sábado, 21 de abril de 2018

El bien y el mal no dependen de las leyes




José Luís Nunes Martins



La sociedad actual tiene una perspectiva tan alejada de lo que son los valores que se cree capaz de determinarlos por la vía de las leyes.

Lo que separa el bien del mal no es lo mismo que separa lo legal de lo ilegal. Los valores fundamentales son intemporales, forman parte de nuestra identidad como seres humanos. No están sujetos a los cambios. Tratar de alterarlos es tan peligroso como insensato.

Hoy, muchos atentados contra la vida encuentran soporte en las leyes, que los justifican, e incluso los prescriben.

El aborto, por ejemplo, es y será siempre algo condenable, mientras que, de acuerdo con las perspectivas actuales, llega a ser recomendable en muchos casos, siendo que, para ello, basta que la madre (¿o es sólo mujer? ¡También pude ser hombre que haya cambiado el papel de ciudadano!), no quiera el hijo (¿o es solo un conjunto insignificante de células?) para que el Estado (¿nosotros?) lleve a cabo su voluntad (¿pero no es involuntaria esa interrupción?).

Son muchas las inseguridades, las oscuridades y las contradicciones cuando se debaten estas cuestiones. ¿Pero por qué razón, en estos casos, se prefiere la muerte?

La justificación del mal contra la vida es paradójico: de cara al sufrimiento, existente o posible, se prefiere ponerle fin inmediato. La sociedad solo solicita que alguien asuma la responsabilidad y exige a los demás que  acepten el gesto sin comentarios negativos. ¡Si alguien prefiere la vida ante el sufrimiento, y elige enfrentarse a ese mal con el bien en que cree, ese sí, es condenado como si se tratase de un verdugo!

La vida está hecha de dolores. Sufrimientos profundos. No hay vida sin desdichas, por lo que su inevitable acontecimiento debía ser motivo para unirnos en la defensa del bien y no para tratar de acabar el mal con… un mal aún peor.

Matar es un mal, incluso en los casos en que las leyes defienden a quien lo hace.

La dignidad es el valor que nos llega por el hecho de ser libres, para el bien y para el mal. Quien elige el mal, se elige indigno de de su libertad. ¿Si una madre y un padre confían en las decisiones de un hijo que, después, en el uso de esa libertad, elige el mal, ¿Es que los padres deben alegrarse con la libertad de su hijo? ¿Es él responsable? ¿Y si lo que hace no viola ninguna ley de su país?

La eutanasia, otro ejemplo, se enraíza en una idea de infalibilidad del discernimiento, o sea, de que acertamos siempre en que es mejor para nosotros mismos. En verdad, y por experiencia, todos sabemos que muchas veces nos engañamos respecto a eso. No sabemos ni hacemos lo que es mejor para nosotros mismos. Aunque las leyes crean que sí.

¿Qué tiene que hacer cualquiera ante una ley injusta? ¿Cumplirla por ser ley, o violarla por ser injusta?



lunes, 16 de abril de 2018

Una ley peligrosa





Los suicidios de adultos que recurrieron a tratamientos con hormonas del sexo opuesto, o se someterán a cirugías de cambio de sexo, es 20 veces superior a lo normal.

Por muy poco – 109 votos a favor contra 106- el parlamento aprobó ayer la ley que permite a cualquier joven de 16 años determinar, sin necesidad de recomendación médica, su género. O sea, cambiar en el registro civil su nombre propio –de masculino a femenino, o viceversa- y considerar como suyo el sexo correspondiente. Sólo cuando fuese mayor de edad, a los 18 años, estará autorizado a requerir intervenciones quirúrgicas y médicas que simulen el sexo con el que se identifica; pero, en realidad, no cambia de sexo, solo altera su apariencia anatómica.

