sábado, 8 de abril de 2017

La Iglesia y el ‘negocio’ de los matrimonios nulos




Sin ninguna prueba, se infama a la justicia eclesial, que se acusa de corrupta, al sugerir que las declaraciones de nulidad matrimonial se compran y se venden...

El título es escandaloso, pero el artículo “¿Al final mi madre tenía razón?, de María Filomena Mónica, en el Expreso del 4 de marzo pasado, no lo es  menos.

La doctrina canónica sobre el matrimonio es compleja, porque exige conocimientos teológicos y jurídicos y, por eso, es natural que, quien no los tiene, no logre hablar del tema con un mínimo de propiedad.

Algunos ejemplos. La expresión “parroquias mundiales” es, en términos eclesiásticos, un absurdo y una contradicción, porque es propio de la parroquia y  su carácter sectorial (se calla, pretendía decir ‘parroquias de todo el mundo’, pero no dice...). La aludida ·abolición del latín” tampoco corresponde a la realidad porque se continua usando en la liturgia, principalmente en las celebraciones internacionales. Además, el Concilio Vaticano II expresamente recomendó que se celebre la misa en esa lengua, que es el oficial de la Iglesia.  Es en latín la versión típica de los textos del magisterio papal, generalmente citados por las primeras palabras, precisamente en lengua latina.

La falta de rigor conceptual y terminológico es aún más patente cuando se abordan, con enorme superficialidad, cuestiones canónicas. Por ejemplo, continuamente se confunde ‘anulaciones’ con ‘declaraciones de nulidad’. La anulación presupone un acto válido, que después se anula: es lo que sucede cuando es decretado el divorcio de un matrimonio civil. La declaración de nulidad, por el contrario, es el reconocimiento por el tribunal, civil o eclesiástico, de la inexistencia de un verdadero matrimonio.

La Iglesia no ‘anula’ matrimonios, pero puede declarar la nulidad de lo que, aunque pareciese un verdadero matrimonio, nunca lo fue. Por eso, después de la anulación del matrimonio civil, los cónyuges quedan divorciados, pero después de la declaración de nulidad del matrimonio canónico, los aludidos cónyuges quedan solteros: como nunca se casaron válidamente, siempre lo fueron. Por tanto, cuando dice que iría ‘a pedir la anulación? Del matrimonio, en rigor debería decir que iría a pedir la respectiva declaración de nulidad, lo que, en términos jurídicos, y también civiles, es totalmente diferente...

También escribió: “Nótese que la Iglesia no reconoce la anulación total del matrimonio, visto que este es un sacramento y por tanto indivisible: solo admite que sea declarado nulo”. Al contrario de lo que se puede suponer, una eventual anulación, lo mismo en el derecho civil, tendría prácticamente los mismos efectos que la declaración de nulidad y, por tanto, es absurdo decir que la Iglesia “solo admite que sea declarado nulo”. Una vez declarada judicialmente, de forma definitiva, la nulidad del matrimonio, cesan todos sus efectos jurídicos, con la excepción de los derechos adquiridos por la prole, se la hubiera.

Por otro lado, al contrario de lo que se dice, la indisolubilidad matrimonial no es exclusiva del matrimonio católico, ni deriva de su naturaleza sacramental: también el casamiento natural celebrado válidamente entre dos no cristianos es indisoluble, según la doctrina católica. Por eso, un no católico casado solo civilmente, no puede contraer nuevas nupcias mientras se mantuviera ese matrimonio, y no solo del católico, fue enseñado por Jesucristo, cuando declaró que ya era así en el ‘principio’. (cf Mt 19, 3-9).

Al contrario de lo que se afirma, la infidelidad conyugal nunca fue, ni ahora es, fundamento para la declaración de nulidad matrimonial. Si, para lograr esa declaración fuese suficiente ser infiel, todos los matrimonios en que alguno de los cónyuges hubiese sido infiel serían nulos y, quien quisiese que la Iglesia declarase inexistente su matrimonio, le bastaría cometer adulterio... La fidelidad matrimonial es exigida a los fieles católicos, pero la infidelidad, por sí sola, no es fundamento para una declaración canónica de nulidad matrimonial.

También se afirma que la “anulación” –o mejor dicho, la declaración de nulidad- “sólo podía darse cuando no hubiese habido relación sexual entre los cónyuges”. Es verdad que el matrimonio ‘rato e não consumado’, o sea celebrado válidamente pero sin que haya llegado a haber la unión de los cónyuges, puede ser disuelto por el Papa que, después de la consumación, ya no puede deshacer. Mientras tanto, puede haber matrimonios válidos entre cónyuges que no tienen entre sí relaciones sexuales, así como casamientos nulos entre personas que conjuntamente tuvieran descendencia.
Dice aún, en tono provocador, que a “La Iglesia las sabe todas”. Pues sabe, porque es maestra y madre de todos los que, por el bautismo, son hijos de Dios y sus discípulos y, como tales, participan de su saber. Desgraciadamente, no parece ser su caso...

Más grave, con todo, es lo que insinúa cuando afirma que su madre le “confesó que la anulación de matrimonio dependía sobre todo del dinero”. Sin ninguna prueba, difama la justicia eclesial, que acusa de corrupta, al sugerir que las declaraciones de nulidad se compran y se venden... Gracias a Dios, los jueces eclesiásticos, más allá de experimentados jurisconsultos, son indulgentes y misericordiosos pastores que, por cierto, le hacen más patente esta gravísima ofensa.

La autora hace gala al declarar, varias veces, que no pertenece al “rebaño” católico. Respetando esa su infeliz opción, hay que rezar para que regrese al redil del buen pastor, porque sólo Cristo es “camino, verdad y vida” (Jn 14, 6).

A pesar de todo no todas las uniones pueden ser consagradas por el sacramento del matrimonio, Cristo-como el Papa Francisco no se cansa de repetir- no desdeña ni excluye a nadie. No solo absolvió a la mujer adúltera, condenando con todo su pecado (cf. Jn 8, 3-11), sino también aconsejó a la samaritana que, después de haber tenido cinco maridos, vivía con alguien que no lo era. Jesús no solo le dice que era el mesías, sino también la constituyó primera apóstola de su pueblo: ¡gracias al testimonio de ella muchos samaritanos creyeron que Jesús es el Salvador del mundo! (cf. Jn 4, 7-42)

http://observador.pt/opiniao/a-igreja-e-a-negociata-dos-casamentos-nulos/


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