jueves, 22 de noviembre de 2018

DÍA DE LAS PERSONAS SIN HOGAR 2018


MESA DE EXPERIENCIAS

“Y TÚ ¿QUÉ DICES?: DE LA EXCLUSIÓN A LA ESPERANZA




Ayer, 20 de noviembre,  tuvo lugar esta mesa de experiencias, dentro de los actos que a lo largo de la semana se desarrollan en San Fernando. Estuvieron representados en ella las Cáritas Diocesanas de Cádiz y Ceuta y  la de Jerez, además del albergue Federico Ozanan, trabajadores sociales, voluntarios y dos personas en proceso de inserción.

La mesa estaba presidida por el P. Rafael Pinto, capellán del centro Madre Teresa de Calcuta, de Cáritas, y en sus palabras de bienvenida y presentación nos recordó que estábamos reunidos en la Iglesia, que es precisamente la casa de todos, donde todos tienen cabida sin distinción alguna.

La primera en hablar fue Blanca Esther, veterana trabajadora social de Cáritas, y lo hizo ofreciéndonos una descripción, precisa y visible, del lugar, del local donde Cáritas acoge a las personas que acuden en su ayuda. Han de ser unos lugares cómodos, para facilitar la acogida e inviten a la confianza necesaria para que la persona que llega se sienta a gusto y pueda expresarse sin dificultad.

Es esencial que el trabajador y el voluntario sean capaces de ganar la confianza de la persona que llega a la oficina para poder comenzar el proceso de recuperación, en el que se tiene que implicar principalmente la misma persona que pide ayuda.

Esta tarea consiste en ayudar a la persona,  marginada socialmente, a que recupere sus derechos, como cualquier ciudadano. Para la consecución de estos derechos el trabajador social da la información necesaria y ayuda a gestionar los recursos necesarios, propios y los públicos que ofrecen otras instituciones. Es un trabajo que requiere una colaboración con otras entidades, aunque la primera puerta que se abre a esas personas sean las oficinas de Cáritas, para comenzar el proceso de recuperación, de ahí su importancia.
Terminó su exposición con un caso bastante complejo, difícil, largo, pero que ha tenido un final satisfactorio, gracias al empeño de todos en luchar por la inclusión, porque estaban convencidos de que esa persona tenía derecho a los recursos que la sociedad ofrece para vivir con dignidad.

A continuación habló Francisco Holgado, representante del albergue, o mejor, según sus palabras “Casa hogar” Federico Ozanan. Pidió con insistencia voluntarios para atender el hogar ya que la salida de las hermanas de la caridad ha dejado un poco ‘huérfano’ el albergue.

Hizo una auténtica confesión pública al decirnos cómo albergaba muchas dudas y no le satisfacía mucho la idea de hacerse cargo del albergue. Tuvo una experiencia poco agradable al entrar, se encontró con una persona poco aseada y no la debió mirar muy bien. Se puso a hacer una pequeña tarea en el patio y al poco rato estaba lleno de acogidos, y  todos querían hablar con él. Esto le animó. Volvió a encontrarse con aquel a quien no miró con agrado y este le recordó el gesto poco amigable que tuvo con él al entrar. Entonces Francisco cae en la cuenta y piensa ‘¡cómo lo miraría yo para que se diera cuenta!…’  Se dieron un abrazo. Fue muy claro y se le notaba que la experiencia le había dejado tocado.

Entre las novedades que ofrece su gestión al frente de la Casa Hogar Federico Ozanan está la colaboración con el centro de día Madre Teresa de Calcuta, de Cáritas, para la promoción de las personas, y la apertura de un botiquín, atendido por un profesional.
Terminó invitando a todos a pasar por el albergue el sábado, pues tienen jornada de puertas abiertas. Insistió en que acudiéramos, pues volvió a decir que el albergue es la “Casa Hogar”, la casa de todos los que allí viven y cada uno puede invitar  quien desee. No cabe duda que es una iniciativa muy loable, abrir el centro al pueblo de San Fernando, una buena manera de acercar a las personas sin hogar al resto de ciudadanos.