La ideología de género entiende que la identidad sexual es algo esencialmente subjetivo y no determinado física y biológicamente, y que la apariencia sexual/morfológica debe ser la que corresponda a esa identidad. El cuerpo humano es masculino o femenino, pero el género admite más de cincuenta modalidades: ‘gender fluid’, ‘gender variant’, ‘genderqueer’, ‘gender questioning’, ‘gender nonconforming’, ‘agender’, ‘bigender’, ‘cisgender’, ‘cisgender male’, ‘cisgender female’, etc. No existiendo ningún fundamente objetivo del género, este depende solo de la propia decisión, que pude optar por la identidad sexual que entienda más adecuada a su personalidad. Más aún, no solo tiene plena libertad para determinar su género, sino también el derecho a ser tratado, a todos los efectos sociales, como tal.

¿Pero, cuál es la opinión de los especialistas en la materia? El Colegio Americano de Pediatras, a través de su presidente, Michelle A. Cretella, y de su vicepresidente, Quentin Van Meter, realizó un estudio, exclusivamente científico, sobre la transexualidad juvenil. Sus conclusiones fueron resumidas por Javier Fiz Pérez, en artículo publicado el pasado 1 de marzo, en el ‘site’ Aleteia, del grupo mediático europeo Media Participations:

La sexualidad humana es una característica binaria, biológica y objetiva. Los genes XX e XY son identificadores genéticos de un estado normal de salud, no de un trastorno. Lo que es natural, en el plano genético humano, es ser hombre o mujer. La sexualidad humana está proyectada de manera binaria, con una interconexión evidente con la reproducción y multiplicación de nuestra especie.

Nadie nace con género. Todo ser humano nace con sexo biológico. Nadie nace con la consciencia de sí mismo como hombre o mujer. Esa conciencia se desarrolla con el tiempo y, como todo proceso de desarrollo, puede ser influenciada por las percepciones subjetivas de la infancia. Las personas que se identifican  con ‘la sensación de pertenecer al sexo opuesto’, o ‘a algún punto intermedio, no forman un tercer grupo sexual, porque continúan siendo, en términos biológicos, hombres o mujeres.

Cuando un niño, biológicamente saludable, piensa que pertenece al sexo biológico opuesto, padece un problema sicológico y no físico, una disfunción de género, reconocida como un trastorno mental, en la más reciente edición del Manual de Diagnósticos y Estadísticas, de la Asociación Americana de pediatría (DSM-V), en una entidad no confesional.

El bloqueo de las hormonas de la pubertad provoca la ausencia de pubertad, inhibiendo, así, el crecimiento y la fertilidad de un niño que, antes de una intervención de esa naturaleza, era biológicamente saludable.

La gran mayoría de jóvenes -98% de los chicos y 86% de las chicas- que, durante la infancia y juventud, tuvieron problemas de identificación con su sexo biológico, aceptan, después de la pubertad, su sexo biológico. Los datos son del DSM-V, una guía clínica para sicólogos y psiquiatras.

La utilización de hormonas sexuales del sexo opuesto tienen riesgos para la salud: altera la presión arterial, causa la formación de coágulos en la sangre, provoca AVC y cáncer.

En adultos que usaron hormonas del sexo opuesto, o se sometieron a una cirugía de cambio de sexo, las tasas de suicidio son 20 veces superiores que en personas que no se sometieron a esos tratamientos, ni hicieron esas operaciones.

La suplantación de sexo biológico por cirugías y productos químicos no es normal, ni saludable, al contrario de lo que se dice a estos jóvenes con estos problemas.

Según las estadísticas, la identificación de los jóvenes con el sexo opuesto es un trastorno de la personalidad que, en el 92% de los casos, después es superado. Se pregunta entonces: ¿Por qué razón el parlamento portugués, sin ninguna autoridad científica en la materia, quiere facilitar que los adolescentes, que aún no han alcanzado la madurez psíquica y sexual, ni la mayoría de edad, que todavía no pueden beber en público bebidas alcohólicas, ni siquiera votar, puedan precipitar una decisión que tendrá gravísimas repercusiones en su salud física y mental?!Más penoso es saber los suicidios de adultos que recurren a tratamientos con hormonas del sexo opuesto, o se hubieran sometido a cirugías de cambio de sexo, es 20 veces superior al normal. Siendo así, esta nueva ley no es solo temeraria, sino potencialmente homicida.

