sábado, 23 de enero de 2016

El amor es la muerte de la muerte



23 de janeiro de 2016    https://www.facebook.com/jlmartins?fref=nf


                                           Ilustração de Carlos Ribeiro

¿Qué hay después de la vida? Nada. La vida no tiene después.

La muerte es temporal. Hay un abandono del tiempo y del espacio… el amor permanece, pero tal vez más profundo que en cualquier otro momento. No tiene sentido que algo pueda separar el encuentro de dos almas.

Sólo el egoísmo puede matar de forma irreversible. Quien cree encontrar en sí mismo el por qué y el para qué de su vida, tomando a los otros  como meros instrumentos de su satisfacción, se abandona a sí mismo, rompiendo toda posibilidad de que su corazón cumpla aquello para lo que fue creado: amar. Quien no ama se pierde, para siempre. Se consume en un ansia tan devoradora que sólo encuentra fin en el vacío.

¿Qué sentido puede tener esta vida sin una verdad que sobrepase los límites del tiempo?¿Cómo puedo yo justificar mi existencia? ¿Soy una casualidad?¿Dónde estaría la consciencia que lee estas líneas si esa casualidad no hubiese acontecido?¿En la Nada? ¿Cómo puede alguien creer que toda la belleza y armonía del mundo son resultado sólo de una explosión caótica?

¿Hasta que la muerte nos separe? No. Hasta que la muerte nos lleve… hacia donde la plenitud del amor se cumple. Mientras en este mundo alguien ama a alguien no faltará sentido a la vida… ni a la muerte.

La sombra que la muerte lanza sobre la vida es señal de una luz perfecta que nos ilumina el camino, nos alienta y nos promete que no hay nada después del amor… porque el amor no tiene fin.

viernes, 22 de enero de 2016

¡Dios es gratis, pero la Iglesia no!



Una mentalidad demasiado burocrática, o tal vez mercantilista, en la solicitud de emolumentos por servicios pastorales prestados, aparta algunos fieles de la práctica sacramental y escandaliza a los creyentes.

El Papa Francisco, en la audiencia general del 16 de Diciembre pasado, hizo una afirmación rotunda y categórica: “La salvación no se paga” (Osservatore Romano, 17-24 de Dezembro de 2015, p. 1).

Francisco dixit, pero… ¿fue así exactamente? En realidad, Dios es gratis, pero la Iglesia no. Por eso, no obstante los muchos servicios gratuitos que la iglesia presta a sus fieles, también los hay remunerados. Por ejemplo, quien quiere mandar celebrar una Misa, en principio debe “pagar” la importancia respectiva y, aunque nunca se tase a confesión o la comunión, a veces se piden emolumentos por la administración del Bautismo o del Matrimonio, sobre todo cuando se pide su celebración fuera de la iglesia parroquial, principalmente en alguna capilla particular.

¿Tales retribuciones por los servicios eclesiales prestados no contradicen, en la práctica, la declaración del papa Francisco en cuanto a la gratuidad de la salvación? No necesariamente porque, según la doctrina y  la práctica de la Iglesia, esas contribuciones de los fieles son, o deben ser siempre, espontáneas y nunca prestarse a título de retribución de la gracia del  sacramento en cuestión, porque, en ningún caso, un bien de naturaleza espiritual puede ser comprado, vendido o pagado. Lo mismo las indulgencias, aunque concedidas con ocasión de una generosa contribución, nunca se compran o venden.

El código de Derecho Canónico es particularmente explícito en lo que respecta, por ejemplo, a los estipendios, o sea, la limosna que los fieles pueden dar cuando piden que se celebre la Eucaristía por una intención: “Evítese absolutamente cualquier apariencia de negocio o comercio con los estipendios de las Misas” (cân. 947). Así se confirma la licitud de esta “costumbre aprobada por la iglesia” (cân. 945, §1), aclarando reiteradamente su carácter voluntario, o sea, de “oferta” espontánea, a través de la cual los fieles contribuyen “al bien de la Iglesia” y para “sustentar a sus ministros y sus obras” (cân. 946). Por eso, “mucho se recomienda a los sacerdotes que, aunque sea sin recibir el estipendio, celebren misa por la intención de los fieles, particularmente  de los pobres” (cân. 945, §2) y se prohíba terminantemente que un padre que celebre varias misas en el mismo día, reciba más de una gratificación: sólo se puede quedar con el estipendio de una de las Eucaristías que ha celebrado; los restantes deben ser encaminados “para los fines prescritos por el Ordinario” (cân. 951, § 1). De este modo, se evita que algún padre celebre varias Misas, en el mismo día, por una razón meramente económica, aunque lo pueda hacer por una necesidad verdaderamente pastoral.

