sábado, 17 de diciembre de 2016

Cuatro malos usos de las palabras


JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS

Sólo las cosas que son buenas pueden ser usadas mal.

Es la mala utilización de una cosa lo que acaba por hacernos daño, siendo que nunca son los instrumentos los responsables de los perjuicios que causan, sino los que los usan con mala intención o sin la noción del poder que dan. Quien, por falta de conciencia del mal que puede hacer, o hace, es responsable en parte del acto, pero de forma integral por la ignorancia que impone a sí mismo.

El uso de la palabra tiene cuatro virtudes asociadas a cuatro tentadores males.

No debemos ofender. La falta de respeto hacia el otro es, sin excepción, condenable, pues nadie tiene derecho a condenar a otro solo con base a una voluntad interesada solo en sí misma. Una injuria acaba siempre por deshonrar más a quien la hace, que a quien es blanco de ella.

Las palabras no deben provocar discordia. Hay quien cree que nos entendemos mejor cuando conversamos, pero hay momentos en que pasa lo contrario: es por abusar de las palabras por lo que surgen los desencuentros. Los que alimentan guerras quieren solo arrastrar a los otros a sus propias tinieblas.

No se debe mentir. La verdad es algo precioso, que perfecciona a quien la escoge en detrimento de las tentaciones de suavizar, enmascarar u ocultar la realidad. Tal vez el mundo que tenemos no sea tan bueno como sería posible, pero será siempre peor cada vez que alguien lo falsea por causa de los egoísmos, en provech0 de su orgullo y a fin de encubrir sus faltas. No hay medias mentiras ni medias verdades, eso son solo formas mentirosas de cómo la mentira dice la verdad a su conveniencia. Una mentira, sea ella mayor o menor, es siempre y solo una mentira. Algo malo es simiente para el futuro. La verdad puede causar dolor, pero nunca tanto como una mentira

Las palabras no deben alimentar futilidades. Quien llena aquello que cree que son tiempos vacíos de su vida con palabras sueltas y desenraizadas acaba siempre por hablar de más –porque dice lo que no debe, y de menos- porque no dice lo que debe, quedándole después poco tiempo, atención y fuerza para construir algo bueno.

Quien escoge el misterio del silencio encuentra en el más paz, fuerza y luz que cualquier discurso, por más bello que parezca.

El silencio es una de las mejores armas contra el mal, que así nunca encuentra forma de atacarnos con eficacia.

La palabra es una espada afiladísima. Usada de forma inconsciente será casi un milagro que no hiera a alguien, una simple palabra tiene un poder capaz de envenenar la credibilidad de otro, las relaciones humanas y la propia dignidad de quien la dice.

El silencio es siempre la última palara.



(ilustração de Carlos Ribeiro)

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