Carmen Torres, voluntaria del centro El Salvador, de Jerez, habló de su experiencia como voluntaria de Cáritas, acompañando en distintos campos a personas sin hogar. Para ella un voluntario es alguien que ‘sueña con un mundo al revés’, pues ve de otra manera, mira más allá y al fondo. Según ella es como la mirada de Jesús, el Gran Voluntario. Es un ejercicio costoso, difícil, pero gratificante, hay que vencer el miedo a tratar con personas diferentes o marginadas.  Dice haber aprendido muchas cosas como voluntaria, a escuchar, a buscar soluciones, a no ser protagonista. Insistió en la necesidad de escuchar, de creer lo que me están diciendo. Eso enriquece, hace que demos lo mejor de nosotros. Recurrió a las palabras del Papa Francisco para las II Jornadas del día mundial de los pobres, Los pobres no son la causa de los males del mundo, sino la consecuencia de una sociedad que no satisface las necesidades, ni respeta los derechos de todos.

Cualquiera puede ser un día una persona sin hogar. Son hermanos nuestros. Hay que tener esperanza, se puede salir del círculo en que se meten, con fe. ‘No son así’, dice… es solo que a veces les falta la fuerza necesaria para salir de ese círculo de desgracias. Y de nuevo recurrió a las palabras del Papa para las II Jornadas del Día Mundial de los Pobres, el ciego Bartimeo que grita para que Jesús lo cure, Zaqueo, que se sube a un árbol porque es pequeño y quiere ver a Jesús…

Llegó el turno de José Antonio, acogido del centro de Jerez El Salvador. Hablaba entre sollozos para contarnos su historia, un largo recorrido en el que le van sucediendo calamidad tras calamidad: sin familia, solo, de ocupa, en la calle. Hoy se encuentra en proceso de inclusión, dispuesto a salir del círculo que antes decía Carmen. ‘Por ayudar a otros’ me veo yo así, dice repetidas veces. Le cuesta, parece, la convivencia con personas muy diferentes. Hasta padeció de tuberculosis. Lo echaron una vez del trabajo porque entonces vivía en la calle. ‘Nadie está en la calle porque quiere’. ‘Que no piensen cuando vean a alguien en la calle que es un alcohólico’, et. Él era bueno trabajando. Terminó agradeciendo estar en el piso, recuperándose, y confía en llegar a trabajar, tener su casa, no se rinde.
Luis, de Luz y Sal, se presenta como un jubilado y además por enfermedad, pero que precisamente ahora tiene tiempo de hacer lo que no pudo hacer antes. Cáritas le atraía y ahora le compensa, recibe más de lo que da. ‘Yo acompaño a esas personas en sus actividades, son ellos los que hacen las tareas y actividades’; le agrada ver como estos talleres mejoran la autoestima de las personas, lo que les prepara para algún día volver a tener  una ‘vida normal’, sin ningún matiz peyorativo, una vida como cualquiera, como la que tuvieron en su momento.

Por último habló Manuel Tapia, que precisamente ya disfruta de una vivienda, y se siente muy a gusto y agradecido a Cáritas.

Despidió el acto la Directora Diocesana, María del Mar, muy agradecida y satisfecha de todo lo expuesto, simplifico un poco sus palabras pero son más que suficientes para expresar un ideal de actuación en Cáritas: ‘es algo noble, sencillo y bueno’. 
Me voy a permitir terminar esta crónica con unas palabras de San Pablo, a las que tengo que recurrir de vez en cuando… “¡Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre e misericordia y Dios del consuelo! Él nos alienta en nuestras luchas hasta el punto de poder nosotros alentar a los demás en cualquier lucha, repartiendo con ellos el ánimo que nosotros recibimos de Dios. Si los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros, gracias a Cristo rebosa en proporción nuestro ánimo.”


sábado, 17 de noviembre de 2018

¿Quién puede darte la paz que crees merecer?




 José  luís Nunes Martins




Nuestra vida mejoraría mucho si en muchas horas de nuestra existencia estresada fuésemos capaces de tener algunos minutos de sosiego. Un silencio de todo, por algunos segundos, es suficiente para que una quietud pura inunde todas las urgencias aparentes e insufle en nosotros un soplo de vida.

