sábado, 19 de diciembre de 2020

¡Ofrece tu casa!

 José Luís Nunes Martins


 

¿Qué harías si hoy, a la hora de comer, llamase a la puerta una joven embarazada de nueve meses en compañía de su marido y te pidiesen pasar la noche en tu casa?

 

Tal vez dijeses que tenías mucho gusto, pero que, con mucha pena, no era posible, por no tener sitio.

 

Rechazados o, por lo menos, ignorados, tendrían que buscar otro lugar posible…

 

¿Qué lugar tenemos, dentro de nosotros mismos, para el deseo de ser feliz? ¿La acogemos en nuestro día a día? ¿O andamos tan ocupados que no tenemos espacio ni tiempo para pensar en nada que no sea cómodo?

 

La felicidad exige paz. Ahora bien, la paz es difícil porque exige que alejemos de nosotros lo que no es importante verdaderamente. Al contrario, andamos muy ocupados con cosas banales que sirven para mantenernos lejos de la verdad.

 

Gastamos mucho tiempo y energías intentando cambiar lo que no conseguimos controlar, al mismo tiempo que no nos concentramos en mejorar lo que está a nuestro alcance.

 

La paz depende de decidirnos a dejar fuera muchas cosas. Decidirnos a no avanzar más con demasiados proyectos. Para que haya oportunidad de preocuparnos con lo que nos es posible cambiar y es importante para nosotros.

 

Es importante descansar, bastante. La verdadera productividad no es una cuestión de tiempo, sino de energía. Habrá quien en media hora haga más y mejor que muchos en varios días de trabajo. Eso depende mucho de la forma en como descansa y se concentra.

 

Es preciso que seamos capaces de abrir la puerta a una vida más feliz, aunque sea más incómoda y audaz que aquella a la que estamos habituados.

 

Y un instante de Navidad es cuanto basta para que todo cambie.

 

La Navidad es un tiempo de cambio. Tiempo para encontrar espacio para que algo divino nazca en nosotros. No es el lugar lo que hace la Navidad. No es preciso que estemos inmaculados, solo que seamos capaces de arriesgarnos a escoger algo tan desconocido como maravilloso… ¡Nuestra felicidad!

 


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sábado, 12 de diciembre de 2020

¿Dónde está mi alma?

José Luís Nunes Martins


 

Puede estar en el fondo de mí, pero no siempre eso me parece tan claro. Hay momentos en que siento que me envuelve, saliendo de dentro afuera, para guardarme y protegerme.

 

Ningún cirujano conseguirá nunca tocar mi alma con la punta del bisturí, ¿Pero significa eso que no tengo alma? No. Yo soy mucho más que un cuerpo. Mucho más. También soy sueños, dolores antiguos, miedos, dones, fuerzas y fe. Tal vez el alma sea la morada de todo esto…

 

Tengo idea de que es posible ver el alma de alguien cuando miro a esa persona. Una especie de exhalación continua de algo tan sutil como concreto

 

Mi alma tal vez se deje ver cuando soy auténtico y se esconde cuando elijo el engaño en vez de la verdad.

 

¿Pero y si mi alma fuera como un fuego puro y libre, que en lo hondo de mí ser da sentido e impulso a lo que soy y a lo que elijo ser?

 

¿Es que mis gestos están animados por esa centella, ese instante de mí que es también un pedazo de eternidad, esa fracción ínfima que hace que hace de mí alguien grande y completo?

 

Mi alma es un soplo, un viento en una tempestad. Porque me proporcionas calor y paz, me impulsa, me orienta, y me vuelve capaz de enfrentar y derrotar lo que parece invencible.

 

Cuando amo a alguien, le entrego un pedazo de mi alma, que quedará junto a la suya. Entonces paso a amarla también a partir de su interior, al mismo tiempo que, si soy amado mi alma queda en compañía de un fragmento del alma de quien así se ha entregado a mí.

 

No sé si estos pedazos alguna vez vuelven…

 

La verdad es que mi alma se multiplica y engrandece cada vez que amo y, así, me ofrezco.

