidad es así, una imagen perfecta de lo que intentaron retratar. Claro, se embarullan en argumentos tan malos que a veces cuesta creer que salgan de la cabeza de alguien inteligente.

Permítame algunos consejos que me repito a mí mismo:

Nunca se crea más que otros. Sólo si se reconoce igual a ellos podrá ser diferente, por las obras que ellos sólo critican.

Hay quien sólo existe a partir de las obras que otro crean por sí mismos.

Aún cuando tenemos razón nos falta acertar en dos cosas: el tiempo y el tono.  A veces, la frase acertada fuera del tiempo o del tono, corre el riesgo de ser mal entendida así como no ser oída.

No piense mal de nadie, por respeto a sí. Esfuércese por comprender al otro, imagine qué razones pueden existir que justifiquen lo que aparenta no tener sentido alguno.

No invente disculpas para sí misma. Perfecciónese. Siempre. Da trabajo. Mucho. Pero usted lo merece. Perfeccione su silencio. Cuanto más limpio estuviere el inicio más bella podrá serla obra que de allí nace.

La verdad es que buena parte de nuestras propias desgracias se deben al hecho de que todos acabamos, casi siempre, por decir más de lo que queríamos decir…

Las grandes obras se hacen con amor, verdad y trabajo, no con palabras o meras intenciones.

No es el peso de la cruz lo que importa, sino la fuerza de los hombros que la cargan.

Las grandes obras se pierden en el silencio que as envuelve.

… en la certeza de que pido también por usted en los silencios de los que soy capaz, le pido que se acuerde de mí en los suyos.
...
muito Obrigado,

miércoles, 19 de agosto de 2015

Histerismos, hitlerismos



http://observador.pt/opiniao/histerismos-hitlerismos/

La cuestión del aborto se presta a histerismos. De los que, con mucho orgullo pero poca caridad, consideran asesinas a las mujeres que abortan. Y también de los que defienden que debe ser subvencionado e incentivado.

La cuestión del aborto es especialmente dada a histerismos. De principio a fin. De los que enarbolan, con mucha razón, la bandera de la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural y consideran, con poca caridad, asesinas a todas las mujeres que abortan. Pero también de los que defienden, con fanatismo irracional, que el aborto es un derecho fundamental de las mujeres y debe ser, por eso, liberalizado, subsidiado e incentivado. A unos y otros hay que pedir  sentido común y, además, serenidad, porque las emociones no suelen ser buenas consejeras, sobre todo en materias tan delicadas.

A nadie le está permitida la condena sumaria de una mujer que aborta, porque hay que tener en cuenta las circunstancias concretas de cada situación. Puede ser, es cierto, un acto consciente y deliberado, en que una vida humana es eliminada, en cuyo caso será difícil no reconocer carácter pecaminoso en esa acción, porque nada puede justificar la muerte de un ser humano inocente.

Pero no todos los abortos se producen así. Pocas son las mujeres que lo hacen con esa fiereza asesina. La presunción es, incluso, la de su inocencia, porque la culpa nunca se presume y deberá ser, en cada caso, probada. Hay bastante gente de buena fe, que no sabe lo que realmente está en cuestión en una interrupción voluntaria del embarazo, incluso porque el eufemismo de esta expresión dificulta, intencionadamente, la comprensión de la realidad en cuestión, así como la de sus dramáticas consecuencias.

Hay quien aborta sin culpa, porque está obligada a ello, especialmente por su pareja, que no acepta la paternidad del ser generado, aunque está obligado a ello, jurídica y moralmente. No deja de ser curioso que, en el caso evangélico de la mujer sorprendida en flagrante adulterio, se omita la referencia a su cómplice. ¿¡Si la acción implica necesariamente dos personas y ambas fueran sorprendidas en el acto, cómo explicar la ausencia masculina?! A Cristo no se le escapó la injusticia de aquellos que, injustamente, sólo acusaban a la mujer, mientras encubrían la culpa del hombre, a caso mayor, en caso de que la hubiera violado o coaccionado. Por eso Jesús, sin contradecir la ley ni justificar el adulterio, no condenó a la mujer.

También hay familias, muy ‘buenas familias’ por cierto, que, ante un inesperado embarazo de una hija adolescente, la fuerzan a abortar, sobre todo cuando el compañero no es ‘flor-que-se-cheire’ y no se prevé, no desea, cualquier fruto de aquella desastrosa relación. Entienden los familiares que la desgraciada joven no puede ni debe quedar sujeta, para el resto de su vida, a aquella pobre criatura, concebida en un momento de locura e irreflexión. Mandan entonces ‘las bunas costumbres’ que se elimine esa diminuta existencia y se devuelva a la joven
su libertad y respetabilidad social. Se presiona y se amenaza, incluso con la expulsión de la familia, a la menor que no acepte el ‘desmancho’, como un mal necesario, la única solución posible para aquel drama personal y familiar. ¿Pero, una mujer así forzada, es a caso responsable de un acto cometido por causa de la desesperación, posiblemente en la mayor y más dolorosa soledad y sufrimiento? Cristo, ciertamente, no la condenaría, ni ningún cristiano digno de tal nombre, en cambio otros defensores de la vida tal vez no tuviesen pudor en considerarla, pura y simplemente, una asesina.

En el campo opuesto, tampoco faltan ejemplos de una retórica tan exagerada que, en realidad, resulta ridícula. Todavía recientemente, apropósito de la aprobación, por la Asamblea de la República, de la “Ley de apoyo a la maternidad y paternidad”, suscrita por cerca de cincuenta mil lectores, al abrigo de una iniciativa legislativa de ciudadanos, se oyeron gritos desesperados, como si la nueva ley fuese una monstruosidad inimaginable, un retroceso de mil años en la legislación social, un regreso a las cavernas del paleolítico inferior, una humillación para las mujeres portuguesas, una ofensa al orden constitucional, una grosera violación del anterior referendo (que, por cierto, una no menos grosera violación el referendo anterior, también no vinculante…), una inaudita falta de respeto al Estado de Derecho, una catástrofe humanitaria, etc.