Hoy se debate mucho sobre la importancia del equilibrio entre la vida profesional y la familiar, olvidando  que es esencial que cada uno de nosotros tenga tiempo para dedicarse a sí mismo. No por cualquier egoísmo, sino para recuperar y crecer, para prepararse y orientarse. Para detenerse y decidir por uno mismo. Con el fin de no ir nunca a donde no se quiere ir, solo porque todo nos parece que fluye y empuja hacia sí.

Hoy, los que no tienen prisa parece que no se adecuan a este mundo de eficacias y eficiencias, de presencias, objetivos y lucros. El que tiene más paz parece poco comprometido con los resultados comunes. Como si hacer más fuese hacer mejor. Como si trabajar más horas fuese más productivo.

Un día, a una hora concreta, llegará el momento de despedirnos de esta existencia. ¿Cuánto bueno habremos hecho en todas las horas que se nos han dado? ¿De cuántos sueños no realizados nos tendremos que olvidar, solo porque empleamos mal nuestros días y noches, yendo tras de rutinas e ideas sin mucho sentido?

¿Cuánto tiempo hace que no tienes una conversación honesta contigo mismo?

Habrá quien se vea forzado a ir abandonando sus aspiraciones porque nunca se detuvo en serio para encontrarse y dar sentido a su vida de acuerdo con su voluntad íntima, lejos de la presión de lo que interesa a los otros, a lo que muchas veces llamamos destino.


¿Cuántos sueños has dejado morir? ¿No eran importantes? ¿Eran simples fantasías sin sentido ni contribuyeron a tu felicidad?

Un paseo de una hora hacen muy diferentes al corazón, las ideas, la voluntad y los apetitos. Es descanso. Reposo que debíamos tener por obligación. No por el bien que hace al cuerpo, sino por la paz que da al espíritu.

Quien no quiere perder tiempo puede, con facilidad, perder la vida en esa carrera incesante. ¿De qué nos sirve hacer todo lo que es urgente si fallamos en el cumplimiento de lo esencial?


Estás haciendo cualquier cosa, detente por un minuto, ponte en camino, sepárate de ti… a lo  lejos vas a verte mucho mejor. Demórate ahí. Retorna después a tu vida, que tal vez no esté adonde estabas antes.



sábado, 10 de noviembre de 2018

¡Ni yo sé quién soy!


José Luís Nunes Martins

Hay quien cree que sabe quien somos solo al vernos pasar por la calle.
Hay quien, por haber convivido con nosotros,  está seguro de lo que somos, fuimos y seremos.

Nosotros mismos, en la mayor parte de las ocasiones, estamos convencidos de nuestra identidad.
¿Pero sabemos exactamente quien somos? Tal vez no… No.

Lo que fuimos termina por irse difuminando, una vez que, por un lado, se va apartando y perdiendo nitidez, y por otro, podemos continuar desconociendo los porqués de cada día.
Lo que soy está en constante construcción, cambio, evolución. Desde el momento en que fuimos concebidos hasta la hora de la muerte, hay un largo camino en que se suceden muchas recorridos y saltos, vueltas y revueltas, encuentros y desencuentros, partidas y regresos.

Soy libre y mi libertad es tan rica que consigo escapar a la comprensión de mi propia inteligencia.

Con humildad, tal vez sea capaz de atisbarme  entre las señales que dejo por el camino en cada decisión. Tal vez el otro pueda ayudarme a conocerme. Tal vez algún día alguien, en el otro mundo del que este forma parte, me revele las respuestas a todas mis preguntas sobre lo que soy.

¿Pero si ni yo mismo me conozco, cómo puedo pensar que soy capaz de tener la certeza  respecto de otros al punto de pasar el tiempo dictando sentencias sobre ellos?
Es errado juzgar a los otros. Ante todo porque no los conozco.

Puedo ayudarlos, compartiendo con ellos alguna pista que me parezca auténtica. Pero de que eso es algo perjudicial para ellos y  aún más para mí.

Hay una paz sublime en vivir sin pensar que se sabe todo, sin juzgar a los otros, sin perder la humildad de que los porqués y paraqués del mundo pueden estar mucho más allá de aquello que soy capaz de entender.

domingo, 4 de noviembre de 2018

¿Qué sabes de tu final?