Un ámbito en el que el Papa Francisco quiere que se manifieste, también en términos económicos, la gratuidad de la salvación, es el de los procesos de nulidad matrimonial. En un reciente escrito sobre la reforma de los respectivos procesos, introducida por el motu proprio de 15 de agosto de 2015, el Obispo de Roma estableció: “La Rota Romana juzgue las causas según la gratuidad evangélica, o sea, con el patrocinio de ex oficio, con la excepción de la obligación moral para los fieles pudientes de ofrecer una oblación de justicia a favor de la causa de los pobres”. 

Si el tribunal de la Rota Romana debe apreciar las causas gratuitamente, es de esperar que también los tribunales eclesiásticos diocesanos opten por la misma actitud, sin embargo de las costas que puedan solicitar a los “fieles pudientes” que recurran a ellos, de manera que así se favorecen “las causas de los pobres”. El mismo criterio se debe aplicar también a todos los servicios eclesiásticos, principalmente los practicados por los  despachos parroquiales, que deberían tender a la gratuidad, sobre todo para los creyentes más necesitados.

Si la mujer del César no sólo debe ser honesta, sino también parecerlo, la Esposa de Cristo, que es la Iglesia, no puede ser solo pobre, sino que debe también dar ejemplo de desprendimiento en relación a los bienes terrenos. Una mentalidad excesivamente burocrática, por no decir mercantilista, en la solicitud de emolumentos, por reducidos que sean, no sólo apartan a algunos fieles de la práctica sacramental – hay quien no se casa, o no bautiza a un hijo, por falta de dinero- sino que , a veces, escandaliza a los no creyentes.

Es razonable que la Iglesia apele a la generosidad de los fieles para hacer frente a los gastos del culto y para garantizar el digno y sobrio sustento de sus ministros, pero no como quien exige un pago por los servicios prestados, que deben ser siempre administrados según la gratuidad del misterio de la redención. Como, en buena hora, el Papa Francisco recordó, “¡la salvación no se paga!". La salvación no se compra. La Puerta es Jesús y Jesús es gratuito!”

Sacerdote católico



sábado, 16 de enero de 2016

Los cuatro caminos del amor. Dos acertados y dos equivocados.



16 de janeiro de 2016   https://www.facebook.com/jlmartins/posts/10205377960716045?fref=nf


                                                Ilustração de Carlos Ribeiro

Es un tremendo error que se una o permanezca unido lo que debe estar separado. Del mismo modo, es un terrible error que se separe lo que debe permanecer unido.

Es un excelente camino el que une lo que debe estar ligado, tan bueno como la decisión de mantener separadas las partes que no forman entre sí una unidad.

El amor es sinceridad y caridad. No debo fingir ser lo que no soy, ni engañarme pensando que el otro es quien no es, sólo porque no quiero admitir que no somos compatibles. Hay caridad pura en decir no a un amor imposible…

La perfección no es la ausencia de error o un cúmulo de virtudes. Nuestra perfección nace de que somos incompletos… pero que nos podemos completar, haciendo de dos, uno… ¡un nosotros… perfecto! Completo.

No. El amor no sucede ni se desaparece por un desencanto cualquiera extraño a la voluntad. Se decide a partir de la honestidad de los que, a pesar de proceder de lugares distantes, resuelven unir sus cielos y elevarse hasta allí por el mismo camino.