La Iglesia es particularmente sensible al inmenso sufrimiento de los jóvenes que padecen disfunción de género y de sus familias. Prueba de eso son las innumerables instituciones católicas especialmente dedicadas a su apoyo. Pero también sabe que la complacencia con esas disfunciones no es el camino que mejor sirve a esas personas, que deben ser ayudadas, psíquica, clínica y espiritualmente, a aceptar la versas sobre su identidad sexual y a amarse a sí mismas como realmente son, que es también como Dios las ama. La Iglesia enseña que su condición –como, además, cualquier orientación sexual- en nada disminuye su dignidad, ni impide su realización humana y sobrenatural.

A pesar de los lamentables casos de pedofilia, afortunadamente ya castigados con la merecida severidad y -¡se espera!- definitivamente superados, la Iglesia católica tiene un especial aprecio por los jóvenes, que estos reconocen y retribuyen: las Jornadas Mundiales de la Juventud son la mayor concentración periódica  mundial de gente joven. Este año, el Papa Francisco convocó a los jóvenes de todo el mundo a un sínodo que se realizará en Roma y que será, ciertamente, una jubilosa celebración más de la vida. Al contrario, por aquí la extrema izquierda parlamentaria insiste en lo que San Juan Pablo II llamó ‘la cultura de la muerte’: si la ley que promueve la interrupción voluntaria del embarazo fomenta la muerte de los niños aún no nacidos, la eutanasia favorece el homicidio de los enfermos, de las personas de edad, esta nueva ley hace de los jóvenes víctimas potenciales.

https://observador.pt/opiniao/uma-lei-perigosa/


sábado, 14 de abril de 2018

¿Cuánto cabe en una lágrima?


José Luís Nunes Martins

Ser sencillo es una lucha permanente contra todas las tentaciones para desviarnos del camino cierto. Requiere una atención constante frente a nuestra tendencia a complicárnoslo todo siempre. Hay cada vez más estímulos y opciones, es esencial que cultivemos el discernimiento para trazar y seguir nuestro propio camino.
Mucha de la sed que sentimos es el resultado de deseos que aceptamos como nuestros. Buscamos con todas las fuerzas tantas cosas innecesarias que acabamos por despreciar lo importante. Queremos todo y acabamos, casi siempre, sin nada.
Somos egoístas y tan poco inteligentes que incluso creemos que nos bastamos a nosotros mismos y que tenemos en nosotros todo lo que necesitamos. No. Somos la mitad de tantas cosas y gotas de agua entre otras.

El agua es vida y siempre encuentra la forma de encontrar su camino. Insiste, se acumula y, con paciencia, acaba por descubrir a dónde ir. Cuando se estanca, se corrompe. ¡El agua es sencilla, pura y… viva!
No debemos detenernos en nada pasajero, en la certeza de que la eternidad es vida. Belleza sublime aconteciendo, creándose y multiplicándose.

Vivir es crear. Hacer nacer. Fuente de bien. El mundo quiere ser cada vez más bello, porque su belleza aún no está completa. Por eso cuenta con nuestra capacidad de crear para ser perfecto.
Hoy falta tiempo para pensar. Para esperar y meditar bien antes de decidir. Las acciones quedan siempre con sus autores. El resultado de nuestras decisiones somos nosotros. Mucho de aquello que soy depende de lo que decido, con mayor o menor consciencia. Soy responsable de mi vida, de dar respuestas y encontrar caminos.

¡Estoy llamado a concluir la creación de lo que soy, a ser protagonista de mi existencia, a ser espectador de todo y soy, por encima de todo, una obra prima!
Cada uno de nosotros tiene una misión. El que no sabe cuál es, procure hacer uso de sus dones. A lo que tiene de diferente y mejor de cara a los otros. No, no es lo que le es más fácil o le da más placer, es, sí, lo bueno que puede y debe hacer.

Tu misión es hacer de ti alguien en quien la vida tiene sentido.