Casi todos estamos seguros de que nuestra vida terminará en un momento futuro. ¿Pero cómo será ese final? ¿Qué lo causará? ¿Qué implica?

En verdad, todos los días morimos un poco. Cada momento la vida nos empuja hacia adelante. Ya no somos lo que fuimos y aún no somos lo que seremos. Si a caso lo llegamos a ser. Nuestra existencia está inscrita en un tiempo rápido y fugaz. Todo pasa y no deja nunca de pasar. Esa es la mayor evidencia.
¿Es que tenemos conciencia de la muerte del pasado? ¿Somos capaces de darnos cuenta de las horas que pasamos sin arriesgarnos a ser quien somos o debemos ser? Ser señor de sí es ser señor del tiempo. Son muchos los que tienen una especie de vida a la que podíamos dar el nombre de pasatiempo.

Nuestra existencia es resultado de lo que elegimos de forma libreen la vida que un día nos fue entregada y en una noche nos será quitada.
¿Tiene importancia el final? ¿Qué relevancia tendrá el último capítulo si él fuese solamente eso: solo un episodio más de una larga serie? ¿Es que buscamos una vida teatral, donde todo esté permitido y donde  el final redime todo el mal?

No puedes esperar tener una vida plena si el final no estuviera presente en cada uno de tus días.
Qué bueno sería si fuésemos capaces de vivir como si el final de esta nuestra vida estuviese tan lejos como cerca. Tomando decisiones tan acertadas para lo inmediato como a largo plazo.

¿Y después del final de esta vida? ¿A qué vida voy? ¿Quién me espera? ¿Qué puedo esperar? ¿Cuáles son las razones de mi esperanza?

¿Puede la muerte anular la vida? No. Si escogemos nacer todos los días, ella podrá tal vez imponer una interrupción, un pasaje, pero no más que eso.
La muerte es solo una coma. No un punto y final. Un salto por encima de un vacío de  vida.

¿No sientes dentro de ti la vida más fuerte que la muerte? ¿Qué sientes en el fondo de ti? ¿Una oscuridad inmensa e inmortal o una luz sublime y eterna?
Así como a luz ilumina la oscuridad,  las tinieblas en cambio no oscurecen la luz. Tampoco la vida es presencia frente a la muerte,  y la muerte  en cambio  ausencia frente a la vida.

Así como la luz no es la ausencia de oscuridad, la oscuridad en cambio es ausencia de luz. Tampoco la vida es la ausencia de la muerte, y la muerte sin embargo es solo la ausencia de vida.

sábado, 27 de octubre de 2018

A quien ama nada le falta

José luís nunes Martins


El que es alivio, esperanza y fuerza para el otro, no puede ser nada mejor. Para aquel a quien ama y para sí mismo.

Ser alivio es ser llevar y ayudar a cargar el peso del otro. Es no dejar jamás de estar atento al camino que él recorre y acompañarlo cuando él se lo pida. Es perdonar incluso cuando no parece justo, pero fuese esencial. Ser alivio es volar y prestar las alas propias para que el otro pueda levantar.

Amar es olvidarse de sí. Encontrar en el amor que se entrega el sentido de la propia vida.

Ser esperanza es hacer todo para que el otro sea libre y mantenga su corazón abierto a los grandes sueños. Es no desistir jamás de, por ejemplo, enseñar lo que puede y debe ser hacho con vistas a poner en práctica nuestros dones, nuestra razón de ser. Ser esperanza es capaz de esperar el tiempo que fuera necesario, aunque sea más allá de esta vida.

Amar es ser paciente. Sufrir sin dejar de esperar lo mejor.

Ser fuerza es reconocer y hacer frente a las flaquezas. Las propias y las del otro. Sin dejar nunca de luchar por más grandes y dolorosas que sean las heridas. Ser fuerte no es buscar descanso, es combatir los prejuicios y el orgullo. Con humildad, aceptar que no se puede hacer todo, sino que se debe hacer todo lo que está a nuestro alcance.

Amar es ser valiente. Andar siempre hacia adelante, a pesar de que la voluntad esté quieta.