Puede partir de algo divino, pero no existe sin el compromiso y los gestos concretos de los que deciden aceptar el don y multiplicarlo. Está al alcance de todos, pero solo pocos tienen el coraje, la paciencia y la firmeza de alma que los hace  dignos del mayor de los dones, el don de ser don en la vida del otro. Sin esperar nada a cambio, sino recibiendo siempre mucho más de lo que se merece… muchas  veces, cuando menos se merece…

Un compromiso de amor es siempre una decisión conjunta definitiva a la que no puede faltar ninguna de las partes. No unir lo que es separado es un excelente principio.
Más allá de los dolores y de los placeres del día a día, debe prevalecer lo que es más elevado… unido lo que debe estar unido y separado lo que debe estar separado.

miércoles, 13 de enero de 2016

Hay una solución (AA)


Así comenzó la reunión, exactamente con esas palabras. Voy a tratar de comunicar lo que se dijo, cómo se dijo y lo que se quiso decir en la reunión, a la que tuve el honor de ser invitado, una vez más, por el grupo “Humildad” de AA.

Tras la lectura ritual, muy apreciada y valorada entre sus miembros porque les da la “energía constante” que necesitan,  comenzó el rosario de intervenciones y testimonios. Digo un rosario, pues es como si en cada intervención se contemplara un episodio del calvario que vive un enfermo de alcoholismo. A cada intervención  le precede el saludo ritual, “Hola, F.”, para darse ánimo entre todos. Así se hace más palpable el silencio que sigue, para que el que habla lo haga sin la más leve interrupción, y para que todos puedan participar, acompañándolo en silencio, aceptando lo que tenga que escuchar. Así el paciente echa  fuera al enemigo que lleva dentro y que lo somete a sus caprichos. Al terminar las intervenciones, todos, cogidos de la mano, invocan la fuerza del Ser Supremo. Así salen fortalecidos y dispuestos a seguir disfrutando de su nueva vida, sin alcohol.

Comienza el primer testimonio y recojo la primera frase: “lo que más me impactó de AA fue la constante preocupación por el otro”. Cuando llega el momento en que me planteo qué es lo que tengo que hacer, cuando hago mi examen de conciencia, necesito el apoyo del grupo. Es terrible cuando piensas que “no hay arreglo”, o eres consciente del daño que te haces a ti mismo; pero mucho más, cuando piensas en el daño que causas a los otros.

Entonces es cuando das el paso, para no caer en la desesperación y la locura. Entonces piensas que tiene que haber una solución para poder soportar la existencia.

Cuando has dado el paso y te has acercado a AA, cuando escuchas los testimonios ajenos, todo lo que han pasado otros, y lo exponen en público con tranquilidad, con total seguridad, es cuando te sientes acogido y en buenas manos. A él le resulta admirable sentirse escuchado, diga lo que diga, y aunque estuviera equivocado… Ya se dará cuenta.

En AA se respira confianza, se empieza a ver la solución, porque hay muchos que han pasado por lo mismo y ahora ellos te ayudan desinteresadamente.
Otro testimonio, con veinticinco años en el alcoholismo, dice que pasó por la puerta un día…y aún sigue recuperándose. Vivía, dice, ‘una vida ingobernable’, hasta ser expulsado de casa por su esposa. Se refugia en casa de su madre. Aunque no quería, bebía; se esforzaba inútilmente prometiéndole a su hija pequeña que no bebería más, porque volvía a caer…

Entonces se dio cuenta de que necesitaba ayuda. Y se la facilitó su propia suegra: “cuando no bebes, eres una gran persona”. Al día siguiente decidió ir al médico, y por ahí llegó a AA. También se encuentra con un antiguo compañero de bebida, y como ya había dejado la bebida lo encuentra muy diferente, con muy buen aspecto.

Pero, leía folletos de AA y le parecía que allí sólo se hablaba de Dios, le parecían unos “capillitas”. Fue a Cádiz y allí empezó a sumir su enfermedad, comenzó a hacer cosas, a escribir los textos de AA uno tras otro… Así fue adquiriendo fuerza de voluntad; crecía mientras se olvidaba del alcohol.

Bebía para superar la timidez, y alguien le dijo que no tuviera miedo, que eso pasaría. Sigue practicando y queriendo saber más de AA.

Insiste con otra advertencia, aunque al principio todo esto te sirve, uno se va acostumbrando, y entonces puedes fallar. De todos modos empezó a cambiar su propia vida, con su familia y con los compañeros. Ahora su vida es AA más el trabajo más su casa. Ir cumpliendo los doce pasos me daban una vida diferente.
Cuando te aceptas a ti mismo, empiezas a poder aportar soluciones, dijo otro.