El agua que brota de las fuentes no vuelve a ella sin haber cumplido su misión.
En este mundo solo tenemos esta vida. Sepamos hacernos fuentes de agua viva. Matando la sed de los que andan sedientos de respeto, verdad y amor, y limpiando cada una de las heridas de los que fueron despreciados, maltratados, humillados.

El agua busca el agua. Amor busca amor.
¡En una lágrima cabe toda la tristeza… pero también en una lágrima cabe la alegría de una vida entera!

En una lágrima hay una oración y una sonrisa. Una traición vencida por una esperanza de amor que, con certeza, se cumplirá.


domingo, 8 de abril de 2018

La Iglesia en el Imperio de Mao





En China, se está intentando la sustitución de los obispos clandestinos por los de la llamada iglesia patriótica, lo que está causando una profunda consternación en los católicos chinos.
Cuenta la historia que la actual China era denominada, por sus habitantes, Zhong-gou, o sea, el Imperio del Medio. El nombre refleja una visión imperialista del mundo, centrado en la propia China, que entonces estaba rodeada de Estados tributarios, sometidos al emperador, el Hijo del Cielo. La concepción monárquica dio lugar a la actual estructura republicana, pero la China continúa siendo un imperio, aunque eufemísticamente disfrazado de democracia popular. Después de la estrepitosa caída de los regímenes comunistas europeos, sobre todo gracias a San Juan Pablo II, China se mantuvo fil al marxismo, en una de sus más mortíferas versiones: el maoísmo. A pesar de la liberalización de la economía, el régimen continúa siendo autoritario y contrario a los derechos humanos, como la masacre de la plaza de Tiananmen evidenció.

En la China comunista, la Iglesia católica es perseguida, principalmente sus obispos y padres. Muchos, por eso, están detenidos, o se les impide el ejercicio de su ministerio. Como ya sucediera en la Revolución Francesa, las autoridades comunistas chinas promueven una Iglesia católica cismática, que recibe el nombre de patriótica, por oposición a la verdadera Iglesia, que sería por lo tanto antipatriótica. Excusado es decir que solo los obispos y padres de la Iglesia patriótica tienen libertad de acción; La Iglesia clandestino no goza de ningún derecho y sus obispos y padres sólo pueden ejercer su sagrado ministerio de forma clandestina y con peligro de la propia vida.
Con san Juan Pablo II y, sobre todo, Benedicto XVI, que escribió una carta a este propósito, han sido muchos los esfuerzos del Vaticano para establecer buenas relaciones con China, que se espera que venga a reconocer la libertad religiosa de los fieles de la única Iglesia católica china, llamada clandestina. Por eso, los obispos de la Iglesia patriótica, al no haber sido ordenados con mandato pontificio, aunque hayan recibido el episcopado, están automáticamente excomulgados, también por su actitud cismática en relación a Roma. Benedicto XVI intentó que las nominaciones de los obispos católicos en China fuesen hechas de acuerdo entre la Santa Sede y las autoridades chinas, a fin de poner término a la existencia de dos jerarquías paralelas.

Ya en el actual pontificado, la diplomacia vaticana parece estar intentando una nueva solución, pero por la vía de sustitución de los obispos clandestinos por los de la llamada Iglesia patriótica. Una medida semejante está provocando una profunda consternación en los católicos chinos, principalmente el cardenal Zen, obispo emérito de Hong-Kong que, por este motivo, fue expresamente a Roma, para protestar por lo que considera ser la venta, por el Vaticano, de la Iglesia católica en China.
El cardenal Zen, que es un símbolo vivo de la resistencia católica en su país, consiguió entregar una carta al Papa Francisco, a quien expuso la situación en China y denunció las tentativas de sustitución de la Iglesia clandestina por la patriótica. Pekín vería con buenos ojos la existencia de una Iglesia católica nacional totalmente dominad por el régimen, como hasta la fecha ha sido la iglesia llamada patriótica. El Papa francisco, después de leer la carta del cardenal Zen y de recibirlo, le aseguró que habría dado instrucciones para evitar lo que el obispo emérito de Hong-Kong denunciaba. También garantizó que sigue de cerca las diligencias del Vaticano sobre este particular.