 

Cuanto más me doy más soy.

 


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domingo, 6 de diciembre de 2020

Muchos comienzan, pocos acaban

 

José Luís Nunes Martins


 

Tenemos muchos proyectos, pero pocos éxitos, quizá porque la mayor parte de nuestros sueños nunca llegan a salir del reino de la imaginación. Quedan en nuestra almohada como si fuesen imposibles.

 

Lo que marca la diferencia en la vida no es si somos tercos e incapaces de percibir lo que pasa a nuestro lado, como si fuésemos un animal ciego. Lo que importa es definir con ponderación un camino, con garantías de que tenemos reservas de convicción suficientes para superar la más que cierta falta de voluntad que vamos a tener que afrontar.

 

La vida es subiendo. Si nos distraemos, nos desequilibramos, andamos para atrás y… caemos.

 

Solo se vencen las grandes batallas cuando se es capaz de lidiar con las pequeñas. Los fracasos son parte del camino. Todos caen, pero solo algunos son capaces de descubrir el sentido del valor de cada obstáculo, sea una piedra en el exterior o una angustia en el interior.

 

La felicidad que busco depende mucho de mi voluntad. De m, capacidad de no perder el entusiasmo, incluso cuando he andado mucho tiempo en dirección equivocada y tengo que volver atrás.

 

Solo amamos a alguien cuando aceptamos todo cuanto ese amor trae consigo

 

Podemos protestar porque está lloviendo, no podemos, en nuestro interior, aceptar la lluvia y… dejar que llueva.

 

¡La felicidad es posible y, diría, obligatoria!

 

No aplaces, no creas que hay otras cosas más importantes, o que se pueden ir haciendo al mismo tiempo, no desistas a la primera herida, por más honda que sea, no te culpes ni justifiques, termina cada etapa… más vale hecho que perfecto.

 

Todos tenemos nuestras miserias, no te fijes en las tuyas ni ignores la existencia de los otros. Sigue adelante, por el camino que es solo tuyo, que eres tú.

 

Desperdiciar dones, tiempo y oportunidades todos saben. Ser feliz es una obra maestra.

 

¡No, no creas que no está a tu alcance, eso es solo el miedo que murmura al oído! ¡Pero, la única manera de saber si eso es verdad o mentira es luchar para ser mejores y, después, ver hasta donde y que es lo que nos llevó!

 

Si no supieras por donde comenzar: ¡Apártate del mal! ¡Es un buen comienzo, pero no llega!

 

No te pierdas nen palabras. Las obras son amor.

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¡Comienza y acaba!

 


https://agencia.ecclesia.pt/.../muitos-comecam-poucos.../

viernes, 4 de diciembre de 2020

¡Hoy, ya poca gente se sorprende!

 José Luís Nunes Martins


 Todos los otoños son bellos, aunque sean pocos los que son capaces de mirar el mundo con una mirada verdadera y pura. Andamos convencidos de que ya hemos visto todo y no hay nada más que aprender. Como si ya hubiésemos adquirido la sabiduría y hubiese poco en el mundo capaz de sorprendernos.

 

Viven la monotonía de los días sin darse cuenta de que no hay dos días iguales, ni siquiera parecidos. La vida siempre es nueva.

 

Uno de los mayorees errores de esta gente descontenta e inconforme es que creen que, por conocer una pequeña verdad de la vida, eso ya les da capacidad de ver el mundo como es él. Es imposible descubrir la verdad mirando solo una parte.

 

¡El envejecimiento debería volvernos más sabios, pero la verdad es que hace de una gran parte de nosotros, gente más convencida de sí misma, o sea… más ignorante!

 

Envejecemos como si nuestra vida fuera un gran viaje en tren, donde, a pesar de algunas paradas breves, nunca permanecemos mucho tiempo en un lugar ni jamás andamos hacia atrás, repitiendo cualquier estación. Un día tendremos que salir del tren, pero, así como ya andaba hacía mucho tiempo antes de que fuéramos sus pasajeros, tampoco dejará de andar cuando faltemos nosotros.