Por desesperación, llegas a AA por desesperación, afirmaba  un testimonio más. Yo creía que era un vicioso, aquí me hicieron ver que tenía  una enfermedad.
Si sigo los doce pasos, voy comprendiendo que la solución está en mis manos. Cuesta trabajo. Le abrumaba el sentimiento de culpabilidad, el desprecio de los demás, de su propia familia… Sus propios desprecios hacia los demás: ‘siempre la misma comida…” aunque no fuera así; o dando plantón cuando lo esperaban para una reunión o celebración… ‘Siempre pensaba en el bar,  porque me daba vergüenza, y me iba al bar’.

Cuando decidió venir a AA nadie  lo creía. Pero él  entonces pensó que tenía que haber  una solución, y se decide: ‘tengo que cambiar. Tengo que ser sincero conmigo mismo. Me tengo que dar la vuelta entera”. Lleva practicando ya para ocho años; ‘voy escogiendo lo mejor’, dice.

Yo sólo siento gratitud, cuando hablo  con otro alcohólico, dice otro testimonio.  Aprendo aquí el gran cambio que busco, con esta tranquilidad que me da la pertenencia al grupo. Duermo cada día más tranquilo.

Antes estaba aislado, salía corriendo… a beber. Eso ha quedado atrás.
Hubo aún un testimonio femenino, los anteriores eran de hombres. En la mujer hay que elevar todavía un poco más la desgracia que supone el alcoholismo, tanto por el desprecio que inspira: “¡borracha!”, como por su propia condición de mujer, de madre…

Ella le pedía a Dios ayuda. La mujer, dicen, coge antes la enfermedad. Ella la vivió como un proceso galopante. Primero bebía en solitario, se hizo más introvertida. Se asomaba al balcón y envidiaba a los que pasaban por la calle con aspecto normal. Siente remordimientos, le causa dolor tener que ir a recoger al niño cada vez más lejos del colegio, para que no la vean. Tener que hacer un esfuerzo enorme para que no se lo noten. ‘Creo que es lo más duro que he vivido y tendré que vivir’. Beber durante el embarazo… hacer esperar al niño. ‘Yo había caído en algo que jamás había pensado me podía suceder a mí’. Por eso le pedía a Dios con insistencia, hasta que un día puso la radio y escuchó el testimonio de una mujer alcohólica. Inmediatamente pensó que era un mensaje para ella. Admitió su derrota, llamó a AA, y a las dos horas recibió la visita de dos compañeros.

Destaca la sinceridad que reina en AA. Ella se identificaba con todos los síntomas de que hablaban. Vino porque no quería vivir. Toda la fuerza que necesita la encontró aquí. Se siente inmensamente contenta, porque aquí ha encontrado “la solución a una vida entera”, se siente integrada.

Parece que todos quieren hablar, todos quieren decir lo bien que se sienten, porque les desborda el agradecimiento. Uno más expresa con emoción que lo que le llena es sentirse escuchado. ‘Uno habla y los demás escuchan. Aprendo a vivir, a ser miembro de mi familia. Hoy tengo una familia que antes no tenía, porque la dejé para beber tranquilo. Los que antes se burlaban, ahora ya no se burlan. Siguen los mismos bares abiertos, pero yo ya no bebo’. Y pide por los que beben.

Mientras escuchaba y trataba de tomar nota de cuanto decían me asaltó una idea, con una claridad plástica porque la estaba viviendo: “La verdad os hará libres”. Y se lo dije, y les dije que eran un ejemplo fabuloso para esta sociedad, egoísta, y dependiente de mil y una drogas de todo tipo, porque ellos han decidido hacer frente a “su verdad”, a su enfermedad, y el mismo esfuerzo les brinda la recompensa,  una vida nueva. Sois un ejemplo admirable. Existís maravillosamente, porque es una maravilla contemplar a un ser humano reconciliado consigo y con los demás, capaces de dar lo mejor de sí.

 “Cuando no bebes eres un hombre estupendo”, esto se podría aplicar a otras  personas si fueran capaces de desengancharse de la tele basura, de los juegos, del móvil y otros artilugios que hipnotizan y enajenan, y le hace caer en el desinterés por el otro, la sociedad, y el bien común.