Con todo, parece ser otra cosa lo que  entiende el Secretario de la Santa Sede, que dirige la diplomacia vaticana. En una reciente entrevista, el Cardenal Pietro Parolin dice: “Si a alguien se le pide un sacrificio, pequeño o grande, debe tener presente que eso no es un precio político, sino que forma parte de una perspectiva evangélica de un bien mayor, o bien de la iglesia de Cristo”. Como solo la Iglesia clandestina obedece a Roma, es obvio que el sacrificio no puede ser otro que el de la sustitución de su propia jerarquía por la patriótica, supuestamente, “para el bien de la Iglesia de Cristo”. Sólo así se podría llegar, como Parolin desea, “a no tener que hablar ya de obispos ‘legítimos’ e ‘ilegítimos’, ‘clandestinos’ y ‘oficiales’ en la Iglesia china, sino de un encuentro entre hermanos, aprendiendo de nuevo el lenguaje de la colaboración y de la comunicación”.
Ahora bien, como George Weigel recientemente escribió, siempre que la diplomacia vaticana optó por colaborar con regímenes totalitarios, los resultados han sido desastrosos. Por eso, los concordatos con Mussolini e Hitler no impidieron que el fascismo italiano y el nacionasocialismo alemán persiguiesen a la Iglesia católica, que denunció aquellos dos regímenes por vía de las  encíclicas Non abbiamo bisogno, de 1931, y Mit brennender Sorge, de 1937, ambas de Pío XI

También son preocupantes las declaraciones del canciller de la Pontificia Academia de las Ciencias, el arzobispo argentino Marcelo Sánchez Sorondo que, a su regreso de un viaje a Pekín declaró que ¡“los chinos son, de momento, los que mejor ponen en práctica la Doctrina social de la Iglesia”! La afirmación olvida que China no solo desprecia los más elementales derechos humanos –recuérdese, por ejemplo, el recurso frecuente a la pena de muerte, a su política represora de la natalidad, a la ausencia de libertad política, religiosa, etc.- así como también es, en la actualidad, uno de los países en que los católicos son más perseguidos.
Sánchez Sorondo se permitió incluso exaltar la ‘superioridad moral’ de la China comunista. Según el canciller de la Academia de las Ciencias, Pekín “defiende la dignidad de la persona humana” (¡!) y, más que otros países, está llevando a la práctica las recomendaciones de la encíclica Laudato Si, del Papa Francisco, ¡“asumiendo una jefatura moral que otros han abandonado”, en una clara alusión a los Estados Unidos de América!!!

No sé si China continúa siendo el imperio del medio, pero ciertamente todavía es, desgraciadamente, el Imperio de Mao, que en portugués suena a lo que verdaderamente es. En esta hora difícil para los heroicos católicos chinos, les llegue la oración de sus hermanos en la fe, la solidaridad de los verdaderos demócratas, la promesa del Papa Francisco al Cardenal Zen y, sobre todo, la divina certeza de que ni el mal, ni Mao, prevalecerán contra la iglesia de Cristo(Mt 16, 18).
http://observador.pt/opiniao/a-igreja-no-imperio-de-mao/

La paradoja de la Pascua y otros misterios



Al contrario de otras resurrecciones de las que n os hablan los Evangelios, la de Cristo no fue un mero regreso a la existencia anterior a la muerte.
Los relatos evangélicos relativos a la resurrección de Cristo esconden varios misterios y, como escribió Benedicto XVI en ‘Jesús de Nazaret’, una paradoja.