 

Asombrarse es lo que resulta de mirar hacia el interior de las cosas, hacia su ser. Las apariencias esconden, son solo coberturas superficiales que muchas veces dicen poso de lo que en realidad importa.

 

Nadie sabe quiénes son aquellos que, habiendo dormido sobre la tierra ayer, mañana estarán ya echados debajo de ella.

 

Por más viejos que seamos, es sabio vivir día a día, descubriendo y admirando las maravillas que se esconden en cada pedazo del mundo y en cada instante de la existencia.

 

El otoño nos lleva al invierno y no hay invierno que no nos entregue a la primavera. Pero no solo las primaveras son bellas. Eso es solo lo que aquellos que no se sorprenden se dicen toda la vida para sí mismos y a los demás.

 

La existencia es siempre grandiosa.

 

En cada estación, a cada hora.

 


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lunes, 23 de noviembre de 2020

¿Por qué te obstinas en no dejarte amar?

 José luís Nunes Martins



Se necesita mucha humildad para reconocer que no somos tan fuertes ni tan independientes como nos gustaría.

 Es precisa una gran confianza para dejar nuestras heridas interiores al alcance de alguien que, en vez de ayudar cerrarlas, puede aprovechar para hacernos más daño todavía.

 Pero nadie es feliz sin amar, ni sentirse amado. Es, por tanto, esencial que nos dejemos amar, ofreciendo mi vida como camino para que el otro pueda cumplir su voluntad y necesidad de amar.

Si yo no permito que amen, estaré prohibiéndome mi felicidad y haciendo imposible que quien lo intenta sea también feliz.

 ¿Crees que te bastas a ti mismo? No te bastas.

Nadie se basta, menos aún aquellos que presumen, porque, con eso, solo buscan el aplauso de los otros – sien el cual se sienten solos y abandonados.

 La visa está hecha de muchas estaciones. Primaveras suaves e inviernos crudos. -y eso es bueno. A cada verano le sucede el otoño. Pero, pero por más tiempo que tenga que pasar, llega el tiempo de ser un buen día- y eso es maravilloso.

 Cuando llueve dentro de mi corazón, truena y hace frío, es tiempo para que yo abra los brazos, más para ser abrazado que para abrazar… y porque ninguna tempestad es más fuerte que el amor, con un abrazo, y de forma silenciosa, ella pasa y vuelve a tener paz.

 Sin amor, las tempestades siembran miedo en cada rincón de mi interior. Haciendo de mí alguien más distante, cruel e infeliz.

 ¿Crees que no hay nadie que te ame?

 ¡Al amor parece que le gustan las profundidades de la duda! Exige fe, quebrando nuestras certezas, como quien prepara la masa para hacer pan, ¡amasando hasta que la masa quede blanda y dócil… antes de echar el pan al fuego!

 ¡Se humilde y confía! El amor se te aparecerá. ¡Abre los ojos… y los brazos!


 https://agencia.ecclesia.pt/.../porque-teimas-em-nao-te.../

sábado, 14 de noviembre de 2020

¿Cómo se llega al cielo?

 José Luís Nunes Martins


 Casi todos queremos ir al cielo, pero pocos se esfuerzan por descubrir, escoger y aceptar su camino para llegar a él.

 Solo hay un camino para cada uno de nosotros. Pasa por quien está cerca de nosotros, todos aquellos con quienes nos cruzamos varias veces a lo largo de los días. A veces en el mismo día. Nuestros familiares, aquellos con los que trabajamos y, de una forma u otra todos aquellos que conocemos al mirar.

En verdad, todos formamos parte unos de otros, por lo que no podemos ser felices si los otros no estuvieran bien. Es promoviendo su felicidad como alcanzamos la nuestra.

 Por más paradójico que parezca, el que solo cuida de sí no consigue el resultado que desea: paz y alegría.

 Los egoístas creen que los otros son meros figurantes en una historia que tiene solo un protagonista: ellos mismos. Son el centro de su mundo, donde non cabe nadie más, de tan grandiosos que se creen. Viven siempre solos, aunque haya alguien que les satisfaga los caprichos. Viven descontentos, aunque tengan más que suficiente para ser felices.