Y termino y perdonadme por extenderme. No es lo mismo creerse feliz, que serlo de verdad. Creer que se puede ser feliz sin esfuerzo, o siguiendo  algún atajo, que saber que  la felicidad se conquista, y a veces después de un gran, enorme, titánico esfuerzo. Mucho menos es lo mismo, creer que cualquiera se merece  ser feliz sólo por haber nacido, que ser feliz por haberlo merecido, por haber asumido el esfuerzo que requiere, sin exigencias.

Creer que se puede alcanzar la felicidad en solitario, es un espejismo, la felicidad es para todos y eterna, no tiene fin, sólo así se podrá ser verdaderamente feliz. Ahora solo puedo intuir qué es la felicidad, pues se muestra esquiva, aparece y desaparece; muchas veces viene sin darnos cuenta, sin esperarla, estamos felices y no sabemos bien por qué, no nos permite descubrir su secreto, por eso es una gran objetivo por el que vivir.


domingo, 10 de enero de 2016

El ministro de (mala) Educación en Baixa da Banheira



http://observador.pt/opiniao/ministro-da-ma-educacao-na-baixa-da-banheira/

La educación, o es integral o no es nada. Educar no es trasegar un conjunto de contenidos para la cabeza de unos cuantos individuos sino, sobre todo y principalmente, formar ciudadanos libres y responsables.

En el diario Público del pasado día 5 de enero se daba la noticia, una página entera, a la visita que, en la víspera, el ministro de Educación y el Secretario de Estado João Costa hicieron a la Escuela Secundaria de la Baixa da Banheira, con ocasión del inicio del segundo periodo lectivo. Para acompañar el texto, se puede ver en un fotografía, al fondo, a los gobernantes y comitiva junto a la puerta abierta de la sala donde, en primer plano, aparecen cuatro supuestos alumnos de aquella escuela.

No deja de ser curioso que la presencia de dos miembros del gobierno no haya despertado, al parecer, el mínimo interés en los referidos cuatro estudiantes, dos sentados de espaldas a los visitantes y otros dos, uno de pie y el otro sentado, vueltos hacia los compañeros y de lado hacia los gobernantes y sus acompañantes.

Con todo, lo que más llama la atención es el hecho de que tres de los cuatro alumnos mencionados estén con la cabeza cubierta, dentro del aula. Uno, ciertamente el más friolero, no se contenta con un simple gorro, se coloca la capucha del impermeable que, al taparle las orejas y la boca, muestra un total anonimato. Los otros dos llevan un sencillo gorro, que uno de ellos usa con la pala para atrás. Ahora bien, tener la cabeza cubierta, dentro de una sala, es objetivamente una falta de respeto, tanto en Braganza como en Faro, o en la Baixa da Banheira, salvo alguna muy discutible costumbre local que se me escapa.

Tal vez alguien piense que la cuestión de los gorros es relativamente secundaria, teniendo en cuenta los enormes desafíos a que deben hacer frente las escuelas en las zonas más sensibles, como es el caso. No pongo en duda las intenciones de aquellos adolescentes, ni el mérito de sus profesores y de su escuela, sino la educación, o es integral o no es nada. Educar no es trasvasar unos contenidos a las cabezas de unos cuantos individuos, esperando que después los sepan dar cuenta de ellos. Es, sobre todo y principalmente, formar ciudadanos libres y responsables, que mañana puedan contribuir con eficacia al bien común. Para ello, se necesita ciertamente algún bagaje cultural y técnico pero, más aún, aprender a convivir, lo que no se puede hacer sin una mínima educación. ¡De buena educación, se entiende!

Una escuela que no educa, porque no valora las cuestiones de comportamiento, es una escuela que, en realidad, apuesta por perjudicar a los más necesitados, porque no les ayuda a superar las deficiencias que traen de casa y que le impiden su plena integración social y laboral. Una escuela que transige en cuestiones de males menores está sembrando, a medio o largo plazo, males mayores.

Está probado, en la teoría por  James Q. Wilson y George Kelling, y en la práctica por la política del antiguo mayor de Nova Iorque, Rudolph Giuliani, y por el comisario de policía, William Bratton, que no se combate la gran criminalidad con la permisividad en relación al vandalismo urbano o a los pequeños delitos. Por el contrario, fue con una política de tolerancia cero con estos actos como, en Nova Iorque, se logró combatir y prevenir la delincuencia.