El primer misterio respecto a la resurrección. Los soldados que estaban de guardia en el sepulcro, no refieren ningún acontecimiento extraordinario entre el cierre del sepulcro y su apertura, en la madrugada del domingo, cuando se descubrió que estaba sorprendentemente vacío. Las mujeres que, esa mañana, se dirigían al sepulcro, no solo no vieron ninguna resurrección, como creyeron, sino que parecía obvio, que el cadáver había sido robado (Jn. 20,2).
Aquel mismo primer día de la semana, Cristo se aparece a María Magdalena (Jn 20, 1-18); a Simón Pedro (Lc 24,34); a los discípulos de Emaús (Lc 24,13-35); y por último, a los apóstoles, ya excluido Judas Iscariote y faltando Tomás (Jn 20, 19-23). Todos lo ven, es cierto, pero ninguno de ellos lo vio resucitar y, por eso, más que testimonios de la resurrección de Jesús, son solo testimonios del resucitado.

Un segundo misterio se refiere al momento en que tuvo lugar la resurrección de Jesús de Nazaret, pues no se sebe con certeza cuando fue. Se supone que ocurrió en la madrugada del domingo, porque era el tercer día, tal como fuera profetizado repetidas veces.
Los científicos forenses que han estudiado el sudario de Turín –que no es objeto de fe, aunque la Iglesia, en la medida en que es científicamente creíble, lo venera como reliquia de la pasión y muerte de Cristo – envolvieron en lienzo de lino puro, perfumados con mirra y áloe, cadáveres ensangrentados y observaron que “después de 36 o 34 horas de contacto (…) las imágenes de los cuerpos quedaron impresas en los respectivos lienzos, pero muy lejos de la perfección que la síndone presenta”. Muy al contrario la precisión y permanencia extraordinaria de la imagen del sudario de Turín lleva a creer que su impresión se debe a causas trascendentales, es probable que el tiempo de contacto del sudario con el cuerpo en él retratado haya sido también de 36 horas, aproximadamente. Siendo así, si Jesús fue sepultado a la 18h del día sexto, la resurrección habría acontecido a partir de las 6h de la madrugada del domingo siguiente.

Como en tantos otros episodios bíblicos, algunas apariciones del resucitado son anunciadas por los ángeles. Aparecen a las santas mujeres (Lc 24 1-7), especialmente a maría Magdalena, que ve dos ángeles sentados en el sepulcro vacío, uno a la cabecera y otro a los pies de donde estuviera el cuerpo de Jesús (Jn 20, 12-13). Es curiosa esta certeza de que eran ángeles, por cuanto deben haberse aparecido con figura humana, como siempre acontece pues, en caso contrario, no se les podría ver ni oír fácilmente.
Aunque Pedro hubiese sido confundido con su ángel (Hch 12,15), nadie cree que se le apareció un ángel y no Jesús de Nazaret. Inicialmente, es cierto, no es reconocido por aquellos que, siendo sus discípulos más próximos, lo conocían muy bien, pero nadie lo confundió nunca con un ángel. Cuando María Magdalena, estaba buscando a su Maestro y Señor –que trata siempre con la veneración debida por la criatura a su creador y nunca con intimidades de esposos o amantes- lo ve pero no lo reconoce, piensa que se trata del hortelano y no de un ángel (Jn. 14-16)

¿La misteriosa volatilidad de la enigmática y vaporosa presencia del resucitado –aparece en el cenáculo estando las puertas cerradas (Jn 20,19)- sería señal de que allí estaba solo su alma y no su cuerpo?! Sería una hipótesis razonable, si no fuesen las palabras y acciones del mismo Cristo: “’Mirad mis manos y mis pies, porque soy yo mismo; tocad y ved, porque un espíritu no tiene carne, ni huesos, como veis que yo tengo’. Dicho esto les mostró las manos y los pies. Pero, estando ellos, por causa de la alegría, aún siempre sin querer creer y estupefactos, les dice: ‘¿Tenéis ahí algo de comer?’Ellos le presentan un  trozo de pez asado. Habiéndolo tomado, comió a la vista de ellos” (Lc 24, 39-43)
¿A pesar de todo, cómo es posible que los apóstoles, que ya lo habían visto resucitado dos veces por lo menos, y Pedro tres, no sean capaces de identificarlo, ni siquiera por la voz, cuando Él, desde la orilla les dice que echen las redes al mar?! (Jn 21, 1-14).