Hay, por supuesto, algunos diputados y políticos que, cuando peroran sobre estas materias, lo hacen con tan depuradas capacidades dramáticas que se lamentan no haberse dedicado a la carrera artística. Quedan bien esos gestos  teatrales en un escenario, pero son excusados en un parlamento, que debe ser un lugar de reflexión y de debate más racional que emocional, porque sólo un análisis sereno puede fundamentar una decisión ponderada y justa, como deben ser las leyes que rigen una cuestión tan sensible.

Por otro lado, que no todas las mujeres que abortan son asesinas no supone que ninguna lo sea. Hay abortos sin culpa, como también los hay que son criminosos, cometidos con plena consciencia y total voluntad, a veces de forma reincidente y a expensas del Estado, o sea, de los contribuyentes. Ni todas  criminales, ni todas inocentes. La Ley no debe suponer  una cosa, ni su contrario, sino proteger siempre al más débil y, supuesta la presunción de inocencia, responsabilizar a quien infringe la ley.


Los histerismos están de más. Siempre. Son polución. O peor, una buena imitación de los dictadores más irracionales. No era por casualidad que Hitler discurseaba siempre dando gritos… Es que, a quien le falta la fuerza de la razón, sólo le queda la razón de la fuerza. 

sábado, 15 de agosto de 2015

Las obras y los misterios del amor

https://www.facebook.com/jlmartins/posts/10204622332305807:0


                                                         Ilustração de Carlos Ribeiro

Quien ama no siente el amor en su corazón. Vive en el corazón del amor. El amor que nos ofrece los sueños más bellos y nos hace volar, es el mismo que nos clava las espinas más duras en la carne y se hace amargo en nuestras lágrimas.

El amor hace el querer, donde y cuando alguien lo acepta. No tiene otras manos ni ojos sino los nuestros. La fuerza del amor es aquella de laque fuéramos capaces. Por eso, amar es, ante todo, aceptar.

Hay quien entrega su vida por amor. Quien se abandona a sí mismo, dejando atrás aquello que otros creen que es su mayor tesoro… La vida es para amar, quien no ama, solo sobrevive.

Habrá quien muera de amor. Pero esta vida es solo un pedazo de la otra, mayor, que sólo es vivida por los que tuvieran el coraje imprudente de ser luz y calor en la vida de alguien, aceptándolo como es… y como quiere ser. Sin juzgar. Respetando siempre sus espacios y sus tiempos, su pasado y su futuro.  Amar es corregir y ayudar a quien se ama a ser mejor, pero no obligándolo a nuestros pensamientos y sentimientos, a nuestras palabras y a nuestros silencios. Amar al otro es ser un medio para su verdadera felicidad, no es hacer de él un instrumento de nuestro egoísmo.

En el amor no hay monotonía. O crece al exterior, expandiéndose y creando nuevos mundos; o hacia el interior, alargando los horizontes del sentir y del pensar hasta el infinito.

A veces el amor nos obliga a ser duros, firmes y objetivos, cuidando de forma eficaz de lo que no puede ser hecho de forma amable. Duele a todos, pero el camino cierto sólo raras veces es el más agradable. El mal debe ser combatido. Sin contemplaciones. Grande o pequeño. Viejo o recién nacido. Claro que es mejor que sea cortado de raíz, luego en el inicio. Si tal cosa no fuera posible, entonces que lo sea así que hubiere certeza y fuerza. Pero sin perder tiempo.

Las obras del amor son las decisiones y los gestos de quien ama. Son siempre personales. No hay amor en abstracto. Es siempre algo que va en el corazón concreto del otro, aunque nada venga de allí a cambio.

Cuando se busca a cambio de la sensualidad sin amor, lo que se encuentra son pedazos de tiempo llenos de placer para los sentidos, pero lo que sigue son tiempos de soledad aún más honda que en el interior de todos y de cada uno va forjando la consciencia.

Al contrario de los que aman, los egoístas exigen todo del otro. Pero claro, lo llaman siempre amor. No se dan cuenta de que se van destruyendo a sí mismos.

¡El amor me hace ser mayor de lo que soy!

El amor solo es un sueño al principio. Después vienen los sufrimientos…que se deben afrontar en la certeza de que sólo un vida que se dirige al bien –entre los males- es una vida con  valor.

Casi nadie llega a la cima de las montañas de la vida, no porque tal cosa sea imposible, sino porque la cobardía y el egoísmo  encuentran siempre otros caminos más agradables, descendiendo.

Importa saber que nuestra vida escomenzar y reconocer, comenzar y recomenzar…todas las veces que haga falta. Las derrotas y los fracasos son parte del duro camino de la victoria.

Un vencedor es aquel que vence al dolor. El que triunfa sobre lo peor de sí. El que se da a sí mismo. El que despedaza a su egoísmo, en una lucha en que casi siempre hay espadas que traspasan corazones.

El amor nos embala en una paz celestial, pero también nos quita el sueño cuando nos sacude, muele y amasa hasta quedar maleables a fin de que podamos, en su fuego, crecer y ser pan para otro.

Amar es ser una oración humilde que agradece, pide perdón y suplica  más ayuda.

El amor es una corona, pero es también una renuncia y un martirio. Todas las coronas tienen espinas por dentro, todas, menos las de la gloria.

Si grandes son las obras del amor, mayores aún lo son sus misterios…