¿Es posible amar y ser feliz? Amar exige sufrimientos que nos dejan en el polo opuesto donde imaginábamos la felicidad. ¿Pero no será que es el mismo dolor el que nos revela la verdad respecto a nosotros mismos? ¿Puede alguien ser feliz sin amor? ¿Sin amar y ser amado?

El amor lo puede todo. Amar es ser señor de lo imposible.

sábado, 20 de octubre de 2018

La fe es más fuerte que la fuerza


José Luís Nunes Martins

Los caminos de nuestra vida son largos, llenos de curvas y revueltas. Sin fe no se da un solo paso, porque es esencia creer que lo de allí es mejor que lo de aquí. Que el cambio es para mejor, aunque pueda no parecerlo a nuestros ojos.

También es importante saber que nuestra vida es un diálogo con el mundo, que no siempre es tan propicio como podía en relación con lo que creemos y queremos.

Hay personas llenas de certezas, pero la vida está hecha de muy pocas. Hay que vivir en la verdad de la incertidumbre, en la certeza del misterio. La fe es esencial.

Si es importante creer cuando se sueña, también es importante creer mientras se espera en el tiempo exacto de actuar. Sí, ya que la vida está hecha de muchas esperas. La esperanza es eso mismo, aquello que nos alimenta mientras esperamos por el momento cierto.

Cuando llega la hora de actuar, el instante crítico de la decisión en que de las ideas se pasa a lo concreto, el punto en que todo camba en el mundo, o se tiene fe o entonces le faltará al movimiento lo más importante, aquello que lo sostiene: la confianza interior de que es cierto. Sin ella, hasta puede ser bueno, pero no es nuestro, no somos nosotros.

¿Es preciso creer después de la acción? Sí. El misterio del por qué y del para qué no desaparece. ¿Habrá sido lo más correcto? ¿Habremos soñado lo mejor para nosotros o sólo lo más agradable? ¿Cuál será el próximo paso? ¿Hacia dónde deberemos ir?

Casi siempre el resultado de nuestras decisiones no es aquel que esperábamos. No solo porque la realidad es rica en detalles y secuencias de causa efecto, sino también porque hay que contar con la libertad de los otros.

Creer que somos capaces de algo es bueno. Creer que depende solo de nosotros es un error.

Nuestras fuerzas no son suficientes para la felicidad que buscamos. Para descubrir y conquistar necesitamos de la fe. Mucha fe.


sábado, 13 de octubre de 2018

¿Quiénes son los pobres?


José Luís Nunes Martins

Los pobres, en el sentido común de la palabra, son personas. Mucho más que carentes de lo material, son seres humanos iguales a ti y a mí.

Es cómodo pensar que ellos sean, más o menos, culpables de esa circunstancia. El que administra mal los recursos y que, por eso, merece ser castigado. La culpa nunca parece que pueda ser nuestra. Ni cerca de eso. Si fuera necesario, encontramos numerosos responsables de la pobreza, pero nosotros es que nunca admitimos serlo. Además, nosotros incluso ayudamos con una limosna, pero solo de vez en cuando, que es, digamos, para no crear dependencia.

No es justo ni humano, que uno cualquiera de nosotros no se empeñe en auxiliar a quien no tiene lo mínimo.

Puede que no cambiemos el mundo entero, pero debemos, con gestos humildes, cambiar la vida de alguien, aunque sea solo con un refrigerio o dialogando con él como un igual. No, no es condescender. Somos iguales. Las circunstancias cambian mucho más que las personas.

¿Cuántos pobres no han tenido una vida igual que las nuestras? ¿Cuántos de nosotros no hemos sido pobres? ¿Qué sucedió para que ese cambio se haya producido?

¿Un rico que lo es porque se apropia, de forma deshonesta, de los bienes ajenos no es mucho más pobre que un hombre que prefiere pedir limosna en vez de ser deshonesto?

Rico es aquel que da. Pobre es aquel que siempre quiere tener más; aquel que vive en eterna inquietud y huyendo en busca de tener más y más, sin reparar nunca en la riqueza de su interior.

Ciego no es aquel que no consigue ver el cielo de nuestro mundo común; el verdadero ciego es aquel que es incapaz de cerrar los ojos y, en paz, contemplar las estrellas que hay dentro de sí.

La verdadera riqueza no está en las apariencias.