Más escandaloso es aún el caso de los discípulos de  Emaús que, hablando largamente con Él sobre su propia pasión y muerte, no lo identifican durante toda aquella larga conversación, que termina solo al final del día, cuando finalmente lo descubren, en la fracción del pan (Lc 24, 13-35). ¡Están con Él, hablando de Él y no lo reconocen!
Al contrario de otras resurrecciones de las que nos hablan los Evangelios –de la hija de jairo (Mt. 9, 18-26), del hijo de la viuda de Naím (Lc 7, 11-17) y de Lázaro (Jn 11, 1-46)- La resurrección de Jesús no fue un mero regreso a la existencia anterior a la muerte. Aquellos tres resucitados volvieron a ser los que eran antes de morir y, más tarde, como cualquier mortal, morirán. Pero no así Cristo. ¡Los apóstoles tal vez pudiesen ‘inventar’ una resurrección como las que Jesús había realizado delante de ellos, pero nunca podrían imaginar que Él, resucitando, fuese verdaderamente el mismo, siendo totalmente diferente!

Jesús, al resucitar, reasumió su humanidad de una forma totalmente original. Su naturaleza divina permaneció inmutable, pero su naturaleza humana era ahora, visiblemente, muy diferente – de ahí la dificultad de su reconocimiento, incluso para sus más próximos- pero siendo absolutamente Él: ¡He ahí la paradoja de la Pascua! Es el mismo, pero de otro modo e, incluso, con otro aspecto: la misma identidad, con el mismo cuerpo resucitado, pero totalmente diferente. Más que un mero regreso a la vida, Jesucristo, con su resurrección, inauguró una nueva vida, que es también para todos los que son salvados en su nombre.

sábado, 7 de abril de 2018

El amor permite ver lo que la pasión oculta



José Luís Nunes Martins

Cada uno de nosotros es un ser dotado de  mayor o menor sensibilidad. Todo lo que existe, visible o invisible, interior o exterior, puede afectarnos.

Si algo nos afecta en alto grado, entonces puede hablarse de pasión.

Así, pasión es lo que sucede cuando algo golpea fuertemente la sensibilidad de alguien.

Una pasión se vuelve señora de la voluntad y, con violencia irresponsable, quema las riendas de la libertad, llevando a la persona  a actuar fuera de lo que es su identidad y su deber.

El concepto de pasión significa sufrimiento. Algo que está obligado a soportar. Un deseo desordenado y fuerte que nos vuelve esclavos. Pero, que nos ciega de cara a lo que somos, a lo que tenemos, a los otros y a toda la existencia.

También se denomina pasión a un entusiasmo fogoso, a una exaltación debida a  una atracción que algo o alguien despierta. No obstante, no es bueno todo lo que se  haga con voluntad consciente, sin noción clara de las consecuencias, o por lo menos, acogiendo de forma madura todos los desechos de este camino muy inclinado. Es malo aquello que se elige no teniendo el corazón en paz y contra toda nuestra razón.

Lo que comienza como un simple y dulce encanto acaba, muchas veces, por convertirse en algo capaz de arrastrarnos y, en una cólera intima, herirnos en lo más hondo. Un dolor que se torna dolencia. Una tragedia. Un mal que casi siempre se disfraza de amor.

Ilusiones que viven de esperanzas seductoras, seducciones que alimentan un hambre de satisfacción, una falsa promesa de placeres que serían puros si no resultasen ser un engaño. Se satisfacen con las novedades, al mismo tiempo que disminuyen con la posesión que se va conquistando.

Una parte de las pasiones nos toman sin que nada podamos hacer sino sufrirlas, no obstante, hay también una gran cantidad de pasiones que podemos dominar, más pronto o más tarde,  con más o menos voluntad y sabiduría.

¿Qué se debe hacer para afrontar una pasión? Descubrir la verdadera raíz o darle un sentido.

Un corazón inquieto es señal de que el amor es poco.