Si un joven estudiante no se toma el trabajo de descubrirse cuando, en su aula, entran dos miembros del gobierno, acompañados por representantes de la dirección de su escuela, no es probable que, más tarde, respete las leyes o las autoridades públicas o laborales. La impunidad en relación a estas actitudes favorece futuros comportamientos de riesgo, de desobediencia civil, de falta de respeto por la autoridad e, incluso, de violencia, también doméstica. Son actos que tienen, como siempre sucede, un efecto boomerang porque, quien no respeta a los otros, no se respeta a sí mismo ni es, por lo general, respetado.

Para romper ese círculo vicioso, es necesario que la escuela no dimita de su principal misión: educar y educar bien, o sea, impartir buena educación. Por eso, no es de menor importancia la cuestión del gorro. Un alumno que no aprende a comportarse correctamente, tendrá más dificultades en la realización personal, familiar y profesionalmente. Y, como desadaptado y marginal, corre serios peligros de pasar su vida… ¡quitando gorros!

Sacerdote católito


sábado, 9 de enero de 2016

El regreso es siempre otro camino



9 de janeiro de 2016     
https://www.facebook.com/jlmartins?fref=ts

                                              Ilustração de Carlos Ribeiro

A medida que vamos cayendo quedamos más cerca de los que son como nosotros. Son nuestras flaquezas las que nos ennoblecen si fuéramos capaces de reconocerlas y de luchar contra ellas… cualquiera que sea el resultado, nuestro corazón sale fortalecido y más bello siempre que nos abrimos al otro y regresamos con él a nuestro lado.

Nadie hace dos veces el mismo camino. Nadie cae dos veces de la misma forma…
Después de las caídas tenemos que elegir qué recuerdos queremos conservar. De aquellos en que caemos o de aquellos en que nos levantamos y nos hacen levantar. Buenos no son los que no caen, sino aquellos que se levantan siempre.

La sonrisa el gesto interior de quien se levanta a pesar de sus dolores. La alegría serena es la prueba de una vida que es entera con todas sus fragilidades

Es en las cosas pequeñas donde debemos ser grandes… así como en las mayores debemos ser humildes, nunca dejamos de ser… fuertes, elevados por una fuerza que experimentamos, pero no es nuestra.


Es importante que no nos creamos más que nadie. Por más trágicas que sean sus caídas. Cuando caemos, nos juntamos al polvo que nos recuerda de donde venimos… pero solo quien acepta el polvo que es, se puede elevar al punto de poder llegar al cielo. 

sábado, 2 de enero de 2016

El misterio del tiempo que no pasa



2 de janeiro de 2016    https://www.facebook.com/jlmartins?fref=nf

                                              Ilustração de Carlos Ribeiro

El presente no es solo el instante en que el futuro se hace pasado. Por más que nos apresuremos o retrasemos… nadie huye de su tiempo. De este. Al único en que nos es dado vivir. Lo más importante en la vida no es lo que producimos, sino lo que somos. Nuestra presencia será, de todas, nuestra obra más valiosa…

Puedo sentarme sin tener que estar a la espera de nada… puedo quedarme conmigo y disfrutar. Dedicarme a viajar por los caminos en que los recuerdos se encuentran con los sueños… apreciando el hecho de estar aquí y ahora conmigo… y con quien está conmigo, aún o estando aquí.

Perseguimos objetivos sin gran valor y huimos de los miedos sin quererlos afrontar, manteniéndonos ocupados con cosas de poca importancia… hasta que un día la realidad nos atrapa, por un accidente cualquiera que nos obliga a parar y a convivir con la verdad de nosotros mismos. Aparecemos entonces delante de nosotros, tal como somos… y nos damos entonces cuenta de que pudiéramos ser mejores. Mucho mejores.

No puede haber más alegría en esperar por los buenos momentos que en vivirlos.

Estar presente es estar con otro como un don, de tal forma que, aunque él se aparte, por mucho que sea, no se acabará nuestra ligazón.


A los que son vida de mi vida puedo decir: cuando te pierdas, no me busques, estate tranquilo… yo he de encontrarte.