 El camino para el cielo pasa por dar con amor, no por acumular por egoísmo.

 Puede ser más pesada nuestra vida de lo que alguna vez creímos posible, pero nunca será más pesada de lo que nuestros hombros puedan soportar. Y si nos derriba alguna vez, que seamos capaces de levantarnos y seguir adelante. Muchas ves necesitaremos la ayuda de otros. Así también los otros, por más fuertes que sean y los creamos, necesitan nuestra fuerza.

 Amar es ir al encuentro de quien se encuentra débil. No por ser débil, sino solo porque somos iguales a él y siempre es tiempo de apoyar a quien vive un momento de necesidad.

 Las puestas del cielo están a nuestro alrededor, un poco por todos lados. Necesitamos parar y hacer de nuestro silencio espacio y tiempo para que el otro n os revele aquello que necesita. Pero, necesitamos estar atentos a las miradas que se cruzan con la nuestra, buscando la verdad que está detrás de cada uno. Después de parar, escuchar y oír, es tiempo de actuar.

 Es tiempo de amarnos y hacer que los que sufren se sientan amados. Sin palabras ni discursos, pues las obras del amor no se hacen de promesas ni de bellas frases.

 Nunca basta amar. Es necesario que el otro se sienta amado. Caso contrario, es solo un ejercicio de buena voluntad, sin resultado. Tal vez hasta un poco egoísta, porque el objetivo debe ser precisamente que el sufrimiento del otros sea apaciguado a través del amor que fuéramos capaces.

 Para llegar al cielo es necesario ser luz

¡Quien no es luz solo aumenta la oscuridad!

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sábado, 7 de noviembre de 2020

Andamos llorando con prisa

 

José Luís Nunes Martins


¿Qué le sucederá mañana a quien no tiene tiempo para digerir las pérdidas de hoy?

 El mundo parece cada vez más indiferente a las angustias personales. Como si no formaran parte de la vida o fuesen una señal de que no sabemos vivir. Somos invitados a compartir con los otros solo nuestros éxitos, porque nadie quiere saber de las desgracias, mucho menos las ajenas.

 No tenemos tiempo para nada. Pasamos el día ocupados, pero, por más que hagamos, aún queda siempre mucho por hacer. Trabajamos mucho, pero la verdad es que parece que no hacemos nada. No somos máquinas, y cuanto más intentamos serlo, más lejos estamos de la perfección.

 Entonces, cuando la soledad nos atrapa, no nos queda sino cerrar la puerta y, ahí, lejos del mundo, nos susurramos las verdades que callamos durante el resto del tiempo.

 Pero no tarda en aparecer la idea de las obligaciones que nos quedan por cumplir, que nos esclavizan a cambio de dar una cierta sensación de utilidad a nuestra vida.

 La pérdida deja marcas permanentes, y no solo en el caso de la muerte de alguien cercano. El desempleo involuntario, la traición de alguien que creíamos leal, la desilusión por una promesa que hicimos y no conseguimos cumplir, una oportunidad que no aprovechamos o las enormes cantidades de tiempo que desperdiciamos sin darnos cuenta.

 Todas las pérdidas dejan cicatrices mucho más profundas de lo que creemos, porque sin tiempo para hacer el luto intentamos curar la herida solo escondiéndola.

 Vale la pena asumir nuestros fracasos. Incluso corriendo el peligro de hacerlo ante personas equivocadas. Al final, lo que más importa es que seamos capaces de ser verdaderos con nosotros mismos, si no asaremos la vida mintiendo a los otros tal como lo hacemos con nosotros mismos.

 Quien ha perdido necesita hacer luto. Necesita hablar y ser escuchado, sin condiciones, sin voluntad ninguna de oír… sólo necesita compartir y librarse del dolor, así haya alguien dispuesto a escucharlo.

El silencio es una de las formas más sublimes de expresar el amor.

 La presencia es una de las formas más bellas del amor

Elija yo estar presente y ofrecer mi tiempo a quien necesita de mí.



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