El amor es el bien supremo. Vive fuera del tiempo y sobre  las influencias de los cambios. La verdad del amor permite revelar todos los engaños que se hacen pasar por él, siempre de forma pasajera.

El que ama, es señor de sí y nada le afecta de forma duradera. Porque solo el amor es eterno.

Quien sufre por amor auténtico, o hace de él el sentido de su dolor, ama.

El mal jamás está en el amor, pero sí en su ausencia.

El amor está siempre con los ojos abiertos y abre los ojos que la pasión cegó.

Nada lo disminuye ni debilita. Es eterno y la eternidad no lo cansa.

https://www.facebook.com/jlnmartins


domingo, 1 de abril de 2018

“Son demasiado pobres nuestros ricos”


por Mia Couto, in ‘Pensatempos’



(Lo incluyo aquí por su interés, para completar y centrar las críticas a la emigración desde África. El enemigo principal lo tienen en casa… donde parece que no los quieren.)
La mayor desgracia de una nación pobre es que, en vez de producir riqueza, produce ricos. Pero ricos sin riqueza. En realidad, sería mejor llamarlos no ricos sino adinerados. Rico es quien posee medios de producción. Rico es quien genera dinero y da empleo. Adinerado es quien simplemente tiene dinero. O cree que lo tiene. Porque, en realidad, el dinero lo tiene a él.
La verdad es esta: nuestros “ricos” son demasiado pobres. Aquello que tienen, no les pertenece. Peor: aquello que exhiben como suyo, es propiedad de otros. Es producto del robo y de negocios turbios. No pueden, además, estos nuestros adinerados disfrutar con tranquilidad todo cuanto han robado. Viven con la obsesión de que les roben. Necesitan de fuerzas policiales de altura. Pero las fuerzas policiales a la altura acabarán por lanzarlos a ellos en cadena. Necesitaban un orden social en que hubiera pocas razones para la criminalidad. Pero si ellos se enriquecen es gracias a ese mismo desorden. 

El mayor sueño de nuestros nuevos ricos es, al final, muy pequeñito: un coche de lujo, unos efímeros brillos. Pero el lujoso vehículo no puede soñar mucho, sacudida por los socavones de las avenidas. El Mercedes o el BMV no pueden hacer uso completo de sus brillos, ocupados como están en esquivar la carrocería, muy convexa por calles muy cóncavas. La existencia de calles buenas dependería de otro tipo de riqueza. Una riqueza que sirviese a la ciudad. Y la riqueza de nuestros nuevos ríos nació de un movimiento contrario: del empobrecimiento de la ciudad y de la sociedad.

Las casas de lujo de nuestros falsos ricos son menos para ser habitadas que para ser vistas. Se hicieron para los ojos de quienes pasan. Pero al exhibirse, así, llenas de adornos y vistosidad, acaban atrayendo codicias ajenas. Por más guardias que tengan a la puerta, nuestros pobres ricos no evitan el recelo de las envidias y de los hechizos que esas envidias provocan. El Fausto de las residencias no los vuelve inmunes. ¡Pobres de nuestros ricachos!
Son como la cerveza que sale a presión. Son hechos en un instante pero la mayor parte son espuma. Lo que resta de verdadero es más el recipiente que el contenido. Podían producir ganado o vegetales. Pero no. En vez de eso, nuestros adinerados hechos bajo presión crean amantes. Pero las amantes (y/o los amantes) tienen un grave inconveniente: necesitan ser sostenidos con el mínimo dispendio. El mayor inconveniente es aún la ausencia de garantía del producto. La amante de uno puede ser, mañana, amante de otro. El corazón del cultivador de amantes no tiene sosiego: quien traicionó sabe que puede ser traicionado.

Mia Couto, escritor mozambiqueño, es uno de los autores africanos en lengua portuguesa más conocidos de la actualidad. Ha ejercido como periodista y realizó estudios de medicina y biología. Su principal ocupación, sin embargo, es la escritura desde que en 1986 logara un gran éxito con su antología Voces adormecidas.

https://www.revistapazes.com/sao-demasiado-pobres-os-nossos-ricos-por-mia-couto/